lunes, 4 de enero de 2010

La suerte de los audaces

Un vistazo al intercambio de mensajes entre las oficinas de la Costa Oeste y la Costa Este de la Selznick International Pictures desde mayo a bien entrado julio de 1936 nos da una ligera idea de que no fue fácil la negociación para hacerse con los derechos para llevar a la pantalla Lo que el viento se llevó.

Las demás productoras, casi sin excepción, también participaron en la pugna, con mayor o menor entusiasmo, pero se fueron descartando, desalentadas por lo que parecía un precio excesivo por la primera novela de una escritora desconocida.

Entre las muchas anécdotas que, como era de esperar, se relatan sobre la compra de los derechos, no puede faltar la que nos lleva a un supuesto cónclave de productores, alarmados por las consecuencias que podría tener la escalada de precios que estaban viviendo con GWTW: Si cada estudio continuaba superando la puja de los otros, ya fuera por orgullo o por estar convencidos de que el material valía la pena, se iba a llegar a una cifra nunca vista y, lo que era peor, se sentaría un precedente para futuras adquisiciones.

Así que… se escribirían los nombres de las productoras en sendos trozos de papel, se meterían en un sombrero, y el azar decidiría quién de los magnates se quedaba como único pretendiente a los derechos de adaptación de la novela de Margaret Mitchell. El “afortunado”, claro está, fue David O. Selznick.

Pero, si este pacto entre caballeros aconteció en realidad… ¿quién realizó una oferta de última hora por 55.000 dólares, que la escritora rechazó porque ya había dado su palabra a Selznick?

4 comentarios:

Alí Reyes H. dijo...

Margaret era una mujer de una sola palabra...Me gusta

caveat emptorium dijo...

"Ese acuerdo verbal no vale ni el papel en el que está escrito", frase que se atribuye (probablemente en falso) a Samuel Goldwyn, no rezó en este caso para Margaret...
Saludos

ethan dijo...

Eso si que era una burbuja y no la inmobiliaria.
Saludos y feliz año 2010!!

caveat emptorium dijo...

¡Feliz año, Ethan! Ya veo que has regresado de uno de tus viajes ;-)

Pues sí, los jefazos de los estudios podían hacerse perrerías mutuamente, pero se las arreglaban para formar un frente común como industria cuando les tocaban una de sus fibras sensibles: el dinero. La solidaridad no solía durar mucho, sin embargo.

Saludos

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