lunes, 30 de abril de 2018

Personajes (LII)


Los Fontaine eran una familia vecina de los O’Hara, residentes en la finca llamada Mimosa; son los más próximos a Tara y se les dedica bastante atención en la novela, pero no tienen ninguna relevancia en la adaptación cinematográfica.

Componen la familia el viejo doctor Fontaine y su esposa, la abuela Fontaine; su hijo, también médico y que fallecerá de disentería en Vicksburg, está casado con Jane, la joven señorita Fontaine, conocida cariñosamente como "Young Miss" (Señoritita, en la traducción). Son padres de Tony, Joe y Alex, todos morenos y con temperamento vivo y sanguinario, capaces de matar a cualquiera por una minucia.

Los dos médicos hacen sus visitas en el Condado; el mayor aconseja a Ellen que lo mejor para la reciente viuda Escarlata es un cambio de aires. Más tarde se une a la caballería del general Wheeler, y regresa a casa con un brazo amputado. Su opinión médica coincide con la del doctor Meade, de Atlanta: el parto ha debilitado demasiado a Melania y un segundo embarazo pondría en peligro su vida. El viejo doctor muere en abril de 1966, dos meses antes que Gerald O’Hara.

Joe Fontaine se casa con Sally Munroe y muere en Gettysburg, en julio de 1863.

Tony Fontaine, que le disparara un tiro a Brent Tarleton, regresa ileso de la guerra para intentar sacar de la pobreza a la hacienda. Escarlata, para atrapar a Frank Kennedy, le dice que su hermana Suellen va a casarse muy pronto con Tony, superchería que Frank no tarda en descubrir, pero para entonces ya no puede hacer nada.

En abril de 1866 Tony se presenta una noche tormentosa en casa de los Kennedy; ha matado a su antiguo capataz negro y a Jonas Wilkerson por las afrentas que han recibido las mujeres blancas y Sally Munroe, su cuñada, en particular. No tiene más remedio que huir de la justicia y se detiene en Atlanta para comer algo y pedir un caballo con el que ponerse a salvo en Texas. La ayuda que le presta el matrimonio, aunque no puede ser probada, les pone en el punto de mira del gobierno militar, y Escarlata llega a temer la confiscación de sus bienes.

Alex, que con su hermano Tony fue de los primeros del Condado en regresar de la guerra y llevar la noticia de la rendición a Tara, se puso a trabajar en Mimosa, a pesar de que antes de alistarse no había tenido nunca más trabajo que el de elegir corbata. No había formado parte del coro de cortejadores de Escarlata porque siempre había estado enamorado de Dimity Munroe, pero su orgullo no le permite casarse con ella: sabe que no dispone del dinero suficiente y prefiere esperar a conseguirlo. Pero, con Joe muerto y Tony exilado en Texas, es el único hombre que queda en Mimosa para acompañar a la viuda de Joe, y Alex se casa con su cuñada Sally para guardar las apariencias. Será también uno de los porteadores del féretro de Gerald.

La primera visita que Escarlata puede realizar a sus vecinos, gracias al caballo del desertor yanqui, es a Mimosa. Como la plantación estaba lejos de la carretera, el ejército de la Unión no había causado demasiados destrozos, aunque sólo quedaban cuatro esclavos; el resto había huido. Las tres mujeres estaban solas con el pequeño hijo de Joe, y llevaban luto por sus muertos en combate.

La abuela Fontaine, una venerable señora con licencia para eructar en público, interroga a Escarlata sobre la situación en Tara. Se alegra de que la casa haya quedado en pie, le dice que recoger el algodón ella misma no será ninguna humillación y, después de contarle un espeluznante episodio de su juventud, le advierte que es importante tener en la vida algo a lo que amar y algo a lo que temer.

Las mujeres Fontaine prestan a los de Tara las suficientes provisiones para sobrevivir en tanto las cosechas no maduren, con una generosidad que no espera retribución y que era característica de la convivencia vecinal sureña. La propia Sally avisa a todos de la vuelta de las tropas yanquis, dando tiempo a que Escarlata organice una operación de salvamento de víveres que les deja en mejor posición que a las Fontaine, que ven quemada el ala de madera de la casa y sólo pueden salvar el resto a base de emplearse a fondo con mantas y trapos mojados.

La abuela sufre un ataque al corazón debido al esfuerzo de apagar el fuego, pero ello no le impide asistir al funeral de Gerald O’Hara, a quien apreciaba por ser el marido de Ellen. Una hábil maniobra de Will Benteen evita que la abuela lance una previsible diatriba contra Suellen, que había precipitado la muerte de su padre, y la anciana mantiene otra larga conversación con Escarlata, en la que encuentra cualidades admirables y también defectos no tan perdonables según el código vigente, aunque la charla acaba por acercar a ambas mujeres.

En la película, la familia Fontaine queda representada de pasada por el actor Tom Seidel, a quien se denomina "Tony Fontaine" en la secuencia del comedor de Doce Robles.

martes, 24 de abril de 2018

Firma de Olivia de Havilland

En este artículo se nos cuenta cómo se obtuvo el autógrafo de Olivia de Havilland.
El autor relata que su hija volvió del colegio con el deber de escribir a alguien a quien admirara y probara su filosofía de vivir. Ya se había decidido por de Havilland, de quien era una fiel devota tras haber leído y visto Gone with the wind varias veces.

No tenía idea de cómo contactar con la estrella, porque el sistema internet no era accesible como lo es ahora, por ejemplo. Pero, buscando en los archivos del periódico en el que trabajaba, A.C. Snow descubrió la visita de de Havilland a un amigo, un sacerdote de New York.

Sin mucha esperanza, llamó al sacerdote y, para su sorpresa, se puso en contacto  con él y consiguió la dirección en París de la actriz.

Allí enviaron la carta de la pequeña, advirtiéndola, sin embargo, de la posibilidad de que no obtuviera respuesta.
Tres semanas pasaron y la joven ya había abandonado la esperanza de recibir una carta de Olivia de Havilland, pero llego un sobre...con remite de París: "Querida Katherine Victoria (¡qué nombre tan bonito!)", escribía de Havilland, explicando que el retraso en su respuesta se debía a que había estado fuera de su hogar un tiempo. "Me llena de alegría saber que Lo que el viento se llevó signifique tanto para ti y se haya convertido en una parte importante de tu vida", escribió. "Con respecto a la experiencia de trabajar en Gone with the Wind, fue maravillosamente feliz para mí. Estaba profundamente atraída por el carácter de Melanie, que tenía una rara sabiduría en el corazón, y buscaba cada día vivir su vida durante las horas de rodaje.
Además, supuse que Lo que el viento se llevó podría tener un destino poco habitual: que podía aguantar más del año o par de años al que estaban destinadas la mayor parte de las películas de aquella época. El pensamiento de ser parte de algo que iba a durar fue algo que me llenó, incluso me llenó de gran alegría. Amigos escribían desde Inglaterra que habían vuelto a estrenar  la película... ¿No era una profecía positiva, Katherine Victoria?"
La carta, enmarcada, cuelga en el dormitorio de la hija de A.C. Snow.


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miércoles, 18 de abril de 2018

Un asunto con Leslie Howard

No podemos dejar de citar "Mi pecado", una obra sobre Conchita Montenegro, que fue amante de Leslie Howard y, al parecer, convenció a los británicos de intentar la neutralidad de España durante la Segunda Guerra Mundial.

Probablemente, en la inminente publicación que firma Joan Mora, no se hable de Lo que el viento se llevó, pero no dejará de ser una lectura interesante para cualquier amante del cine... y del cotilleo.

jueves, 12 de abril de 2018

La guerra civil... norteamericana

La producción de una nueva película basada en la lucha del Norte y el Sur estadounidenses en la segunda mitad del siglo XIX (la guerra civil, para entendernos más rápidamente), nos lleva a recordar un puñado de películas que trataron el mismo tema.

En la lista que nos propone Fotogramas no falta Gone With the Wind, pero también encontramos títulos dirigidos por John Ford, David W. Griffith, John Huston, Sam Peckinpah, Sergio Leone o Steven Spielberg.

viernes, 6 de abril de 2018

Harold Rosson, director de fotografía

Toda la ayuda era poca la noche del rodaje del “incendio de Atlanta”, y Selznick reunió una envidiable relación de profesionales, nombres casi todo señeros en sus especialidades, como el de Harold Rosson, que aportó su saber en la dirección de fotografía.

La MGM volvió a prestar sus servicios al yerno de Mayer, como había hecho un par de años atrás para The Garden of Allah. Era la primera película en Technicolor de la Selznick International… pero también iba a serlo para Hal Rosson, que se había mostrado atónito cuando Mayer le comunicó el traspaso temporal: no sabía nada sobre el nuevo sistema; pero tomó el encargo con la curiosidad del experimentador que llevan dentro todos los grandes directores de fotografía y decidió que iba a “controlar el color” y evitar que “el color me controlora a mí”. Cuando tuvo a su cargo la fotografía de The Wizard of Oz estaba claro que Rosson sabía tanto del color como el que más, como siguió demostrando a lo largo de los años hasta su retiro, con El Dorado.

Las fuentes no se ponen de acuerdo en el día de nacimiento de Harold Rosson, bien el 6 de abril o el 24 de agosto de 1895, pero si coinciden en atribuirle justamente el “look” de la MGM en sus años dorados. Falleció el 6 de septiembre de 1988.

Comenzó como actor en la Vitagraph y se unió a la Metro en 1914. Tras su estancia en la Paramount, en 1930 ya estaba en la MGM, donde permaneció 23 años. Luego prestó sus servicios en diferentes estudios.

Fue el tercer marido de Jean Harlow, a quien había fotografiado en Red Dust, Red-Headed Woman y Bombshell, tres magníficos ejemplos de su dominio del blanco y negro, como lo son The Docks of New York, Tarzan the Ape Man, Boom Town, Thirty Seconds Over Tokyo o The Asphalt Jungle. Excelentes también son sus contribuciones en la fotografía de Duel in the Sun, On the Town, Singin’ in the Rain o The Story of Three Loves.

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