Para despedir a Ashley, cuyo permiso ha terminado, Escarlata escoge otra creación de Walter Plunkett, que no se guardaba nada de su talento aunque el vestido sólo fuera a aparecer en una breve escena, como ocurre varias veces en Lo que el viento se llevó.
La falda es de tafetán castaño rojizo; en la cintura, una banda de ganchillo blanco, con un lazo por delante que cae sobre la falda. La parte superior es de muselina blanca y fruncida, con cinco estrechas tiras de seda color castaño rojizo intercaladas, que continúan por la espalda. Las mangas son cortas y fruncidas, de muselina blanca, y rematadas con cinta castaño.
Plunkett recicló su idea del vestido, pues el mismo modelo, aunque en tonos azules, con mangas largas y diferente cuello, lo lleva Deanna Durbin en Can’t Help Singing (Feliz y enamorada, 1944), cuando se lanza a cantar Any moment now, en unos paisajes que muy bien pueden ser de Big Bear.
martes, 30 de septiembre de 2008
Modelo para despedir a un soldado que vuelve a la batalla
lunes, 29 de septiembre de 2008
A la caza del gazapo (XIX)
Junior Coghlan se quejaba de que, en el montaje final de Lo que el viento se llevó, se había perdido la frase que pronunciaba su soldado agotado, en protesta por la ayuda que le prestaba un camarada de armas al echárselo a hombros y seguir la marcha dejando atrás Atlanta.
Pero, en compensación, le dieron un gazapo: si nos fijamos, antes de que Rhett detenga el carro, vemos al grupo de agotados Confederados que caminan con lentitud: uno de ellos es el soldado de la pipa, que ya lleva sobre sus hombros al desmayado joven.
Unos segundos después, Coghlan se desmaya… y el soldado de la pipa pasa su arma a otro compañero y se carga al desvanecido a las espaldas.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Lista de bajas (I)
Es normal que las filas de participantes en la edición de la novela y la producción de la película estén muy menguadas después de más de 70 años, y eso que el reparto y el equipo técnico de Lo que el viento se llevó fueron muy amplios (se dice que unas 4.400 personas participaron en la producción cinematográfica).
Aún quedan supervivientes de aquellos días, la mayoría septuagenarios y octogenarios, que desmienten con su longevidad cualquier idea de una “maldición” sobre el libro y el largometraje.
Hubo fallecimientos inesperados en los primeros años de vida de GWTW que podrían apoyar esa hipótesis, pero creemos que se trata de un porcentaje insignificante comparado con el de muertes naturales por avanzada edad, que nutren la nómina de las primeras décadas tanto como la de los años más cercanos a nosotros.
Y, sí, no es habitual que de los cuatro actores principales sólo uno haya sobrevivido varias décadas a sus compañeros y hay un puñado de circunstancias llamativas en la muerte de algún colaborador, pero quizás sea exagerado hablar de “maldición”...
Vamos a hacer poco a poco un repaso de los caídos, y rogamos al lector que nos ayude a rellenar los huecos con cualquier información disponible y nos dé su opinión sobre la existencia o no de la hipotética maldición.
Hemos redondeado las edades, mencionamos la relación del fallecido con Gone With the Wind y, si es posible, la causa de la muerte en aquellos casos que nos parece significativa:
1939:
Robert Gleckler, 52. (El primer Jonas Wilkerson). Fallo renal.
Sidney Howard, 48. (Guión). Accidente en su granja.
1940:
F. Scott Fitzgerald, 44. (Guión). Ataque al corazón.
George Hackathorne, 44. (Herido que pide algo para calmar el dolor).
Josef Swickard, 74. (Extra en el permiso de Ashley).
Fred Warren, 60. (Dependiente de la tienda de Frank).
Monte Westmore, 39. (Maquillaje). Ataque cardíaco tras una operación de amígdalas.
John Wray, 53. (El preboste que interroga a Belle y sus empleadas tras la muerte de Frank, secuencia suprimida).
sábado, 27 de septiembre de 2008
Dos irlandeses honorarios
Lewis J. Selznick, el padre de David Selznick, cambió el apellido de la familia, Zeleznik, para hacerlo un poco más fácil de pronunciar para los angloparlantes. Llegó a Estados Unidos vía Londres procedente de su Ukrania natal, entonces parte de la Rusia imperial, donde se oprimía a los judíos sin miramientos, y pronto dejó su oficio de joyero para aventurarse en el mundo del cine.
Lewis Joseph no dio a sus hijos un segundo nombre, circunstancia que David remedió unos años más tarde recorriendo el alfabeto en busca de la inicial que le sonara de manera más armoniosa, hasta que se decidió por la “O”. Siempre podía decir que provenía de Oliver, un nombre que le gustaba.
Hitchcock aprovechó la anécdota para North by Northwest (Con la muerte en los talones, 1959), donde Roger O. Thornhill confiesa que su inicial no significa nada (el director juega con el parecido entre la letra “O” y el “0” (cero, nada), pero también es una referencia a Selznick, su antiguo atormentador). También el ficticio productor al que interpreta Tony Curtis en The Mirror Crack’d (El espejo roto, 1980) confiesa que la “N” de Martin N. Fenn no significa nada “pero queda bonita en las marquesinas”.
A lo largo de los noventa años que han pasado desde que a David se le ocurrió elegir la “O” como inicial apócrifa de su segundo nombre, la posibilidad de que veamos el nombre del productor de Lo que el viento se llevó escrito como David O’Selznick (sic) es altísima. Lejos de nosotros el poner en duda la integridad profesional de miles de correctores de pruebas, pero no deja de resultar chocante que el error se siga cometiendo, perpetuándose a sí mismo, por más que “O’Selznick” (sic) no suene en absoluto a irlandés y la genealogía de David no deje lugar a tal equívoco.
Él se tomaba con buen humor que le creyeran un pariente lejano de su más famosa heroína, Scarlett O’Hara, pero es nuestro deber condenar figuradamente a cada perpretador de un “David O’Selznick” (sic) a copiar 1037 veces la forma correcta. Hágannos ese favor y recuerden que es David O. Selznick, David O. Selznick, David O. Selznick...
Paulette Goddard tuvo a su alcance el papel de Escarlata hasta que Selznick cambió sus preferencias por Vivien Leigh. Tan cerca estuvo Goddard de tontear antes de tiempo con Clark Gable (unos años después serían grandes amigos), que Louella Parsons, la columnista más poderosa hasta la llegada a la prensa de Hedda Hopper, comenzó a referirse a ella como “Paulette O’Goddard” en sus artículos sobre la selección del reparto de Gone With the Wind.
Ciertas teorías aventuran que Paulette perdió el papel no tanto por su nebulosa situación marital con Chaplin sino porque Selznick temía que los prejuicios reinantes levantaran un clamor popular (malo para el negocio) ante el hecho de que una judía llegara a interpretar a Escarlata O’Hara: el apellido paterno de Paulette era Levy.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Libros para Windies
Como es habitual, cada mes hacemos una recopilación de los libros que hemos citado hasta ahora en Viento Escarlata y que, poco a poco, conforman la biblioteca esencial sobre Lo que el viento se llevó:
David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.
"Lo que el viento se llevó"/"Robin de los Bosques", por Javier Coma.
Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.
Selznick's Vision: "Gone With the Wind" & Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.
The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.
Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.
Road to Tara, por Anne Edwards.
George Cukor, por Patrick McGilligan.
"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt
A Child of the Century, de Ben Hecht
Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.
They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.
Long Live the King, por Lyn Tornabene.
Vivien Leigh, de Hugo Vickers.
The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.
A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard.
Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.
Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.
Stuntman, por Yakima Canutt.
Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.
Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.
Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.
The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.
Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell.
Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson
Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.
Tara Revisited, por Malcolm Vance
The Oliviers, por Felix Barker
Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff
The Complete Gone With the Wind Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel
Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.
In Search of My Father, por Ronald Howard
Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott
The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas
Selznick: The Man Who Produced "Gone With the Wind", por Bob Thomas
The Selznick Players, de Ronald Bowers
Scarlett O’Hara’s Younger Sister y I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes
A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.
George Cukor, por Augusto M. Torres.
Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.
Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.
"Lo que el viento se llevó", Fascículo 1 de la colección Cine & Música, de Salvat.
The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Con "W" o con "w"
La costumbre de citar la novela y la película con sus iniciales en inglés, GWTW, nos hace olvidar a menudo que, al principio, Margaret Mitchell prefería que el título de su libro se escribiera Gone with the Wind, con la “w” de “with” en minúscula.
En inglés, lo habitual es que los artículos y preposiciones no figuren en mayúscula; pero no hay una regla definitiva, ya que muchos manuales de estilo propugnan que, si la preposición tiene cuatro letras o más, debe ponerse en mayúsculas.
La escritora, o sus secretarias, pronto se dejaron llevar por la costumbre de verlo como Gone With the Wind y así lo vemos en muchas de sus cartas.
El título en la primera edición de la novela estaba escrito con todas las letras en mayúscula, GONE WITH THE WIND, en la portada y en el lomo, aunque en la sobrecubierta aparecía como GONE WITH the WIND. Y también es muy corriente que lo encontremos como Gone with the wind.
En castellano, lo acostumbrado es que sólo la letra inicial de la primera palabra del título vaya en mayúscula: Lo que el viento se llevó.Como vemos, hay variantes para todos los gustos...
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Hay que educar a Iris
En The Holiday (Vacaciones, 2006), donde es un placer ver al gran Eli Wallach todavía en la brecha (y más si recordamos que estuvo en The Misfits (Vidas rebeldes, 1961) la última película de Gable), dos de los más jóvenes personajes de los cuatro que llevan el ligero peso de esta comedia romántica, acuden a un videoclub.
Iris ha conocido a un veterano guionista de Hollywood (Wallach) que la ha puesto en contacto con el cine de los años 30 y 40 y sus “chicas con agallas”, y ella está ansiosa por ampliar su lista de películas por descubrir.
Miles, que es compositor de bandas sonoras, ayuda a Iris a elegir película y juntos recorren las estanterías.
Después de alabar la música de Chariots of fire (Carros de fuego, 1981) y de Driving Miss Daisy (Paseando a Miss Daisy, 1989), el siguiente DVD que le presenta es el de Lo que el viento se llevó, que no nombra, pero que muestra triunfal a su acompañante.
Aunque Miles ha tarareado convincentemente las notas de las bandas sonoras de las dos anteriores películas, su “tema de Tara” no le sale tan bien en la versión doblada como en la original (le pone letra para preguntarle a la chica si le molesta el juego de recomendar la películas por su música y en voz alta, y ya sabemos lo difícil que es encajar nuevas y diferentes palabras con el movimiento de los labios sin perder el sentido y más si son cantadas) .
