lunes, 31 de marzo de 2008

Las voces detrás del viento

El equipo encabezado por Rafael Luis Calvo (Rhett), Elsa Fábregas (Escarlata), Elvira Jofre (Melania), Víctor Ramírez (Ashley), Carmen Robles (Mammy)..., convirtió un decreto ley en arte como en tantas otras ocasiones, lo cual no impide que hoy el doblaje al español de GWTW sea una venerable pieza de museo; es un placer escuchar la versión original, pero también el doblaje de 1949 (son muchos años de "zeñorita Ezcarlata"...) va unido al disfrute de la película.

Sirvan estas líneas de pequeño homenaje a los dobladores, de los que podemos saber mucho más aquí, con sólo teclear en Lo que el viento se llevó en el espacio para búsquedas.

Rechina en especial el ridículo acento que por entonces se acostumbraba dar a los actores negros mientras el resto del reparto habla un correcto castellano que enmascara el resultado de otra de las batallas emprendidas por Selznick en su cuidadosa preparación de la película: intentar que los actores dieran por lo menos la impresión de haber nacido al sur de la línea Mason-Dixon.

Gracias a la aportación de algunos lectores sabemos que en varios países el prólogo internacional de la película iba acompañado de una ampulosa voz en off, así que es muy probable que el resto de las naciones que emplean el castellano también cuenten con anécdotas sobre el doblaje. Una vez más reiteramos nuestra ignorancia en ese ámbito y nuestro afán de conocer los detalles a través de vuestros comentarios.

Conforme a las convenciones, Escarlata y Rhett no se tutean hasta después de prometerse, subterfugio habitual para sortear el “you” inglés, que sirve tanto para “usted” como para “tú”, y que aleccionaba a los espectadores sobre las reglas sociales que debían observar dos personas de diferente sexo en una relación.

Cuando Rhett acuna a Bonnie el día en que cumple su primera semana se produce una desviación notable de la traducción literal del diálogo en inglés y del texto de la novela. Melania dice que los ojos de la niña serán “azules como un cielo de primavera”, a lo que Rhett replica, con incongruencia: “Eso es, y se llamará Bonnie”. El guión original indica: “As blue as the Bonnie Blue Flag (tan azules como la Bella Bandera Azul)”, “That’s it! That’s what we’ll call her! Bonnie Blue Butler! (¡Eso es! ¡Así la llamaremos! ¡Bonnie Blue Butler!)”.

domingo, 30 de marzo de 2008

Lo que el montaje se llevó

El primer montaje “en bruto” de Lo que el viento se llevó, que Hal Kern preparó en julio de 1939 para que todos tuvieran una idea de conjunto, se acercaba a las seis horas; había que eliminar las diferentes versiones de varias secuencias, pero también faltaban algunas y la película no tenía aún la continuidad idónea. Cuando Selznick decidió hacer el primer pase de preestreno, GWTW rondaba las cuatro horas y media. Aún era demasiado y hubo que hacer otro esfuerzo para reducir el metraje primero a 3 horas y cuarenta minutos y, por fin, con los últimos añadidos, dejarlo en la duración actual de tres horas y cuarenta y dos minutos.

Está claro, por lo tanto, que alguna vez existieron descartes de Gone With the Wind. Ahora bien, su paradero, si es que lo tienen, y cuántos de ellos pueden haberse conservado hasta hoy y en qué estado, es un misterio. Todo parece indicar que, de existir, serían propiedad de Turner Entertainment y sería esta compañía la que habría de tomar la decisión de mostrarlos algún día.

Es muy probable que ese metraje desechado se haya perdido en su mayor parte ya en los primeros meses de vida de la película y el resto se lo haya llevado el viento. Revisen sus buhardillas, por si acaso.

Pero sí podemos conjeturar cómo sería una bobina con los planos que no llegaron a la pantalla, porque hay referencias a escenas previstas que no se filmaron o tomas rodadas que fueron a parar al suelo de la sala de montaje, porque se suprimieron o se modificaron de alguna manera:

El criado de los hermanos Tarleton, Jeems, les explica el súbito cambio de humor de Escarlata.

La llegada de Ellen a Tara, con Robert Gleckler intepretando a Jonas Wilkerson.

Gerald, Suellen, Carreen y Pork esperan a Escarlata a la puerta de Tara para ir a la barbacoa.

El trayecto a Doce Robles, con los O’Hara y Mammy. Pork guiaba el carruaje.

Escarlata saluda a los hermanos Calvert y a Tony Fontaine.

Rhett charla con un joven en el jardín.

Planos de las barbacoas y de los sirvientes disfrutando de la siesta.

India recibe una carta de Ellen en la que explica su ausencia de la fiesta.

La noche de bodas de Charles y Escarlata.

Un médico atiende a Escarlata, ya viuda.

Melania le dice a Pitty que Charles habría aprobado la presencia de Escarlata en el bazar.

Maybelle Merriwether ofrece una jarra para la brocha de afeitar.

Una extra, Betty Butcher, acompaña a Leigh y de Havilland, que escuchan los anuncios del doctor Meade.

Rhett, con acento sureño y capa, saluda a Melania, desengancha el velo enredado de Escarlata, recoge su abanico y comenta los anuncios del doctor Meade.

Con Cukor, el personaje que recoge las joyas era interpretado por Bruce Lane.

Melania comenta con Escarlata la oferta de Rhett para bailar.

La señora Elsing acompañaba a la señora Merriwether y a tía Pitty en el espacio reservado a las “carabinas”. Las tres consolaban a Melania, entristecida por la puja de Rhett para sacar a bailar a Escarlata.

Con Cukor, Escarlata baila con Rhett y le recrimina su desvergüenza y que no haya recuperado su anillo.

Cukor rodó el reel de Virginia para ir después del vals, con los hombres a la izquierda.

La abuela Tarleton (un personaje que no existe en la novela) lee en la lista de bajas que sus nietos han muerto.

Las secuencias del hospital y de la evacuación se abreviaron, al igual que la búsqueda del doctor Meade, en la que aparecían también John Wilkes, moribundo, y Belle Watling, atendiendo a los heridos.

Planos de los esclavos recogiendo algodón.

Carreen y Suellen lamentan la falta de hombres después de la guerra.

Se abrevió el enfado de Gerald que precipita su loca cabalgada final.

El preboste interroga a Belle Watling y sus “chicas” sobre la noche que los hombres pasaron en su establecimiento.

Bonnie y Escarlata tienen una conversación antes de que Rhett aparezca para disculparse por su brutalidad.

Se abrevió la secuencia del regreso de Bonnie de Londres.

Se modificó la secuencia en la que India descubre a Ashley y Escarlata en el aserrado en actitud que cree comprometida.

Planos de Bonnie y Rhett sobre sus respectivas monturas.

La versión “sin lágrimas” de Gable tras la muerte de Bonnie.

La versión con “I don’t care” de la despedida de Rhett.

Plano de Vivien Leigh “de vuelta en Tara”.

sábado, 29 de marzo de 2008

Gable aprovecha sus días libres

Al contrario que Rhett Butler, que se empeñaba en decirle a Escarlata: “no soy de los que se casan”, Clark Gable acumuló cinco matrimonios a lo largo de su vida. En medio del rodaje de Lo que el viento se llevó tuvo lugar el tercero de sus enlaces, que culminaba tres años de relación con la actriz Carole Lombard y que iba a terminar en tragedia, cuando el avión en que viajaba la tercera señora Gable se estrelló en Nevada en 1942.

La relación entre Carole y Clark tuvo su peso para convencer a Gable para interpretar a Butler. Aparte de que ella siempre le planteaba un sinfín de retos, la promesa de una suculenta bonificación por parte de los estudios, añadida a su contrato, acabó por rendir la resistencia de Gable a firmar para la película. Era un hombre generoso, pero también muy cuidadoso con el dinero porque pensaba que su “buena suerte” podía acabarse algún día y, si despilfarraba sus ganancias, podría encontrarse sin un dólar cuando más los necesitara. Gable sabía que tenía que compensar económicamente a su segunda esposa y que ese divorcio iba a mermar sus arcas. Decidido a casarse con Carole, la compensación por intervenir en Gone With the Wind le facilitó las cosas.

Ria Langham obtuvo el divorcio el 7 de marzo de 1939 y Gable indicó que, en cuanto tuvieran unos días libres, Carole y él formalizarían su matrimonio. La ocasión se presentó en la última semana de marzo. Tras una conferencia entre Gable, Lombard y los publicistas de la MGM, fijaron como fecha el 29, miércoles, y el pueblecito de Kingman, en Arizona (en plena Ruta 66), donde el agente de prensa de Gable, Otto Winkler, se había casado unas semanas atrás. Estaba lo suficientemente lejos de Hollywood (unos 500 kilómetros) para no llamar la atención de la prensa y lo bastante cerca para ir y volver en unas horas; además, la atención de la gente del cine estaba puesta ese día en el estreno en San Francisco de The Story of Alexander Graham Bell (El gran milagro, 1939).

Gable, Lombard y Winkler partieron a las cuatro y media de la mañana en el coche de este último. El novio se detuvo por el camino para comprar dos claveles para el novio y el padrino y un prendido de rosas y lirios del valle para la novia. Los dos hombres se turnaron para conducir, y Clark se escondía bajo una manta para que no le reconocieran si tenían que parar.

Llegaron a su destino por la tarde, consiguieron la licencia correspondiente y se cambiaron de ropa en la misma casa del Reverendo Kenneth Engel, cuya esposa tocó el órgano durante la ceremonia y sirvió de testigo, junto al director del instituto local, que vivía en la casa de al lado. Pocos minutos después de convertirse en marido y mujer, y tras telefonear a la nueva suegra de Gable, la pareja envió un telegrama a Selznick: “Nos hemos casado esta tarde. Carole y Clark”.

Lo que el viento se llevó no podía esperar y los recién casados emprendieron inmediatamente el viaje de vuelta a Los Ángeles. Eso sí, parece que tuvieron tiempo para hacer un alto en el camino y ocupar durante unas horas una habitación en el Hotel Oatman, todavía en Arizona, y tomarse un filete en el Harvey House en Needles, ya en California (era la "joya de la corona" de la famosa cadena de paradores en la que trabajaba el personaje de Judy Garland en The Havery Girls (Las chicas de Harvey, 1946).

En casa les esperaba una broma de los hermanos de Carole, que habían colocado una escopeta sobre la cama en la que iban a reposar los novios antes de tener que comparecer ante los medios, pues Howard Strickling, al mando de la publicidad de la MGM, dio la noticia cuando el matrimonio era ya un hecho consumado, como habían acordado, y tenían que dar una rueda de prensa esa misma mañana.

Aparte de las discrepancias en el coche en el que se realizó el trayecto (los periódicos de la época afirmaban que se trataba del coche de Clark, más rápido pero también más llamativo que el de Winkler), lo más curioso es que la página del Ayuntamiento de Kingman indica que Gable y Lombard se casaron en la localidad “el miércoles 18 de marzo de 1939”.

Si no se trata de un error, no hay que descartar que se pidiera la licencia por adelantado, pero de lo que no cabe duda es de que el 18 de marzo de 1939 fue… sábado.

viernes, 28 de marzo de 2008

Lo que Margaret se llevó

Sólo el escritor y su editor saben lo que se queda en el camino durante la larga gestación de un libro. Primero, es tarea del creador decidir qué material va a presentar para publicar y, luego, la editorial puede sugerir modificaciones y añadidos al original. La novela Lo que el viento se llevó no es una excepción.

Margaret Mitchell no tenía intención de publicar su historia y escribió largo y tendido, a su gusto y con parones a lo largo de unos siete años, entre 1926 y 1933. Macmillan aceptó el disperso original que le había entregado en un impulso (que luego lamentó) y, desde agosto de 1935 a abril de 1936 tuvo lugar el toma y daca habitual de las correcciones, revisiones, cortes y mejoras, sazonado con unos cuantos enfados por ambos lados.

Como Mitchell, por varias razones, decidió que se destruyeran todos sus papeles, apenas quedan unas páginas del original de Gone With the Wind, la mayoría guardadas en una caja fuerte en un sobre sellado y eso sólo “para que pueda probarse la autoría en caso necesario”. El resto se fue con el viento o, mejor, se lo llevó el fuego, por lo que, por lo que sabemos, no existen “páginas perdidas” de GWTW.

Pero sí podemos saber de qué trataban algunas de las páginas que no llegaron a la imprenta y que sólo unos pocos pudieron leer en su momento.

No hay ninguna revelación transcendental: varios párrafos al comienzo en los que se describía a la típica joven sureña; un capítulo sobre el general Sherman en Atlanta; un capítulo en el que Rhett prestaba dinero a Hetty Tarleton para que su madre pudiera hacerse de nuevo con sus queridos caballos. Varias páginas para explicar el regreso de Mammy a Tara, otras tantas en las que Pitty relataba con detalle las desgracias que habían caído sobre la familia, la suerte de varios personajes secundarios después de la guerra o una conversación entre Escarlata y Carreen recordando su niñez.

Los episodios que no fueron suprimidos totalmente quedaron condensados, como sucedió con la parte dedicada a la Reconstrucción del Sur después de la contienda.

jueves, 27 de marzo de 2008

Viento en el título

A veces no hace falta leer todo un libro o ver una película para saber que contiene una referencia a Lo que el viento se llevó, ya que sus mismos títulos aluden de alguna manera a Gone With the Wind. Los dos ejemplos de hoy lo prueban:

Ni se lo llevó el viento, ni puñetera falta que hacía (1981), es la historia de un frustrado fotógrafo que malvive con los inevitables reportajes de bodas, bautizos y comuniones. Asaeteado por Cupido, finge ser otra persona para llegar al corazón de su amada…



El viento se llevó lo qué (1998), comienza en un pueblo perdido en la Patagonia. Sus habitantes disfrutan en "el último cine del mundo" de unas sesiones muy sui generis donde las películas, antiguas en su mayoría, se proyectan con los rollos cambiados. Como es casi su único contacto con el resto del planeta y debido a estas peripecias con los doblajes no sincronizados y los personajes que salen de las casas antes de entrar, la visión de la realidad que tienen los vecinos es un poco peculiar.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Altibajos en las escaleras (IV)

Terminamos (por el momento) esta serie de entradas dedicadas a las escaleras en Lo que el viento se llevó con algunas curiosidades relacionadas con ellas.

Y decimos “por el momento” porque, aunque Margaret Mitchell no se cansó de decir que no había retratado en su novela ningún lugar real concreto y el equipo de producción de la película ha sido muy vago en definir sus fuentes para los decorados, los lectores y los espectadores no dejan de soñar con visitar algún día “la verdadera Tara”, “la casa donde se filmó la secuencia de Doce Robles”… y hay una buena lista de lugares por todo el Sur de Estados Unidos que proclaman ser los genuinos decorados, incluso presumen de ser los “lugares de filmación de la película”. Iremos dando cuenta poco a poco, si es posible, de todas esas “Taras” o partes de GWTW diseminadas por el mundo.

La famosa escalera de la casa de los Butler en Atlanta fue construida por Lyle Wheeler siguiendo el modelo de la de una casa en San Francisco; eso no es obstáculo para que el Hotel Jefferson, en Richmond, Virginia, afirme que la escalera de su vestíbulo es digna de Escarlata y Rhett.

La magnífica escalinata de Doce Robles estaba inspirada en la de una casa en Carolina del Sur.

Y la Chretien Point Plantation, en Louisiana, presume de haber sido la inspiración para las escaleras de Tara y para el incidente del desertor: unos años antes de la guerra, la dueña de la casa, viuda ya, se deshizo de un disparo de un pirata que iba por sus joyas. Las manchas de su sangre han permanecido desde entonces en los escalones.

Una de tantas anécdotas sobre el rodaje de Lo que el viento se llevó se refiere al rodaje de la secuencia en que Gable sube las escaleras con Leigh en brazos. Después de unas cuantas tomas que Fleming rechazaba por uno u otro motivo, el director pidió otra más. Incluso Leigh (cuya bata pesaba casi tanto como ella) se percató de que al fornido Gable le dolían ya todos los músculos, pero el actor cumplió su cometido, sólo para oír que su amigo decía: "Gracias, Clark. La verdad es que no necesitaba estaba toma... Es que había apostado a que no eras capaz de hacerlo."

martes, 25 de marzo de 2008

Bibliografía relacionada con "Lo que el viento se llevó"

A lo largo de estos meses hemos citado algunos libros sobre Lo que el viento se llevó que nos han ayudado a saber más sobre la novela y la película. La bibliografía relativa a GWTW es muy extensa, así que de vez en cuando no viene mal una recopilación, a la que sumamos la habitual invitación al lector para que añada cualquier título y sus comentarios.

Estos son los títulos que ya han aparecido hasta el momento en Viento Escarlata:

David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver

Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma; nº 15 de la colección Programa Doble, editado por Dirigido.

Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.

Selznick's Vision: "Gone With the Wind" & Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.

The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.

Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.

Road to Tara, la biografía de Margaret Mitchell por Anne Edwards.

George Cukor, por Patrick McGilligan.

"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt

A Child of the Century, la autobiografía de Ben Hecht

Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.

They Still Call Me Junior, la autobiografía de Frank Coghlan, Jr.

Long Live the King, la biografía de Gable por Lyn Tornabene.


Olivia de Havilland lleva años manteniendo a los Windies y a los amantes del cine clásico en vilo a la espera de su autobiografía. Cuando se publique, será la única de los cuatro actores principales de Gone With the Wind que nos haya dejado un relato en primera persona de su vida.

Ni Gable, ni Leigh, ni Howard, ni Selznick ni Margaret Mitchell escribieron sus autobiografías, pero han dado pie a una verdadera multitud de biografías. Hay mucho donde elegir, así que hoy añadimos a la lista un título por cada uno:

Vivien Leigh, de Hugo Vickers, que prepara una edición revisada de este relato de la vida de la intérprete de Escarlata.

The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels, publicada en 1962.

A Quite Remarkable Father, un amable relato de la vida de Leslie Howard, por su hija Leslie Ruth Howard.

Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson. Muy recomendable.

Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr, una de las primeras biografías sobre la escritora. Ideal para situarse y luego contrastar.

lunes, 24 de marzo de 2008

A la caza del gazapo (IX)

Cuando Ann Rutherford, que interpretaba a Carreen en Lo que el viento se llevó, quiso ahorrarle unos cuantos dólares a Selznick y le preguntó porqué había de llevar unos pololos que no iban a verse en ningún momento en pantalla, bien ocultos por faldas, sobrefaldas, miriñaques y demás, el productor le dijo que quería que se sintiera como una verdadera belleza sureña de mitad del siglo XIX para dar mayor verosimilitud a su interpretación.

Así que, siguiendo el ejemplo de otros meticulosos cineastas, como Erich Von Stroheim, del que se cuenta que encargó calzoncillos con monograma incluso para los extras de The Wedding March (La marcha nupcial, 1928), aunque no fueran a verse, Selznick no reparó en gastos y para GWTW se confeccionaron alrededor de 5.500 piezas de vestuario.

Una de esas miles de piezas es la protagonista involuntaria del gazapo de hoy, y esta vez no hay más excusa para el desliz que el simple olvido y el error de continuidad entre dos secuencias que, aunque no son contiguas en la película, llevan implícito que lo que se hizo en la primera había de verse reflejado en la segunda.

Si nos fijamos bien, cuando Escarlata se dispone a acostarse para la siesta después de la comida en Doce Robles, se quita una prenda interior que no llevaba cuando Mammy le puso el vestido verde en la habitación de Tara, antes del desayuno.

Se trata de una almohadilla (bolster o bum roll) de forma de media luna que se llevaba sobre la enagua y soportaba el peso del miriñaque y la falda, al tiempo que realzaba las caderas. En concreto, según nos dice Molt en A Complete Reference, estaba confeccionado con batista blanca y relleno de plumón de ganso, colocado en la parte trasera de la cintura y atado al frente con un cordón de algodón.

domingo, 23 de marzo de 2008

Altibajos en las escaleras (III)

Aún hay más hechos que suceden en las diversas escaleras de Lo que el viento se llevó:

Mammy ve llegar a Ellen desde el descansillo; momentos después la señora O'Hara mantiene una conversación con Wilkerson en la entrada.

Las hermanas O'Hara bajan discutiendo sobre vestidos.

Escarlata flirtea con Frank y los Tarleton en la escalinata de Doce Robles.

Escarlata escucha la discusión en el comedor desde la barandilla y luego, escondida, se tortura ante la defensa de Melania.

Charles se declara en el descansillo.

El empleado del periódico baja unas escaleras con las listas de bajas.

En casa de Pitty, Ashley baja las escaleras para volver a la guerra.

Belle se acerca a las señoras en las escaleras del hospital, desde donde Escarlata contempla durante unos instantes la evacuación de la ciudad.

Rhett baja con Melania en brazos.

La visión de la destruida escalinata de Doce Robles.

Mammy y Pork hacen recuento de la desolación de Tara al pie de las escaleras.
Prissy afirma que sólo tiene dos manos para trabajar, en las escaleras.

Melania se ofrece a trabajar.

Los hambrientos veteranos toman un pequeño respiro en el porche de Tara.

Escarlata despacha a Wilkerson y Emmie con cajas destempladas en los escalones de entrada...

Por si se nos ha escapado algo, aquí tenemos otro interesante punto de vista sobre la importancia de las escaleras en Gone With the Wind.

sábado, 22 de marzo de 2008

Fred Crane, Brent Tarleton

Hoy, otro actor de Lo que el viento se llevó alcanza los 90 años: Fred Crane, uno de los hermanos Tarleton, nació el 22 de marzo de 1918 y nos promete para un futuro no muy lejano una autobiografía más que añadir a la biblioteca de los Windies.

Su esposa, Terry, organizó una fiesta sorpresa para Fred unos días antes de su cumpleaños, y esperamos que nos cuenten cómo fue.

Mientras tanto, recordaremos que Fred se crió en Nueva Orleáns y que llegó a Hollywood a tiempo para formar parte del reparto de GWTW, que fue su primera película. Eso sí, con su poca experiencia dramática ni siquiera se había planteado hacer una prueba y su presencia en los estudios respondía a la invitación de una de sus familiares para acompañarle el día que iba a optar al papel de Suellen.

Esta pariente no era una desconocida para los aficionados al cine, al menos por su alcurnia: se trataba de Leatrice Joy Gilbert, la hija de Leatrice Joy y John Gilbert. Ella no consiguió la parte de la mediana de las hermanas O’Hara, pero Fred llamó la atención por su acento y porte sureños y le pidieron que leyera unas frases de los Tarleton. Tras las consiguientes pruebas, le ofrecieron intepretar a Stuart y Brent.

Sí, Stuart y Brent Tarleton, al mismo tiempo. Parece ser que, por entonces, Selznick estaba decidido a que una misma persona interpretara ambos papeles, pero el procedimiento fotográfico habría llevado bastante tiempo y habría entorpecido la planificación de la primera secuencia y al final descartó la idea, sobre todo cuando apareció George Bessolo (luego Reeves), que hizo muy buenas migas con Crane y fue el padrino en la primera de sus bodas.

Fred, como Brent Tarleton, abre la película con la primera frase: "¿Qué importa que nos hayan expulsado de la Universidad?..."

Fred Crane trabajó un poco en el cine: The Gay Amigo (1949), un poco más en el teatro, también en televisión: Perdidos en el Espacio, Viaje al Fondo del Mar y, sobre todo, en la radio, con un programa sobre música clásica durante muchos años, además de en multitud de empleos no relacionados con el mundo del espectáculo y, por supuesto, ha sido un habitual en los numerosos actos en conmemoración de Gone With the Wind. Una de sus últimas empresas fue regentar una hospedería basada en Lo que el viento se llevó: Tarleton Oaks, en Barnersville, Georgia, pero la vendió en 2005.

¡Feliz cumpleaños, Fred! Y esperamos ese libro...

viernes, 21 de marzo de 2008

Lillian Kemble Cooper, la niñera

A pesar de sus órdenes tajantes de que todos los detalles de la película se ciñeran a lo expresado en la novela, Selznick se permitió unas cuantas desviaciones. Suprimió o condensó personajes y pasajes en pro de una mayor claridad, pero, curiosamente, se inventó un par de ellos que sí aparecen en la pantalla.

En la novela Rhett y Bonnie, con Prissy como niñera, parten hacia Nueva Orleáns y Charleston. En la película, padre e hija se van a Londres, sin que la inefable Prissy tenga ocasión de hacer el viaje. La breve secuencia en la capital de Inglaterra sirve para mostrar el inmenso cariño de Rhett por su hija y el miedo de la pequeña a la oscuridad.

La niñera local que reprende a Rhett por mimar demasiado a la niña es interpretada por Lillian Kemble Cooper, que en unas pocas líneas encarna a la perfección la pedagogía de la época: el lado opuesto a la manera de actuar de Butler. Estos planos fueron rodados por Sam Wood, en mayo de 1939.

Kemble Cooper nació en Londres el 21 de marzo de 1892 y falleció en 1977. Pertenecía a una afamada familia de actores, en la escena inglesa desde el siglo XVIII, entre cuyos numerosos miembros encontramos a Sarah Siddons, la actriz que da nombre al galardón inventado para All About Eve (Eva al desnudo, 1950) y que años después se convirtió en un premio real para las grandes intépretes.

Lillian llegó a Estados Unidos a los 18 años y actuó en decenas de obras de teatro. Debutó en el cine en 1916 y cerró su carrera ante las cámaras en 1964, como una embajadora en My Fair Lady.

Sus muchos años en Estados Unidos no anularon su aire británico, y por ello sus personajes solían ser niñeras, enfermeras y damas de la alta sociedad de origen inglés, como Lady Rinlake en A Woman Rebels (Una mujer se rebela, 1936). La recordamos también en el episodio Back for Christmas (Volver para Navidad, 1956), de la serie Alfred Hitchcock presenta.

jueves, 20 de marzo de 2008

Siempre hay lugar para una referencia

Blake Edwards y Woody Allen firman los guiones que contienen las alusiones de hoy a Lo que el viento se llevó y que sirven para comprobar una vez más que la novela, la película y sus personajes han estado presentes en las mentes de otros artistas durante décadas:

En Mister Cory (El temible Mr. Cory, 1957), Jen, la hermana pequeña le comunica a Cory que promete no flirtear en 3 años a cambio de un deportivo. Su hermana mayor le aconseja no aceptar la apuesta: “No lo haga, Mr. Cory. Tal y como va, en tres años Escarlata O’Hara parecerá una sosa a su lado”. Dos años después, Jen y Cory vuelven a encontrarse: “¿He cambiado?", pregunta ella; Cory replica: “Escarlata va seis cuerpos por detrás y empieza a cansarse.”

En Manhattan (Manhattan, 1979) la ex esposa del protagonista le dice: “Pero también he escrito cosas agradables... (...) Por ejemplo, que lloras cuando ves Lo que el viento se llevó".

miércoles, 19 de marzo de 2008

Altibajos en las escaleras (II)

Otros hechos capitales de la historia de Lo que el viento se llevó acontecen en escaleras, que son un motivo repetitivo a lo largo de una película que se inicia en unos escalones, los del porche de Tara, y termina en otros, los de la casa de los Butler:

La primera aparición de Ashley, que baja la escalinata de Doce Robles con un chal de Melania en las manos y se apresura a saludar a Escarlata.

Escarlata se encara con la dura realidad de sus aspiraciones para con Ashley cuando le ve subir con Melania las escaleras de la casa de Pittypat, durante el permiso de Navidad; el matrimonio sube, Melania expresa su preocupación por un hipotético deterioro del uniforme (lo que significaría una herida o la muerte de su portador) y Ashley le promete que eso no sucederá. Llegan a la habitación y, en el umbral, desean buenas noches a Escarlata, que se ha quedado abajo.

En los momentos previos al parto de Melania las sucesivas subidas y bajadas de Escarlata y Prissy por las escaleras de la casa de la tía Pitty contribuyen a sugerir al espectador el torbellino de ideas que bullen en el cerebro de la protagonista, sus sentimientos encontrados y el cansancio físico producto del miedo al invasor y al inminente parto que tendrá que afrontar con sus precarios medios.

El asesinato del desertor yanqui, en las escaleras de Tara.

Mammy pone al corriente a Melania de la desesperación de Rhett tras la muerte de Bonnie mientras ambas, con esfuerzo, suben las escaleras.

martes, 18 de marzo de 2008

Altibajos en las escaleras (I)

Una escalera es un decorado cinematográfico idóneo para situaciones dramáticas y apoteosis musicales. En Lo que el viento se llevó hay bastante de lo primero y nada de lo segundo, aunque la entrada de Escarlata en el vestíbulo de Doce Robles, con esa majestuosa escalera doble, tiene mucho de coreográfico, como su subida cuando acaba de recibir la confirmación del compromiso de Ashley con Melania, mientras todos los demás se precipitan al vestíbulo alterados por la noticia de que Lincoln solicita voluntarios.

Rhett y Escarlata están muy en contacto con las escaleras, pero sería demasiado tópico hablar en este caso de una situación de desnivel, de superioridad-inferioridad, sobre todo desde que partimos de la repetida afirmación de que “tú y yo somos iguales, querida”; más bien podríamos recoger la simbología freudiana de encuentro sexual, que queda plasmada de modo inequívoco en la secuencia en que Rhett toma en brazos a Escarlata para conducirla a sus aposentos a través de la roja escalera de la casa de Atlanta. Esta acción, que desemboca en un embarazo, tiene su contrapartida más adelante, cuando el fruto de esa subida se pierde por la vertiginosa caída de Escarlata por esas mismas escaleras. Los dos habían llegado de nuevo a lo alto, pero la resolución es diferente.

La primera vez que sus ojos coinciden Rhett está negligentemente apoyado en la barandilla de Doce Robles, abajo, mientras Escarlata sube con Cathleen Calvert, que le pone al corriente de la reputación del desconocido. Esa mirada admirativa, de deseo, tiene su recompensa cuando Escarlata baja de nuevo unas escaleras, las de la casa de tía Pitty, después de la muerte de Frank. Rhett la espera abajo, le besa la mano y la conduce al salón, donde la pedirá en matrimonio.

La roja escalera de la casa de los Butler desempeña su postrer papel en la última secuencia. Rhett y Escarlata salen de la habitación y se detienen un instante en lo alto: “¡Pero yo te quiero!”, exclama Escarlata. “Esa es tu desgracia”, replica Rhett y sin mirar atrás desciende los escalones. Escarlata le ve bajar, desaparecer de su vida, y corre a intentar detenerle, en vano, como sabemos.

lunes, 17 de marzo de 2008

Louise Carter, la esposa del director de la banda

Lo que el viento se llevó tuvo "un reparto de miles", aunque sólo unos pocos lograron ver su nombre en los títulos de crédito. Hoy, probablemente, todos o casi todos los intérpretes y miembros del equipo habrían visto su nombre en la pantalla acompañados de la música de Max Steiner hasta agregar a la película quizás un cuarto de hora más.

No es que esos anónimos contribuyentes al esplendor de GWTW no se merecieran aparecer en los créditos. Más bien al contrario, estaban tan presentes en las mentes de los directores de reparto y de producción, que casi se les adjudicaban los papeles de manera inmediata. Con el sistema de los estudios, con los actores y técnicos bajo contrato durante años, no había más que recorrer la nómina para cubrir un papel o un puesto.

Actualmente, son pocos los adscritos largo tiempo a una productora, y, por lo tanto, es necesario esa "publicidad" suplementaria en los títulos para que el interesado sepa "quién interpreta tan bien a esa camarera que sale diez segundos" o "quién es el responsable de que le brillen los ojos a la heroína".

En el Hollywood de los años 30, Louise Carter, que nació el 17 de marzo de 1875, fue una de las actrices a las que siempre se llamaba cuando se necesitaba una madre, una tía entrada en años o una abuela.

Esta nativa de Iowa era una mujer polifacética: actuó en el teatro, en el cine desde 1924 a 1940, escribió varias obras dramáticas y una adaptación de historias de la Biblia para niños, Bible Jingle Rhymes (1928), se interesó por la agricultura y la horticultura y tenía un encanto especial para los pájaros.

Los planos de Louise Carter en Gone With the Wind son los últimos que se rodaron de toda la película, en noviembre de 1939, y corresponden a la secuencia de "la lista de bajas": Louise no necesita decir ni una palabra para que su marido, el director de la banda, comprenda de inmediato que la tragedia general de Gettysburg les ha tocado de cerca. Tampoco él, Luke Cosgrave, dice nada, aunque la emoción le embarga; simplemente ordena a la banda que comience Dixie.

La filmografía de Carter, que murió en 1957, está llena de momentos así, fugaces pero que sin embargo dejan impresión en el espectador. Es la marca de un buen secundario o actor de reparto y, como sabemos, hay muchos en GWTW. Otros de sus papeles: la madre del soldado alemán en Broken Lullaby (Remordimiento, 1932), la madre del protagonista de I am a Fugitive from a Chain Gang (Soy un fugitivo, 1932), la florista en Angel (Ángel, 1937)...

domingo, 16 de marzo de 2008

Negro para el luto

El negro es el color del luto, que Escarlata rechaza. Una convención cuya ruptura significaba, para la sociedad, no amar al marido muerto ni respetar su memoria; en cambio, a Escarlata le parece insoportable verse obligada a vestir de negro el resto de su vida. El recuerdo de Charles Hamilton le trae sin cuidado, lo que le irrita es verse privada de lucir aquellos maravillosos modelos a los que estaba acostumbrada y que formaban parte de su encanto, como unas armas más para cautivar a los hombres.

El luto, los vestidos negros con aquel odioso velo de crespón hasta las rodillas que sólo podría acortar a la altura de la espalda pasados tres años, la asimilaban al resto de las mujeres casadas y viudas, es decir, hacían que su figura y personalidad se desvanecieran en un conjunto informe en el que sería imposible distinguirse.

Y eso era lo que la mortificaba: no poder ser ya el centro de las miradas, pasar todos los años que le quedaban por vivir en las sombras, en una “no existencia” en que la sociedad sumergía a las matronas y a las que habían perdido al marido. Ni aún casándose de nuevo podría volver a los colores de antaño.

Pero todo esto, como sabemos, no es más que una nube pasajera: a instancias de Rhett Escarlata se despoja poco a poco del luto y vuelve a lucir creaciones multicolores, como bien se encargó de mostrar Walter Plunkett.

Por azares de la historia Escarlata O'Hara termina la película vestida de negro, al coincidir la muerte de Bonnie con la de Melania (algo más alejadas en el tiempo en la novela), lo que vuelve más expresivo todavía el rostro de Vivien Leigh, que, pálido y lloroso, se destaca a la perfección del resto de su cuerpo en unos instantes tan vitales.

Los ardientes y burlones ojos negros de Rhett tienen gran protagonismo a lo largo de la novela, y también son de ese color los de Ellen y Charles y Melania Hamilton.

sábado, 15 de marzo de 2008

Frank "Junior" Coghlan, el soldado agotado

El tiempo y la naturaleza siguen su curso inexorable y no es muy habitual que podamos celebrar el cumpleaños de un miembro del reparto o del equipo de Lo que el viento se llevó que esté todavía vivo. Los que eran bebés a finales de los años 30 ya rondan los 70, y el número de los “mayores” se reduce cada año.

Pero los supervivientes parecen estar hechos de una madera especial, porque muchos pueden presumir de haber superado la barrera de los 90 años y desmienten cualquier tipo de “maldición” que quiera atribuirse a la película. El protagonista de la entrada de hoy lo tiene más fácil para cumplir años, porque es un superhéroe…

Frank Coghlan, hijo, nació el 15 de marzo de 1916 en New Haven, Connecticut, pero muy pronto se trasladó con su familia a California. A los tres años ya estaba interpretando pequeños papeles en el cine, como en Daredevil Jack (Vivo o muerto, 1920). Con sus pecas y su capacidad para dar la impresión de ser un niño desvalido, aunque capaz de llevar a cabo cualquier travesura, pronto se convirtió en uno de los actores infantiles con más trabajo y popularidad. A Woman From Paris (Una mujer de París, 1923), Mike (1926), Slide, Kelly, Slide (1927)… son algunos de los títulos en que podemos encontrarle.

Su adolescencia coincidió con la llegada del sonido y, aunque su encanto se había perdido, fueron muchos los papeles que consiguió, aunque pequeños, a lo largo de los años 30. Fue botones, vendedor de periódicos, mensajero, repartidos de telegramas y jockey en varias películas y también el personaje de James Cagney de niño en The Public Enemy (1931), Uncas en The Last of the Mohicans (El ocaso de los mohicanos, 1933)…

Antes de participar en la Segunda Guerra Mundial, en la Armada, fue elegido para interpretar al alter ego del Capitán Maravillas, el joven Billy Batson, en el serial Adventures of Captain Marvel (Aventuras del Capitán Maravillas, 1941). El Capitán estaba encarnado por Tom Tyler, el oficial que conduce a los esclavos a cavar trincheras en Gone with the Wind.

Coghlan continuó en la Armada durante más de 20 años, sirviendo de enlace con los estudios cuando se empredía alguna película de ambiente naval, y volvió al cine de manera esporádica hasta que decidió retirarse.

“Junior” Coghlan escribió una entretenida biografía They Still Call Me Junior, en la que nos cuenta que su papel de soldado agotado que se desmaya ante Escarlata y Rhett en la huida de Atlanta tenía un poco más de metraje que en la versión final de GWTW e incluso contaba con una frase: “Put me down. Put me down damn ya. I can walk (“Bájame. Bájame, maldito seas. Puedo andar”). Podemos imaginar la razón de que Selznick optara por suprimirla (aparte de para ahorrar metraje)…

viernes, 14 de marzo de 2008

A la caza del gazapo (VIII)

La lógica aplastante de Mammy ha convencido a Escarlata de que un buen desayuno es la mejor manera de empezar el día y no acaparar las viandas de los anfitriones como si no le dieran de comer en casa. El impaciente Gerald llama a su hija, porque ya están listos para partir hacia Doce Robles y Escarlata abandona la bandeja, recoge su parasol y abandona la habitación.

Es cierto que no lleva nada en el cuello cuando sale, así que un espectador extremadamente minucioso puede preguntarse cómo es que la mayor de las O’Hara luce un collar en cuanto la vemos llegar a la plantación de los Wilkes.

Pero también es cierto que entre ambos planos ha pasado un tiempo, que no se nos muestra. Tampoco vemos a Escarlata bajar las escaleras, caminar por el vestíbulo de Tara, subirse al coche con su padre y sus hermanas, ni asistimos al viaje hasta Doce Robles (se rodaron planos sobre el trayecto, con Pork llevando las riendas y Mammy con las cajas de los vestidos “para la noche”, pero no aparecen en la película).

Es habitual (y de agradecer), que se nos ahorren planos que no aportan nada a la película y que no hacen avanzar la historia ni nos permiten conocer mejor a los personajes. Una elipsis puede abarcar un lapso de unos segundos o minutos (el tiempo que tarda el personaje en bajar del coche y subir hasta su piso, por ejemplo), varias horas, días, años o milenios (el ejemplo más famoso: del hueso a la nave en 2001: A Space Odyssey (2001, Una odisea del espacio, 1968).

Aunque también puede utilizarse una elipsis para sorprender al espectador con algo de lo que no ha sido testigo pero que más tarde adquiere importancia en la trama, no es este el caso.

Por lo tanto, para explicar la aparición del collar, podemos imaginar que Ellen, siempre atenta, supervisó la apariciencia de su hija antes de salir de la casa, o que el collar se guardaba en la habitación de su madre y Escarlata lo recogió por el camino, o que se dio cuenta de que no lo llevaba y envió a alguien de la servidumbre a recogerlo… o tener en cuenta que el plano del desayuno lo rodó Cukor en enero y el de la llegada a Doce Robles fue responsabilidad de Fleming, en marzo, y que nadie se percató del pequeño fallo de continuidad o, si lo hizo, lo dejó pasar con un razonamiento parecido al nuestro.

jueves, 13 de marzo de 2008

Blanco para la inocencia

El blanco en Lo que el viento se llevó es el color de la inocencia, de la pureza. Escarlata lo viste de soltera (a instancias de Selznick, que cambió el color del vestido verde con que Margaret Mitchell presentaba a su protagonista en la novela), y en su boda con Charles Hamilton. Lucirá otros vestidos con el blanco como predominante, pero nunca por completo inmaculados.

Las cofias de Mammy, la ropa interior y los camisones que aparecen en la película son todos de este color.

Rhett sabe lucir con elegancia trajes blancos de hilo o blancas camisas de pechera almidonada, y, en su papel de intrépido burlador del bloqueo, regala a Maybelle Merriwether metros y metros de raso blanco para su deseado traje de boda. No olvidemos tampoco que en la novela se hacen cumplidas referencias al brillo de sus dientes blancos.

Blanco plateado es el cabello de Gerald, y Pork también encanecerá con el paso del tiempo y los avatares de la guerra.

Blancos son el algodón y las flores de los magnolios, símbolos ambos del Sur.

Y las dos casas más importantes en Gone with the wind, Doce Robles y Tara, verán cómo el humo del fuego empaña sus blancas paredes.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Referencias animadas

...de ayer y hoy. Desde los tiempos en que los cortos de animación acompañaban a las películas en las sesiones de cine como un aperitivo hasta hoy, que pueden ser el plato único, Lo que el viento se llevó ha estado presente en la imaginación de los guionistas y dibujantes para un momento divertido o dramático.

En Blitz Wolf, corto de la MGM firmado por Tex Avery en 1942, los Tres Cerditos se enfrentan a la ira del Lobo Feroz, que es aquí un trasunto de Hitler y que empieza por hacer volar la casita de paja; en el solar sólo queda un cartel en el que se lee "Gone With the Wind", mientras se oyen unas notas de Dixie; inmediatamente aparece otro cartel que apunta hacia el primero: "Corny gag, isn't? (Un chiste tonto, ¿verdad?)".

Saltamos ahora a la década de los 90 y al largometraje de animación Cats Don't Dance (Los gatos no bailan, 1997). El protagonista es Danny, un gato aspirante a bailarín; entusiasmado por su llegada a Hollywood, canta y baila por las calles y pasa ante un cartel que anuncia GWTW y un cine en cuya marquesina se completan las palabras del título.

Más tarde, el agente (humano, un tipo gordo, calvo, nada atractivo), intenta convencer a su secretaria, Sawyer (una gata muy atractiva, cantante desencantada de la vida de la farándula), para actuar en una película, después de que él se haya descartado: “Yo sólo sirvo para papeles tipo Clark Gable”; ella responde: “Francamente, Clark, me importa un...”

martes, 11 de marzo de 2008

Verde para provocar

Verde es el color de Irlanda ("la isla esmeralda"), de donde había partido Gerald años atrás.

Los ojos de Escarlata, verde pálido, sin mezcla de castaño:

“Los ojos verdes en la cara afectadamente suave eran traviesos, voluntariosos, ansiosos de vida, en franca oposición con su correcto porte. Los modales le habían sido impuestos por las amables amonestaciones y la severa disciplina de su madre; pero los ojos eran completamente suyos”.

La mayoría de los vestidos, zapatos y sombreros que Margaret Mitchell hace usar a su protagonista en la novela son verdes. Para la escritora es el color de la juventud, de la vida nueva que comienza aquella primavera, aun teñida de rojo sangre, y lo identifica tanto con Escarlata que la viste de verde a lo largo de toda la historia, aunque no se dio cuenta de ello hasta que Walter Plunkett se lo hizo notar y pidió su conformidad para cambiar el color de alguno de los modelos para la película.

Tara en todo su esplendor era también una sinfonía de verde sobre el rojo de la tierra: verde el césped, verdes los brotes de algodón, verdes los pinos...

Verdes son los billetes de la cartera del desertor yanqui, la salvación de la hacienda.

En el esquema de colores empleado por Plunkett para el vestuario de Lo que el viento se llevó, el verde está unido a la “provocación”:

  • El sombrero de París con el que Rhett la tienta a abandonar el luto.
  • Las cortinas de terciopelo para el vestido con el que piensa atraer a Rhett y entregarse a él, aunque sea a costa de su virtud.
  • El vestido de "reconstruiremos Tara", todo un reto a la nueva situación política y social surgida de la guerra, que tiene ecos en los tonos verdes de la casa de los Butler en Atlanta, desde donde Escarlata escandaliza a toda la "vieja guardia".
  • El modelo de la última imagen de Escarlata O'Hara, de vuelta en Tara, con el "desafío" de pensar en alguna manera de recobrar a Rhett.
  • La bata que lleva cuando decide no tener más hijos, y, por supuesto,
  • El vestido que Escarlata luce en la barbacoa, en un principio también previsto, siguiendo a la novela, para la secuencia inicial...

lunes, 10 de marzo de 2008

Haller reemplaza a Garmes

Victor Fleming llevaba poco más de una semana al frente de Lo que el viento se llevó y la película parecía haber tomado velocidad de crucero. Pero Selznick no estaba contento del todo con lo que veía y en estos días de 1939 tomó una decisión que significaba la sustitución de otro importante miembro del equipo, Lee Garmes, por otro no menos valioso, Ernest Haller, como responsable de la dirección de fotografía.

Las versiones sobre la razón del cambio discrepan en los pequeños detalles pero apuntan a una misma dirección: el productor, aunque apreciaba el trabajo de Garmes, creía que la película necesitaba una fotografía más “violenta”, no con los tonos suaves que estaban obteniendo hasta entonces. Garmes, que había llegado a Hollywood a tiempo para estar tras la cámara en algunas de las pruebas de Vivien Leigh, rodó todo lo dirigido por Cukor, parte de lo de Fleming a comienzos de marzo e incluso preparó la iluminación para la toma de Escarlata en medio de los heridos, explicaba que estaban utilizando un nuevo tipo de negativo que brindaba esos colores no tan rechamantes que reclamaba Selznick.

Ernest Haller tomó el relevo para el resto de la película. Entre sus trabajos más recientes contaba Jezebel (Jezabel, 1938) la película de William Wyler de ambiente sureño (aunque situada cronológicamente antes de los sucesos que narra GWTW) con Bette Davis como heroína caprichosa, lo que pudo llevar a Selznick a inclinarse por él para hacerse cargo de la fotografía.

Lo curioso es que Haller no tenía ninguna experiencia con el Technicolor, pero no cabe duda de que aprendió pronto. De hecho, eran muy pocos los directores de fotografía con práctica en el nuevo sistema por aquellas fechas, así que todos estaban más o menos en la misma situación… y toda ayuda era bienvenida. Los “veteranos” en estas lides, como Ray Rennahan, asesoraban a los directores de fotografía titulares, con la omnipresente Natalie Kalmus como juez última de la calidad de los planos (según su criterio, claro).

Por suerte, tanto Garmes, como Haller, Rennahan y el resto del equipo de fotografía hicieron más caso a las directrices marcadas por la concepción visual de Menzies y la visión de Selznick que a los veredictos de la señora.

Haller supo darle al productor los tonos que quería, combinando los colores pastel que había conseguido Garmes con elecciones más dramáticas, resplandores y sombras… que componen un compendio de lo que podía hacerse con el Technicolor hasta entonces.

Tras la boda y la viudedad de Escarlata, Fleming y Garmes habían filmado la mitad de la secuencia de la biblioteca de Doce Robles. Haller comenzó con la llegada de los O’Hara a la plantación de los Wilkes. Aún quedaba mucho camino por delante...

domingo, 9 de marzo de 2008

Del celuloide a la cinta magnética

El 9 de marzo de 1985 es una fecha importante en la historia de Lo que el viento se llevó, pues corresponde al lanzamiento en vídeo doméstico de la película en Estados Unidos. Desde entonces se han sucedido las ediciones, en Laser Disc, Beta, VHS y más recientemente en DVD.

La MGM (por entonces conocida como MGM/UA) tenía los derechos de distribución y los había cedido a la CBS para la exhibición de la película en 1976, otro hito y otro éxito de audiencia. Ese compromiso con la pequeña pantalla había impedido que Gone With the Wind se lanzara en vídeo, aunque sí se realizó una edición reducida sólo para el mercado exterior, donde se vendía por 150 dólares. Esas videocassettes importadas se cotizaban muy alto en Estados Unidos, por lo que se decidió dar luz verde a la edición en el país, que fue la que llegó a las tiendas este día.

La productora cifraba la demanda en 250.000 mil copias, tanto para alquiler como para venta. Pero nada de lo que tiene que ver con GWTW es sencillo y, por supuesto, hay un par de anécdotas sobre este estreno en vídeo:

Unas semanas antes se descubrió que la copia que se iba a distribuir por todo el país incluía el prólogo de la edición internacional.

Es decir, que en lugar de las frases de Ben Hecht con el fondo de Dixie, que todos los Windies estadounidenses se sabían de memoria, lo que aparecía en pantalla era el texto que se utilizaba, por ejemplo, en España, y con las notas de Dixie, el Himmo de Batalla de la Répública, Bonnie Blue Flag y Old Folks at Home como música de fondo. Hubo que recoger todas las cintas que ya se habían repartido, unas 29.000, y volver a editar la película... sobre cintas vírgenes, faltaría más.

Esta operación tuvo un coste de 100.000 dólares. Por fin, Lo que el viento se llevó llegó a las tiendas y a los hogares en las mejores condiciones posibles por entonces: la MGM se preciaba de haber utilizado como máster una copia de la película que se había encontrado, como nueva, en una mina de sal en Kansas.

El público estaba ansioso por poder ver la película en su propio hogar, ya fuera en alquiler, con precios variables y con lista de espera, o comprándola, por 89,95 dólares. Pero no estaba de más hacer un poco de publicidad, y nada mejor que comprar un espacio publicitario en la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia del 25 de marzo. El vídeo era considerado por entonces una amenaza para el cine, y la Academia se mostró remisa a aceptar el anuncio en medio de su programa. Pero los fabricantes de la cinta y la CBS llegaron a un acuerdo y GWTW obtuvo un spot de 30 segundos justo antes de la entrega de los premios principales, por el que se pagaron 200.000 dólares.

sábado, 8 de marzo de 2008

A la caza del gazapo (VII)

Atardece en Tara. Gerald y Escarlata vuelven a casa, mientras discuten sobre los pretendientes más adecuados y el valor de la tierra. Gerald, vehemente, apoya su argumento moviendo la mano en la que lleva el bastón, cuya sombra cae sobre el rostro de Escarlata...

Cuando Gerald augura que el amor por la tierra llegará un día a su hija, la Selznick International nos ofrece una de las imágenes más características de Lo que el viento se llevó: padre e hija en silueta con los prados que llevan a Tara y la casa al fondo, mientras el sol se pone y se oye el espectacular "tema de Tara"...

¿Qué nos importa dónde se encontraba la luz principal en el plano anterior y dónde se encuentra ahora?

La magia de este instante no se rompe al conocer cómo fue rodado, porque aquí participó otro tipo de magia: la de los efectos especiales. Si bien Vivien Leigh y Thomas Mitchell son los que aparecen en el plano más corto, sus dobles ocuparon sus puestos para el contraluz. Jack Cosgrove unió este plano con sucesivos matte paintings* del árbol, la casa y el cielo, una tarea realmente complicada para que la necesitó la ayuda del Departamento de Matemáticas de la Universidad de California en Los Angeles.

*Matte paintings: dibujo sobre cristal de una parte de la imagen que se superpone al decorado y a otras imágenes parciales de manera que la cámara los tome en conjunto y se forme una imagen completa.

viernes, 7 de marzo de 2008

Azul para el riesgo

En el esquema de colores usado por Walter Plunkett para el vestuario de la película, el azul significa “peligro”, ya sea real o figurado:

  • El traje de montar de Bonnie.

  • El vestido de Escarlata cuando se encuentra con Ashley en el aserradero y son sorprendidos en actitud equívoca (vestido que era verde en la novela).

  • El traje que lleva Escarlata en el ataque en Shantytown.

  • El vestido del retrato de Escarlata en la habitación de Rhett en Atlanta.

  • El azul era el color del uniforme de los soldados del Norte, y, más en la novela que en la película, se presenta también como una amenaza para Escarlata, que no soporta su visión en ningún momento.

  • La hija de Rhett y Escarlata, bautizada con el nombre de dos emperatrices, es más conocida como Bonnie Blue, apodo que proviene de la comparación que hace Melania entre los ojos de la recién nacida y una de las banderas usadas por varios estados del Sur durante la guerra, la Bonnie Blue Flag (bella bandera azul).

  • Azules eran los ojos de Gerald, Cathleen Calvert y Bill Benteen.
  • Las cortinas del dormitorio de Escarlata en Tara y la cinta que ataba las cartas de Ashley a Melania y que Escarlata leía a escondidas también eran azules.

jueves, 6 de marzo de 2008

Butler Begins

Nuestro “canon” está compuesto de la novela de Margaret Mitchell, la película de 1939 y todo lo relacionado con ellas, sin abundar en las obras derivadas, pero no por ello podemos ser ajenos a los “efectos colaterales” de los originales, aunque en nuestro fuero interno recitemos aquello de "Francamente, querida..." (sobre todo después de haber pasado por la prueba del visionado de la funesta Scarlett)

Por eso nos hacemos eco hoy de la publicación en España de Rhett Butler, de Donald McCaig, novela a la que ya nos habíamos referido en una entrada anterior. Dejamos aquí varios enlaces con entradas y artículos sobre esta novedad editorial:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/mirada/viento/llevo/elpepucul/20080306elpepucul_2/Tes


http://www.papelenblanco.com/2008/03/05-rhett-butler-la-continuacion-de-lo-que-el-viento-se-llevo


Rhett Butler. Más allá de "Lo que el viento se llevó". La leyenda continúa...
¡Fiddle-dee-dee, vaya título y subtítulo...! Estaremos atentos a la siguiente precuela/secuela, sin duda titulada: Suellen: La venganza.

A la lectura pendiente (para "mañana", que, después de todo, es otro día...) de la obra de Ripley sumamos este nuevo volumen, pero invitamos a los lectores a que aporten su opinión.

miércoles, 5 de marzo de 2008

William Stack, el pastor en el hospital

La Selznick International Pictures era un estudio nuevo, creado a finales de 1935, y no tenía todavía grandes estrellas bajo contrato ni una larga nómina de actores, como ocurría, por ejemplo, en la MGM, que le llevaba 11 años de ventaja en el negocio y que se jactaba de contar "con más estrellas que el cielo".

Selznick, que prefería no deberle nada a nadie, optaba por crear él mismo a sus estrellas, establecer acuerdos con actores y actrices para un par de películas y recurrir a los préstamos entre productoras cuando era necesario. Para Lo que el viento se llevó consiguió a Gable a cambio de ceder la distribución a la Metro; logró a Olivia de Havilland porque la Warner quería a James Stewart, que tenía contrato con la SIP; Leslie Howard era más o menos un agente libre, y Vivien Leigh fue "el descubrimiento", aunque ya estaba contratada por Korda en Inglaterra.

El acuerdo con la Metro Goldwyn Mayer facilitó la inclusión en el reparto de GWTW de muchos de los actores bajo contrato con el estudio del león, desde aquellos que no alcanzaban la categoría de estrella pero estaban un peldaño por debajo, a los eternos secundarios, imprescindibles por su buen hacer, pasando por las jóvenes promesas a las que se estaba preparando para una carrera en el cine. Selznick amplió sus horizontes al resto de los estudios para completar el reparto de Gone With the Wind.

Había más de un centenar de papeles que cubrir, algunos mínimos, de apenas unos segundos en la pantalla... o simplemente como voz en off, pero todos fueron elegidos con el cuidado que se esperaba de una producción como la que había emprendido Selznick. Por eso encontramos en la película muchos rostros conocidos, a los que a veces no podemos unir un nombre, pero que son veteranos de docenas de películas.

Es el caso de William Stack, que nació el 5 de marzo de 1882, y al que vemos en el templo reconvertido en hospital en el que la viuda Hamilton cumple a regañadientes con sus tareas de enfermera.

El pastor al que interpreta Stack recita impertérrito el Salmo 23 para confortar a un herido, mientras la artillería deja caer su carga de manera tan indiscriminada que arranca un trozo de la vidriera a sus espaldas.

Como indica el autor de la biografía de William Stack en la IMDb, uno de los rasgos característicos de este actor era su bien cultivada voz, por lo que es muy posible que fuera elegido por ella para el papel en Lo que el viento se llevó.

Nacido en Oregon, de madre francesa y padre irlandés, Stack dejó la devastada San Francisco del terremoto para viajar a Francia, donde llegó a estudiar en la Sorbona, amplió sus conocimientos de música y empezó a intervenir en algunas obras.

Ya en Inglaterra se convirtió en actor a tiempo completo. En Londres entró en el Old Vic, que iniciaba en 1914 sus temporadas dedicadas a Shakespeare, e interpretó varias obras hasta 1922. Aunque había debutado en el cine en Inglaterra, no fue hasta volver a Estados Unidos cuando su filmografía empezó a crecer.

Aunque a menudo no aparecía en los créditos, Stack estaba siempre a mano para los papeles de juez, médico, abogado y oficial, en especial si eran británicos: un cazador en Tarzan and His Mate (Tarzán y su compañera, 1934), un juez en Mutiny on the Bounty (Rebelión a bordo, 1935), Lord Ruthven en Mary of Scotland (María Estuardo, 1936), un miembro del Parlamento en Parnell (Parnell, 1937)... Su último cometido fue en Confidential Agent, de 1945, cuatro años antes de su fallecimiento.

martes, 4 de marzo de 2008

Rojo para Escarlata

El rojo es un color que rivaliza con el verde en la novela. No en vano la tierra de Georgia del Norte, la de Tara, es de color rojizo, “la mejor tierra del mundo... aparte de la del condado de Meath, en Irlanda”. Para conseguir el tono adecuado en la película, W.C. Menzies, Lee Zavitz y Ray Klune usaron ladrillos pulverizados, que esparcieron por el decorado de Tara y Atlanta.

“Scarlett”, el nombre de la protagonista, no es más que una variación de “scarlet”, que equivale a “escarlata” en inglés, semejanza que recogieron acertadamente las versiones castellanas de novela y película.

Rojo es el cabello de los Tarleton y de Belle Watling (reforzado con el teñido).

Un intenso resplandor rojo envuelve a Escarlata y a Rhett en la secuencia de su primer beso cinematográfico, en el camino hacia Tara en plena huida de Atlanta. Selznick estuvo a punto de ordenar que volvieran a rodarla, porque no le gustaban aquellos tonos rojizos, pero se mantuvo sin cambios y ha llegado a convertirse en una de las más famosas imágenes de la película.

Las enaguas que Rhett regala a Mammy, como las hubiera deseado su vieja nodriza: almidonadas y rojas, para hacerle saber a Dios que había llegado al Cielo y que estaba, se supone, a su servicio para lo que quisiera mandar.

Walter Plunkett decidió utilizar este color en el vestuario para todo aquello que debía sugerir “aura de pecado”, lo que tuviera que ver con la pasión y la ruptura de las normas establecidas en cuestiones sentimentales; es lógico que así aparezca vestida Belle Watling, "esa mujer".

Escarlata emplea el rojo en todo o en parte en la despedida del permiso de Ashley, el vestido (que era verde en la novela) que Rhett escoge para ella para asistir a la fiesta de cumpleaños, la bata con la que baja las escaleras para encontrar a Rhett en plena borrachera, cuando convence a Ashley de que vaya a trabajar a Atlanta para ella y no a un banco en Nueva York, cuando revisa las cuentas de la tienda y se enfrenta a Frank...

También de color rojo era el interior del portafotos que guardaba la imagen de Ashley que Escarlata contempla a escondidas de su esposo.

La concepción visual de Menzies para dar unidad a la película tiene en el color rojo uno de sus puntales: evoca la sangre derramada en la guerra entre los Estados y también la pasión que consumía a los personajes principales.

lunes, 3 de marzo de 2008

Referencias musicales

Ya hemos visto que la frase Gone with the wind no se originó con la novela de Margaret Mitchell ni mucho menos; ya en la Biblia, como hace notar Marianne Walker en Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind Gone With the Wind, se hace referencia al viento que pasa y se lleva algo:

“Los días del hombre son como la hierba: él florece como las flores del campo; las roza el viento, y ya no existen más, ni el sitio donde estaban las verá otra vez.”(Salmo 103, versículos 15 y 16).

Pero la novela y la película y la fama que lograron han popularizado la frase hasta hacerla parte de la cultura popular y la mayoría de las veces en que la encontramos en cualquier medio es una alusión a la historia de Escarlata O’Hara, Rhett Butler y compañía. Podemos apostar con cierta seguridad a que, si nos encontramos con un “gone with the wind”, “se lo llevó el viento”, “lo que el viento se llevó” y otras variaciones en un libro, canción, artículo, película, cómic, anuncio… se trata de una referencia a las obras de Mitchell y de la Selznick International.

Así creemos que sucede en el musical de 1948 Kiss Me Kate, versión de La fierecilla domada de Shakespeare; la letra y música de las canciones es obra del gran Cole Porter, que no era nada remiso a mencionar nombres y lugares famosos en sus composiciones.

En Kiss Me Kate, que fue llevada al cine por la MGM en 1953. Petrucho, que acaba de casarse con una joven de genio muy vivo, muy voluble y cortejada por todos (no, no es Escarlata…) empieza a echar de menos su ajetreada vida de soltero y canta en Where Is the Life That Late I Led? (¿Adónde ha ido la vida que llevaba antes?):

“Where is the life that late I led?
Where is it now? Totally dead.
Where is the fun I used to find?
Where has it gone? Gone with the wind.”

(¿Dónde ha ido la vida que llevaba antes?
¿Dónde está ahora? Muerta por completo.
¿Dónde está la diversión que encontraba?
¿Adónde se ha ido? El viento se la ha llevado.)

Como corresponde a la época en que transcurre la acción, Porter hace rimar “wind” con “find”, usando la pronunciación arcaica de “wind".

No abandonamos el escenario de Kiss Me Kate porque ahora llegan Bill y Lois para interpretar Always true to you in my fashion (Siempre fiel a ti, a mi manera); él le reprocha sus devaneos y ella le asegura que puede estar segura de su amor; esta canción, inevitablemente, nos trae ecos del poema de Dowson de donde Mitchell recogió el título de la novela.

Claro que Porter estaba de un ánimo mucho más alegre que el poeta cuando languidecía por Cynara… Veamos una estrofa que contiene, además, una referencia a cierto galán intérprete de Lo que el viento se llevó:

“LOIS :
Mais je suis toujour fidèle, darlin', in my fashion,
Oui, je suis toujour fidèle, darlin', in my way.
Mister Gable,

(Pero siempre te soy fiel, querido, a mi manera,
Sí, siempre te soy fiel, querido, a mi manera.
Míster Gable.)

BILL:
You mean Clark?

(¿Te refieres a Clark?)

LOIS:
Wants me on his boat to park,
If the Gable boat
Means a sable coat,

(Quiere que me acomode en su barco,
si el barco de Gable
significa un abrigo de marta.)

BILL:
I know,
Anchors aweigh!

(Ya sé,
¡levemos anclas!)

LOIS:
But I'm always true to you, darlin', in my fashion,
Yes, I'm always true to you, darlin', in my way."

(Pero siempre te soy fiel, querido, a mi manera,
sí, siempre te soy fiel, querido, a mi modo.)

domingo, 2 de marzo de 2008

"Ya lo pensaré mañana" (IV)

La forma elegida para mostrar esta faceta de Escarlata es, en general, presentarla como un monólogo interior.

Sólo en dos ocasiones pronuncia literalmente las palabras en voz alta: una vez más, en la escena cumbre, en la plantación arrasada, uno de los momentos más intensos de la novela, sobre el que gravitan el pasado y el futuro de Escarlata.

La señora Mitchell ha ido dosificando hábilmente la evolución de su protagonista: por una parte asistimos al proceso de desmoronamiento de un mundo y, a partir de ese momento, se nos presentará la creación de otro.

La segunda ocasión, al final mismo de la novela. De nuevo el universo se cae a pedazos ante ella y se encuentra perdida. Por un momento se rinde, pero al instante vuelve su pensamiento a lo único que le queda, lo que le dará nuevas fuerzas: Tara.

En la película Escarlata usa también su infalible arma, “ya lo pensaré mañana”. Los guionistas conservaron esta peculiaridad del carácter de la heroína, y, aunque la frase en cuestión sólo aparece en tres ocasiones, en la secuencia inicial, tras el asesinato del desertor yanqui y como última frase de Escarlata, en la secuencia final, la poderosa fuerza del lenguaje cinematográfico hace que la idea permanezca con la misma eficacia que en la novela.

Escarlata no perderá jamás ese pueril optimismo y esa creencia en un mañana mejor como remedio a todos sus males. No, mientras conserve la fuerza nutriente de Tara.

No podemos pasar por alto que la primera intención de Margaret Mitchell era titular su novela Mañana será otro día, o emplear de alguna manera el término "mañana", una idea de la que tuvo que desistir para barajar otros nombres hasta que encontró el definitivo de Gone with the Wind, que, curiosamente, no nos remite al futuro, sino al pasado, al ayer.

sábado, 1 de marzo de 2008

Volver a empezar

El rodaje de Lo que el viento se llevó volvía a ponerse en marcha el 1 de marzo de 1939; Cukor quedaba atrás y Fleming se había puesto al día y contaba con un guión que era más o menos de su agrado.

El estudio había resistido el parón lo mejor que había podido. Se dice que Selznick recurrió a la cláusula en los contratos de seis meses de los actores que permitía un período de "descanso" de 6 semanas sin paga, para ahorrar los costes de los días en que GWTW estuvo parada. Los actores bromeaban diciendo que la película era tan realista que incluso se les pagaba con "dinero confederado" que, como bien sabía Escarlata, llegó a valer menos que el papel en el que estaba impreso.

Las fuentes nos dan dos fechas para la reanudación de la filmación y dos secuencias diferentes para ser captadas por las cámaras: o bien el día 1 o bien el día 2, bien con nuevas tomas de los planos del porche o bien con la barbacoa en Doce Robles.

Lo más probable, como indica Molt en GWTW on Film es que Fleming decidiera empezar por el principio el primer día del mes, con la tercera versión de Escarlata (todavía con el vestido verde) y los Tarleton (que no dieron una actuación satisfactoria) en el porche y, luego, el paseo de padre e hija por un renovado paisaje de Tara.

No cabe duda de que Victor Fleming se tomó en serio su nuevo cometido al frente de la producción. Había esperado unas largas vacaciones después de su trabajo en El mago de Oz, pero ya que sus planes se habían ido abajo, lo mejor era ponerse a la tarea con su vigor habitual. El apodo que le daban, no se sabe si cuando él estaba delante, era The Mad Monk (El monje loco), y su advertencia a los ayudantes de dirección Ridgeway Callow y Eric Stacey, tiene algo de fanatismo zarista:

"Me han dicho que sois el mejor equipo del ramo. Pero voy a llevaros al hospital antes de que termine esta película".

Fleming no sabía, claro, que sería él mismo el que tendría que tomarse un descanso unas semanas después, devorado por su propio ritmo y por las agotadoras circunstancias de la producción.

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