viernes, 31 de octubre de 2008

Repaso mensual a la biblioteca de GWTW

Cada mes, a modo de recordatorio, hacemos una lista de los libros que hemos citado en Viento Escarlata. Tanto los que tienen entrada propia como los que están incluidos en otras nos parecen adecuados para saber más sobre la novela y la película o las personas que tuvieron alguna relación con ellas. Tenemos muchos libros pendientes y muchos títulos por descubrir que estaremos encantados de apuntar a medida que tengamos acceso a ellos, así que no duden en hacer cualquier aportación.

David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.

Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.

Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.

Selznick's Vision: "Gone With the Wind" & Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.

The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.

Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.

Road to Tara, por Anne Edwards.

George Cukor, por Patrick McGilligan.

"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt

A Child of the Century, de Ben Hecht

Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.

They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.

Long Live the King, por Lyn Tornabene.

Vivien Leigh, de Hugo Vickers.

The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.

A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard.

Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.

Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.

Stuntman, por Yakima Canutt.

Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.

Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.

Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.

The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.

Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell.

Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson

*Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.

Tara Revisited, por Malcolm Vance.

The Oliviers, por Felix Barker.

Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff.

The Complete "Gone With the Wind" Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel.

Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.

*In Search of My Father, por Ronald Howard.

Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott.

The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas.

Selznick: The Man Who Produced "Gone With the Wind", por Bob Thomas.

The Selznick Players, de Ronald Bowers.

Scarlett O’Hara’s Younger Sister y *I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes.

A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.

George Cukor, por Augusto M. Torres.

Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.

Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.

Lo que el viento se llevó, Fascículo 1 de la colección Cine & Música, de Salvat.

The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.

The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", por David O’Connell.

Lo que el viento se llevó, Aymá, 11ª Edición, Barcelona, 1978; Ediciones B, Barcelona, 1992; Pan Books, 1988.

*El vuelo de Ibis, por José Rey-Ximena. (Sobre los últimos días de Leslie Howard).


*Aún no lo hemos leído

jueves, 30 de octubre de 2008

Botellas para los desmayos

La tía Pitty, por su edad y su condición de soltera, era propensa a perder su escaso conocimiento o a amenazar con hacerlo cuando se enfrentaba a una situación para la que no estaba preparada o su delicadeza le impedía estarlo; era el momento en el que recurría a su “botellita para los desmayos”, que, como Escarlata y Melania descubrieron, no contenía agua milagrosa, sino brandy.

El alcohol ha tenido una falsa reputación de estimulante desde el principio de los siglos, y no cabe duda de que a la buena mujer le gustaba "estimularse" de vez en cuando, aunque sin llegar a los extremos de su sobrina política, que le tomó buen gusto al brandy para tratar de olvidarse de sus pecadillos y que saboreaba el champagne en su luna de miel después de una larga temporada de privaciones.

Todos los hombres en Lo que el viento se llevó son buenos bebedores y aguantan bien el alcohol, ya sea whisky o brandy, el madeira heredado por los Hamilton o lo que se tercie. Butler se deja llevar por el licor pero en sus épocas más contritas reduce su ingesta a un par de vasos de clarete, todo en pro del futuro de Bonnie.

A Mammy le sabe a gloria el ron que Rhett le ofrece para celebrar el nacimiento de la niña, un detalle que durante el rodaje de Gone With the Wind dio pie a una de las bromas de Gable: en lugar del acostumbrado té que se utiliza para que los actores no se emborrachen con la repetición de las tomas (así como el champagne de Nueva Orleans era una más humilde gaseosa), Clark puso algo más fuerte que el jerez del que habla Rhett en el vaso de Hattie McDaniel, cuya reacción al encontrarse inesperadamente con una bebida de alta graduación en plena escena fue memorable.

En la vida real también fueron necesarios los estimulantes, o así lo creían los implicados, para sobrellevar las agotadoras jornadas de rodaje.

Selznick encabeza la lista de dopaje: se impuso e impuso a los demás un ritmo infernal y se convirtió en un adicto a la Benzedrina, anfetamina que se vendía sin receta; también recurría, entre cigarrillo y cigarrillo, al extracto de tiroides y a la vitamina B-12.

Nadie podía seguir sus horarios y por eso sus secretarias se turnaban para coger el dictado de sus memorandos y demás tareas de oficina y el resto de los empleados sabía que si el teléfono sonaba a las tres de la madrugada era muy probable que fuera Selznick con una idea que había que poner en práctica unas horas después.

Es de suponer que Max Steiner se ayudó de grandes dosis de productos afines a los que tomaba Selznick para terminar su partitura en doce semanas, al mismo tiempo que se ocupaba de otras películas.

El chocolate, los cacahuetes y los plátanos circulaban por los platós como si el equipo fuera a participar en una prueba atlética; Vivien Leigh, entre tableta y tableta de chocolate, fumaba sin parar…

miércoles, 29 de octubre de 2008

Del escarlata al carmesí

Los creadores de los cortos de animación de finales de los años 30 y las décadas posteriores encontraron en Lo que el viento se llevó una mina para las referencias y las parodias.

Por ejemplo, en Confederate Honey (1940), aunque no hay una cita directa, sí tenemos a la hija del coronel O’Hairoil, Crimson (Carmesí), una beldad sureña a la que rodean los admiradores; por si fuera poco, la vemos en trance de vestirse y atusarse para lucir lo más bella posible mientras rechaza a un pretendiente tras otro. Su corazón pertenece al gallardo (ejem) “Ned Cuttler” (nuestro viejo conocido Elmer Fudd) que está a punto de hacerle la más importante de las preguntas cuando estalla la guerra…

martes, 28 de octubre de 2008

Interjecciones favoritas

Un taco en el momento apropiado, si no se prodiga demasiado y tiene originalidad, es un pecadillo fácilmente perdonable. La Oficina Hays opinaba de diferente manera y, además del famoso “damn”, pidió a Selznick que no incluyera en Lo que el viento se llevó el “God’s nightgown!” (que en la traducción de la novela aparece como “¡Por Dios!, pero que literalmente sería “¡Por el camisón de Dios!”) que era el juramento preferido de Gerald O’Hara y que su hija había heredado.

En su lugar, la Escarlata cinematográfica debía usar “Great balls of fire!” (literalmente “¡Grandes bolas de fuego!” y traducido como “¡Qué disparate!” en el libro y como “¡Qué demonios!”, “¡Por todos los demonios!” o “¡Dios mío!” en el doblaje), que por lo menos sí empleaba en la novela.

Hay otras expresiones características en Gone With the Wind que los personajes usan cuando están enfadados, desesperados o asombrados. Rhett, que ha pasado, entre otros sitios, por West Point y montones de garitos y luego se unirá al ejército, lanzaría sin duda una buena colección de exabruptos, y de hecho, cuando se despide de Escarlata en el camino de Tara, emplea en la novela su frase favorita: “I don’t give a damn whether you do either…” (traducido como “Me importa un bledo que haga una cosa u otra…”).

A falta de este “damn” en la película, y, si afinamos mucho el oído, podemos escuchar la palabra prohibida en el coro de protestas de los hombres reunidos en el comedor; posiblemente tenían la orden de improvisar sus réplicas a discreción, y nada más apropiado, debió pensar alguno de los caballeros, que soltar un “Damn yankees!” (“¡Malditos yanquis”!) que queda casi oscurecido en mitad del jaleo.

Escarlata es más partidaria del “Fiddle-dee-dee!”, que podríamos trasladar como “¡Bah!”, “¡Pamplinas!”, “Tonterías”… y de vez en cuando lanza un “Mother of God!” (“¡Madre de Dios!”).

Hasta Melania se permite una pequeña salida de tono, tan impensable en ella que su cuñada no puede creerlo: cuando la señora Wilkes se pone del lado de su marido y de su cuñada ante los rumores de que Escarlata y Ashley son algo más que antiguos amigos, Melania termina diciendo “Stars Above!” (“¡Estrellas del cielo”!).

lunes, 27 de octubre de 2008

Will Price, asesor

Para ayudar a que Lo que el viento se llevó tuviera el barniz sureño necesario no se escatimaron esfuerzos por parte de la Selznick International.

Will Price, que nació el 27 de octubre de 1913 en Mississippi, fue uno de los primeros asesores contratados para que tanto los aspirantes como los actores definitivos hablaran con el mejor aire del Sur posible y se respetaran en cierta medida los usos y costumbres de la época y el lugar.

Desde Georgia llegaron después Wilbur Kurtz y Susan Myrick, que perdieron alguna que otra batalla por la verosimilitud en pro del espectáculo que preconizaba Selznick.

William Houston Price fue contratado oficialmente en marzo de 1938 para colaborar en Gone With the Wind; todo parece indicar que fue seleccionado por Cukor en Nueva Orleáns en uno de sus periplos de preparación de la película, ya que Price había trabajado en el Proyecto del Federal Theater en Atlanta y en otros lugares de la región.

Su trabajo en GWTW, que consistió en estar al tanto de que todos se supieran el diálogo y pudieran recitarlo sin provocar otra guerra (algunos, como Gable, renunciaron a cualquier deje), le abrió las puertas de su carrera en el cine; en su puesto de director de diálogos en The Hunchback of Notre Dame (Esmeralda la zíngara, 1939) conoció a la que un par de años más tarde se convirtió en su esposa, Maureen O’Hara, que había llegado a Estados Unidos en pleno rodaje de Lo que el viento se llevó.

Price se dedicó entonces a impulsar la carrera de Maureen, a la que dirigió en Tripoli (1950), destilar encanto sureño por cada poro y trasegar bastante alcohol, una combinación peligrosa que puede explicar su reducida filmografía como guionista, director y productor y los numerosos proyectos fallidos (entre ellos varios con el escritor Robert Graves en los años 50; Graves le dedicó el poema Sirocco at Deyâ (Siroco en Deià), pero nunca vieron la luz ideas como una adaptación de Yo Claudio o un guión con sabor a Las Mil y Una Noches que iba a titularse A World’s Delight), y precipitó el fracaso de su matrimonio con la pelirroja favorita de John Ford. Price falleció en 1962.

domingo, 26 de octubre de 2008

"Cuando esta guerra cruel termine"

En la novela, la canción When this cruel war is over (1862) aparece por primera vez en el bazar, mientras Rhett y Escarlata están bailando; es una melodía nueva y ella se la canturrea, advirtiendo, eso sí, que la letra original hacía referencia a un uniforme azul (el de la Unión) en lugar de a uno gris (el de la Confederación):

"Dearest one, do you remember
When we last did meet?
When you told me how you loved me,
Kneeling at my feet?
Oh, how proud you stood before me
In your suit of gray,
When you vowed from me and country
Ne'er to go astray.
Weeping sad and lonely,
Sighs and tears how vain!
When this cruel war is over
Pray that we meet again!"

("Querido, ¿te acuerdas
de la última vez que nos vimos?
¿Cuando dijiste que me querías,
arrodillado a mis pies?
¡Oh, qué orgulloso estabas ante mí
vestido de gris,
cuando juraste por mí y por la patria
ser fiel siempre.
Llorando triste y sola,
¡qué vanos los suspiros y las lágrimas!
Cuando esta guerra cruel termine
¡Ojalá que nos veamos de nuevo!")

Hay después varias aparaciones de Cuando termine esta guerra cruel en Lo que el viento se llevó, pues la autora no descuida la música de la época: Escarlata vuelve a cantarla, esta vez a solas, después de leer las cartas de Ashley a Melania; Suellen, que se había comprometido en secreto con Frank, la canturreaba a menudo con tanta insistencia que Escarlata, de visita en Tara durante la guerra, acababa harta de su hermana; pero, más tarde, en la solitaria plantación que trata de sacar adelante, echa de menos los sonidos habituales, entre ellos el de las muchachas cantando alguna estrofa de When this cruel war is over, ajenas todavía a los rigores más agudos de la guerra.

Max Steiner no se olvidó de incluir la canción en la banda sonora de Gone With the Wind: Aparece en la secuencia de la lista de bajas.

Es una composición también conocida como Weeping sad and lonely y su melancolía era tan contagiosa que los mandos de ambos ejércitos tuvieron que prohibir que se cantara en los campamentos, porque dejaba la moral de los soldados por los suelos. Tanto en el Norte como en el Sur se tocaba en casi todas las reuniones familiares y sociales y fue inmensamente popular.

La letra original es de Charles Carroll Sawyer pero, como vemos, Margaret Mitchell empleó una de las múltiples versiones. La música es de Henry Tucker.

sábado, 25 de octubre de 2008

Un libro peligroso

Lo que el viento se llevó ha pasado por los tribunales en numerosas ocasiones, sobre todo por cuestiones de derechos de autor, pero, sin duda, una de las más curiosas apariciones judiciales de la novela ha de ser la del proceso de divorcio de una pareja de Alabama en 1939.

Un asunto así siempre es doloroso, y más si entre los argumentos para la disolución del matrimonio figura la acusación de crueldad mental y violencia, aunque haya sido acordado así por ambas partes para acelerar los trámites. Lo llamativo de ese caso es que la esposa hizo mención explícita de que su marido le había arrojado a la cabeza… un ejemplar de Gone With the Wind. Por esta y otras razones se le concedió el divorcio.

Un ejemplar de la primera edición de la novela pesaba 2 libras y media (1 kilo y 134 gramos).

viernes, 24 de octubre de 2008

Tara en pedazos

Para no ser más que un decorado de cartón piedra y madera de balsa, que le costó al estudio 12.059 dólares en 1939, la fachada de Tara que vemos en Lo que el viento se llevó ha corrido sus aventuras a lo largo de los años, aunque ahora no es más que “un sueño recordado”.

El tiempo y el descuido no perdonan y apenas quedan unos jirones de lo que se construyó para Gone With the Wind. El decorado pasó veinte años en los terrenos para exteriores de los estudios, que pasaron por diferentes dueños hasta ser adquiridos por Lucille Ball y Desi Arnaz.

En 1959, una firma de Atlanta compró la fachada de Tara con la idea de que formara parte de una atracción turística basada en el antiguo Sur y en GWTW, pero Stephens Mitchell denegó el permiso para usar los nombres y los personajes de la novela de su hermana y el plan nunca se hizo realidad, así que, tras atravesar todo el país, los restos del trabajo de los decoradores de Selznick fueron a parar a un almacén de Atlanta.

Pasaron otros veinte años hasta la que señora Talmadge la compró, no sin regateos y sin comprobar que “aquello” casi no tenía remedio; pero cualquier pizca de Lo que el viento se llevó no deja de tener su valor, así que Betty Talmadge la guardó en su casa, Lovejoy.

Hubo varios intentos de comprarla y de restaurarla, pero todos se iban al traste, hasta que lo que quedaba de la entrada de Tara pudo por fin verse en una exposición en 1986, durante las celebraciones del 50º aniversario de la publicación de la novela, en la Atlanta Historical Society. Talmadge legó esta propiedad a la fundación que dirige la Margaret Mitchell House… o al menos eso fue lo que se anunció en 1997.

La penúltima parada en el viaje es Concord, también en Georgia, a mediados de los años 90 del siglo pasado; la propietaria del "bed and breakfast" Inn Scarlett’s Footsteps se hizo con los restos de la fachada, en tanto que la puerta seguía expuesta al público en el Atlanta History Center. Como no había manera de restaurar el decorado, la idea era hacerlo pedacitos y venderlos a los siempre ávidos Windies por unos 200 dólares cada uno; parte de los beneficios irían destinados a la Sociedad Histórica del Condado de Clayton y a la Margaret Mitchell House.

Casi puede decirse que a Tara… se la llevó el viento.

jueves, 23 de octubre de 2008

El vestido estampado (I)

El vestido de percal color lavanda claro, con estampado marrón oscuro y beige que Escarlata lleva en la secuencia en la que atiende a los heridos con Melania, está todavía nuevo, pero le esperan malos tiempos y peligrosas aventuras.

Vivien Leigh iba a llevar cinco copias en al menos seis diferentes estados, y el departamento de vestuario de Lo que el viento se llevó trabajó duro para maltratar el vestido y que quedara convincente.

El modelo inicial lleva una hilera de botones de la misma tela en el centro de la parte superior, y está forrado con muselina blanca; el cuello está rematado con encaje blanco. Las mangas, largas, abultadas hasta el codo pero estrechas hasta la muñeca; esta última parte se cierra con botones.

En esta escena Escarlata se cubre con un delantal; en la siguiente, a la salida del hospital, lleva un chal, guantes y su sombrero de luto (sin el velo).

miércoles, 22 de octubre de 2008

John L. Balderston, guión

Periodista, corresponsal de guerra, uno de los testigos de la apertura de la tumba de Tutankhamon, escritor, autor teatral y guionista cinematográfico desde 1931, John Lloyd Balderston (nacido en Filadelfia el 22 de octubre de 1899) también aportó su granito de arena al guión de Lo que el viento se llevó, mano a mano con John van Druten y otros en las primeras semanas de 1939.

Aunque Balderston es más conocido por sus guiones en el género de horror y fantástico, también realizó incursiones con mucho éxito en películas románticas y, como se le daba bien trabajar en colaboración (a costa muchas veces de no obtener crédito en pantalla) y estaba por entonces asociado con la MGM, no resulta extraño que pasara una breve temporada inmerso en el laberíntico guión que Selznick iba formando escritor tras escritor.

Su estancia previa en la Universal produjo la base argumental para Drácula (adaptación de su obra teatral basada en la novela de Stoker), La Momia, Frankenstein (sobre la novela de Mary W. Shelley), o La novia de Frankenstein, entre otras; no quedó muy conforme con el uso (y abuso) que el estudio hizo de su concepción del monstruo, y entabló en los años 50 un proceso judicial que le dio la razón poco antes de su muerte, en 1954.

En 1929 había triunfado con su obra Berkeley Square, que Leslie Howard interpretó en Broadway y luego en la pantalla, y que une lo fantástico como lo romántico; la aventura también está representada en su filmografía, con The Last of the Mohicans (El último mohicano, 1936), The Lives of a Bengal Lancer (Tres lanceros bengalíes, 1935) o The Prisoner of Zenda (El prisionero de Zenda, 1937), y consiguió su segunda candidatura al Premio de la Academia al mejor guión por Gaslight (Luz que agoniza, 1944).

martes, 21 de octubre de 2008

Esos extraños Wilkes

Gerald advierte a su hija mayor de que no sería feliz casándose con Ashley, pues sus caracteres son diferentes por completo y la práctica Escarlata no sería capaz de comprender nunca a su familia política:

“Te digo que han nacido raros. Tú fíjate cómo se largan a Nueva York y a Boston para oír una ópera o ver una exposición de pintura. Y cómo encargan libros franceses y alemanes a los yanquis. Y se pasan horas leyendo o soñando, sabe Dios qué, en lugar de pasarlas cazando o jugando al póquer, como hacen las personas decentes.”

La película se encarga de mostrarnos el refinado gusto de los Wilkes a través de las líneas clásicas de su vivienda, Doce Robles (aunque lo que vemos en la pantalla sobrepase ampliamente la descripción de Margaret Mitchell), sus magníficos jardines o la cuidada biblioteca.

El equipo de producción de Lo que el viento se llevó también incluyó un pequeño detalle para recalcar la cultura de la familia de Ashley, la inscripción en el reloj de sol que nos indica que es la hora de la siesta.

La cita “Do not squander time for that is the stuff life is made of" ([Si amas la vida] no malgastes el tiempo: es el material del que está hecha la vida”, es de Benjamin Franklin, el famoso político e inventor del siglo XVIII (y abolicionista, por cierto), y parece un claro contraste con ese momento perezoso del día de fiesta en la plantación, donde también los amos disponían hasta entonces de tiempo abundante en una jornada normal.

En unos años, Escarlata acatará sin saberlo lo que dicta la frase que sin duda había leído cientos de veces en sus visitas a Doce Robles: todas sus horas estarán ocupadas y no en actividades tan ociosas como las de esa tarde de abril.

Puede tratarse de una asociación de ideas, porque hay otra frase de Franklin muy apropiada: “Hide not your talents. They for use were made. What’s a sundial in the shade?" (No ocultes tus talentos. Fueron hechos para ser usados. ¿Para qué serviría poner un reloj de sol en la sombra?")

lunes, 20 de octubre de 2008

En el principio fue la novela

Mientras buscamos una primera edición en inglés de Lo que el viento se llevó y ahorramos (y ahorramos a lo largo de tres vidas más) para poder contar con uno de aquellos ejemplares de 1936, conviene que apuntemos las ediciones que empleamos cuando hacemos una cita en Viento Escarlata; son los volúmenes que tenemos a mano:

Aymá, 11ª Edición. Barcelona, 1978.

Ediciones B. Barcelona, 1992.

Pan Books, 1988.

Desde que la novela se publicó en España en 1943 se han sucedido las ediciones, tanto en tapa dura como en rústica, en bolsillo y con fotos de la película; este mismo año se ha lanzado un “combo” que une GWTW, Scarlett y Rhett Butler.

Gone With the Wind se sigue vendiendo, aunque sea con sinopsis como la que aparecía en Fnac, que va directa a nuestra antología:

“Georgia (EE. UU.), 1861. Scarlett O'Hara está enamorada de Ashley Wilkes, que decide casarse con Melanie Hamilton, prima de ella [sic]. Rhett Butler, un joven [sic] que no quiere luchar en la inminente guerra de Secesión, está enamorado de Scarlett, pero ésta prefiere vengarse de Melanie casándose con su hermano Charles. Sin embargo, cuando la guerra cese, Scarlett habrá enviudado, vivirá en la miseria, y Batler [sic] intentará de nuevo seducirla."

domingo, 19 de octubre de 2008

Lista de bajas (III)

Tras un aparente respiro en 1945, en el que no hemos encontrado todavía ningún fallecimiento en la relación de participantes en Lo que el viento se llevó, las pérdidas continúan:


1946:
Ben Carter, 35. (Rodó la primera secuencia interpretando a Jeems, pero su aparición fue suprimida; trabajó como extra en GWTW).
George B. McNulty, 50. (Encargado de continuidad y ayudante del director)

1947:
John Arledge, 41. (El soldado moribundo)
Arthur Johns, 58. (Efectos sonoros)

1948:
Ed Chandler, 54. (El sargento en el hospital)
Charles Richards, 49. (Cazatalentos y encargado del reparto)

sábado, 18 de octubre de 2008

Segundo preestreno: el viento cobra forma

Con la primera secuencia por fin “en el bote”, rodados también algunos otros planos complementarios y tras más sesiones de montaje, Lo que el viento se llevó estaba lista para un nuevo pase sorpresa.

El 18 de octubre de 1939 Hal Kern miró hacia el Oeste en esta ocasión y escogió el Arlington Theatre, en Santa Barbara, a unos 150 kilómetros de Culver City. Le dijo al gerente que querían conocer la opinión del público sobre Intermezzo, pero, cuando llegó con unas 50 latas de película, era evidente que no contenían la historia de amor prohibido entre dos músicos, sino la épica película basada en la novela de Margaret Mitchell.

GWTW rondaba por entonces las cuatro horas, pero recibió la misma acogida que unos días atrás por parte de los espectadores, de nuevo cautivos en la sala pero contentos de estar allí.

Todavía no estaba en su estado ideal, pero ya se parecía mucho a lo que apenas dos meses después se vería en el estreno en Atlanta. Faltaba la música, suavizar las transicciones entre secuencias, algún plano que otro, los títulos… hacer las copias en Technicolor (que no era tarea pequeña) y preparar una nueva prueba de fuego: el pase para la prensa.

Mientras Kern se pasaba los días yendo del estudio al laboratorio de Technicolor y Steiner trabajaba a marchas forzadas, los departamentos de publicidad de la Selznick International y de la MGM sumaron sus fuerzas para que no decayera el interés en este último tramo, y, siempre bajo la supervisión directa del productor, empezaron a lanzar ideas para la presentación en Atlanta.

viernes, 17 de octubre de 2008

Aromas en el viento

En la novela, la detallista Margaret Mitchell no nos defrauda a la hora de informarnos a qué huelen sus principales personajes, una faceta que el cine (hasta ahora) no ha podido conseguir, a pesar de algunos intentos experimentales.

En Lo que el viento se llevó los hombres, Gerald y Rhett sobre todo, huelen a alcohol, tabaco y caballo; las damas, más delicadas, prefieren perfumes florales, y Escarlata siempre recuerda el aroma a hierba luisa, asociado para siempre a Ellen, que lo utilizaba para perfumar su ropa, envuelto en la tradicional bolsita.

Los olores se hacen menos agradables con la llegada de la guerra, la enfermedad y la falta de higiene, pero hay dos tipos de colonia importantes en la historia, uno que se menciona de pasada, pero que era habitual en la vida cotidiana y otro que da lugar a un momento tragicómico y que pertenece, por el momento, al mundo de la fantasía:

“Dulces y flores, querida, o quizás un libro de poesía, o un álbum, o una botella de agua de Florida”, repetía incansable Ellen a su hija, grabando en su memoria los únicos regalos que una señorita podía recibir de un caballero sin que su honor quedara en entredicho. Aceptar algo de más valor podría dar idea de que la joven estaba dispuesta a entregar algo a cambio…

El “agua de Florida”, fresca y de agradable olor, data de 1808. La comercializó la firma Murray & Lanman y se vende todavía hoy, tanto para la higiene personal como para los rituales de purificación en variadas prácticas espirituales, de manera que se puede encontrar tanto en la más cosmopolita de las urbes como en la más escondida de las aldeas amazónicas; aunque hay diferentes recetas, se compone habitualmente de aceite de bergamota, lavanda, limón, clavo, canela, flores de naranjo, jazmín, almizcle, agua de rosas y alcohol.

Cuando Escarlata intenta embotar su conciencia tras la muerte de Frank, recurre sin recato al brandy, pero no quiere que Rhett note que ha estado bebiendo, así que no se le ocurre otra cosa que hacer gárgaras con colonia.
En la película podemos ver claramente la marca, Cheautard’s, pero confesamos que no hemos podido encontrar todavía ninguna referencia a una colonia de ese nombre; puede tratarse de una invención del equipo de GWTW, aunque parece extraño, ya que el departamento de investigación y el propio Selznick se distinguían por su atención al detalle y había a mano un par de expertos en la época que hubieran podido dar información de primera mano sobre las marcas en boga por entonces.

Invitamos al lector, como siempre, a que nos ayude en la investigación para aclarar este pequeño misterio: ¿existe o existió la colonia Cheautard’s?

jueves, 16 de octubre de 2008

Viento dentro del cine dentro del cine

Una película con el cine como parte de su argumento tiene muchas probabilidades de contener una alusión a Lo que el viento se llevó. No es obligatorio, por supuesto, pero siempre es de agradecer una referencia, ya sea en clave de homenaje reverente o en clara crítica al fenómeno.

The Last Action Hero (El último gran héroe, 1993) se toma tan poco en serio a sí misma como a las películas que cita y parodia y, aunque no hace sombra a sus directos antepasados, como las magníficas Sherlock Jr. (El moderno Sherlock Holmes, 1924) o The Purple Rose of Cairo (La rosa púrpura de El Cairo, 1985), se deja ver como simple entretenimiento. Su enorme campaña publicitaria previa al estreno levantó unas expectativas tremendas, que la película no llegó a satisfacer; resultó un fracaso, sobre todo porque coincidió en el tiempo con ciertos dinosaurios…

El joven protagonista, Danny, acaba de pasar “al otro lado” de la pantalla para encontrarse en compañía de su personaje de ficción favorito, Slater, todo un héroe de acción al que intenta explicarle que en realidad es un actor que intepreta a un personaje… Slater no está dispuesto a creer que existe otro mundo que no sea el suyo y que vive en una película, etc...

Danny conoce también a la hija de Slater, pero el héroe la previene del estado mental del chico: “… completamente loco… en seguida te dirá que le encantaste en Lo que el viento se llevó”.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Jane Darwell, la señora Merriwether

Jane Darwell, la intérprete de la imperiosa señora Merriwether en Lo que el viento se llevó, nació el 15 de octubre de 1879; ya de niña quería ser artista de circo o bien cantante de ópera, pero las presiones familiares ahogaron esta vocación escénica; a pesar de que se le permitió estudiar y practicar canto, tendría que esperar a sobrepasar la treintena para poner por fin un pie en un escenario, y tuvo buen cuidado en ocultar su verdadero nombre, Patti Woodard, no fuera a ser que se agotaran las sales y el amoníaco allá en Missouri, su tierra natal.

Este comienzo tardío en el teatro, y también en el cine, no fue óbice para que Jane no pudiera expresar su talento a sus anchas, y su paciencia se vió recompensada con numerosos trabajos en cine, teatro y televisión, y con el Oscar a la mejor actriz de reparto, por The Grapes of Wrath (Las uvas de la ira, 1940), donde bordaba una vez más su papel más repetido, el de madre (o abuela, o ama de llaves…); por cierto que al recibir el premio comentó que los galardones eran siempre bien acogidos, pero que prefería tener trabajo, en un claro guiño a los directores de reparto para que no se olvidaran de ella.

Aunque normalmente derrochaba bondad y sabiduría, combinadas con la fortaleza de una pionera, como en Jesse James (Tierra de audaces, 1939), de vez en cuando se permitía interpretaciones de mujeres no tan simpáticas, como la de la guardiana en la prisión de Caged (Sin remisión, 1950).

Habitual en las películas de Shirley Temple o los repartos de John Ford, a quien encantó en The Ox-Bow Incident (Incidente en Ox-Bow, 1943) y la utilizó en My Darling Clementine (Pasión de los fuertes, 1946), 3 Godfathers (Tres padrinos, 1948), Wagon Master (1950), The Sun Shines Bright (1953) o The Last Hurrah (El último hurrah, 1958), Darwell cerró su carrera con la mujer de los pájaros en Mary Poppins (Mary Poppins, 1964); por entonces ya estaba retirada por cuestiones de salud, pero el mismo Disney la reclamó para el que sería su canto de cisne, pues Jane murió en 1967.

martes, 14 de octubre de 2008

A la caza del gazapo (XX)

Rhett deja a Escarlata en el camino de Tara, a pesar de las protestas de la joven. Se han detenido un momento para que descanse el caballo, y Butler se toma su tiempo para despedirse, discutir con Escarlata por dejarla allí abandonada, con Prissy, Melania y el recién nacido, y robarle el beso que merece un soldado que va a la guerra.

Es una de la secuencias memorables de Lo que el viento se llevó.

Mientras los humanos intercambian réplicas para las antologías, el caballo aprovecha para recuperar fuerzas…

¡Y tanto!: unos minutos antes, cuando Rhett baja del carro, pone el freno. Cuando Escarlata emprende de nuevo el camino, no le hace falta tocarlo, el vehículo se pone en marcha con facilidad.

Claro que Prissy pudo estar jugueteando con el freno cuando no la veíamos (Melania estaba desmayada)…

lunes, 13 de octubre de 2008

Volver después de luchar

Una de las canciones populares más conocidas que Steiner incluyó en la banda sonora de Lo que el viento se llevó es When Johnny comes marching home; podemos oírla como fondo del título que nos explica la batalla de Gettysburg, cuando Escarlata da cuenta de las bajas a Rhett, al final de la guerra, cuando regresan los derrotados confederados y cuando vemos a Ashley intentando partir un tronco en el huerto de Tara.

“Todos nos alegraremos cuando Johnny vuelva a casa”, reza el último verso de la letra compuesta por Patrick Gilmore (que firmaba como Louis Lambert) para animar a su hermana, que esperaba el regreso de su futuro esposo, que luchaba en las filas de la Unión. Al héroe, que volverá sano y salvo, le aguarda una multitud dispuesta a lanzar vítores y hurras…

Gilmore, un renombrado director de bandas militares, empleó para su composición de 1963 una melodía que tiene resonancias de Johnny, I Hardly Knew Ye, una canción irlandesa de letra no tan alegre, pues en esta el soldado ha perdido sus piernas y sus “días de baile han acabado”. Gilmore sostenía que la música se la había inspirado un espiritual negro.

Como de costumbre, la canción se hizo popular en ambos bandos y ha sido empleada en las subsiguientes contiendas, bien para subrayar los valores patrióticos, bien para ironizar sobre las falsas glorias bélicas, y ha sido objeto de numerosas parodias y adaptaciones.

domingo, 12 de octubre de 2008

De vuelta al porche de Tara

Una vez más (y seguro que todos habían perdido la cuenta), Escarlata y los hermanos Tarleton volvieron en octubre de 1939 al porche de Tara para la secuencia con la que comienza Lo que el viento se llevó.

Las fuentes, como es habitual, discrepan en la fecha y los detalles: Molt indica que el rodaje tuvo lugar el 12 de octubre, Haver apunta que el equipo hizo caso omiso de la superstición y no dudó en rodar el 13, viernes; Vertrees señala que el director fue Wood, supervisado directamente por Selznick; otros otorgan la dirección a Victor Fleming…

En todo caso, Vivien Leigh llevaba el vestido blanco y Reeves y Crane se mostraban tan joviales como siempre, aunque sobre el ánimo de todos estaba presente la guerra que había estallado un mes atrás en Europa y que hacía aún más irónicas las egoístas palabras de Escarlata.

El día de rodaje se completó con el trabajo de Cosgrove en la secuencia de la lista de bajas, para mostrar la expectación de los ciudadanos de Atlanta ante las inminentes noticias del resultado de la batalla de Gettysburg; primeros planos del “dad de mano”, cuando terminaba la jornada de trabajo en Tara (que en algunas versiones del guión debían abrir la película), y el doctor Meade y sus triunfalistas anuncios en el bazar, para combinarlos con los planos de los asistentes al baile.

El fin (del rodaje) parecía cercano… porque aún hubo tiempo para unas tomas más. Al fin y al cabo, aún quedaban dos meses para el estreno y Selznick no iba a dejar de montar hasta que le quitaran la película de las manos para poder proyectarla.

sábado, 11 de octubre de 2008

Plantaciones cercanas

En la ficción, Tara y Doce Robles no estaban muy lejos; eran dos edificios de concepción diferente, como lo eran las personalidades de Gerald O’Hara y la de los Wilkes.

La adaptación cinematográfica de Lo que el viento se llevó embelleció la casa de Escarlata (que en la novela se describe sencilla, sin columnas, sin un plan arquitectónico definido) y el estudio se superó a sí mismo con un Doce Robles absurdo, pero con el necesario esplendor para dejar huella en la mente del espectador, pues esa magnificiencia no volverá a verse en la película.

Selznick excusó las libertades artísticas tomadas en ambas viviendas razonando que los habitantes de Clayton County y Atlanta, que sabían muy bien que tales mansiones no habían existido tal y como Hollywood las mostraba, formaban un pequeño porcentaje del público de la película y sabrían perdonar las exageraciones realizadas para dar idea del Sur antes de la caída. Ya habría tiempo para mostrar la decadencia.

Durante el rodaje, la fachada de Tara estaba unos centenares de metros más allá del estudio donde se construyeron el vestíbulo y las habitaciones de Doce Robles, cuyo exterior nunca existió.

La parte delantera de la casa de Escarlata permaneció durante muchos años en el mismo lugar, sujeta a las inclemencias del tiempo; aunque no fue usada jamás para otra película, su valor simbólico era demasiado para que nadie se decidiera a desmantelarla, pero tampoco nadie se preocupó de mantenerla en un estado decente.

La señora Talmadge, ex esposa de un senador por Georgia, compró la fachada en 1979 y la trasladó a su propia plantación, Lovejoy, en Jonesboro, a la que consideraba como inspiración de Margaret Mitchell para Doce Robles, porque familiares de la autora de Gone With the Wind habían vivido en las cercanías.

Betty Talmadge no tenía reparos en decir a sus invitados que parte de la película se había filmado en Lovejoy, pero eso no es cierto, si bien es posible que el equipo de la película, en sus viajes de investigación, tomara algún que otro elemento de la casa. Podemos ver una foto de Lovejoy en la portada del libro de cocina sureña que escribió la señora Talmadge.

También es muy probable que Margaret Mitchell, al escribir su novela, se inspirara en la antigua plantación de su familia por parte materna, Rural Home, para crear Tara. Lo que quedaba de la casa de los Fitzgerald también fue a parar a Lovejoy, asimismo en un estado ruinoso.

Así, de alguna manera, volvieron a estar cercanas, por un breve espacio de tiempo, las casas de los O’Hara y los Wilkes…

viernes, 10 de octubre de 2008

27 vestidos

Una de las discusiones bizantinas que entretienen desde hace décadas a los Windies es intentar encontrar la respuesta definitiva a cuántos ejemplares se confeccionaron del vestido con el que Escarlata O’Hara se pasa buena parte de Lo que el viento se llevó.

Algunas subdivisiones de esta disciplina no reconocida académicamente abarcan la investigación acerca del número de modelos que realmente vemos en la pantalla, qué modificaciones experimentan y en qué orden aparece cada uno.

Vemos por primera vez el modelo en cuestión en la secuencia en la que Escarlata y Melania atienden a los heridos en el hospital; luego lleva un vestido diferente durante la escena de “la amputación” y la evacuación, pero después Escarlata ya no se cambia de modelo hasta que decide renovar su vestuario a costa de las cortinas de su madre.

Eso suma, día arriba, día abajo, dos años, desde finales de 1863 a principios de 1866, lo que supone que los rigores de la guerra dejaron reducido su guardarropa a un solo vestido, cuyo deterioro es evidente a lo largo de esas secuencias (huye del fuego en una noche calurosa, viaja hasta Tara atravesando el campo de batalla, se encuentra la plantación desolada, trabaja en el campo y en la casa…)

Lógicamente, el rodaje de Lo que el viento se llevó no podía esperar a que el vestido se fuera cayendo a pedazos y menos si tenemos en cuenta que las tomas se filmaban sin orden cronológico. Por eso había que contar con diferentes ejemplares en distinto estado de deterioro; todos ellos fueron nuevos en algún momento, y fue el buen hacer del equipo de vestuario el que consiguió el envejecimiento preciso en cada caso.

Además, cada una de las especialistas y dobles de luces tenía que llevar por lo menos un vestido, más los que debían estar en reserva por si sucedía algún imprevisto y para los retakes que pudieran necesitarse de inmediato o más adelante…

Walter Plunkett señala que se confeccionaron 27 ejemplares idénticos, que luego se modificaron según lo necesario para cada secuencia y se colocaron por orden en el perchero correspondiente. A partir de aquí es cuando empiezan las conjeturas sobre cuál es cuál y quién, cómo, cuándo y dónde llevó cada vestido. La mayoría de las fuentes coinciden en que Vivien Leigh se puso cinco modelos diferentes, pero hay discrepancias a la hora de citar el número de copias que se hicieron.

Así que nos espera algo de diversión mientras dedicamos unas cuantas líneas al modelo que se convirtió en la “armadura” de Escarlata, pues, aparte de mostrar las privaciones por las que atraviesa, la cubre en los momentos más dramáticos de la primera parte y del principio de la segunda, cuando se forja su definitivo carácter de superviviente.

jueves, 9 de octubre de 2008

Planos y vendavales de penúltima hora

Entre los planos que se rodaron en los primeros días de octubre de 1939 están los de la lápida de John Wilkes y el letrero a la entrada en Doce Robles en sus dos estados, unas tomas que no suponían mayores problemas.

El equipo de Lo que el viento se llevó se ocupó también de rodar el trayecto de Escarlata en el carro, con Prissy en el pescante, a través de un campo desolado en el que reposan los cadáveres de los soldados caídos; se emplearon dobles para las tomas de espaldas, y Leigh y McQueen trabajaron en la escena en la que Escarlata lleva el vehículo bajo un puente para no ser advertidas por el enemigo.

Aquí se produjo una encendida discusión entre Fleming y Klune, que discrepaban sobre cómo había que rodar la secuencia; era de noche, había empezado a llover y Fleming, que estaba enfadado porque horas antes se había enfrentado a Selznick por la cuestión de los créditos, no tenía muchas ganas de continuar; Klune se mantuvo firme, siempre en interés de la compañía, por mucho que Fleming le insultara a él y a sus jefes, y le recordó que la escena requería lluvia, que el director lo sabía, y que su misión como jefe de producción era hacer que Fleming cumpliera su trabajo.

Jack Cosgrove aportó su maestría para combinar las imágenes del carro con las del paisaje posterior a la batalla y también se afanó en componer el montaje que abre la segunda parte de GWTW, echando mano de algunas tomas con soldados en acción que ya habían quedado descartadas para la versión definitiva y que Peter Ballbusch se encargó de ensamblar con pericia.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Raíces irlandesas para una sureña

1037 páginas de novela y 222 minutos de película han generado a su vez multitud de folios dedicados a investigar múltiples aspectos de Lo que el viento se llevó desde diferentes puntos de vista.

David O’Connell, profesor en la Georgia State University, en Atlanta, escogió adentrarse en la presencia de lo irlandés en la obra de Margaret Mitchell.

Sureña y descreída, pero también irlandesa y católica; en estos dos adjetivos se basa O’Connell para un interesante e informativo ensayo, The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", que explora la influencia del lado materno de la familia de Margaret en la novela. No sólo porque los irlandeses son hábiles narradores, sino porque los Fitzgerald dejaron amplia huella en GWTW: en sus personajes, con ecos de su abuela y sus tías abuelas, que vivieron en la plantación que está en el origen de la Tara de ficción; en las peripecias vitales de su familia y parentela, muy extensa, muchas de las cuales se parecen a hechos que viven los personajes de Gone With the Wind; en sus creencias, tanto religiosas como morales, unidas a una época muy concreta; y en su herencia ancestral, que se plasma en las abundantes referencias a personajes históricos y al folklore de la verde Irlanda.

martes, 7 de octubre de 2008

Lista de bajas (II)

Tras un 1940 realmente poblado de defunciones relacionadas con Lo que el viento se llevó, los años siguientes fueron un poco más escasos en bajas, pero no por ello las pérdidas fueron menos importantes:

1941:
Fred Behrle, 50. (Extra en la secuencia de evacuación). Ataque al corazón.
Adrian Morris, 34 o 38. (El orador carpetbagger). Hemorragia cerebral.

1942:
Laura Hope Crews, 63. (Tía Pittypat). Fallo renal.

1943:
Leslie Howard, 50. (Ashley Wilkes). Su avión fue derribado.

1944:
William McClain, 81. (Viejo Levi, el director de la orquesta en el bazar)
Myron Selznick, 46. (Hermano de David O. Selznick, agente de Leigh y Olivier y la persona que los llevó al rodaje de “el incendio de Atlanta”). Trombosis.

lunes, 6 de octubre de 2008

Un ritmo diferente

Tears began to fall, la canción que cierra el álbum grabado en directo en 1971 por The Mothers of Invention, parece, por parte de su letra, muy apropiada para Rhett y Escarlata en la última secuencia de Lo que el viento se llevó: el amor se ha terminado y los amantes se separan; aquí es él el que se queda, llorando desconsolado porque ella se ha marchado…

"Tears began to fall and fall and fall
Down my shirt'
Cause I feel so hurt
Since my baby drove away
Tears began to fall
And tears began to fall
Tears began to fall and fall and fall
And tears began to fall

(Las lágrimas empezaron a caer, y a caer, y a caer
por mi camisa,
Porque me siento tan dolido
Desde el momento en que mi chica se fue.

Las lágrimas empezaron a caer,
Y las lágrimas empezaron a brotar
Las lágrimas empezaron a a caer, y a caer, y a caer
Y las lágrimas empezaron a caer.)

Pero es Frank Zappa quien está al mando y Fillmore East, June 1971 no es un disco apropiado para Melania Wilkes y similares y, aunque esta canción es de las más “inocentes” en cuanto a su tema y letras, contiene una estrofa singular:

"Ay ay ay aaaaiee ...
Ay ay ay aaaaiee...
Ay-ay ay ay-ay aaaaiee ...
Ay-ay ay ay-ay aaaaiee ..."

…que esconde, ni más ni menos, una referencia a Gone With the Wind, porque la música es una particular versión del tema de Tara. En esta encarnación de Las madres del cordero figuraban dos componentes de The Turtles, famosos por sus armonías vocales, que se lucen en este estribillo lloriqueante.

domingo, 5 de octubre de 2008

Nueva llamada a filas

Las vacaciones, bien lo sabemos, no son eternas. Selznick había dado unas semanas de descanso a la parte del equipo de Lo que el viento se llevó que todavía seguía en situación de alerta, pero, a principios de octubre de 1939, después del primer pase sorpresa y una buena ración de montaje, era necesario terminar lo que estaba pendiente y rodar algunos planos que se consideraban necesarios.

Victor Fleming, que había dejado sus energías en los rodajes de El mago de Oz y GWTW, se había retirado a su rancho para intentar recuperarse de tanto trajín, pero se acercó al estudio para colaborar en el montaje, primero, y luego para dirigir las tomas que el productor tuviera a bien ordenar.

Gable, que se despidió de Rhett en agosto, disfrutó al fin de parte de la luna de miel que había dejado en el aire y también se dedicó al rancho que compartía con Carole, pero la MGM ya le tenía preparado otro rodaje para octubre.

El reposo de Vivien Leigh fue menos idílico: durante su breve estancia en Inglaterra la amenaza de guerra era palpable, y no podía olvidarse de ella con un “Fiddle-dee-dee!” a lo Escarlata. Dejó a su hija con su marido, Leigh Holman, y volvió a Estados Unidos con su madre y con Olivier a mediados de agosto; unos días después estallaba la guerra y Gertrude Hartley tuvo que regresar inmediatamente, porque era muy probable que Holman fuera llamado a filas y alguien tenía que cuidar de la pequeña Suzanne.

La preocupación por su familia y amigos en Inglaterra, donde, además, no se había avanzado nada en el deseado doble divorcio que Vivien y Larry esperaban para casarse, se sumó al disgusto por haber perdido el papel de la segunda señora de Winter, que había querido interpretar junto a Olivier, y la posibilidad de que ella no pudiera estar con él por sus compromisos contractuales si Olivier tenía que cruzar el océano de nuevo para servir a la patria.

Y estaba aquella dichosa secuencia del porche que no acababa de gustarle a Selznick…

sábado, 4 de octubre de 2008

Carroll Nye, Frank Kennedy

Carroll Nye, el intérprete de Frank Kennedy, nació el 4 de octubre de 1901 en Akron, Ohio.

Tenía un aspecto mucho más juvenil que lo que el segundo marido de Escarlata requería, pero el departamento de maquillaje sabía que unas buenas patillas serían de mucha ayuda, y Carroll puso el resto para ofrecer una interpretación convincente del buenazo de Kennedy y ganarse el calficativo de "excelente" por parte de Margaret Mitchell.

Sin embargo, los buenos augurios y su participación en GWTW no dieron como resultado el estrellato, ni siquiera papeles de similar importancia, y Carroll es recordardo hoy por los aficionados por poco más que por su intervención en Lo que el viento se llevó.

Robert Carroll Nye era ya un veterano en el cine, pues habia comenzado en 1925, tras su paso por las compañías de repertorio. Obtuvo papeles variados, casi nunca en primera fila, pero que sí llamaban la atención de los críticos, que esperaban que la promesa se hiciera realidad.

Pero su vocación periodística era también muy fuerte y en 1944 se retiró de la actuación; ya había sido reportero en Los Angeles Times (como lo había sido su madre) y en los años 30 tuvo a su cargo una columna diaria sobre radio. Participó en la última película de Lon Chaney, While the City Sleeps (Mientras la ciudad duerme, 1928), puso sus habilidades en la radio al servicio de papeles de locutor en unos cuantos largometrajes: Sing, Baby, Sing (1936), Rebecca of Sunnybrook Farm (1938)… y cerró su filmografía interpretando a un reportero en Wilson (1944).

Al dejar el cine, Nye trabajó en radio, publicidad, televisión y relaciones públicas, pero no frente a las cámaras. Murió en 1974.

A pesar de tener el mismo apellido, y de coincidir en Gone With the Wind, Carroll Nye y el maquillador Ben Nye no eran hermanos, ni siquiera parientes cercanos, aunque es muy posible que compartan algún antepasado lejano.

viernes, 3 de octubre de 2008

"¡Oh, sí! ¡Acepto!"

El cambio de directores a mitad de secuencia y la necesidad de abreviar metraje nos han privado de más baile en el bazar, pero lo que queda de ello en Lo que el viento se llevó es antológico; sobre todo por el aire de desafío de Escarlata y el aspecto feliz de Rhett cuando comienzan el reel de Virginia.

El Virginia Reel es un tipo de baile que se originió en el siglo XVIII, con influencias escocesas, irlandesas e inglesas, y que, como puede verse en la película, consiste en diversas combinaciones entre las parejas y cambios entre éstas, al ritmo de, por ejemplo The Irish Washerwoman, que fue la música que se escogió (muchas veces se mezcla con Gary Owen, pero en GWTW apenas quedan unas notas de esta conocida canción; podemos suponer que el Virginia Reel duraba un poco más antes del montaje final o cuando la secuencia estaba dirigida por Cukor).

The Irish Washerwoman es una jiga irlandesa que ya era conocida en 1788 y que ha tenido diferentes títulos y letras desde 1792 hasta hoy.

Aprovechamos para indicar aquí que Gable era un competente bailarín (las clases de baile entraban en el aprendizaje intensivo al que le sometió su primera esposa y que luego terminó la segunda) y que la plataforma móvil utilizada en GWTW no era tanto para cubrir sus carencias como para dar la impresión de que la cámara acompañaba a la pareja en el vals, una inolvidable creación de Max Steiner de la que Vivien Leigh disponía de una grabación y que la acompañó durante los años posteriores.

jueves, 2 de octubre de 2008

B. Reeves Eason, director de segunda unidad

B. Reeves Eason, que nació el 2 de octubre de 1886, fue uno de los directores de segunda unidad en Lo que el viento se llevó; rodó el ataque a Escarlata en Shantytown y una parte del "incendio de Atlanta", como el intento de arrebatarle el caballo a Rhett, y colaboró con el resto de los directores en diferentes tomas de acción, que era su especialidad.

“Breezy” Reeves Eason tenía muy buena mano para coordinar todos los aspectos de las secuencias que podían entrañar cualquier tipo de riesgo o que necesitaran un buen número de extras y especialistas.

Con toda la espectacularidad de esas secuencias de GWTW, Eason probablemente no se inmutó ante el trabajo: había dirigido la carrera de cuadrigas y la batalla naval de Ben-Hur (Ben-Hur, 1925), donde se utilizaron 42 cámaras (en “el incendio de Atlanta” de GWTW hubo siete), la carrera por la tierra en Cimarron (Cimarrón, 1931), la carga en The Charge of the Light Brigade (La carga de la brigada ligera, 1936), acababa de supervisar las luchas y planeado el torneo no rodado de The Adventures of Robin Hood (Robin de los Bosques, 1938)… y más adelante fue el responsable de la batalla final de They Died With Their Boots On (Murieron con las botas puestas, 1941), las batallas en Sergeant York (El Sargento York, 1941), tuvo a su cargo una segunda unidad en Duel in the Sun (Duelo al sol, 1946) y le esperaba una estampida de elefantes en Tarzan and the Huntress (Tarzán y la cazadora, 1947).

William Reaves (sic) Eason inició su larga carrera en el cine por estar a mano en el momento adecuado: pasó de su número de variedades a la posicion de encargado de atrezzo, especialista, ayudante del director, guionista y cuidador de los caballos en una película a cuyo rodaje asistía como simple mirón; fue el único que pudo montar a uno de los caballos y eso le ganó el empleo.

Le gustó el ambiente y así ofició de guionista, director principal, director de segunda unidad, productor y actor, desde 1913 hasta su retiro en 1952, cuatro años antes de su muerte. Con su sombrero negro y sus botas de montar, una camisa a cuadros y un cinturón con hebilla de plata, era una figura popular en todo Hollywood, respetado y admirado tanto por “los de arriba” como por los especialistas y dobles de acción, que sabían que no les pediría nada que él mismo no pudiera hacer.

La experiencia en las muchas películas de bajo presupuesto en las que colaboró le resultó muy valiosa, porque aquellas cintas estaban llenas de acción (una pelea tras otra, cabalgadas de un lado a otro, explosiones, batallas, tiroteos, estampidas, incendios…) y fueron las que allanaron el camino para que los estudios dedicaran segundas unidades a esas secuencias, dejándolas en las manos de los expertos mientras el director titular bregaba con los actores principales.

Eason compartía el apodo de “Breezy” (vivaz) con su hijo, al que había dirigido varias veces antes de su muerte en un accidente en 1921, y le hizo honor por su rapidez en tenerlo todo listo a tiempo y rodar a un ritmo endiablado; puede que eso no fuera bueno para la calidad general de sus películas como director, pero las secuencias de acción que llevan su firma son a menudo inolvidables.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Una obra sobre Hattie McDaniel

Desde hace unas semanas se está representando en Harlem (Nueva York), una obra dedicada a Hattie McDaniel, la intérprete de Mammy en Lo que el viento se llevó.

Vickilyn Reynolds es la coautora y protagonista de este espectáculo, titulado Hattie… What I Need You To Know (Hattie… lo que quiero que sepas), que lucha por llegar a Broadway, aunque lo tiene un poco difícil, ya que no se trata de una comedia musical al uso, con grandes números y un reparto multitudinario.

Es más bien un homenaje a McDaniel, con Reynolds interpretando algunas canciones de su repertorio y algunas composiciones nuevas dedicadas a la vida y carrera de la primera actriz negra que cantó en la radio y fue también la primera en conseguir un premio de la Academia de Artes Cinematográficas.

Reynolds confiesa que, cuando le hacían notar su gran parecido con McDaniel, no se lo tomaba como un cumplido, porque no la conocía tanto como ha llegado a hacerlo ahora, y creía que no había aportado nada positivo a la equiparación de los actores negros con el resto de sus colegas. A través de su investigación de ocho años, tiene una nueva perspectiva sobre aquellos tiempos y una mejor opinión sobre Hattie y quiere transmitirla como mejor sabe: en un escenario.

Si alguien ha pasado por Harlem estos días y ha tenido oportunidad de ver este espectáculo, nos encantaría que dejara por aquí sus impresiones...

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