miércoles, 30 de abril de 2008

Los Roosevelt y "Gone With The Wind"

A Eleanor Roosevelt Tara le recordaba a Bulloch Hall, la plantación de su abuela y otra de las “inspiraciones” de Margaret Mitchell para la casa de los O’Hara; Mitchell escribió en 1923 un artículo sobre la boda de la madre de Theodore Roosevelt y visitó la casa, pero no dijo nada al respecto una vez publicada su novela.

La señora Roosevelt recomendó a su doncella, Elizabeth McDuffie, para el papel de Mammy. McDuffie, que se había criado en Atlanta y había sido la niñera de una amiga de Margaret Mitchell, hizo una prueba en 1937.

Eleanor le dio a su marido un ejemplar de Lo que el viento se llevó y se sorprendió de que, aun siendo un lector voraz, se lo delvoviera muy pronto. La primera dama puso en duda que el presidente se hubiera leído el libro, pero Franklin supo responder correctamente a todas las preguntas que le hizo sobre la trama y los personajes.

Menos atento estuvo Roosevelt cuando se proyectó la película en la Casa Blanca. Se durmió durante el pase y, al despertarse de la cabezadita y comprobar que áun no había terminado, sentenció: “Ninguna película tiene derecho a ser tan larga”.

martes, 29 de abril de 2008

El rey algodón

El algodón era la base de la riqueza de muchas de las plantaciones del Sur; tenía como destino principal el Norte y las fábricas de hilaturas de Inglaterra. El bloqueo de los puertos del Sur por la armada de la Unión impidió su comercio y precipitó la ruina de la Confederación, que dependía de las ganancias de su venta para adquirir los productos de los que carecía.

El algodón es la razón por la que Rhett Butler, el visitante de Charleston, se encuentra en Doce Robles durante la barbacoa: está en tratos con Frank Kennedy, que era uno de los mayores propietarios de tierras del condado.

Tara, como las haciendas vecinas, vivía del algodón. Se plantaba en primavera; en la tarde de abril en que comienza la novela los extensos campos estaban recién arados y a la espera de las semillas, que producirían espléndidos frutos allá por septiembre.

Pero con la guerra la cosecha de tres años se acumuló en los depósitos, por un valor de 150.000 dólares; y el paso de las tropas de la Unión por la comarca acaba con ella, quemándola y arrasando los campos. A Escarlata le quedarán

“unos cuantos acres, al fondo de la quebrada, en que no se fijaron. Pero por ese algodón no vale la pena ni de molestarse, porque apenas hay allí tres balas”.

Tres balas, acaso cuatro, que ni siquiera servían para pagar los impuestos y que acabarían quemadas por la siguiente oleada de tropas de la Unión. La propia Escarlata dirigió la recogida de la mermada cosecha, resignada a que aquella tarea la rebajase al nivel de los "blancos pobretones" que tanto despreciaba, pero dispuesta a todo para salvar Tara. Contó con la ayuda de Dilcey, a quien no le importaba, como a Mammy, Pork y Prissy, que un “negro de casa” realizara las tareas de un “negro de campo”; Melania, debilitada, servía de poco aunque lo intentaba, y Suellen recurrió a estratagemas para librarse, mientras Carreen prometía trabajar por las dos.

El dinero del desertor yanqui le sirve para comprar semillas, el comienzo de la nueva prosperidad de Tara, primero bajo la supervisión de Escarlata y luego con Will Benteen.

Una bala de algodón pesa aproximadamente 227 kilogramos, y en el vestuario de Lo que el viento se llevó se empleó una buena cantidad: sólo para los vestidos femeninos se utilizaron 7 balas.

También se dispuso que hubiera varias parcelas plantadas de algodón en diferentes estados de crecimiento, para poder filmar en cualquier momento las escenas que fuera necesario.

lunes, 28 de abril de 2008

Recopilación bibliográfica mensual

Estos son los títulos que hemos citado hasta el momento en Viento Escarlata:

David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.

Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.

Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.

Selznick's Vision: "Gone With the Wind" & Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.

The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.

Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.

Road to Tara, por Anne Edwards.

George Cukor, por Patrick McGilligan.

"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt

A Child of the Century, de Ben Hecht

Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.

They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.

Long Live the King, por Lyn Tornabene.

Vivien Leigh, de Hugo Vickers.

The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.

A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard.

Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.

Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.

Stuntman, por Yakima Canutt.

Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.

Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.

Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.

The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.

domingo, 27 de abril de 2008

Fleming da un portazo

Selznick lo veía venir desde mediados de mes: su director se estaba agotando y era muy probable que no pudiera terminar la película. No, al menos, a aquel ritmo y con el programa previsto.

Pero tanto Victor Fleming como su médico le aseguraron que podía seguir, y las secuencias se sucedieron: las siluetas en el hospital, Rhett recibe a Escarlata en la cárcel, el ataque en Shantytown, Prissy va en busca de Rhett, los hombres parten para vengar el ataque en Shantytown, Escarlata después del funeral de Frank, Rhett le propone matrimonio, los Butler llegan a la fiesta, la muerte de Melania...

No es extraño que Sidney Howard, que había vuelto por unos días a California para seguir luchando con el guión, comentara que Fleming necesitaba estimulantes para poder aguantar toda la jornada y luego tuviera que tomar sedantes para poder dormir.

Otro de los colaboradores en el guión, John Lee Mahin, cuenta que el 27 de abril la presión para todos, y para Fleming en particular, llegó al límite. El director, cuya concepción de Escarlata no coincidía del todo con la que tenía Vivien Leigh, agotó su paciencia cuando la actriz le hizo otra observación mientras preparaban la secuencia que se iba a rodar aquella noche.

Fleming explotó: enrolló su guión, se lo tiró a Leigh diciendo que se lo podía meter en salva sea la parte (o utilizarlo para limpiársela), y abandonó el plató. Fleming le dijo a Mahin que, de camino a su casa, había tenido la tentación de lanzar su coche por un barranco.

Parecía una crisis nerviosa en toda regla y Selznick, que también se sostenía a base de estimulantes, actuó con rapidez, con el acicate añadido de la preocupación de la MGM por los retrasos y la inversión. Ya había sopesado a los posibles sustitutos de Victor Fleming y estaba preparado para la contingencia. El lunes siguiente, 1 de mayo, Sam Wood se haría cargo de Lo que el viento se llevó.

sábado, 26 de abril de 2008

Entomología práctica

Cuenta Susan Myrick, la asesora para asuntos sureños en el rodaje de Lo que el viento se llevó, que Vivien Leigh había mostrado su interés por saber qué era un June bug, ya que Margaret Mitchell nombraba varias veces a este animalito en la novela y la actriz británica nunca había visto uno (o si lo había visto lo conocía por otro nombre).

Los sureños que leyeron sus declaraciones se apresuraron a saciar su curiosidad, no sólo con explicaciones detalladas, sino con el envío de ejemplares vivos de este escarabajo (Escarabajo Verde de Junio, para ser más específicos), que causaron considerable revuelo en el estudio pero que dejaron a todos bien informados cuando se abrieron los paquetes y los insectos se dieron un paseo gratis por los platós donde se filmaba Gone With the Wind. Un examen más reposado lo permitieron los enviados por un aficionado, que, ya difuntos y convenientemente preservados y presentados, eran más fáciles de contemplar.

En el Sur de Estados Unidos sigue siendo muy popular la expresión “like a duck on a june bug” ([caer] como un pato sobre un escabarajo), y también “to have no more sense than a june bug”, que sería como “tener menos sesos que un mosquito”, y así la encontramos en distintas ocasiones en el texto de GWTW (adjuntamos la traducción de la edición en España):

Jeems a los gemelos: “An' den she'll light on me lak a duck on a June bug, an' fust thing Ah know Ah'll be ter blame fer it all.” (“Además me va a sacudir de lo lindo, como a una estera vieja, y voy a ser yo el que pague por todos”)

El tío Henry se enfada con Pitty: “… stated heatedly that she had no more sense than a June bug…” (“…dijo que su hermana tenía menos sentido común que una pulga”)

Escarlata teme una regañina de Gerald: "Pa is coming tomorrow and he's going to land on me like a duck on a June bug," (“Papá llega mañana para castigarme”)

El tío Henry intenta convencer a Escarlata de que los yanquis no llegarán a Tara: “You've got no more sense than a June bug, Missy." (“Tienes menos inteligencia que un insecto”)

Rhett, en la cárcel: “The Yankees would be on me like a duck on a June bug”. (Los yanquis saltarían sobre mí como un pato sobre un insecto”)

Escarlata prefiere a los forzados a contratar antiguos esclavos: “The Freedmen's Bureau is down on you like a duck on a June bug." (La Oficina de Hombres Liberados se echa encima como un pato sobre un insecto)

Escarlata, sobre las decisiones de los políticos: “It'll bring the Yankees down on us like a duck on a June bug.” (Frase que se suprime en la traducción)

En la película, se conversa la expresión cuando Rhett le explica a Escarlata que no puede darle los 300 dólares para la contribución para no llamar la atención sobre sus cuentas: “The Yankees would be on me like a duck on a June bug (“Los yanquis caerían sobre mí como lobos hambrientos”, en el doblaje en España).

viernes, 25 de abril de 2008

Steele Gone With The Wind (I)

Las aventuras de la detective Laura Holt y su “jefe” Remington Steele están llenas de citas a los clásicos cinematográficos. Con un protagonista irlandés que es todo un cinéfilo, no podían faltar referencias a Lo que el viento se llevó. Comenzamos por la primera temporada de esta serie de televisión de los años 80:

El episodio Signed, Steeled & Delivered (Firmado, sellado y entregado) gira en torno a la introducción en China de la narrativa clásica americana, comenzando por Lo que el viento se llevó. Además, ya hemos visto que el doblaje pasaba por alto una alusión a Rhett Butler, porque quedaba convertido en “el criado Rhett”: “Usted podría ir a China, sentarse en un parque, dirigirse a un chinito (sic) que esté leyendo y decirle: “¿Qué opina usted del criado Rhett?”.

En Steele in Circulation (Dinero en circulación) Laura y Steele se hacen pasar por directores de reparto para encontrar a una joven. “¿Así que son directores de reparto, eh? ¿Para qué quieren a Angelica?”, les pregunta la dueña de la tienda. Steele gana tiempo para pensar una respuesta y sale con una buena razón: "Eh, bueno, estamos trabajando en una versión punk de…eehhh… Lo que el viento se llevó… Y pensamos en ella para el papel de Escarlata.”

jueves, 24 de abril de 2008

Escarlata en llamas

Así como el incendio de los depósitos de Atlanta por los confederados significa el principio del fin y el tácito reconocimiento de la derrota que no tardará en producirse, para Escarlata representa la destrucción de una parte de su vida; una vida que había sido placentera, despreocupada, dependiente y banal y que ya nunca volverá a ser igual.

La ciudad será arrasada más tarde por las tropas de Sherman, que emplearán el fuego como elemento destructivo. Pero tanto Atlanta como Escarlata volverán a prosperar, poco a poco, resurgiendo de las cenizas para convertirse en algo diferente a lo que eran antes.

Si bien Escarlata huye del fuego declarado en Atlanta, no hace lo mismo con el que un soldado yanqui prende en la cocina de Tara y que amenaza con extenderse a toda la casa (un acontecimiento suprimido en la película). El fuego que había consumido la plantación con el antiguo propietario, y que facilitó que Gerald se hiciera con ella, no volverá a repetirse. Tara es ya demasiado importante para ella, es ella misma, para permitir que quede destruida. Pone todo su empeño en intentar sofocar las llamas, pero necesita la ayuda de Melania, su complemento, “la parte que le falta”, para lograrlo.

Hay que reseñar también que el fuego era el método preferido por Margaret Mitchell para destruir los manuscritos de sus trabajos y que ordenó que, si no lo había hecho ella, todos sus papeles fueran a parar a las llamas. Su viudo cumplió su deseo poco después de su muerte y por eso queda muy poco del original de Lo que el viento se llevó; se conservan relativamente pocos documentos en comparación con los amplios legados de otros autores: sus artículos periodísticos, cartas enviadas y recibidas… y de vez en cuando aparecen “obras perdidas”, como Laysen, la isla perdida, u Oh! Lady Godiva

Las llamas persiguen también al edificio donde se escribió buena parte de la novela, el 979 de la Crescent Avenue en Atlanta. El pequeño apartamento del matrimonio Marsh, al que llamaban con cariño The Dump (el vertedero), sufrió varios incendios premeditados, los más graves en septiembre de 1994 y en mayo de 1996. Tras las necesarias labores de restauración de este edificio, que se salvó de la demolición, hoy es conocido como Margaret Mitchell House.

miércoles, 23 de abril de 2008

A la caza del gazapo (XI)

Parece que Escarlata y Rhett no estaban solos en el saloncito de casa de tía Pitty durante la secuencia del “sombrero de París”. Un duende juguetón (probablemente irlandés) se dedicó a escamotear varios objetos que tenían que estar tras Rhett en el momento en que Escarlata dice: “Pero tampoco voy a besarle en pago del sombrero” y que vuelven a aparecer mágicamente en su sitio al plano siguiente desde ese mismo tiro de cámara, tras aquello de “debería ser besada a menudo y por alguien que sepa hacerlo”.

Momentos antes, cuando Rhett afirma que no tiene intención de casarse, podemos ver sobre el escritorio/librería de roble, entre las dos ventanas, un par de figuritas pastoriles, un reloj de porcelana con apliques dorados y sendos bustos de María Antonieta y Luis XVI; todos se esfuman luego durante unos segundos revolucionarios.

Como el sombrero verde con el que Rhett tienta a la viuda Hamilton venía de París, la continuidad le rinde un involuntario homenaje a la caída de la monarquía en Francia, aunque en la época en que transcurre Lo que el viento se llevó Napoleón III ocupaba el trono como emperador.
Pero en los platós de GWTW sólo había un “rey”…

martes, 22 de abril de 2008

Escarlata en el jardín

Aunque la protagonista de Lo que el viento se llevó era en origen “Pansy”, un nombre que se deriva del de la flor que en España conocemos como “pensamiento”, parece que, por el momento, no se les ha ocurrido a los botánicos bautizar una variedad de esta planta con el nombre de la mayor de las hijas de Gerald O'Hara, ni tampoco un “diente de león”, que sería muy apropiado…

Hay, sin embargo, otras flores que sí están dedicadas a Escarlata, como nos cuentan aquí: una peonía, una amapola, una buganvilla, un narciso (recordemos que Vivien Leigh tiene uno en la mano en la primera secuencia de la película), un “dondiego de día”, unos lirios del campo, una andromeda…

Suficientes para llenar un jardín temático, sin olvidar los imprescindibles magnolios: no sólo evocan el Sur, sino que, para muchos, Escarlata O’Hara es un prototipo de “magnolia de acero”, apelativo que se ha dado a las mujeres sureñas que saben combinar la exquisita femineidad con un fuerte carácter. Seguro que nuestros lectores pueden aportar alguna otra idea floral relacionada con Gone With the Wind.

lunes, 21 de abril de 2008

Encadenados (IV)

Rhett Butler, como corresponde a su arquetipo de bribón simpático, parece no depender de nadie y huir de las responsabilidades, pero veremos cómo en su relación con Escarlata fluctúa entre la indiferencia calculada y la pasión sin trabas, desencantada luego por puro cansancio al no recibir la retribución esperada a sus atenciones, por lo demás de lo más naturales.

La relación entre Rhett y Melania es la más sorprendente de todas, puesto que parece imposible que un calavera como él pueda sentir respeto por nadie y que una persona tímida y de educación tan formal como ella pueda recibir a alguien con la reputación de Butler en su casa. Pero Rhett se gana el aprecio de Melania al rescatar su anillo de casada, al interesarse por la situación de Ashley prisionero, al sacarla a ella y a su hijo de Atlanta... la lealtad y la gratitud de la mujer para con él son inquebrantables. La intuición de esa alma pura que es Melania sabe vislumbrar las grietas en la coraza de dureza de Butler y Rhett, por su parte, encuentra en Melania los ecos de la gran dama que sin duda fue su madre.

El dicho “ten cuidado con lo que deseas, porque quizás puedes conseguirlo” se hace realidad tanto para Escarlata como para Rhett. Ella sueña con Ashley y cuando por fin lo tiene a su alcance ya no le interesa, y Rhett, que se ha pasado doce años rondando el corazón de la señorita O’Hara, renunciará a ella, que ha perdido para él las cualidades que sí tuvo.

domingo, 20 de abril de 2008

Más lecturas sobre el viento

Como se acerca el Día del Libro, lo más adecuado para honrar la fecha es tratar de aumentar nuestra biblioteca, nuestro saber y nuestro placer con la adquisición de nuevos ejemplares, en nuestro caso, dedicados a Lo que el viento se llevó.

Alexander Walker es el autor de Vivien: La vida de Vivien Leigh, que podemos encontrar en español editada por Ultramar. Esta edición, curiosamente, no contiene las notas que sí acompañan al original. Walker combina en su relato la vida personal y profesional de la actriz que intrepretó a Escarlata O’Hara.

Uno de los mayores coleccionistas sobre GWTW es Herb Bridges, que ha escrito, sólo o en colaboración, varios libros sobre la película y es toda una autoridad. The Filming of Gone With the Wind, profusamente ilustrado, es muy útil para conocer el marco general de la génesis, preparacion, producción y estreno de la película.

sábado, 19 de abril de 2008

One Ith He Ind

Antes de que se nos olvide, dediquemos unas líneas a la versión en “pantalla ancha” de Lo que el viento se llevó estrenada en 1967 de la que hablábamos hace unos días.

En 1966, la Metro Goldwyn Mayer, propietaria ya de los derechos de la película, decidió que en su siguiente reestreno GWTW fuera exhibida en el formato de 70 milímetros, en pleno auge por entonces. Había que pasar del 1.33 :1 original al 2.20 :1, o, al menos, dar la impresión de que la película se había filmado así, cosa que evidentemente no había sucedido. Se les encargó la tarea a Klune y a Merle Chamberlain, jefe del departamento técnico de los estudios.

Al tomar los tres negativos originales en 35 mm se dieron cuenta de que estaban muy deteriorados y no podrían evitar que se formaran halos al alinearlos, así que tuvieron que coger cada fotograma, fotografiarlo en un nuevo negativo de color y adaptarlo a continuación a las proporciones de los 70 mm.

De esa manera se vieron obligados a sacrificar un cuarto de la parte de arriba y otro de la de abajo de cada fotograma, de modo que la imagen resultaba partida por la mitad y se arruinaba la composición; también se cambió el título original, que no se deslizaba por la pantalla como era de rigor, sino que era presentado de la manera estática más habitual.

La exhibición de 1967 se realizó con sonido estereofónico, y algunas palabras de los diálogos quedaban superadas por el frufrú de los miriñaques y algún que otro sonido que antes no se advertía.

Este reestreno en widescreen tuvo sus adeptos y sus detractores, pero sirvió para presentar Lo que el viento se llevó a una nueva generación... y en pantalla de cine, que es siempre una experiencia.

viernes, 18 de abril de 2008

Viento en las rimas

Poco a poco comprobamos cómo escritores, músicos, letristas, dibujantes y todo tipo de artistas y creadores han encontrado cierta inspiración en Lo que el viento se llevó y el fenómeno que rodeó a novela y película desde el principio. Hoy sumamos a nuestra lista dos referencias más en canciones que salieron de la imaginación de cuatro grandes compositores de música ligera del siglo XX, que dejaron constancia en sus letras de la popularidad de Gone with the Wind.

Richard Rodgers y Lorenz Hart compusieron la canción The Lady is a Tramp para la comedia musical Babes in Arms, que se estrenó en Broadway en abril de 1937 y luego se adaptó al cine (Hijos de la farándula, 1939) con Judy Garland y Mickey Rooney en los papeles principales. Casi todo el mundo ha cantado The Lady is a Tramp, que se ha convertido con todo merecimiento en un standard, pero hay una estrofa que raramente se canta y que dice:

“Folks go to London, and leave me behind
I’ll miss the crowning
Queen Mary won’t mind.
I don’t play Scarlett in Gone with the Wind.
That’s why the lady is a tramp”.

(La gente se va a Londres y me dejan aquí,
Me perderé la coronación [de Jorge VI],
A la reina Mary no le importará.
No interpretaré a Escarlata en Lo que el viento se llevó.
Es por eso que la señora es una “vagabunda” [en el sentido de no tener clase])

De nuevo encontramos aquí que “wind” rima con “behind” y con “mind”, con la pronunciación antigua que ya mencionamos en Kiss Me Kate.


Roger Edens y Arthur Freed son los autores de Our Love Affair, que fue candidata al Oscar como major canción de 1940 y se incluía en la película Strike Up the Band (Armonías de juventud); ahora sí que Garland y Rooney cantaban:

“We'll be the envy of everyone
Those famous lovers we'll make them forget
From Adam and Eve to Scarlett and Rhett ...”

(Seremos la envidia de todos
Les haremos olvidar a todos esos famosos amantes
De Adán a Eva y de Escarlata a Rhett…)

jueves, 17 de abril de 2008

Louis Jean Heydt, un veterano hambriento

Los derrotados soldados confederados que volvían a casa tras la guerra y hacían una parada en Tara podían tener la seguridad de que habría un bocado para ellos, aunque la cabeza de familia echara pestes y Mammy insistiera en que antes quedaran bien limpios de parásitos.

Louis Jean Heydt interpreta en Lo que el viento se llevó a uno de esos soldados de regreso que se toman un respiro en el porche de la desolada plantación y encuentran un rescoldo del antiguo Sur en la bondad de Melania y un destello del futuro en el juguetón Beau.

Heydt nació el 17 de abril de 1905 y era periodista. Cubría un día los ensayos de la obra The Trial of Mary Dugan y dio la casualidad de que el director buscaba a alguien que pudiera interpretrar el papel de un reportero; Louis aceptó la oferta, sobre todo porque la paga era mejor que la que tenía en el periódico.

Así empezó su carrera de actor, que incluye teatro, televisión y más de centenar y medio de películas en las que su rostro se nos hizo muy familiar, aunque no pudiéramos relacionarlo con su nombre (una pequeña maldición de los actores de reparto).

En GWTW tuvo un cometido tranquilo, porque era habitual que sus personajes no llegasen vivos a la última bobina, como el Joe Brody de The Big Sleep (El sueño eterno, 1946) y transitó tanto por el cine negro como por el bélico, el western, la comedia… interpretando los papeles más variados y dejando siempre una buena impresión de su trabajo aunque sólo tuviera unas pocas líneas.

Le vimos como un orador en Mr. Smith goes to Washington (Caballero sin espada, 1939), un turista en medio del atraco en High Sierra (El último refugio, 1941), un minero en How Green Was My Valley (¡Qué verde era mi valle!, 1941), el joven médico de Tortilla Flat (Así es la vida, 1942), un director de cine en A Star is Born (Ha nacido una estrella, 1954)…

Heydt murió en 1960, durante una representación de la obra There Was a Little Girl, en Boston. Acababa de terminar su primera escena y ya no pudo volver al escenario que compartía, entre otros, con una joven Jane Fonda.

miércoles, 16 de abril de 2008

Canciones de la época

Ahora que ya se ha estrenado el nuevo musical basado en Lo que el viento se llevó, conviene recordar que Escarlata y Rhett ya habían cantado, y no nos referimos a las anteriores versiones teatrales de las que hablabamos hace unas semanas, sino a los primigenios O’Hara y Butler, que son los que nos ocupan en este blog.

Ya Margaret Mitchell se cuidó de citar en la novela canciones de la época o, como en el caso de Gerald con sus aires irlandeses (El Lamento por Robert Emmet, o Peg in a Low-backed Car), las preferidas de los personajes.
Escarlata toca el piano y canta en algunas ocasiones (Somebody’s Darling, Jacket of Grey, My Old Kentucky Home…), le canta When this cruel war is over a Rhett mientras bailan en el bazar, acompaña su borrachera en la luna de miel con Bonnie Blue Flag a voz en grito…

Incluso Melania se las arregla para sacar del desafinado piano de Tara algunas buenas notas para los villancicos de la triste Navidad en la plantación. Y Rhett encabeza el coro de falsos embriagados que llegan a la casa de los Wilkes entonando Marching Through Georgia.

En la película, Max Steiner utilizó varias melodías populares además de su partitura original, pero hoy sólo señalaremos algunos momentos en los que los personajes cantan:

Los esclavos que van a construir trincheras cantan, como en la novela, Go Down, Moses.

Prissy se toma su tiempo para volver a casa tras buscar al doctor Meade y canta My Old Kentucky Home.

Los hombres que simulan haber pasado por el burdel entonan ahora Massa’s in de cold, cold ground.

Escarlata se despereza “a la mañana siguiente” mientras canta una estrofa de Ben Bolt: Who wept with delight when you gave her a smile and trembled with fear at your frown…" ("Que lloraba con agrado cuando le sonreías y temblaba con miedo si fruncías el ceño", traducido en el doblaje para España como "El mancebo cantaba en su triste prisión, cantaba una dulce canción…")

Y el doctor Meade muestra sus habilidades con el violín para For He's a Jolly Good Fellow, en la fiesta de cumpleaños de Ashley.

martes, 15 de abril de 2008

¡Que no paren las prensas!

A mediados de abril de 1936 la editorial Macmillan había empezado a distribuir algunos ejemplares de Lo que el viento se llevó, a periódicos, revistas y críticos de todo el país, con la vista puesta en la presentación de la novela el día 21, a un precio de 2,50 dólares.

Por esta fecha se supo que el Book of the Month Club (Club del Libro del Mes) había elegido la obra de Margaret Mitchell como su selección para julio, lo que suponía un importante impulso para las ventas, pero también representaba un cambio en la estrategia de la publicación oficial de GWTW, que ya se había pospuesto al 5 de mayo y luego al 31 de mayo.

Esos 10.000 ejemplares ya preparados en estos meses y que llevaban la inscripción “Publicado en mayo de 1936” constituyen la primera edición de Lo que el viento se llevó y son la pieza más buscada por los coleccionistas.

La elección del Club levantó mucha expectación y la necesidad de suplir a los socios que optaran por el libro obligó a aumentar la tirada, que llegó a los 40.000 ejemplares, y fijar la fecha de publicación de la novela para el 30 de junio de 1936. El precio de venta sería de 3 dólares para el público en general y 2 dólares y 75 centavos para los socios del Club y ofertas especiales.

Pero esto era sólo el principio, porque Gone With the Wind iba a vender un millón de ejemplares en su primer año y a tener treinta y una reimpresiones en el mismo período...

lunes, 14 de abril de 2008

Encadenados (III)

Ashley Wilkes, a pesar de su sexo y las prerrogativas que a él le concedía la sociedad, es el personaje más dependiente de toda la historia de Lo que el viento se llevó. De nada sirve que se nos repita que es un diestro jinete, valiente soldado y culto ejemplar de hijo de plantador. El honor es el escudo que le impide decir en voz alta que Escarlata le atrae físicamente, porque es justo su contrario, pero lo deja a un lado cuando se trata de aceptar sus chantajes, pues no son otra cosa los ofrecimientos de Escarlata de techo y trabajo. Ashley permite que las cosas ocurran como los demás han decidido.

En Melania encuentra Ashley su complemento natural, aunque ella, a la larga, resulte mucho más fuerte que él en lo que a resistencia moral se refiere. Su esposa le ama, le da afecto, seguridad y cuidados maternales, y tiempo ocioso para que Ashley pueda dedicarlo a sus ensueños, que Melania comparte. Cuando se queda sin interlocutor en ese extraño idioma de los Wilkes, el mundo se derrumba sobre su cabeza y queda reducido a la nada.

De Rhett, que lo conoce a la perfección porque él también fue criado para lo mismo, para la vida despreocupada de la preguerra, pero que lo desprecia primero por su apatía y más tarde por robarle sin merecerlo el afecto de Escarlata, Ashley recibirá respaldo político y social, cuando Butler le salve de ser juzgado por los yanquis después de la incursión para vengar el ataque en Shantytown.

domingo, 13 de abril de 2008

Estudios sobre el viento

La bibliografía dedicada a Lo que el viento se llevó en español se nutre fundamentalmente de escasas traducciones de trabajos foráneos, pero eso no quiere decir que los cinéfilos, escritores e investigadores españoles no le hayan dedicado atención al libro y a la película.

Aquí tenemos dos buenos ejemplos de estos últimos que nos ayudan, por un lado, a conocer un poco más de la personalidad de Escarlata O’Hara y, por otro, a apreciar el trabajo de los que estaban detrás de la cámara, en el despacho o en la sala de montaje (junto a Selznick, que estaba en todas partes…):

Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel, está publicado en Eutopías 2ª época, Documentos de trabajo, Ediciones Episteme, S.L., Volumen 133, Valencia, 1996.

Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet. Lo encontramos en Archivos de la Filmoteca, 14, 1993; También está publicado en Paidós.

sábado, 12 de abril de 2008

Todo empezó en Charleston

Charleston, la ciudad de donde provenía Rhett Butler, donde vivían las tías de Escarlata, Eulalie y Pauline, y donde se encontraba el convento en el que entra Carreen, está en Carolina del Sur, muy cerca de la desembocadura de los ríos Ashley y Cooper.

La tía Eulalie, hermana de Ellen O’Hara, vivía en una casa cerca del Battery (el paseo marítimo), con un poco más de vida social que la que se disfrutaba con la tía Pauline, que habitaba en una plantación bastante aislada antes de reunirse con su hermana en la ciudad.

Charleston, antes de la guerra, era la esencia pura del Viejo Sur, del mismo modo que Atlanta lo será del Nuevo. Aferrada a las tradiciones, con una sociedad cerrada y llena de prejuicios contra aquellos que no contaban con un frondoso y sano árbol genealógico, aburrió pronto a la reciente viuda Hamilton. La tía Eulalie sufre también los desastres de la guerra, y Escarlata le envía dinero que la buena señora utiliza para ayudar a su amiga la señora Butler, la madre de Rhett.

Mucho más tarde, pasada ya la contienda, Rhett lleva a Bonnie a conocer a su abuela paterna (un viaje que en la película tenía Londres como destino).

El puerto de Charleston, centro del comercio marítimo para el interior de la región, se vio paulatinamente afectado por el bloqueo, y se hicieron escasas las embarcaciones que lograban llegar a él para aprovisionar al estrangulado Sur.

Muy próximo a la ciudad se halla Fort Sumter, donde se produjo el incidente que abrió las hostilidades entre el Norte y el Sur el 12 de abril de 1861, cuando los “rebeldes”, al mando del general Beauregard, lo sometieron a fuego de cañón durante 36 horas y el fuerte hubo de rendirse (“el general Beauregard los arrojó anteayer de Fort Sumter” informa Stuart a Escarlata en las primeras páginas de la novela Lo que el viento se llevó). Al mando de las tropas de la Unión estaba el coronel Anderson, bisabuelo del actor Montgomery Clift. Después de dos años de asedio fue recuperado en febrero de 1865. Hoy es un museo de la Guerra Civil.

viernes, 11 de abril de 2008

Más referencias en la pantalla

Dos películas más se unen a nuestra lista de cintas con alusiones a Lo que el viento se llevó:

En Rich and Famous (Ricas y famosas, 1981) Candice Bergen interpreta a una escritora atlantina orgullosa de su patria chica que afirma: “Leo Lo que el viento se llevó dos veces al año.” George Cukor estaba tras la cámara, en su última película.


En L’uomo delle Stelle (El hombre de las estrellas, 1994), los ilusionados aspirantes a convertirse en estrellas de cine de la noche a la mañana ensayan diálogos de Lo que el viento se llevó por las calles del pueblecito siciliano revolucionado por la llegada de un timador armado con una cámara.

jueves, 10 de abril de 2008

Raymond A. Klune, jefe de producción

El “production manager” de GWTW, Raymond A. Klune, nació el 10 de abril de 1904. Empezó su vida profesional en el cine como mandadero a las órdenes de D.W. Griffith en Nueva York y fue escalando puestos en el estudio de Mamaroneck, lo que le permitió, sin duda, conocer a fondo todos los departamentos implicados en la creación una película, algo fundamental para el trabajo de un jefe de producción.

Tras su estancia en la RKO y en la Selznick International, Klune estuvo en la Twentieth Century Fox y ejerció de productor independiente desde 1951; en 1958 fue nombrado vicepresidente y general manager de la MGM, en sustitución del legendario Eddie Mannix, y emprendió el rescate y preservación de las películas antiguas del estudio, que hasta entonces habían estado muy descuidados, por decirlo suavemente.

También supervisó el reestreno de GWTW en 70mm y con sonido estéreo, en 1967, dos años antes de retirarse, pero no se lo tendremos en cuenta (el proceso implicó cortar porciones de la imagen para ajustarla al nuevo formato). Falleció en 1988.

El production manager o jefe de producción es el responsable, entre otras tareas, de que no se exceda el presupuesto fijado, por lo que debe estar atento a las necesidades y los gastos de cada departamento y, al mismo tiempo, rendir cuentas a su superior, el productor. En Gone With The Wind Klune se encargó de que toda la maquinaria humana y material del estudio funcionara a la perfección, al servicio de la película.

Entre sus labores estuvo estimar el personal que estaría delante y detrás de las cámaras, encontrar las localizaciones y procurar que la concepción artística de Menzies y de Wheeler se hiciera realidad de la manera más económica posible. El equipo de producción tenía que preparar los decorados según el plan de rodaje, que Selznick acostumbraba cambiar sin previo aviso, y dejarlos listos para que se pudiera filmar en ellos, con los actores, extras, figurantes, efectos y equipo preparados.

Al recordar aquellos frenéticos días de 1939, Klune confesaba que muchas noches llegaba a casa al borde de las lágrimas de cansancio. Los memorandos de Selznick le persiguieron película tras película hasta que no pudo soportar más las intromisiones egoístas del productor y decidió aceptar la oferta de la Fox; eso sí, Selznick se disculpó humildemente y le pidió que regresara con él, cobrando tres veces más. Klune aceptó las disculpas, pero prefirió trabajar con Zanuck, que era tan bueno como Selznick pero dejaba a cada uno hacer su trabajo.

“El incendio de Atlanta”, la búsqueda del doctor Meade y el juramento de Escarlata fueron tres de las secuencias en las que Klune puso a prueba todo su talento y el de su equipo.

Además de en Lo que el viento se llevó, Klune estuvo al frente de la producción en Abraham Lincoln (Abraham Lincoln, 1931), Rebecca (Rebeca, 1940), That Hamilton Woman (Lady Hamilton, 1941), Since You Went Away (Desde que te fuiste, 1944), The Razor’s Edge (El filo de la navaja, 1946), Gentleman’s Agreement (La barrera invisible, 1947)…

miércoles, 9 de abril de 2008

Ward Bond, el capitán yanqui (Tom)

Un habitual entre los secundarios del cine de antaño, Ward Bond interpretó a Tom, el capitán yanqui al que Rhett convence de que los hombres de Atlanta habían pasado la noche en el establecimiento de Belle y no en otras actividades menos lúdicas y mucho más condenables.

Wardell Bond, que nació el 9 de abril de 1903, jugaba en el equipo de fútbol americano de su universidad y participaba como extra en algunas películas cuando fue elegido para participar en Salute (El triunfo de la audacia, 1929), en donde trabó una duradera amistad con el director, John Ford, con el que trabajó varias veces: My Darling Clementine (Pasión de los fuertes, 1946), Fort Apache (Fort Apache, 1948), The Quiet Man (El hombre tranquilo, 1952), The Searchers (Centauros del desierto, 1956)... casi siempre al lado de su camarada John Wayne, compañero de francachelas.

Le vimos en innumerables películas, a veces como un personaje simpático, como el conductor de autobús que discute con Gable en It Happened One Night (Sucedió una noche, 1934) o su policía en It’s a Wonderful LifeQué bello es vivir!, 1946), o como un tipo poco amistoso, como el portero del edificio elegante en Dead End (Calle sin salida, 1937), o su John McIvers de Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954).

Con una filmografía extensa y llena de clásicos, Ward Bond es toda una institución, convincente en cualquier papel por mínimo que fuera y, a falta de protagonistas, nos dejó una impresionante galeria de secundarios, desde el cine negro de The Maltese Falcon (El halcón maltés, 1941), donde le corresponde cerrar el diálogo de la película con su confundido “¿Eh?” ante la improvisación de Bogart: “…la materia de la que están hechos los sueños”, hasta la comedia de Bringing Up Baby (La fiera de mi niña, 1938), de nuevo como policía motorizado en medio del caos, pasando por el género bélico: The Sullivans (Eran cinco hermanos, 1944), They Were Expendable (1945)… o poniendo su físico de deportista al servicio del boxeo en Gentleman Jim (Gentleman Jim, 1942).

Conocido por sus ideas derechistas, Bond fue miembro destacado de la Alianza para la preservación de los Ideales Norteamericanos, muy activa durante la época del senador McCarthy, y su vehemencia en la defensa de la lista negra casi le costó no obtener más papeles, primero por que se peleaba con aquellos compañeros de rodaje que no estaban de acuerdo con él, y luego, cuando se produjo la reacción contra los que habían apoyado la caza de brujas.

No obstante, pudo continuar su carrera y alcanzar el rango de estrella con la exitosa serie de televisión Wagon Train (Caravana), aunque murió de un ataque al corazón a mitad de la tercera temporada, en 1960.

martes, 8 de abril de 2008

A la caza del gazapo (X)

El primer cambio de directores en Lo que el viento se llevó, Cukor por Fleming, se produjo cuando aún no estaba terminada la secuencia del bazar de caridad.

Algunos de los planos rodados por Cukor a principios de febrero de 1939 se conservan y se intercalan con los que se filmaron meses después.

En octubre, tras un par de intentos fallidos (quizás por problemas con la profundidad de foco de las cámaras de Technicolor), todavía quedaban pendientes las tomas desde el estrado, con el doctor Meade de espaldas mientras anuncia los avances de la guerra, la llegada de Rhett, la recogida de objetos valiosos y la puja por las damas y su desarrollo.

Fue tarea de Jack Cosgrove combinar los planos de Harry Davenport y los extras en la tarima, con los de las reacciones del público en la sala a cada una de sus proclamas.

Si nos fijamos bien, cuando Meade comunica, exultante, que el ejército de la Confederación ha logrado que el de la Unión retroceda “hacia el norte, hacia Virginia”, la concurrencia al bazar irrumpe en aplausos y congratulaciones; el tamborilero se retira y nos deja ver las inconfundibles espaldas de Clark Gable con la no menos inconfundible Escarlata, de luto, a su lado, ambos al pie del estrado.

No tendría nada de extraño si no fuera porque la siguiente intervención del doctor Meade es para anunciar la llegada al bazar del burlador del bloqueo, Rhett Butler…

A falta de confirmación, podemos conjeturar que el plano de la sala en el que aparecen Rhett y Escarlata puede provenir del final de una toma del momento en el que ella acepta bailar y se reúne con Butler, bien para comenzar el vals o bien para alinearse para el "reel de Virginia".

lunes, 7 de abril de 2008

Encadenados (II)

La relación entre Escarlata y Rhett se establece muy pronto en términos de igualdad, aunque ella comience dependiendo de la discreción de él para no revelar la escena que había tenido lugar en la biblioteca de Doce Robles cuando se declaró a Ashley.

Rhett estará siempre allí cuando Escarlata lo necesite, pero sin dejar de advertirle que siempre da con la esperanza de recibir algo a cambio: hace realidad su deseo de desafiar el luto sacándola a bailar en el bazar, la surte de ropas burlando el bloqueo, la saca de Atlanta a través del fuego y será su única esperanza cuando ella necesite imperiosamente dinero... A cambio, Rhett exigirá la satisfacción de sus deseos, fundamentalmente eróticos y en un principio desprovistos de afecto real.

Escarlata estaba acostumbrada a utilizar a los hombres en su provecho, con la particularidad de que ni Charles, ni Frank, ni Ashley se percatan de la manipulación. Rhett sabe muy bien porqué Escarlata recurre a él y establece con claridad los términos de su comercio.

También es mutua la relación que se entabla y se desarrolla entre Melania y Escarlata. Melania es, en un principio, una excusa para estar lo más cerca posible de Ashley, aunque el deseo más fuerte de Escarlata sea separar a los esposos en su beneficio.

La señora Wilkes es la perpetuación de la imagen de Ellen en la vida de Escarlata. Con suavidad, sin hacerse notar, la frágil Melania se constituye en un puntal transparente, al parecer innecesario, pero en el que todos acabarán apoyándose de una forma u otra.

La esposa de Wilkes, ausente su marido durante largo tiempo, encuentra en Escarlata el sustento físico: sin su renuente ayuda, habría fallecido en el parto y también su bebé, habría quedado a merced de los yanquis en Atlanta y, con Doce Robles en ruinas, no habría tenido lugar a donde ir, excepto Tara. A cambio, Escarlata hallará en Melania la garantía de su situación social, perdida por sus relaciones con los yanquis y su conducta a todas luces contraria a la de una dama del Sur.

Melania repite en varias ocasiones que debe su vida y la de su hijo a Escarlata y que jamás, haga lo que haga cualquiera de las dos, estará pagada esa deuda. Su natural bondad y la exagerada gratitud y lealtad la unen de forma indisoluble a Escarlata, a la que también encadena, en cierto modo, al pedirle que cuide de su hijo, si el parto resulta fatal para ella, y de Ashley y de Beau, a la hora de su muerte.

Las dos mujeres comparten, además, un secreto: el homicidio cometido por Escarlata al disparar sobre el desertor yanqui. Sin la sorprendente presencia de ánimo de la debilitada Melania, Escarlata se hubiera visto metida en un buen lío y ni siquiera se le habría ocurrido registrar los bolsillos del soldado muerto.

domingo, 6 de abril de 2008

Escarlata en medio del caos

La semana del 3 al 8 de abril de 1939 estuvo dedicada al rodaje de la secuencia conocida como “el éxodo de Atlanta”, cuando Escarlata sale del hospital para encontrarse en medio de una multitud que intenta salir de la ciudad en medio de los bombardeos.

A lo largo de estos días Fleming ensayó y dirigió los planos con los extras y figurantes, primero, y luego, entre los días 5 y 7, las tomas que requerían la presencia de Escarlata entre aquel maremágnum de gentes, animales y pertrechos.

No era una secuencia fácil, ni mucho menos, y exigía una perfecta coordinación y dirección de masas. Entre 400 y 600 extras, con su correspondiente vestuario y variopintas pertenencias, más animales, carros, carromatos y vehículos militares y civiles variados, guiados por expertos conductores y especialistas, ocuparon durante aquellos días el back lot del estudio, entre los decorados de las fachadas de las casas y calles de Atlanta y nubes de polvo rojizo.

Fue para secuencias como ésta que Selznick pensó, dos años antes del rodaje, que a Cukor no le vendría mal la ayuda de “un hombre capaz, culto y acostumbrado a la investigación, para recrear, con Cukor, la evacuación de Atlanta y otros episodios de la Guerra y la Reconstrucción”. Ese hombre habría sido D.W. Griffith, el “padre del lenguaje cinematográfico” y director de The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación,1915), pariente lejana de Lo que el viento se llevó. La idea del productor no llegó a concretarse y Griffith no pudo añadir otro crédito a su filmografía, que se cortó en 1931.

Como de costumbre, encontramos diversas versiones que nos cuentan, unas, que estaba previsto que una especialista doblara a Leigh en esta arriesgada secuencia, pero Vivien insistió en rodarla ella misma y, otras, que una doble de acción quedaba descartada porque no había forma de ocultar que no se trataba de la actriz. Como fuera, es la propia Leigh la que vemos abriéndose camino entre la multitud.

La secuencia estaba dividida en varias tomas, con sus consiguientes repeticiones y esperas, de modo que la concentrada Vivien Leigh no se dio cuenta hasta el momento de acostarse de que lo cansada y magullada que estaba.

La tragedia la rondó muy de cerca en una ocasión, cuando se encontró en la trayectoria de un carro que iba hacia ella a toda velocidad. Vivien se quedó quieta y, por suerte, su falda se levantó y asustó a los caballos, que se encabritaron y se pararon sin que nadie resultara herido.

sábado, 5 de abril de 2008

Aileen Goodwin, doble de Vivien Leigh

Aileen Goodwin, que nació el 5 de abril de 1889, compartió con varias compañeras especialistas la tarea de doblar a Vivien Leigh en los planos más arriesgados de Lo que el viento se llevó.

Participó en la secuencia del "incendio de Atlanta" y en la del “ataque en Shantytown”, y varias fuentes afirman que también suplió a la estrella en el momento de rodar la caída de Escarlata por las escaleras, aunque hay otras candidatas. Es muy posible que todas ellas intervinieran en diferentes fragmentos, como ocurrió en The Wizard of Oz (El mago de Oz, 1939), donde Goodwin fue requerida para cubrir la baja de Betty Danko, la especialista que tuvo que vérselas con un explosivo travieso durante el viaje en escoba de la malvada bruja.

Seguir la pista de la señorita Goodwin nos ha dado buenos quebraderos de cabeza para poder identificarla con certeza, puesto que Yakima Canutt, en su autobiogría, Stuntman, se refiere a ella como "Eileen Goodman", Herb Bridges como "Aline Goodwin" y otros como "Elaine Goodwin" o "Alyne Goodwyn"... Hemos optado por concluir que sería mejor referirnos a ella por el nombre que se usa en su entrada en la IMDb, por el momento, hasta ponernos todos de acuerdo.

Goodwin hubiera seguido su carrera como actriz de haber pasado la prueba del micrófono cuando llegó el sonido, pero no se arrepintió de no disponer de una voz apropiada y de continuar en el cine como especialista, ya que lo consideraba un trabajo arriesgado pero divertido y a veces, no siempre, bien pagado. Por esto último fue una de las fundadoras, en 1938, de The Hollywood Riding and Stunt Girls Association, la primera asociación de especialistas, que estableció unas tarifas y condiciones mínimas que protegían sus intereses.

Como casi todas las dobles de acción de la época, Goodwin hacía de todo pero, si tenía que escoger entre sus habilidades, prefería las caídas desde las alturas y cabalgar a la amazona (le prestó a Barbara Stanwyck una silla que había pertenecido a Valentino para The Lady Eve (Las tres noches de Eva, 1941). Entre sus trabajos “en la piel de las estrellas” podemos citar King Kong (King Kong, 1933), The Garden of Allah (El jardín de Alá, 1936), Under two flags (Bajo dos banderas, 1936), Army Girl (1938), Government Girl (La chica del gobierno, 1944)… Falleció en 1980.

viernes, 4 de abril de 2008

Lecturas variadas

Una nueva visita a la biblioteca nos depara otro par de referencias a Lo que el viento se llevó:

En la novela Apoteosis, Garson Kanin refleja la preparación de un musical de Broadway, desde la contratación del personal artístico y técnico hasta su estreno. Los rumores dice que se basó en sus experiencias durante la tumultuosa producción de Funny Girl. Hay problemas en todos los departamentos, delante y detrás de los bastidores, y por supuesto, con el libreto: "¿A quién le importa un rábano la historia? ¿A los paletos de por aquí? Siguen tratando de imaginarse lo que Rhett le hizo a Scarlett, porque no lo vieron en la pantalla."

Más adelante, el escritor vuelve a GWTW para mostrarnos la actitud de un personaje de un manera muy descriptiva: "Estaba sentado en la cama, tapado con las sábanas, y tenía un sorprendente parecido con Vivien Leigh en la escena de "la mañana siguiente" en Lo que el viento se llevó.


Pasamos ahora a Myron, la continuación de Myra Breckinridge, salidas ambas de la muy activa imaginación de Gore Vidal. En un momento dado, Myron habla de la “existencia” de Myra: “Esa parte de mí se la ha llevado el viento, como dicen, con Clark Gable, Vivien Leigh, Leslie Howard.”

jueves, 3 de abril de 2008

Mary Anderson, Maybelle Merriwether

Unos de los pocos “hallazgos” del equipo de cazatalentos de Selznick para Lo que el viento se llevó que consiguieron un papel en la película, Mary Anderson, que nació el 3 de abril de 1920 en Birmingham, Alabama, no tuvo suerte con Escarlata, pero fue escogida para interpretar a Maybelle Merriwether. Hoy cumple 88 años y pertenece a ese selecto grupo de "supervivientes" de GWTW.

Su papel quedó muy reducido en el montaje, así que el mejor momento para atisbarla es en el bazar de caridad, cuando su pareja puja por ella: "¡Veinte dólares por la señorita Maybelle Merriwether!".

Mary, nacida Bebe Anderson, comenzó así su carrera en el cine, donde alternó los pequeños papeles, como en The Women (Mujeres, 1939), The Sea Hawk (El halcón del mar, 1940), The Song of Bernadette (La canción de Bernadette, 1943), To Each his Own (Vida íntima de Julia Norris, 1946)… con cometidos de mayor entidad, como en Lifeboat (Náufragos, 1944).

Se retiró en los años 60, tras su aparición en una docena de episodios en la serie de televisión Peyton Place.

Mary se casó en 1953 con el director de fotografía Leon Shamroy, con el que había trabajado en Wilson (1944). Antes, en 1952, había sido protagonista involuntaria de un pequeño escándalo, pues la tercera esposa del director King Vidor incluyó en su demanda de divorcio una acusación de adulterio en la que se nombraba a Mary y otra joven. Tanto Vidor como Anderson negaron taxativamente que entre ellos existiera algo más que una amistad.

miércoles, 2 de abril de 2008

Encadenados (I)

En Lo que el viento se llevó encontramos múltiples ejemplos de dependencias, de cadenas, reales o figuradas.

Entre las primeras, por supuesto, las que ataban a los esclavos a sus amos. La fuerza, los grilletes y la ignorancia eran los medios usados por los plantadores para poder mantener en sus manos a cientos de esclavos que trabajaban el campo, cuidaban el ganado, plantaban y recogían el algodón y atendían a las necesidades de la casa a cambio de seguir vivos. No todos los plantadores usaban el látigo, ni todos eran tan benevolentes con ellos como los O’Hara, pero esa no es la cuestión. La cuestión es la libertad.

Otro tipo de prisioneros aparece en la historia: los presidiarios alquilados por el Gobierno a todos aquellos que necesitaban mano de obra después de la guerra, cuando ya no se podía recurrir a los esclavos. Era una práctica que merecía la desaprobación de la mayoría, aunque Escarlata la encontraba ventajosa y sacó buen partido de ella.

En cuanto a los prisioneros de guerra, Margaret Mitchell nos relata de pasada las condiciones en que podía encontrarse Ashley en el terrible campo de Rock Island (Illinois), una vez que el intercambio de prisioneros no tuvo efecto, ya que el Norte esperaba que el esfuerzo que la Confederación debía realizar para mantener a los soldados de la Unión capturados haría mella en sus reservas, como así era. Las condiciones en las prisiones de ambos bandos eran muy duras, con el hambre y la enfermedad cebándose en los hombres y causando bajas equiparables a las batallas.

Entre los personajes de novela y película se establecen, claro está, diversos tipos de relaciones que hacen avanzar la trama y conformar la personalidad de cada uno. Veamos, por ejemplo, de quién y por qué dependen los cuatro protagonistas de Gone With the Wind, cómo están unidos entre sí por invisibles pero fuertes lazos.

Una de las características más célebres de Escarlata es su independencia, o mejor dicho, su deseo de independencia, su ansia de no deber nada a nadie y su orgullo por reunir el dinero suficiente para salvar Tara con sus propios medios. Pero no podrá lograrlo sin mover los hilos que penden de su mano y a su vez la atan a otras.

La influencia de Gerald, su padre, es notable. La mayor de las O’Hara es educada para parecerse a su madre, para ser una mujer más entre los miles y miles de pasivas esposas y madres que administraban granjas, plantaciones y casas sostenidas económicamente por los hombres. Pero, pese a los esfuerzos de Ellen y Mammy, en Escarlata acabarán por dominar las cualidades y carácter de su padre, no sólo el amor por la tierra, sino también la terquedad, el orgullo y el mal genio de aquel irlandés irascible pero de corazón tierno. Gerald, gracias a su acaudalada posición, mantuvo a su hija entre algodones durante dieciséis años de su vida y, además, cuando supo que no tendría ningún hijo varón, empezó a tratarla como un camarada, lo que les acercó mucho más.

Como hija de plantador esclavista, Escarlata sabía desempeñar todas las tareas domésticas, pero no para llevarlas a la práctica cotidiana, sino para supervisar su perfecto cumplimiento por parte de sus esclavos, en especial los de la casa, a cuya cabeza estaba la protectora Mammy, enorme vademécum de normas sociales de la que su ama dependía para vestirse, desnudarse y procurarse el sustento físico.

Con la llegada de la pubertad, los lazos afectivos con los padres se atenúan un tanto para dejar paso lógico a la búsqueda del compañero ideal, que, en aquellos tiempos, era también el sustituto natural del padre en cuanto a apoyo económico. Escarlata decide fijar sus ojos en Ashley Wilkes, por puro capricho, aún en contra de la sabia voz de Gerald.

Ashley, sin ser él mismo consciente del hecho por completo, dominará los afectos de la joven durante un largo período, hasta que la venda caiga de sus ojos y se percate de la verdad. El ilusorio amor por Ashley motiva a Escarlata a realizar algunas acciones de consecuencias imprevisibles. Su devoción por él no le permite negarle nada, ni siquiera que la una a Melania al pedirle que cuide de ella si le sucede algo a él en la guerra.

martes, 1 de abril de 2008

Una pesada carga para Rhett

Para los anglosajones, franceses e italianos, el 1 de abril es el equivalente del Día de los Inocentes, que en España se celebra el 28 de diciembre. Las bromas (ligeras y pesadas) abundan a lo largo de la jornada.

Podría pensarse que en un rodaje tan complicado y lleno de tensiones como el de Lo que el viento se llevó no hubo lugar para diversiones, pero ya hemos visto que no fue así cuando contábamos la apuesta que Fleming hizo sobre Gable y las escaleras. Y hay, por supuesto, otros muchos ejemplos de buen humor delante y detrás de las cámaras durante los largos meses de preparación, filmación y posproducción de la película, que equilibran la balanza, junto con los momentos tensos, que también los hubo.

Si a los operadores de cámara se les ocurrió un día esconder fulminates (triquitraques) bajo los tableros que iban a clavarse y cuando sonaban las pequeñas explosiones los encargados de los decorados exclamaban: “¡Que vienen los yanquis”!, no es de extrañar que el 1 de abril hubiera algo preparado.

Otra vez fue Clark Gable el objeto de la broma más famosa de ese día. Le tocaba levantar a Olivia de Havilland, la débil Melania, para bajar las escaleras de casa de Pitty. Pan comido para el gigantesco Gable… hasta que se puso a la tarea y comprobó que la actriz pesaba más de lo esperado. “¿Peso mucho?”, preguntó Olivia, con toda la inocencia propia de su personaje y de la actriz que es, pero probablemente con un brillo travieso en sus ojos. Clark apenas podía levantarla.

Gable se volvió hacia los técnicos, que apenas podian contener la risa, y les preguntó, sonriendo también, si la habían clavado al suelo. Cuando Olivia se incorporó, cayeron al suelo varias pesas, de más de 13 kilos cada una, que habían envuelto en la manta que la cubría.

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