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miércoles, 8 de abril de 2026

Polvo rojo en todas partes

     La magia de la técnica para el sonido y la imagen convertía unas cuantas millas de Hollywood en la imagen y el sonido de la Atlanta de casi finales del siglo XIX, al menos para la asesora de contenidos Susan Myrick, que así lo comentó en las cartas que enviaba a Margaret Mitchell.

    El uso de material que acercara a la capital del estado de Georgia al proverbial polvo había llegado a los ojos y dientes, vestuario y peinado de los actores y los técnicos a los que les tocaba participar en aquellas tomas... sin que a nadie le agradara su presencia.


lunes, 8 de marzo de 2021

Scarlett estuvo aquí

 Las imágenes de este video nos llevan a Lo que el viento se llevó antes y después de ser filmada la película.

Se trata de un paseo por lo que fueron los estudios Selznick y que inspiraron Gone with the Wind y otros rodajes a mediados de los años 30 y entrados los 40... y que aún hoy se utilizan para tareas cinematográficas, (aunque ya no circulen por aquí ni Vivien Leigh, ni Clark Gable, ni Thomas Mitchell...), industriales y de oficinas.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Dentro y fuera

Este artículo de Fotogramas nos lleva a recordar algunas de las puertas más memorables de la historia del cine, una de Lo que el viento se llevó, faltaría más.

El recorrido pasa por 1939, con El mago de Oz como una propuesta imbatible, pero el paseo nos lleva al espacio exterior, los momentos paranormales y el mundo del cerebro humano... Todas las puertas que cita esta lista nos parecen imprescindibles... ¿verdad? ¿Alguna falta? ¿Sobra alguna puerta?

sábado, 26 de marzo de 2016

Joseph B. Platt, decoración de interiores

Hobe Erwin sugirió a Joseph B. Platt como su sustituto en el cargo de responsable de la decoración de interiores de Lo que el viento se llevó en octubre de 1938.

Joseph Brereton Platt, que nació el 26 de marzo de 1895 en New Jersey, era diseñador, dibujante y pintor. Pertenecía al grupo de la revista norteamericana House & Garden, especializada en la decoración y una de las más prestigiosas del país, que no dudó en hacer una buena publicidad de la película como trabajo de uno de los suyos. Este extremo llevó a las protestas de Wheeler y Selznick, que apreciaban el valor de Platt, pero no apoyaban la exageración de su aportación al decorado de Gone with the Wind.

Wheeler afirmaba que la única contribución de Platt al decorado había sido el papel pintado para la pared del vestíbulo de la casa de los Butler, al que habría que sumarle la propuesta de alfombras y mobiliario antiguo para la vivienda en Atlanta.

El talento de Platt, que falleció el 6 de febrero de 1968, se aprovechó también en los trabajos para Selznick Rebecca (Rebeca, 1940) y Portrait of Jennie (Jennie, 1947).

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Pedazos de Tara

Más de 75 años después de usarse en el rodaje de Lo que el viento se llevó, los fragmentos del decorado de Tara, la mansión sureña de los O'Hara, intentan volver a la realidad a través del trabajo de Peter Bonner.

Bonner toma el relevo de Betty Talmadge, que falleció en 2005, después de haberse hecho con los restos de Tara en 1979 e intentado recuperarlos.

lunes, 6 de octubre de 2014

No pasaré hambre jamás

En justa respuesta a la decisión de “no volver a pasar hambre jamás” de Escarlata, parece que no dejamos de encontrar conexiones de Lo que el viento se llevó con establecimientos relacionados con la hostelería diseminados por todo el mundo.

El visitante de la localidad de Colorado Springs, en el estado de Colorado, puede acercarse a Meadow Muffins, famoso por sus hamburguesas y otras delicias; el restaurante informa en su menú de que de su techo cuelgan dos carretas supuestamente usadas en Gone With the Wind, además de un cañón también empleado en varias producciones de Hollywood, e incluso de que los ventiladores fueron testigos de que Rick no se jugaba el cuello por nadie.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Inspiración para los decorados

Nada hacía más felices a los ejecutivos, contables y accionistas de un estudio que saber que su dinero se estaba empleando de forma racional y que se trataba por todos los medios de hacer economías, lo que luego rendundaría en beneficios para todos. Selznick también tenía que dar cuentas a un consejo de administración, por mucho que fuera su nombre el que figuraba al comienzo de las películas y, aunque sus órdenes fueran no derrochar en gastos, y menos en lo que a Lo que el viento se llevó se refería, siempre había entre sus subordinados gente más cauta que intentaba que la ruina llegara lo más tarde posible.


Los estudios eran empresas rivales, pero se prestaban actores y actrices y personal técnico y artístico, siempre pensando en obtener un provecho; también era posible que una productora llegara a reutilizar decorados, en todo o en parte, que ya se habían empleado en otras películas rodadas en platós de otra firma. Asi, una pequeña expedición formada por miembros del departamento de dirección artística de la Selznick International, más Wilbur Kurtz (en su primera estancia en Hollywood), dedicaron varios días de febrero de 1938 a visitar los estudios de la competencia y tratar de encontrar decorados que, convenientemente adaptados, pudieran servir para GWTW, con el consiguiente ahorro de tiempo y dinero.

Entre los "sets" que más llamaron la atención al asesor histórico, como hizo notar en sus apuntes, se encontraban decorados que la Twentieth Century-Fox había empleado en In Old Chicago (Chicago, 1937), que, aunque ambientada en la ciudad de Illinois, bastante al norte de Atlanta, tenía en común la época (y el fuego) con la historia de Escarlata.

La mansión que la Fox construyó para Carolina (1934) le pareció a Kurtz de lo más prometedora para ser el hogar de los Wilkes, pues "se puede entrar y ya se encuentran interiores preparados para hacer las tomas, e incluso una escalera monumental". Hasta hace poco se creía que no existían copias de esta película, pero el Eastman Film Museum conserva ahora una, y, si lo visitamos, podremos echarle un vistazo a este decorado (inspirado en una casa de Carolina del Sur) donde Robert Young intentaba reconstruir la opulencia de la familia después de la Guerra mientras cortejaba a Janet Gaynor, e imaginarnos un Doce Robles distinto al que "conocemos".

lunes, 18 de enero de 2010

Mirar a lo más alto

Con sus tres pisos y 64 habitaciones, la Plantación Nottoway, cerca de Baton Rouge, en Louisiana, merece más el calificativo de “palacio” que de “mansión”.

En el llamado Gentlemen’s Study, desde donde el dueño de la casa dirigía sus negocios, se conserva un juego de cortinas muy similar a las famosísimas del salón de Tara con las que Escarlata se hizo un vestido en la película. Como nos indican, se extienden hasta el suelo, un signo más de la riqueza de la familia Randolph, que habitaba la mayor casa de plantación del país.

Dentro su larga y fascinante historia el hecho de que fuera una posible inspiración para la arquitectura que vemos en GWTW o que Selznick realizara una oferta (declinada por los propietarios) para rodar allí las peripecias de Escarlata O’Hara no deja de ser una nota a pie de página.


Nottoway Plantation
 

sábado, 7 de noviembre de 2009

A los Wilkes les gustaba la ópera

No sabemos si el equipo de Lo que el viento se llevó la pidió prestada o la confeccionó para la ocasión, pero sí parece que una de las lámparas de cristal tallado que adornaban el vestíbulo de Doce Robles sobrevivió al rodaje y al posterior desmantelamiento del decorado y no está ni mucho menos jubilada aunque tenga ahora su domicilio en Florida; se encuentra en la Sarasota Opera House, donde puede admirarse después de la remodelación de casi un año que experimentó el edificio entre 2007 y 2008. No hemos podido encontrar todavía una fotografía de la lámpara en su nueva ubicación, pero sí una que la muestra en su antiguo lugar, antes de las obras que suprimieron el techo del que colgaba para recuperar el diseño original (la foto está tomada del blog que detalla las obras en el edificio):


Una lámpara de GWTW en la Ópera de Sarasota

Pero antes de irse a la ópera, la lámpara que daba lustre a la vivienda de los Wilkes antes de que la mansión quedara destruida por la guerra pasó unos años en otra casa, justo al lado del Golfo, que había sido adquirida por la propietaria del Washington Post, Cissy Patterson, que fletó un avión para acudir con sus invitados al estreno en Atlanta en 1939; tras su muerte en 1948, la mansión se vendió y, aunque su hija dispuso del mobiliario, parece que la lámpara se quedó un par de décadas más en el edificio, hasta que uno de los sucesivos propietarios la donó a la Ópera.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Umbrales parecidos

La puerta de entrada de la mansión Linden, en Natchez, Mississippi, data posiblemente de los primeros años del siglo XIX, que fue cuando se levantó este magnífico edificio; ahora da paso a una hostería, donde no dejan de señalar al visitante que "inspiró" uno de los decorados más famosos de la historia del cine: la entrada de Tara en Lo que el viento se llevó (cuyos restos pueden admirarse en la Casa Museo de Margaret Mitchell).

Las similitudes son numerosas, sobre todo en la parte superior y en la división en tres paneles. Tara, sin embargo, tenía una puerta maciza:

Puerta de Tara
Puerta Linden Mansion

sábado, 12 de septiembre de 2009

Sin salir de Culver City

Joe Cohn, uno de los jefes de producción de la MGM, daba nombre a una zona del enorme backlot del estudio del león, situada en el Lot 2.

Esta parcela número 2 (de las seis en que estaba dividido el terreno) permitía rodar desde películas ambientadas en la Prehistoria hasta comedias y dramas situados en el bullicio de una ciudad de los años 30; había hasta un lago y una jungla, una estación de tren equipada con locomotoras y vagones de diferentes países.

Entre los diferentes decorados se encontraba el llamado Parque Cohn (Cohn Park), un jardín en toda regla, donde abundaban los eucaliptos y los olivos, el cielo de California se reflejaba en el estanque y un ejército de jardineros garantizaba un césped y unos setos muy bien cuidados. A la hora del almuerzo, muchas secretarias del estudio optaban por tomar aquí sus bocadillos, en vez de en la cantina, y era un lugar escogido por muchos para esparcimientos más íntimos.


Cohn fue durante muchos años el encargado de controlar que las producciones se acabaran en el tiempo y presupuesto estipulados, y una de sus ideas fijas había sido evitar enviar unidades a rodar en exteriores, por lo que le complació muchísimo que se aceptara su propuesta de “llevar” los exteriores al estudio.

En este lugar singular se rodaron los planos situados en el opulento jardín de los Butler, cuando Rhett enseña a Bonnie a montar y el angustioso momento en el que el padre recoge el cuerpo de su hija.

Para estos exteriores, el equipo de Lo que el viento se llevó sólo tuvo que trasladarse “a la puerta de al lado”.

Entradas relacionadas:
Lo que el viento se llevó se rodó en California
El hogar de la Selznick International Pictures
Los exteriores de GWTW

lunes, 31 de agosto de 2009

La luz que se quedó en Atlanta

Se necesita ser un verdadero experto en antigüedades o en utilería cinematográfica para discernir la autenticidad de muchas de las piezas desperdigadas por los cuatro puntos cardinales y cuyos propietarios proclaman que proceden de los decorados de Lo que el viento se llevó.

No dudamos de la palabra de nadie, y menos de los regentes de la Georgia Tech (Instituto Tecnológico de Georgia, la universidad pública), que es la propietaria del hermoso edificio denominado actualmente Historic Academy of Medicine, en Atlanta.

En su rotonda interior cubierta cuelga otra de las lámparas de cristal de Bohemia que tanto se prodigaron en la adaptación al cine de la novela de Margaret Mitchell. Podemos hacer una visita virtual al lugar en esta página y no tenemos más que mirar hacia arriba.

miércoles, 22 de julio de 2009

Cerradura con historia

Cada vez que alguien utiliza el pestillo de una de las puertas de la biblioteca de Edificio de Química Jesse W. Lazear, en el Washington & Jefferson College, de Pittsburgh, toca un pedazo de Lo que el viento se llevó.

David O. Selznick no se olvidó de su ciudad natal y donó en 1940 una de las cerraduras que se instalaron en los decorados de GWTW. No sabemos si es el de la famosa puerta principal, puesto que el tirador exterior de ésta parece hallarse ahora en manos de particulares, pero, sea de la puerta que sea, no deja de tener su historia, y una inscripción en la misma cerradura lo recuerda.

Podemos ver una foto en el extremo inferior izquierdo de la primera página de un documento de la web del Washington and Jefferson College. Si algún lector viajero puede aportar una imagen mejor, o el texto de la inscripción, le quedaremos muy agradecidos.

sábado, 23 de mayo de 2009

Luces prestadas

La mansión Asa Packer, en la localidad de Jim Thorpe, en Pennsylvania, se enorgullece, entre otras cosas, de contar en su salón con una araña formada por 850 piezas de cristal tallado, y los guías no dejan de hacer notar a sus visitantes que se trata de la original en la que se basaron los diseñadores que trabajaron en Lo que el viento se llevó, bien a través del departamento de documentación de la Selznick International Pictures o bien por medio de sus propias investigaciones, para crear una de las lámparas que aparecen en la película.

Este edificio se terminó en 1860 y todavía conserva su mobiliario de entonces; la casa estuvo cerrada durante casi cuatro décadas, hasta que en los años 50 se emprendió su preservación. Hoy puede visitarse, pues es un museo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Casi Doce Robles

Entre los muchos lugares que pugnan por el título del “auténtico” (léase “inspiración para”) Doce Robles, hogar de los Wilkes en Lo que el viento se llevó, Whitehall, en Covington, Georgia, puede al menos alardear de que la autora de la novela no estaba en desacuerdo con que se la tomara como ejemplo para diseñar la mansión que iba a aparecer en la película que producía Selznick.

Margaret Mitchell envió a Hollywood, probablemente a Wilbur Kurtz, un recorte en el que aparecía una fotografía de Whitehall, con la anotación “Me gusta ésta para la casa de Ashley”.

Se trata, en efecto, de un edificio de inspiración griega clásica, con sus seis imponentes columnas al frente, que data de los años 1830-1840 y que fue construida por orden del juez John Harris, que deseaba tener una casa en la ciudad como complemento a la de la hacienda que poseía fuera del casco urbano.

Whitehall se alza en la calle Monticello y ha pasado por varias manos, incluso por las de un matrimonio admirador de GWTW que, por supuesto, decoró los interiores con motivos alusivos a la película. Al parecer se encuentra en venta en la actualidad, por casi un millón y medio de dólares.

Podemos comprobar cómo Hollywood tomo buena nota de las características del edificio y luego las multiplicó hasta el infinito para crear el Doce Robles cinematográfico…

martes, 6 de enero de 2009

Las teclas que tocó Escarlata O'Hara

Tan difícil como rastrear el paradero de los vestidos empleados en la película es averiguar adónde fue a parar el mobiliario que se utilizó en los diferentes decorados de Lo que el viento se llevó.

Una parte de aquellas piezas eran réplicas de muebles de la época, construidas especialmente para GWTW o heredadas de otras películas o estudios; otras eran genuinas, bien compradas, o bien cedidas o alquiladas al equipo de producción y que volvieron a sus propietarios una vez terminado el rodaje.

La mayor parte de esos muebles y accesorios que podemos ver en Tara, Doce Robles, la casa de tía Pitty, la del matrimonio Wilkes, la de los Butler, o en las calles de Atlanta, no existe ya; pero de vez en cuando resurgen del anonimato aquellos que no se llevó el viento y que se encuentran diseminados por todo el planeta.

Casi todas estas “reliquias” de GWTW tienen una historia interesante, como el piano (espineta) del salón de tía Pitty; tiene más protagonismo en la novela que en el largometraje, pero podemos verlo en la secuencia del “sombrero de París”.

Con el tiempo, fue a parar a San Diego, California, a uno de los salones de la mansión Whaley. Es una de las más famosas “casas encantadas”, con al menos cuatro apariciones espectrales que incluyen un fantasma amante de la música. El piano de la señorita Hamilton comparte (o compartía, nos falta confirmar si todavía está allí) techo con una de las seis máscaras funerarias que se hicieron a Abraham Lincoln.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Lo que el fuego se llevó

Aunque el terreno para exteriores del estudio donde Selznick rodaba sus películas desde 1935 era conocido como “Forty Acres” (Cuarenta acres), en realidad ocupaba sólo 23 acres (poco más de 9 hectáreas) y, a finales de 1938, estaba atestado de decorados de producciones anteriores, venerables pero incómodos vestigios.

¿Cómo disponer entonces de la superficie suficiente para erigir las calles de Atlanta para Lo que el viento se llevó? Y, sobre todo, ¿cómo iban a conseguirse los planos del incendio de los almacenes de provisiones y municiones, una escena que en el guión había alcanzado proporciones épicas hasta convertirse en “el incendio de Atlanta”?

La solución adoptada por el equipo, con el productor un tanto escéptico sobre su viabilidad y resultado, fue sacrificar parte de los decorados, falsas fachadas de cartón piedra ya inmortalizadas en la pantalla y por lo tanto ya más reales que sus propios referentes más o menos preservados en los “40 acres”.

La práctica habitual era desmontar las estructuras y almacenarlas en otro lugar, pero para GWTW se optó por otro camino, más drástico, pero útil para la película: la estructura de los decorados desechados se cubriría con nuevas fachadas que simularían los edificios de la capital de Georgia… y se les plantaría fuego.

David Niven atribuye la idea a Clark Gable, pero lo más lógico es pensar que Selznick confiara más en el criterio de los expertos, encabezados por su jefe del departamento de decorados, Lyle Wheeler. Tanto Menzies como Klune secundaron la propuesta de Wheeler y el productor acabó dándole luz verde.

Comenzaron los preparativos para lo que sería el comienzo oficioso del rodaje de Gone with the Wind, y que culminaron en la tarde y noche del 10 de diciembre de 1938. Ese día todavía no había una Escarlata O’Hara (un vacío que, vaya “coincidencia”, quedaría casi resuelto a lo largo de la velada) pero sí quedaban atrás largas jornadas de ensayos para que todo fuera sobre ruedas:

El equipo dispuso de dos semanas para ponerlo todo a punto, desde el número de cámaras de Technicolor del que podían disponer (siete, todas las que se podían reunir en aquella época) a la colaboración de los departamentos de bomberos de la zona (34 equipos estarían en alerta), pasando por cada una de las posiciones de cámara y sus movimientos, que se probaron una y otra vez en una maqueta fabricada al efecto, mientras el experto en efectos especiales con fuego Lee Zavitz ultimaba un sistema que permitía controlar las llamas de manera que se dispusiera de tiempo para las complicadas tomas.

El fuego se llevó aquella noche parte de los decorados de King of Kings (la puerta de Jerusalén), King Kong (el muro y su mítica puerta, la maqueta del Empire State), Little Lord Fauntleroy… pero en “Forty Acres” quedaron todavía restos de las estructuras construidas para The Godless Girl (La incrédula, 1929), por ejemplo, y junto con las calles y edificios de Atlanta sirvieron, convenientemente modificadas, de escenario para otras producciones, como The Magnificent Ambersons (El cuarto mandamiento, 1942), Story of G.I. Joe (También somos seres humanos, 1945) o The Greatest Story Ever Told (La historia más grande jamás contada, 1965) , o series de televisión como The Adventures of Superman, Batman, The Untouchables o Star Trek.

viernes, 24 de octubre de 2008

Tara en pedazos

Para no ser más que un decorado de cartón piedra y madera de balsa, que le costó al estudio 12.059 dólares en 1939, la fachada de Tara que vemos en Lo que el viento se llevó ha corrido sus aventuras a lo largo de los años, aunque ahora no es más que “un sueño recordado”.

El tiempo y el descuido no perdonan y apenas quedan unos jirones de lo que se construyó para Gone With the Wind. El decorado pasó veinte años en los terrenos para exteriores de los estudios, que pasaron por diferentes dueños hasta ser adquiridos por Lucille Ball y Desi Arnaz.

En 1959, una firma de Atlanta compró la fachada de Tara con la idea de que formara parte de una atracción turística basada en el antiguo Sur y en GWTW, pero Stephens Mitchell denegó el permiso para usar los nombres y los personajes de la novela de su hermana y el plan nunca se hizo realidad, así que, tras atravesar todo el país, los restos del trabajo de los decoradores de Selznick fueron a parar a un almacén de Atlanta.

Pasaron otros veinte años hasta la que señora Talmadge la compró, no sin regateos y sin comprobar que “aquello” casi no tenía remedio; pero cualquier pizca de Lo que el viento se llevó no deja de tener su valor, así que Betty Talmadge la guardó en su casa, Lovejoy.

Hubo varios intentos de comprarla y de restaurarla, pero todos se iban al traste, hasta que lo que quedaba de la entrada de Tara pudo por fin verse en una exposición en 1986, durante las celebraciones del 50º aniversario de la publicación de la novela, en la Atlanta Historical Society. Talmadge legó esta propiedad a la fundación que dirige la Margaret Mitchell House… o al menos eso fue lo que se anunció en 1997.

La penúltima parada en el viaje es Concord, también en Georgia, a mediados de los años 90 del siglo pasado; la propietaria del "bed and breakfast" Inn Scarlett’s Footsteps se hizo con los restos de la fachada, en tanto que la puerta seguía expuesta al público en el Atlanta History Center. Como no había manera de restaurar el decorado, la idea era hacerlo pedacitos y venderlos a los siempre ávidos Windies por unos 200 dólares cada uno; parte de los beneficios irían destinados a la Sociedad Histórica del Condado de Clayton y a la Margaret Mitchell House.

Casi puede decirse que a Tara… se la llevó el viento.

martes, 21 de octubre de 2008

Esos extraños Wilkes

Gerald advierte a su hija mayor de que no sería feliz casándose con Ashley, pues sus caracteres son diferentes por completo y la práctica Escarlata no sería capaz de comprender nunca a su familia política:

“Te digo que han nacido raros. Tú fíjate cómo se largan a Nueva York y a Boston para oír una ópera o ver una exposición de pintura. Y cómo encargan libros franceses y alemanes a los yanquis. Y se pasan horas leyendo o soñando, sabe Dios qué, en lugar de pasarlas cazando o jugando al póquer, como hacen las personas decentes.”

La película se encarga de mostrarnos el refinado gusto de los Wilkes a través de las líneas clásicas de su vivienda, Doce Robles (aunque lo que vemos en la pantalla sobrepase ampliamente la descripción de Margaret Mitchell), sus magníficos jardines o la cuidada biblioteca.

El equipo de producción de Lo que el viento se llevó también incluyó un pequeño detalle para recalcar la cultura de la familia de Ashley, la inscripción en el reloj de sol que nos indica que es la hora de la siesta.

La cita “Do not squander time for that is the stuff life is made of" ([Si amas la vida] no malgastes el tiempo: es el material del que está hecha la vida”, es de Benjamin Franklin, el famoso político e inventor del siglo XVIII (y abolicionista, por cierto), y parece un claro contraste con ese momento perezoso del día de fiesta en la plantación, donde también los amos disponían hasta entonces de tiempo abundante en una jornada normal.

En unos años, Escarlata acatará sin saberlo lo que dicta la frase que sin duda había leído cientos de veces en sus visitas a Doce Robles: todas sus horas estarán ocupadas y no en actividades tan ociosas como las de esa tarde de abril.

Puede tratarse de una asociación de ideas, porque hay otra frase de Franklin muy apropiada: “Hide not your talents. They for use were made. What’s a sundial in the shade?" (No ocultes tus talentos. Fueron hechos para ser usados. ¿Para qué serviría poner un reloj de sol en la sombra?")

sábado, 11 de octubre de 2008

Plantaciones cercanas

En la ficción, Tara y Doce Robles no estaban muy lejos; eran dos edificios de concepción diferente, como lo eran las personalidades de Gerald O’Hara y la de los Wilkes.

La adaptación cinematográfica de Lo que el viento se llevó embelleció la casa de Escarlata (que en la novela se describe sencilla, sin columnas, sin un plan arquitectónico definido) y el estudio se superó a sí mismo con un Doce Robles absurdo, pero con el necesario esplendor para dejar huella en la mente del espectador, pues esa magnificiencia no volverá a verse en la película.

Selznick excusó las libertades artísticas tomadas en ambas viviendas razonando que los habitantes de Clayton County y Atlanta, que sabían muy bien que tales mansiones no habían existido tal y como Hollywood las mostraba, formaban un pequeño porcentaje del público de la película y sabrían perdonar las exageraciones realizadas para dar idea del Sur antes de la caída. Ya habría tiempo para mostrar la decadencia.

Durante el rodaje, la fachada de Tara estaba unos centenares de metros más allá del estudio donde se construyeron el vestíbulo y las habitaciones de Doce Robles, cuyo exterior nunca existió.

La parte delantera de la casa de Escarlata permaneció durante muchos años en el mismo lugar, sujeta a las inclemencias del tiempo; aunque no fue usada jamás para otra película, su valor simbólico era demasiado para que nadie se decidiera a desmantelarla, pero tampoco nadie se preocupó de mantenerla en un estado decente.

La señora Talmadge, ex esposa de un senador por Georgia, compró la fachada en 1979 y la trasladó a su propia plantación, Lovejoy, en Jonesboro, a la que consideraba como inspiración de Margaret Mitchell para Doce Robles, porque familiares de la autora de Gone With the Wind habían vivido en las cercanías.

Betty Talmadge no tenía reparos en decir a sus invitados que parte de la película se había filmado en Lovejoy, pero eso no es cierto, si bien es posible que el equipo de la película, en sus viajes de investigación, tomara algún que otro elemento de la casa. Podemos ver una foto de Lovejoy en la portada del libro de cocina sureña que escribió la señora Talmadge.

También es muy probable que Margaret Mitchell, al escribir su novela, se inspirara en la antigua plantación de su familia por parte materna, Rural Home, para crear Tara. Lo que quedaba de la casa de los Fitzgerald también fue a parar a Lovejoy, asimismo en un estado ruinoso.

Así, de alguna manera, volvieron a estar cercanas, por un breve espacio de tiempo, las casas de los O’Hara y los Wilkes…

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