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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Una denuncia que quemaba

   En septiembre de 1937 Margaret Mitchell denunciaba a Billy Rose y la Frontier Fiesta por haber “pirateado” la novela sin permiso y con conocimiento.

     Se solicitó el embargo de los decorados, vestuario y partituras en tanto no se resolvía la cuestión.

    Rose declaró a la prensa que Margaret Mitchell no podía probar el plagio y apeló a que los incendios de mansiones han sido un tema recurrente en la literatura y el teatro desde tiempos inmemoriales. 

    Pero en el programa se mencionaban los nombres de varios personajes de Gone With The Wind, y en el escenario se interpretaba una versión muy cercana de la trama de la novela...





martes, 28 de abril de 2009

Una curiosa demanda

Margaret Mitchell temía que, con toda la publicidad sobre el extraordinario éxito de su novela, más pronto o más tarde alguien quisiera sacar provecho indebido de ella. Lo que no esperaba era que el primer intento tuviera un carácter tan tragicómico.

El plagio es un asunto muy serio, pero la demanda que se planteó a principios de 1937 sólo sirvió para que se supiera que los Marsh iban a plantear batalla allí donde lo creyesen necesario.

El 28 de abril de 1937 Susan Lawrence Davis, autora de una historia del Klan publicada en 1924, presentaba una denuncia por plagio contra Macmillan, como editores de GWTW. Argumentaba que Margaret Mitchell había empleado materiales y amplias partes de su trabajo y que GWTW copiaba el libro, sus fuentes y su investigación, con ligeros cambios para ocultarlo. Se solicitaba la entrega de las planchas y una indemnización millonaria.

John Marsh declaró inmediatamente que su esposa nunca había oído nada sobre el libro de la señora Davis y mucho menos lo había leído antes de que Gone With the Wind fuera publicado. Cuando se planteó la demanda los Marsh intentaron encontrar un ejemplar del libro de Davis, pero ni en las librerías ni en las bibliotecas de Atlanta había rastro de él.

Su preocupación inicial disminuyó un tanto cuando leyeron los cargos: el primero sostenía que Mitchell había escogido el “gris confederado” para las tapas de su novela, el mismo color empleado en el libro de Davis; seguían otras muchas apreciaciones que bordeaban el absurdo, como que en Lo que el viento se llevó se mencionaba al general Lee y se usaban los términos “carpetbagger” y “scallawag”, lo mismo que en el volumen de Davis, que parecía arrogarse la propiedad de esos términos.

Los Marsh se mantuvieron firmes en que el asunto llegara a los juzgados y rechazaron cualquier negociación fuera de los tribunales; el juez encargado del caso no vio razón para que la demanda se sostuviera y la desestimó a finales de julio.

lunes, 23 de junio de 2008

El viento en los tribunales

Tras la publicación de Lo que el viento se llevó en 1936 y hasta su muerte en 1949, Margaret Mitchell dedicó gran parte de su tiempo a proteger sus derechos como autora y a intentar que nadie sacara provecho indebido de su obra.

Sus esfuerzos sirvieron incluso para que Estados Unidos cambiara su política sobre derechos de autor al adherirse a los convenios internacionales. Mitchell persiguió las ediciones piratas de GWTW, trató de desenredar el jaleo que se había montado en muchos países durante la guerra, presentó demandas contra obras teatrales montadas sin su permiso… y dejó a sus herederos no sólo una mina de oro en forma de libro, sino su propio celo exacerbado por proteger sus intereses.

Los propietarios de los derechos de Gone With the Wind no dejan pasar ni una… pero no ganan siempre. Vemos un ejemplo:

Régine Deforges, escritora francesa autora de la novela La Bicyclette Bleue (La bicicleta azul), fue condenada a pagar dos millones de francos (400.000 dólares) a los herederos de Margaret Mitchell, además de sufrir la prohibición de la edición y explotación de su obra. La sentencia se hizo pública en diciembre de 1989, después de que el Trust Company Bank, entidad que poseía los derechos de GWTW, entablara una demanda dos años antes.

Aunque Deforges había indicado que se había inspirado en la novela de la señora Marsh y su intención era recrear Lo que el viento se llevó, las primeras cien páginas del primer tomo, publicado en 1982, fueron las que provocaron la acción judicial por parte de los herederos de la escritora americana.

La sentencia consideraba que existían muchas similitudes “en la intriga novelesca general, el plan del relato, la progresión dramática, las características físicas y psicológicas de los principales personajes, las relaciones que mantienen entre ellos, los trazos característicos principales de ciertos personajes secundarios, un gran número de situaciones características y los resortes dramáticos a los que obedece la acción”.

Pero los tribunales aceptaron el recurso de la escritora francesa unos meses después, pues consideraron que La bicicleta azul era una obra literaria original que, a pesar de tener un comienzo muy similar a GWTW, se desviaba después por completo de la novela de Mitchell.

El libro ya era un campeón de ventas en su país y había sido traducido al inglés en aquellas fechas. La adaptación al cine quedó en suspenso por estas peripecias en los tribunales, pero al final La bicicleta azul se convirtió años después en una miniserie. La acción transcurre en la Francia ocupada, y la Segunda Guerra Mundial es el telón de fondo de la historia de amor.

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