sábado, 31 de octubre de 2009

Historia con fantasma

No es inusual que, en Atlanta, un negocio añada a su servicio una conexión, la que sea, con Lo que el viento se llevó; es un buen reclamo, como bien saben los propietarios del Vickery’s Bar and Grill, situado en el 1106 de Crescent Avenue, no muy lejos de la casa donde los Marsh vivieron sus primeros años de matrimonio y donde nació GWTW.

El edificio que ahora alberga este local era antaño el domicilio de Margaret Vickery, al parecer buena amiga de su tocaya Mitchell, y se dice que la escritora pasaba muchas horas allí “porque detestaba su apartamento (The Dump)” y que es muy posible que buena parte del original de la novela se escribiera entre aquellas paredes; de hecho, no se descarta que algunas hojas de aquel manuscrito se encuentren todavía ocultas en alguna rendija…

Es más, la leyenda se sazona con el rumor de que Mitchell acababa de visitar a su amiga minutos antes del fatídico accidente de 1949, y no faltan los testimonios de alguna que otra aparición fantasmal entre las mesas de Vickery’s… ¿será el espíritu de Margaret Mitchell, atraído por las especialidades de la casa, o el espectro de Escarlata O'Hara, aquella que se prometió no volver a pasar hambre jamás?

viernes, 30 de octubre de 2009

Escarlata al rojo vivo

El comentario de la revista Time al incluir la bata roja de Escarlata O’Hara entre los vestidos cinematográficos más queridos por el público lo dice todo:

“En uno de sus muchos rifirrafes sexuales con el Rhett Butler de Clark Gable, el diálogo de Escarlata dice “No, no”, pero su vestido dice: “¡Ven aquí, pedazo de animal!” Mucha investigación histórica, e incluso más glamour, produjeron esta bata de terciopelo rojo con un escote pronunciado y un cinturón negro que acentúa la somera cintura de Leigh. El vestuario de GWTW fue obra de Walter Plunkett, que aprovechó al límite los tonos ricos del nuevo sistema Technicolor. Este modelo ofrece un colorido subido que ningún hombre puede resistir. Ni Rhett, evidentemente, ya que le echa una mirada, toma a Escarlata en sus brazos y la lleva escaleras arriba para un poco de sexo esplendoroso”.

Escarlata con bata roja

No se puede negar que Leigh está magnífica en esta bata de terciopelo rojo, con botones y presillas del mismo material en el centro. La parte superior es ajustada, con un gran cuello redondo forrado de encaje blanco. Las mangas son muy ajustadas hasta el codo y luego se despliegan hasta los puños. En la cintura, una banda de terciopelo negro.

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Unas escaleras fundamentales

jueves, 29 de octubre de 2009

Una hora con Selznick

Hollywood: The Selznick Years es un documental que, como su nombre indica, nos acerca a la figura de David O. Selznick.

Selznick relajado

Con narración de Henry Fonda, la participación de actores que trabajaron para él y de unos cuantos de sus colaboradores, y fragmentos de las películas que produjo, el documental, datado en 1969, traza a grandes rasgos la vida y carrera del productor que tuvo como máximo hito Lo que el viento se llevó, pero que supervisó otros grandes e inolvidables títulos del cine clásico, bien en los estudios en los que estuvo en nómina, luego como independiente y más tarde como “prestamista” de sus estrellas e ideas, hasta su época de distribuidor. Aunque su producción se espació con el paso del tiempo, hay que recordar que Selznick estuvo trabajando hasta el mismo final en aquello que idolatraba tanto como a Jennifer Jones… y representa casi medio siglo de la historia de Hollywood.

Por descontado, en su escasa hora de duración, hay espacio dedicado a GWTW, con imágenes que hasta entonces eran inéditas para el gran público y que ahora ya nos son familiares (las pruebas para algunos papeles, por ejemplo).

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Breve semblanza de David O. Selznick

miércoles, 28 de octubre de 2009

Para enmarcar

Muy pocas de las personas implicadas en la producción de Lo que el viento se llevó pudieron emplear la frase favorita de Escarlata ,“Ya lo pensaré mañana” y dormirse en los laureles. Aguijoneados por Selznick y la cercanía del estreno, a partes iguales, artistas, técnicos y administrativos se vieron obligados a realizar jornadas maratonianas para que su trabajo estuviera terminado a tiempo y con la calidad que se les exigía. Es justo reconocer que todos cumplieron las expectativas.

Armando Seguso, por ejemplo, dispuso sólo de tres semanas para tener listas las imágenes que iban a emplearse para la promoción de GWTW.

cartel de Armando Seguso para GWTW


Este retratista reclutado por la MGM estaba a las órdenes de Hall Burrows, jefe del departamento, y ambos seguían las directrices de Howard Dietz, que estaba encargado de la publicidad de la película. El gran ilustrador produjo varios modelos de carteles (que acompañaron a Gone With the Wind durante veinte años, hasta que hubo un cambio de concepto), los carteles más pequeños que solían colocarse en los vestíbulos de las salas (lobby cards), diversos artículos promocionales y, en especial, cuatro retratos de los protagonistas imitando óleos. Los originales de Seguso alcanzan, merecidamente, altos precios en las subastas; por suerte, las reproducciones son más fáciles de conseguir.

Cartel de Armando Seguso para GWTW


martes, 27 de octubre de 2009

Vivien: triunfos y tragedias

vivien leigh

Cuando una persona como Vivien Leigh suscita tanto interés, es natural que se sucedan los trabajos en torno a su vida y carrera, y también es inevitable que los más recientes vayan dejando obsoletos a los publicados en años anteriores. Los biógrafos consiguen acceso a fuentes hasta entonces no descubiertas o vetadas, cambia la perspectiva sobre determinados comportamientos, se emplean nuevos medios de investigación y el paso de los años aminora el "pudor" que la cercanía con el sujeto lleva en algunos casos a distorsionar hechos y anécdotas... Aunque el distanciamiento tiene también sus desventajas, pues las fuentes directas, las personas que conocieron al biografíado desaparecen también, y se pierden muchas veces valiosos puntos de vista.

Más de 30 años han pasado ya desde que Anne Edwards publicara en 1977 su biografía de la intérprete de Escarlata O'Hara, por lo que podemos decir que Vivien Leigh: A biography se encuentra a mitad de camino: se escribió lo suficientemente cerca de la muerte de la actriz (1967) para que la autora pudiera inclinar francamente sus simpatías hacia ella, y llegó demasiado pronto para recoger algunos extremos que se han abordado con más rigor en otros libros posteriores, empezando por los que publicó Laurence Olivier, que desvelan parte de las desventuras de la pareja a causa de la enfermedad mental de Vivien, por ejemplo.

Edwards, que luego se empaparía del Sur para escribir una continuación inédita de GWTW y una biografía de Margaret Mitchell, se olvida a veces de citar fuentes y nos deja sin bibliografía para poder ampliar nuestra lectura, pero echa mano de sus numerosos contactos (ella misma estuvo bajo contrato de la MGM y conoció a los Olivier) y nos ofrece un retrato agridulce de Vivien Leigh, siempre en busca de la elusiva perfección en todos los aspectos de su vida y trayectoria profesional, que poco a poco se fueron tiñendo de tristeza.

Dado que es de los primeros libros que se refiere sin tapujos al trastorno bipolar que sufrió la actriz, la balanza se inclina peligrosamente hacia el sensacionalismo en algunas ocasiones (Olivier se quejó precisamente de ello cuando se publicó el volumen de Edwards), y la faceta de novelista de la autora corre el riesgo de convertir una historia real en un melodrama, con sus "buenos", sus "malos", sus "triunfos y tragedias"...  pero no deja de ser un buen añadido a la biblioteca de cualquier Windie o admirador de la actriz.

lunes, 26 de octubre de 2009

Discrepaban hasta en los nombres

No es aconsejable utilizar una obra de ficción para aprender historia, aunque bien puede ocurrir que sirva como punto de partida para adentrarse en otras disciplinas que sí se basan en los hechos. Lo que el viento se llevó, a pesar del cuidado que su autora puso en las fechas y lugares, no deja de ser un relato parcial en el que la guerra es un telón de fondo para la historia de Escarlata y Rhett. Con todo, Margaret Mitchell, según certifican los expertos, no se alejó demasiado de la realidad al trazar el esbozo de las campañas y las batallas.


Un detalle que llama mucho la atención a los conocedores de la Guerra de Secesión es que la escritora empleara en dos ocasiones la denominación Bull Run al referirse a las dos batallas que se libraron en el plazo de un año (julio 1861 y agosto de 1862) en el mismo lugar de Virginia, cuando en el Sur se las conoce como Primera y Segunda Batallas de Manassas; uno de los veteranos que repone fuerzas en el porche de Tara sí emplea este nombre, por lo que resulta más extraña la discrepancia.

Se nos ofrecen varias razones para explicar esta discordancia: que Mitchell empleó para su investigación histórica libros elaborados por autores “yanquis” o que, una vez la novela fue aceptada para publicación, ella misma y sus asesores decidieron emplear el término adoptado “oficialmente” en la década de los 30 para referirse a estas batallas (aunque en el Sur se siguen conociendo como las batallas de Manassas).

Durante la contienda, el ejército del Norte se refería a una batalla con el nombre del cauce fluvial más cercano, en este caso el Bull Run (un afluente del río Potomac), en tanto los Confederados la bautizaban con el de la estación de ferrocarril o población más próxima, en este caso el cruce de Manassas.

domingo, 25 de octubre de 2009

La botella medio llena

La escritora y periodista británica Elizabeth Dilys Powell tenía el cine como una de sus grandes pasiones, y sus críticas se encuentran entre las más agudas. Su larga carrera le permitió evaluar Lo que el viento se llevó en su estreno, para el Sunday Times en 1940, y 50 años después, en uno de los reestrenos de la película que firma Victor Fleming. Powell no tuvo reparos en conceder que la actuación de Gable no era tan mala como la había juzgado medio siglo antes, pero consideraba vigente su primera apreciación:

“You come out of Gone With the Wind feeling that history isn’t so disturbing after all. One can always make a dress out of a curtain.”

(“Uno sale de ver Lo que el viento se llevó con la impresión de que, después de todo, la historia no es tan inquietante. Siempre te puedes hacer un vestido de una cortina”.)

Escarlata se prueba las cortinas

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sábado, 24 de octubre de 2009

Una Tara muy británica

La televisión nos ha brindado, como el cine, muchas y buenas horas de entretenimiento. Algunas de las más placenteras se encuentran en una serie británica que los espectadores más jóvenes pueden descubrir y los más veteranos volver a disfrutar gracias a su edición en DVD: The Avengers (Los vengadores). Ojo, no se confundan y vayan a adquirir una bazofia en forma de largometraje con el mismo título que carece por completo de… todo lo que tenía el original.



Aunque la compañera más recordada de John Steed es la sin par Señora Peel (encarnada por Diana Rigg), en la cuarta y quinta temporadas y en el primer episodio de la sexta, la conexión con Lo que el viento se llevó la encontramos con la incorporación al reparto de la actriz canadiense Linda Thorson.

Ella misma escogió el nombre de su personaje, que iba a compartir aventuras con Steed hasta el final de la serie: Tara King.



“Tara”, por la plantación de los O’Hara, y “King” en referencia a la tradicional respuesta del soldado que se alista: “To serve King and Country” (“Para luchar y morir por el rey y el país”), que daba título a un reciente éxito cinematográfico, King & Country (Rey y patria, 1964) y que, por supuesto, era un lema que se podía aplicar a los agentes secretos.

viernes, 23 de octubre de 2009

Personajes (VI)

El capitán Carey Ashburn, de Alabama, participa con Escarlata en el cuadro viviente que se representa en casa de la señora Elsing.

Era asiduo visitante de la casa de tía Pitty, y en mayo de 1864 le encontramos pasando una velada en el porche. La guerra le ha proporcionado un brazo inútil y la posibilidad de cortejar a Escarlata, que hace tiempo que ha dejado de ser la viuda Hamilton para recuperar sus maneras de señorita O’Hara.

Ashburn aportó té (de la tabaquera de un yanqui capturado) al festín que Pittypat organiza con el último gallo de su corral; anuncia esa misma noche que ha pedido el traslado al frente, sabedor de que la Confederación necesita a todos los hombres que aún puedan empuñar un fusil, porque la situación es grave. El doctor Meade, también presente, le quita importancia a esa alarma, mientras las mujeres admiran el gesto del capitán y Rhett lanza otro de sus impertinentes malos augurios.

En el verano de ese año, con las tropas de la Unión a las puertas de Atlanta y los heridos confederados apelotonándose en el jardín de la casa de Pitty, Escarlata encuentra al capitán Ashburn bajo un montón de cuerpos en una carreta de bueyes, todavía vivo, pero con un balazo en la cabeza. No pudo hacer nada por él; su antiguo cortejador murió antes de que el médico pudiera atenderle en el hospital.

Este personaje no aparece en la adaptación cinematográfica de la novela.

jueves, 22 de octubre de 2009

"Nada modesto ni discreto"

La “cuestión del busto” de la que hablábamos hace unos días alcanzó su apogeo cuando llegó el momento de rodar la aparición de Escarlata en la fiesta de cumpleaños de Ashley. Plunkett diseñó un modelo lo más escotado posible y, vía Myron Selznick, parece que se contactó con alguien que estaba en posesión de la receta secreta para que Vivien Leigh luciera en todo su esplendor sin que los censores pudieran objetar nada. La actriz ganó una pequeña batalla cuando le permitieron añadir la larga estola de tul para aminorar un poco su aspecto de “mujerzuela”.

El “vestido de baile color burdeos” es, para muchos, su favorito entre el guardarropa de Lo que el viento se llevó. No es para menos, pues Scarlett, a instancias de Rhett, se viste como una verdadera “mujer escarlata”, con una creación muy ajustada en terciopelo granate, con un escote pronunciado y amplio, ribeteado de piedras redondas del mismo color montadas en discos dorados y adornado con plumas de avestruz teñidas del mismo tono. Toda una sinfonía en rojo en contraste con el severo negro del atuendo de Butler y los tonos pastel del resto de las invitadas.

El original, que costó 600 dólares, se guarda en el archivo Selznick de la Universidad de Texas, en Austin, donde se exhibe la reproducción en la que, según nos informan, se emplearon 191 horas de trabajo sobre 16 yardas (14 metros y medio) de terciopelo francés.


Scarlett en escarlata

miércoles, 21 de octubre de 2009

El viento a la velocidad de la luz

En la mañana del 21 de octubre de 1948, en Washington, tenía lugar la primera demostración pública de un nuevo sistema de comunicación, el Ultrafax, que combinaba aspectos de la radio, la televisión y la fotografía para la transmisión de textos e imágenes a una velocidad nunca vista hasta entonces, con la colaboración de las microondas. El aparato culminaba los esfuerzos conjuntos de las compañías Eastman Kodak, NBC y RCA (cuyo presidente no dudaba en comparar este avance tecnológico con la división del átomo o afirmar que el ultrafax desempeñaría un papel fundamental durante la guerra fría).

Es el bisabuelo del fax que se popularizó a finales del siglo XX, pero era bastante difícil de acomodar en una mesa de oficina, como podemos ver en esta imagen, que nos muestra el receptor (nótese cómo la señorita sostiene un ejemplar de la novela de Margaret Mitchell). También la revista Popular Mechanics dedicó una página a explicar el funcionamiento del Ultrafax.


Para presentar el invento, que podía enviar un millón de palabras por minuto o 408 páginas en el mismo tiempo, se escogió el texto de Lo que el viento se llevó, que tardó 2 minutos y 21 segundos en recorrer el trayecto entre la Biblioteca del Congreso y el hotel Wardman Park, separados por unas tres millas. Como paso previo, la novela se microfilmó, lo mismo que se hizo con los otros textos que formaron parte de la demostración: fragmentos de la Biblia, el discurso de Gettysburg, la Declaración de Independencia, y la rendición de Japón al término de la Segunda Guerra Mundial.

martes, 20 de octubre de 2009

Lista de bajas (XXVI)

En 1987 la ya mermada familia de Lo que el viento se llevó despedía a dos actores:

Daisy Bufford, 74. (Doncella de Tara, en la oración vespertina)

James Bush, 80. (Un caballero en Doce Robles)

Este apartado de Viento Escarlata, como todos los demás, está abierto a las aportaciones de los lectores, sobre todo dada la gran cantidad de personas que se vieron involucradas en la edición de la novela y la producción de la película; de muchas de ellas desconocemos incluso el nombre, pero su contribución fue tan importante como la del resto de los que mencionamos y, por ello, también queremos que pasen a formar parte de la relación.

lunes, 19 de octubre de 2009

Guionistas con sentido del humor

Otra muestra de los “pequeños detalles” añadidos por los guionistas al texto de Lo que el viento se llevó la encontramos en los mínimos cambios introducidos en los nombres de los personajes en al menos un par de ocasiones: no sólo está el bautizo de la señora Meade como Caroline/Carolina (Margaret Mitchell no dejó constancia de su nombre de pila), sino también el rimbombante nombre que lleva el nieto de la señora Merriwether, ese Napoleón Picard que ofrece una fiesta de cumpleaños a la que Bonnie Butler no puede faltar.

En la novela, el hijo de Maybelle y René Picard se llama Raoul y su familia se abstiene de cursar invitación a Wade Hampton Hamilton a la hora de celebrar su cumpleaños, en represalia por la actitud escandalosa de Escarlata.

En la película, la referencia tiene más bien tintes humorísticos, muy acordes con el cambio de talante de la abuela ante la solicitud de Rhett hacia Bonnie y acentuando para el espectador la ascendencia francesa del pequeño, por no hablar de los aires de grandeza que tal bautizo certifica.

No cabe duda de que una alianza entre ambas familias, de no haber intervenido el destino trágico, habría dado pie a una pareja de lo más imperial: "Eugenie Victoria y Napoleón Picard tienen el placer de invitarle..."

domingo, 18 de octubre de 2009

Rescoldos de dos parejas apasionadas

Los incendios, accidentales o provocados, están unidos indisolublemente a la ciudad de Atlanta y no es extraño que las llamas afecten a un lugar relacionado con Lo que el viento se llevó, bien citado en la novela o con alguna conexión con la película.

En octubre de 2000 el fuego destruyó buena parte de la Nunnally Home, una enorme mansión en la que Vivien Leigh y Laurence Olivier pasaron sus noches en Atlanta durante el estreno en 1939 aunque oficialmente ocupaban habitaciones separadas en el hotel Georgian Terrace; también Gable y Lombard pasaron por allí, dado el parecido que muchos encontraban entre la casa real y las que se veían en GWTW, y se rodaron un par de minutos para los noticiarios con la pareja entre las blancas columnas.


Nunnally House, Atlanta


La Nunnally House es uno de los edificios más fotografiados de la ciudad. Se construyó en Blackland Road en 1933 según los deseos de Hugh P. Nunnally, prominente hombre de negocios, y fue propiedad de la familia hasta 1977, cuando se vendió a uno de los hijos del rey Faisal de Arabia Saudí, que se había enamorado de Georgia mientras realizaba sus estudios en el Sur. En 1991 la casa cambió de propietario, en esta ocasión un empresario sudafricano, pero también tuvo problemas con la hipoteca; en 1999 estaba ya a nombre de Jeffrey Arnold, que pagó casi 4 millones de dólares por la casa y emprendió una reforma multimillonaria que fue interrumpida por el incendio pero que pudo darse por terminada un año después del siniestro (que se había iniciado por una chispa durante las labores de soldadura).

sábado, 17 de octubre de 2009

Lista bibliográfica para saber más sobre GWTW

Junto con la novela y la película, la base de Viento Escarlata la configuran estos textos ya citados en anteriores entradas, cuya lectura y comentario recomendamos, así como reiteramos la invitación a aportar cualquier título que se nos haya escapado...

David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.

Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.

Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.

Selznick's Vision: "Gone With the Wind" and Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.

The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.

Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.

Road to Tara, por Anne Edwards. (Biografía de Margaret Mitchell)

George Cukor, por Patrick McGilligan.

"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt.

A Child of the Century, de Ben Hecht.

Margaret Mitchell and John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.

They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.

Long Live the King, por Lyn Tornabene. (Biografía de Clark Gable)

Vivien Leigh, de Hugo Vickers. (*Actualizado en 2008)

The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.

A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard. (Biografía de Leslie Howard)

Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.

Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.

Stuntman, por Yakima Canutt.

Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.

Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.

Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.

The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.

Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell.

Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson.

*Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.

Tara Revisited, por Malcolm Vance.

The Oliviers, por Felix Barker.

Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff.

The Complete "Gone With the Wind" Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel.

Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.

*In Search of My Father, por Ronald Howard.

Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott.

The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas.

Selznick: The Man Who Produced Gone With the Wind, por Bob Thomas.

The Selznick Players, de Ronald Bowers.

Scarlett O’Hara’s Younger Sister y *I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes.

A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.

George Cukor, por Augusto M. Torres.

Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.

Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.

Lo que el viento se llevó, Fascículo 1 de la colección Cine y Música, de Salvat.

The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.

The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", por David O’Connell.

Lo que el viento se llevó, Aymá, 11ª Edición, Barcelona, 1978; Ediciones B, Barcelona, 1992; Pan Books, 1988.

El vuelo de Ibis, por José Rey-Ximena. (Sobre los últimos días de Leslie Howard)

Crowning Glory: Reflections of Hollywood’s Favorite Confidant, por Sydney Guilaroff-

The Official "Gone With the Wind" Companion: The Authorized Collection of Quizzes, Trivia, Photos- And More, por Stephen J. Spignesi.

Million Dollar Legends Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Martin Shartar.

White Columns in Hollywood: Reports from the "Gone With the Wind" Sets, por Susan Myrick.

*Victor Fleming, de Michael Sragow.

*Butterfly McQueen Remembered, por Stephen Bourne.

“Gone With the Wind” Literary Study Guide (MaxNotes) a cargo de Gail Rae Rosensfit.

**Now Is The Time, por Olivia de Havilland.

**The Making of a Classic: The Story of Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Sally Tippet Rains.

Technical Advisor: The Hollywood Journals of Wilbur G. Kurtz, editado por Richard Harwell.

Light of a Star: Vivien Leigh, por Gwen Robyns.

Southern Daughter. The Life of Margaret Mitchell, por Darden Asbury Pyron.

Literary Reflections: Michener on Michener, Margaret Mitchell, Ernest Hemingway, Truman Capote, and Others, por James Michener.

Vivien Leigh. El alma de Scarlett, por Serge Mafioly.

Laysen, la isla perdida, por Margaret Mitchell.

Crazy Sundays. F. Scott Fitzgerald in Hollywood, por Aaron Latham.

Love Scene: Story of Laurence Olivier and Vivien Leigh, por Jesse L. Lasky.

*The Faces of Hollywood, por Clarence Sinclair Bull.

*The Man Who Shot Garbo: The Hollywood Photographs of Clarence Sinclair Bull, con texto de Terence Pepper y John Kobal.

*Bonnie Blue Butler. A "Gone With The Wind" Memoir, por Cammie King.

"Gone With The Wind" as Book and Film compilado por Richard Harwell.

Gable and Lombard, por Warren G. Harris.

Traigan los caballos vacíos (Bring On the Empty Horses), por David Niven.

*Frankly My Dear: “Gone With the Wind” Revisited, por Molly Haskell.

On the Road to Tara: The Making of "Gone With the Wind", por Aljean Harmetz.

*The Secret of the Belles, de Kathy Witt.

The Tara Treasury: A Pictorial History of “Gone with the Wind”, de Gerald Gardner y Harriet Gardner Modell.

Scarlett, Rhett and a cast of Thousands: The Filming of “Gone With the Wind”, por Roland Flamini.

*Todavía no lo hemos leído.
**Próxima publicación

viernes, 16 de octubre de 2009

Philip Trent, un invitado en Doce Robles

Philip Trent, que durante años había visto su nombre real, Clifford Jones, en los créditos, no figura en los de Lo que el viento se llevó, pero su contribución tiene una particularidad: le vemos primero como un caballero sureño en el comedor de Doce Robles, todavía en pleno esplendor, y, bastante después, como uno de los soldados hambrientos que encuentran un momento de sosiego en el porche de Tara. Su aspecto no puede ser más diferente en ambas secuencias, pero en las dos está perfectamente conseguido.


Phillip Trent en Doce Robles
Phillip Trent en Tara















Jones, que nació el 16 de octubre de 1911, no descubrió su vocación de actor hasta que, siendo estudiante y acompañando a unos amigos a un ensayo, se le pidió que reemplazara a un actor ausente; no lo hizo mal y, además, le gustó. Pasó así a las compañías de repertorio y llegó a Broadway. Con experiencia en la radio como aval para el recién estrenado cine sonoro, Clifford viajó a Hollywood y debutó en Trick for Trick (Farsa contra farsa, 1933). Fue el hijo de Spencer Tracy en The Power and the Glory (Poder y gloria, 1933) y luego abundaron los papeles secundarios a lo largo de los años 30 y 40: el ascensorista en Wife vs. Secretary (Entre esposa y secretaria, 1936), un invitado en una fiesta en Letter of Introduction (Carta de presentación, 1938), When Tomorrow Comes (Huracán, 1939), el periodista Jasper Jenks en The Green Hornet (1940)... hasta Bombay Clipper (1942), que fue su última película.

Se destacó en la organización del Screen Actors Guild, del que fue uno de los miembros fundadores, pero perdió poco a poco el interés por la actuación.

Philip (o Phillip) Trent/Clifford Jones se retiró de las pantallas y fue durante un tiempo vendedor para la Universal y luego ejecutivo en diferentes empresas no relacionadas con el cine. Ya jubilado, dedicó su tiempo a escribir, desde poemas a canciones, y a recorrer el país para participar con sus comentarios y anécdotas de primera mano en proyecciones de películas de la época clásica. Falleció en 2001.

jueves, 15 de octubre de 2009

Reparto de papeles

Las modificaciones en el guión durante el rodaje no son una rareza, ni hace 70 años ni ahora mismo, pero no dejan de causar cierta incomodidad, y el de Lo que el viento se llevó no fue ajeno a los cambios durante su larga producción. Los guionistas implicados no tenían la última palabra y los sucesivos directores no podían desviarse del texto que había sancionado el productor. Lo peor era que Selznick comunicaba sus decisiones en el último instante y echaba por tierra cualquier preparativo.

Para los actores, en especial para los que no eran partidarios de improvisar, debió de ser toda una tortura, como comentaba con cierta ironía Evelyn Keyes, años después:

Evelyn Keyes, Suellen O'Hara
“The filming of Gone With the Wind was like a party on the set that Selznick was giving each day. Especially since the dialogue was always being handed to us at the last minute as if he was thinking of some charade to play.”


(“El rodaje de Lo que el viento se llevó fue como una fiesta que Selznick daba cada día en el plató. Sobre todo porque siempre nos entregaban el diálogo en el último minuto, como si estuviera pensando en qué charada proponernos.”)

miércoles, 14 de octubre de 2009

Como salida de una película

The Hissing of Summer Lawns es un álbum de Joni Mitchell editado en 1975 que contiene una canción titulada Shades of Scarlett Conquering (a veces la encontramos también como Shades of Scarlet Conquering). La letra nos sugiere tanto la figura de Scarlett O’Hara como la de Blanche DuBois; habla de mujeres que luchan, ganan y pierden, con un sabor muy sureño… y muy cinematográfico:

“Out of the fire like Catholic saints
Comes Scarlett and her deep complaint
Mimicking tenderness she sees
In sentimental movies
A celluloid rider comes to town
Cinematic lovers sway
Plantations and sweeping ballroom gowns
Take her breath away”

(“Saliendo del fuego como los santos católicos,
aparece Scarlett y su profundo lamento
Imitando la ternura que ve
En películas sentimentales
Un jinete de celuloide llega a la ciudad
Los amantes cinematográficos se mecen
Plantaciones y los amplios trajes de baile
La dejan sin aliento”)


“Out in the wind in crinolines
Chasing the ghosts of Gable and Flynn
Through stand-in boys and extra players
Magnolias hopeful in her auburn hair
She comes from a school of southern charm
She likes to have things her way
Any man in the world holding out his arm
Would soon be made to pay”

(“Al viento en miriñaque,
Persiguiendo los fantasmas de Gable y Flynn
A través de dobles de luces y extras
Magnolias esperanzadoras en su pelo rojizo
Viene de una escuela de encanto sureño
Le gustan las cosas a su manera
Cualquier hombre que ofrezca su brazo
Pronto tendrá que pagar”)

(…)

“…'Cause it is not easy to be brave
To walk around in so much need
To carry the weight of all that greed
Dressed in stolen clothes she stands
Cast iron and frail
With her impossibly gentle hands
And her blood-red fingernails”

(“…porque no es fácil ser valiente,
caminar en medio de tanta necesidad,
llevar el peso de toda esa avaricia
vestida con ropa robada se la ve en pie
de hierro forjado y frágil
con sus increíbles manos suaves
y sus uñas rojo sangre”)


“Out of the fire and still smoldering
She says "A woman must have everything"
Shades of Scarlett Conquering
She says "A woman must have everything"”

(“Salida del fuego y todavía humeante
Dice: “Una mujer debe tenerlo todo”
Sombras de Scarlett en conquista
Dice: “Una mujer debe tenerlo todo”.)

martes, 13 de octubre de 2009

Un puñado de Beaus

Como en el caso de Bonnie, hubo que recurrir a varios niños para mostrar al hijo de Melania y Ashley en diferentes edades, y el equipo de Lo que el viento se llevó reunió a unos cuantos. Algunos de estos “actores” todavía pueden mostrar sus credenciales que certifican su trabajo en la película, porque, por supuesto, eran demasiado pequeños para acordarse (no es el caso de Mickey Khun, que ya era un caballerete).

Estos son los “intérpretes” de Beau Wilkes en GWTW; es, como siempre, una lista provisional abierta a sugerencias, comentarios, revisiones y añadidos:

Greg Giese, el más pequeño y el más pluriempleado, porque también fue la Bonnie de una semana de edad.

Patrick Curtis, para el plano del fin de la guerra.

Ricky Holt entretuvo en las escaleras a los veteranos hambrientos.

Gary Carlson, de rizada cabellera, en brazos de Olivia de Havilland cuando Escarlata comunica a su familia su boda con Frank.

Mickey Khun compartió juegos con Bonnie y perdió a su madre en una escena muy emotiva.

lunes, 12 de octubre de 2009

Bryant Washburn Jr., extra en Doce Robles

Entre las docenas de extras que pueblan la secuencia de la barbacoa en Doce Robles, según indica Susan Myrick, se encuentra Bryant Washburn Jr. No hemos podido encontrarlo todavía y no sabemos si estaba dentro de la mansión o en los jardines o incluso si los fotogramas en los que él aparecía llegaron al montaje final de Lo que el viento se llevó, así que, si algún lector de vista más aguda sabe dónde ubicarle, completaremos el círculo que empezamos a dibujar hoy.

Bryant nació el 12 de octubre de 1915, en el seno de una familia de actores, por lo que parecía predestinado a la interpretación. Sin embargo, su filmografía es bastante reducida: apenas una docena de películas y casi siempre sin aparecer en los créditos. Su paso por la Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial le apartó de las tablas y prefirió dedicarse luego a la ingeniería, y un ataque al corazón se lo llevó en 1960.

This Day and Age (La juventud manda, 1933) reunió en pequeños papeles a varios vástagos de actores ya veteranos, y Bryant estuvo acompañado de Erich Von Stroheim hijo, Wallace Beery hijo y Carlyle Blackwell hijo (que también se paseó por Georgia unos años después); un par de años después se repitió el mismo truco publicitario con The Adventures of Frank Merriwell (1936), pero no puede decirse que ninguno de los retoños lograra brillar a la misma altura que sus progenitores. Washburn tuvo también la desgracia de verse envuelto en un accidente de tráfico en 1935 que llevó su nombre a los titulares y aunque suele decirse que ninguna publicidad es mala, ser requerido por los tribunales no es una buena manera de apuntalar una carrera.

domingo, 11 de octubre de 2009

Vivien Leigh en el escenario

En 1997 se estrenó Vivien, una obra de teatro con libreto del dramaturgo Rick Foster, que contó con la colaboración de la actriz Janis Stevens, la única intérprete que ocupaba el escenario durante toda la representación, incorporando no sólo a Vivien como persona, sino también como actriz, así que tenía ocasión de interpretar a muchos de los personajes que Leigh llevó a la pantalla o a las tablas.

La obra arranca en los momentos previos a un ensayo de A Delicate Balance, el último proyecto de la actriz, y desde el escenario vacío de un teatro retrocede en el tiempo en una serie de flashbacks que no prestan atención a la cronología de los hechos y se centran en la relación Leigh-Olivier y las diferentes batallas libradas por la intérprete de Escarlata O’Hara, ya fuera contra la enfermedad o para conseguir que su talento brillara al lado del gigantesco potencial de su esposo.

Vivien: The Triumph and Madness of Vivien Leigh (Vivien: El triunfo y la locura de Vivien Leigh), como aparecía en algunos programas, se ha representado con moderado éxito a lo largo de estos años.

sábado, 10 de octubre de 2009

Tracción animal

Quien desee visitar todos aquellos lugares donde se conserva un objeto usado durante la producción de Lo que el viento se llevó tendrá que contar con un mapa, tiempo y un buen medio de transporte, porque no todo se quedó en el estudio, ni siquiera en Los Angeles, ni en California. Como hemos visto en otras entradas, el atrezzo que todavía se conserva (con o sin certificado de autenticidad) está desperdigado por los lugares más insospechados.

Hoy nos vamos al estado de Maine, concretamente a la localidad de Paris Hills, donde, si llegamos en el momento oportuno, podremos admirar la colección de vehículos antiguos y clásicos de Bob Bahre (un propietario de circuitos y alto dirigente de las carreras NASCAR en la región), que permite de vez en cuando que el público contemple algunos de sus fondos, entre los que se encuentra un carruaje usado en GWTW.

viernes, 9 de octubre de 2009

Se lo tomaron a pecho

Además de preocuparse por ser fiel a la novela en el guión y en la pantalla, por contar con el mejor reparto y equipo artístico, unos efectos especiales refinados, unos decorados lo más sureños posibles, un vestuario acorde con la época y una música que evocara los años de la guerra, los responsables últimos de Lo que el viento se llevó (hombres todos ellos) pasaron horas debatiendo sobre los senos femeninos, por amor al arte, por supuesto.

Sobre Walter Plunkett recayó la responsabilidad de solucionar los dos principales problemas que surgieron en este aspecto, pero la plana mayor del estudio se vio implicada en el intercambio de pareceres en lo que se dio en llamar la "breastwork situation", un juego de palabras entre "breastwork", parapetos militares como los que se usaron en la defensa de Atlanta durante la guerra, y "breast" (pecho) y "work" (trabajo).

Por una parte, se dictaminó que Vivien Leigh no tenía suficiente escote, especialmente en la segunda parte; sus pechos (aunque no tenían nada de malo, se apresuraban a aseverar desde el comité de expertos) tendían a apuntar a los lados, y lo que Fleming deseaba era una figura bien compacta. Tal como Howard Hughes haría unos meses después con Jane Russell, que al final demostró que el sujetador aerodinámico diseñado por “el aviador” no podía competir con la naturaleza, Vivien acabó arrancando exclamaciones entusiastas de Selznick cuando, después de sucesivas pruebas de sostenes de diferente factura, decidió hacer caso omiso de todos los modelos que le habían hecho llevar y ponerse el suyo propio: “¿Qué has hecho? ¡Ahora está perfecto! ¡Totalmente perfecto!” “Soy yo misma, sin aditamentos, David.”

Sin embargo, se ordenó ceñir bien a la actriz antes de cada toma, procurando no aplastar sino dar volumen. El departamento de vestuario empleó gasa para lograr el efecto deseado; en este caso no hubo que recurrir demasiado a la habitual cinta adhesiva (cinta americana, bien conocida por, entre otras muchas, Carrie Fisher).

Por otra parte, la exuberancia que se le había otorgado a Belle Watling aumentando la talla de Ona Munson en un par de números tenía que ser rebajada a toda costa so pena de incurrir en las iras de la censura. ¡Mostraba demasiado! Por lo tanto, se repitieron algunas de las tomas, con unos toques en los escotes para que no fueran tan pronunciados y un chal que cubría pudorosamente los hombros de la actriz y desviaba la atención.

jueves, 8 de octubre de 2009

Personajes (V)

Archie es un personaje de bastante entidad en la novela, pero que desapareció en la adaptación a la pantalla de Lo que el viento se llevó.

Era un ex presidiario de aspecto atrabiliario, tuerto y con una pierna de madera. Un día recaló en la casa de los Wilkes en Atlanta, después de la guerra, y Melania le dio cobijo en sus habitaciones para transeúntes.

Cuando se hizo necesario que alguien acompañara a Escarlata en sus viajes a las serrerías, ya que la situación para las mujeres era peligrosa y ella se negaba a permanecer en casa, Archie fue contratado como cochero y guardia de corps.

Había pasado cuarenta años en la cárcel por haber asesinado a su esposa infiel y odiaba a los yanquis, a los negros y a las mujeres. La necesidad de hombres en el ejército confederado le permitió enrolarse y conseguir la libertad.

Cuando Escarlata contrata forzados para trabajar en sus serrerías, Archie se niega en redondo a seguir acompañándola, aunque continúa haciéndolo con las demás mujeres de la ciudad, que se habían acostumbrado a la seguridad que les proporcionaba un cochero tan imponente.

Archie, y no Mammy como ocurre en la película, es quien acompaña a las señoras durante la tensa espera cuando los hombres han salido para vengar el ataque sufrido por Escarlata en Shantytown. También va con India y a la señora Elsing al almacén de maderas, donde sorprende a Ashley y Escarlata en “actitud comprometida”. Melania se niega a creer sus palabras y lo despide.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Cocteau toma nota

Jean Cocteau tuvo ocasión de ver Lo que el viento se llevó a finales de 1943, en una proyección privada en la embajada americana en París. Dejó constancia de la impresión que le causó la película, y también de algunas ideas para La Bella y la Bestia (aún en proyecto), sugeridas por el largometraje producido por Selznick.

El cineasta anotó que la adaptación había seguido muy de cerca la novela de Margaret Mitchell, que la primera parte le había entusiasmado, que los detalles históricos se habían mostrado maravillosamente, aunque los “momentos psicológicos” resultaban planos porque esas partes del libro eran mediocres, y que lo mejor habría sido una reescritura especial de GWTW para la pantalla.

Cocteau, tras su experiencia, consideró que el cine en blanco y negro estaba ya desfasado y sería necesario rodar La Bella y la Bestia en color o, lo que le parecía ideal, emplear el color como una sorpresa: un vestido azul, una llamarada, la sangre...

Le llamó la atención que los artífices de Gone With the Wind se mostraran tan entusiasmados con el Technicolor que llenaran la pantalla de colores de manera que parecía que el negro no existiera para ellos (excepto en los trajes de luto), cuando el nuevo sistema daba plena entidad a lo que hasta entonces había sido una escala de grises.

martes, 6 de octubre de 2009

A la caza del gazapo (XXXIV)

Los nervios de los padres primerizos son proverbiales y abundan las anécdotas situadas en salas de parto y espera, donde el anhelante progenitor es capaz de cometer las más singulares barrabasadas.

A Rhett Butler le tocó aguardar en la antecámara un buen rato antes de poder entrar a conocer a su hija recién nacida, y también se entregó al sinsentido; no nos referimos a confraternizar amigablemente con la servidumbre, puesto que ofrecer puros y una bebida en estos momentos es una celebración tradicional que no conoce barreras sociales y menos cuando está a punto de firmarse un tratado de paz entre la posesiva nodriza y el desenfadado bribón.

Rhett se dispone a servir sendos vasos y le vemos en un plano general, bajo el cuadro de su esposa, con el cigarro en la boca; cuando cambia el plano y Butler le ofrece un vaso a Mammy, el cigarro está en su mano.

Para burlar el bloqueo hay que tener artes de prestidigitador, pero no tantas... porque el cigarro vuelve a su boca en el plano siguiente sin que apreciemos ningún movimiento de sus manos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Intento de explicar el fenómeno

 Roland Flamini puso toda su experiencia como reportero especializado en el mundo del espectáculo y sus años en la revista Time para contarnos en Scarlett, Rhett and a Cast of Thousands las intimidades de la novela de Margaret Mitchell y de la película que produjo Selznick.

Más de dos décadas después de la publicación de este libro, lo que por entonces era novedoso es hoy casi de dominio público y relatos sobre la "épica dentro de la épica" que fue la preparación y rodaje de Lo que el viento se llevó pueden encontrarse en los lugares y medios más insospechados, incluso en este humilde blog. Pero en los años 70 del siglo pasado apenas había literatura que, con cierto método, recogiera la creación del fenómeno que nos ocupa, y cualquier añadido era siempre bienvenido.

Lo que Flamini aporta, a falta de una mirada crítica que sí podemos encontrar en otros volúmenes sobre GWTW, es el producto de más de un centenar de entrevistas con miembros del equipo técnico y artístico de la película y de su investigación en periódicos y revistas de la época (cuyas afirmaciones, en algunos casos, hay que tomarlas con cierto escepticismo), así como otros documentos que hasta entonces habían sido de difícil acceso (cartas de Margaret Mitchell, por ejemplo). El resultado no es muy académico, pero sí entretenido y, como siempre, informativo.

domingo, 4 de octubre de 2009

Lista de bajas (XXV)

En 1986 se fueron, al menos, dos nombres insignes del cine relacionados con GWTW. Ambos destacaron en su especialidad y transmitieron su saber a las nuevas generaciones:

Yakima Canutt, 91. (Doble de Rhett y renegado en Shantytown)

Ben Nye, 79. (Maquillaje)

sábado, 3 de octubre de 2009

Mucho más que Scarlett

Jessica Lange conduce Vivien Leigh: Scarlett and Beyond, un documental de 1990 que condensa en 45 minutos la vida de Vivien Leigh y que está incluido en la edición en 4 DVD de Lo que el viento se llevó.

Lange nos lleva de la mano a través de la trayectoria vital de Vivien, con imágenes de sus largometrajes e incluso algunos fragmentos de películas caseras y testimonios de amigos y colegas, como es habitual en este tipo de producciones.

No hay tiempo para profundizar demasiado, por lo que el documental se inclina más por lo profesional que por lo personal, pero es una buena tarjeta de presentación para aquellos que sólo conozcan a la actriz por el papel de Escarlata O'Hara.

viernes, 2 de octubre de 2009

Primero John, luego Max

Para su encuesta de 2005, el American Film Institute consultó a más de 500 estudiosos de la historia del cine, críticos, músicos, compositores y artistas para que eligieran la banda sonora (score) más memorable de la historia del cine americano.

El resultado encumbró a John Williams como el compositor más popular: tres de sus partituras se encuentran entre las 25 más queridas, y encabeza la lista con su legendaria música para La guerra de las galaxias.

En esta ocasión Lo que el viento se llevó cedió ante el poder de La Fuerza, pero la composición de Max Steiner consiguió un honroso segundo lugar, por delante de la música de Maurice Jarre para Lawrence de Arabia, la de Bernard Herrmann para Psicosis, la de Nino Rota para El Padrino, la de Williams para Tiburón, la de Raksin para Laura, la de Elmer Bernstein para Los siete magníficos, la de Jerry Goldsmith para Chinatown y la de Dimitri Tiomkin para Sólo ante el peligro, por citar el pelotón de cabeza.

Los votantes habían de tener en cuenta que la música debía ser original y pertenecer a una película de la época sonora y, además, aportar elementos emocionales que enriquecieran la historia que se cuenta en imágenes; también se debía prestar atención a aquellas composiciones que representaban un avance artístico y la capacidad para evocar las imágenes a las que acompañan cuando se escuchan por separado.

jueves, 1 de octubre de 2009

Referencia imprescindible de una época

En 1948 se publicó en la revista Good Housekeeping un relato corto de J.D. Salinger titulado A Girl I knew (Una chica a la que conocí), en el que el autor de El guardían entre el centeno incluye una referencia a GWTW:

De viaje por Europa a finales de los años 30, un joven americano traba conocimiento en Viena con una muchacha, y mantienen una peculiar relación durante unos meses; cuando él ha de partir hacia París, le deja una nota de despedida, en un alemán bastante tosco que el narrador complementa con la traducción al inglés:

“…I must go to Paris now, and so I say good-bye. It was very nice to know you. I hope you’re having a good time in Warsaw with your fiancé’s family. I hope the marriage goes all right. I will send you that book I was talking about, Gone with the Wind. With best greetings.

But I never did write to Leah from Paris. I never wrote to her again at all. I didn’t send a copy of Gone with the Wind…”

(“Debo salir para París, así que te digo adiós. Me alegro de haberte conocido. Espero que te lo estés pasando bien en Varsovia con la familia de tu novio. Espero que el matrimonio vaya bien. Te mandaré el libro del que te hablé, Lo que el viento se llevó. Con mis mejores deseos.

Pero nunca le escribí a Leah desde París. Nunca volví a escribirle. No le envié un ejemplar de Lo que el viento se llevó…”)

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