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miércoles, 17 de mayo de 2017

El destino de Scarlett y Rhett

Una carta de 1948 firmada por Margaret Mitchell revela su punto de vista sobre el futuro de la pareja que se separaba en las últimas páginas de Lo que el viento se llevó.

La autora de la novela afirmaba que las vidas de sus personajes terminaban en el último párrafo y para ella su destino era tan inescrutable como para el lector.

Casi nos parece un ligero tirón a las orejas del autor de una secuela de Gone With the Wind (empezando por ella misma).

martes, 20 de diciembre de 2016

Coste para los estudios cinematográficos


Los editores lo habían fijado en 100.000 dólares, que era una suma enorme tratándose de la primera novela de una escritora desconocida, Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, pero Annie Laurie Williams, la encargada de las negociaciones por parte de la editorial Macmillan, pensó que no había mejor manera de llamar la atención de las productoras, aunque las pujas en firme se iniciaran sobre un precio más bajo.

Universal no quiso saber nada. MGM y Paramount tampoco entraron en la carrera, en un principio. Jack Warner, ante la negativa de Bette Davis, desistió de realizar una oferta.

Darryl F. Zanuck, de Twentieth Century Fox, ofreció 35.000 dólares. Williams rebajó el precio a 65.000 dólares, al ver que las pujas no se sucedían como había esperado. La RKO, ante los ruegos de Katharine Hepburn, pujó por 45.000 dólares.

Selznick hizo su oferta final: 50.000 dólares. Williams se puso de acuerdo con Margaret Mitchell para aceptar esa cifra y aunque la RKO ofreció cinco mil dólares más, la escritora mantuvo su palabra de vender los derechos por 50.000 dólares. Mitchell firmó el contrato con la Selznick International el 30 de julio de 1936.

Existe una versión no oficial, como en tantos aspectos de GWTW: según Zanuck, él habría ofrecido 40.000 dólares y Paramount se unió a la subasta con 45.000, lo que obligó a la Fox a llegar a los 55.000; Mayer hizo reunirse entonces a los jefes de los estudios; escribieron sus nombres en trozos de papel que metieron en un sombrero y decidieron que el que saliera elegido compraría la novela. El papel llevaba el nombre de Selznick.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El viento sopla en el este

La novela de Margaret Mitchell acumuló traducciones a otros idiomas y se convirtió en casi todos ellos en un campeón de ventas.

En muchas ocasiones la edición no estaba autorizada, al menos hasta bien entrados los años 40, pero los lectores se las quitaban de las manos, a veces arriesgando un encontronazo con la ley, no sólo la que protege los derechos de autor, sino la dictada por sus propios gobiernos.

El Comité Central del Partido Comunista ruso no dio luz verde a la publicación de Lo que el viento se llevó en la Unión Soviética, pues consideró que ofrecía una versión distorsionada de la realidad del Sur de preguerra y mostraba una opinión favorable hacia las organizaciones racistas creadas tras la contienda.

El veto estuvo en vigor hasta 1982 y se levantó gracias a los esfuerzos de Tatiana Kudriavtseva, que logró conmover, con lágrimas incluidas, a los altos funcionarios del negociado censor para que autorizaran la traducción; así culminó un trabajo de 18 años y los dos tomos de Unesennye vetrom pronto alcanzaron ventas millonarias.

lunes, 22 de octubre de 2012

La herencia del viento

Cuando Margaret Mitchell falleció en 1949, su legado pasó a su esposo y, de éste, al hermano de la escritora que, a su vez, pasó el testigo a sus dos hijos.


Los Marsh no tuvieron descendencia directa, lo que no fue obstáculo para que, en 1986, cuando se anunció que se preparaba una secuela de Lo que el viento se llevó que se había encargado a Alexandra Ripley, los herederos de Margaret se vieran acosados por una insistente mujer que aseguraba ser nada menos que "Bonnie Blue", la hija de los Mitchell y, por lo tanto, la única legítimamente autorizada para decidir si habría o no una secuela y, por supuesto, recibir los beneficios correspondientes.

martes, 9 de octubre de 2012

Que pujen los otros

La novela de Margaret Mitchell ha desempeñado un papel más o menos importante en la vida de muchas personas desde su publicación; para algunos significó un éxito profesional, personal o financiero; a otros, su lectura les proporcionó horas de evasión (o de aburrimiento); a algunos les inspiró en su vida privada o laboral en un sentido u otro; en la biografía de cierta gente, Lo que el viento se llevó ocupa varios capítulos... y en la de otra, sólo una nota al pie.

Harry Bernstein se encuentra entre estos últimos, sobre todo porque su vida ha sido larga y provechosa: este director de revistas especializadas, articulista y escritor de novelas (la primera la publicó a los 96 años), trabajó durante un tiempo como lector de originales en varios estudios de cine. En esta posición se encontraba en 1936, cuando a su mesa llegó la tarea de leer y comentar GWTW; como se trataba de un libro de extensión más bien amplia y Harry tenía otros planes para el inminente fin de semana, se limitó a leer la sinopsis por encima y determinar que se trataba de "Una novela histórica más". Sus superiores, siguiendo su recomendación, se abstuvieron de entrar en la puja por los derechos para el cine, pero cuando el libro se convirtió en un campeón de ventas y en una propiedad cotizada... Bernstein fue despedido.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Scarlett y Rhett en sintonía

En 1936 la firma Sears Roebuck, conocida cadena de grandes almacenes y de venta por catálogo, celebraba su 50º aniversario con una serie de programas radiofónicos de una media hora de duración, bajo el título Sears Then and Now.

En el primer programa, que se emitió por la cadena CBS el 17 de septiembre de 1936, se dramatizan la invención del fonógrafo de Edison y su grabación de María tenía un corderito y el vuelo trasatlántico de Lindbergh, entre otras viñetas.

Además, Constance Bennett y Robert Montgomery interpretaron la escena en que Rhett propone matrimonio a Escarlata: era la primera vez que Lo que el viento se llevó llegaba a las ondas hertzianas.

La idea partió de la Selznick International y, probablemente al tratarse de un breve fragmento, no despertó las iras de la siempre vigilante Margaret Mitchell, que aún en 1949 recordaba que nunca había cedido los derechos para la radio o el teatro de GWTW y que no tenía intención de hacerlo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Viento para los molinos holandeses

En 1936 Margaret Mitchell sabía tanto de derechos de autor como Prissy de traer niños al mundo, pero pronto tuvo que ponerse al corriente de los entresijos legales, dispuesta como estaba a no permitir ningún uso indebido de Lo que el viento se llevó o a perder ni un céntimo de lo que en buena lid le correspondía.

La escritora aprendió sobre la marcha y planteó batalla allí donde lo creyó necesario, que fue en muchos sitios y el resto de su vida (y más allá).

Además de las demandas por plagio (a ambos lados del banquillo) también tuvo que ocuparse de gestionar sus derechos de autor a medida que la novela se editaba en diferentes países e idiomas.

Durante el primer año apenas hubo problemas al respecto pero, a finales de 1937 Mitchell se enteró de que GWTW se iba a publicar en Holanda pero sin que ella recibiera compensación alguna: la editorial holandesa se escudaba en que el libro se había publicado en Estados Unidos sin que hubiera una edición simultánea en uno de los países que se adherían al Tratado de Berna, lo que permitía la publicación sin contraprestación alguna.

El editor holandés argumentaba que la primera edición de Gone With the Wind llevaba la fecha de mayo de 1936… pero en ese mes la obra no se publicó en ninguna parte: la salida al mercado se retrasó hasta junio y el libro llegó simultáneamente a las estanterías de Estados Unidos y de Canadá, que sí reconocía el tratado, y, por lo tanto, la novela quedaba amparada por la legislación sobre derechos de autor.

Mientras se tramitaba el caso, los holandeses disfrutaron de los tres volúmenes de Gejaagd Door de Wind sin saber que su creadora no percibía ningún porcentaje de las ventas.

Edición holandesa de Lo que el viento se llevó

La guerra mundial retrasó todavía más una resolución satisfactoria para ambas partes en litigio, pero la paz también supuso un poco más de sosiego en el hogar de los Marsh, pues a finales del verano de 1945 la firma holandesa obtuvo autorización para publicar GWTW y accedió a abonar las cantidades pertinentes, incluso con carácter retroactivo.

El relato de este famoso caso no quedaría completo si no mencionáramos que el editor tuvo el detalle de enviar, durante varios años, bulbos de tulipanes para adornar la tumba de Margaret Mitchell.

Los tres tomos de GWTW, edición de Holanda

jueves, 10 de septiembre de 2009

"No usarás el nombre de Scarlett en vano"

El 10 de septiembre de 1937 Lo que el viento se llevó volvía a ser materia de litigio por vulneración de los derechos de autor (y no sería la última vez).

Margaret Mitchell se mostraba implacable y extremadamente puntillosa a la hora de salvaguardar su novela y sus prerrogativas como autora. Había concedido autorización a Selznick para la adaptación al cine, pero conservaba el resto de los derechos, y no quería dejar pasar nada para evitar que se crearan precedentes.


En esta ocasión la denuncia de la escritora atlantina iba en contra del empresario teatral, promotor de espectáculos y gran conocedor de la publicidad Billy Rose y la Frontier Fiesta por haber “pirateado” Gone With the Wind sin permiso y a propósito en un número de la revista Show of Shows, que se representaba en Casa Mañana, un fabuloso teatro al aire libre en Forth Worth, Texas. Se solicitaba el embargo de los decorados, vestuario y partituras en tanto no se resolvía la cuestión. El juzgado ordenó embargar un porcentaje de los ingresos que correspondían a Rose.

Rose declaró a la prensa que Margaret Mitchell no podía probar el plagio y argumentó, entre otras cosas, que los incendios de mansiones (sureñas o no sureñas) han sido un tema recurrente en la literatura y el teatro desde tiempos inmemoriales. Pero en el programa se mencionaban los nombres de varios personajes de GWTW, y en el escenario se interpretaba una versión muy cercana de la trama de la novela, aun con libertades sobre el argumento...

La revista continuó, pero su fecha de cierre se adelantó. Meses más tarde, el asunto se zanjó fuera de los tribunales: el promotor accedió a abonar a Mitchell 3.000 dólares, más 25.000 adicionales sin el futuro volvía a vulnerar los derechos de autor. Como la denuncia había sido contra el empresario y no contra el teatro y sus propietarios, Mitchell se disculpó por las molestias causadas a estos últimos enviándoles el ejemplar de Lo que el viento se llevó que se había empleado como prueba en el proceso.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Por un puñado de rublos

Escarlata y Rhett tienen una larga y azarosa vida más allá de las páginas finales de Lo que el viento se llevó, Scarlett, Rhett Butler y de las secuelas no autorizadas publicadas (o no) en inglés; pero para conocer estas otras aventuras el ávido lector tendrá que contar en su bagaje con conocimientos de ruso.

Desde hace años, un grupo de escritores rusos y bielorrusos publican secuelas de GWTW con el seudónimo conjunto de Yuliya Hilpatrik, y esos y otros libros de similar catadura vuelan de las estanterías casi a la misma velocidad con la que se producen. Eso sí, no tienen el beneplácito de los herederos de Margaret Mitchell ni de los editores que cuentan en su poder con los derechos de edición, que por el momento esperan en vano que las autoridades rusas tomen cartas en el asunto y tratan de desbaratar la tesis de que las secuelas y continuaciones no vulneran los derechos de autor.

Mientras tanto, los lectores de Moscú y alrededores han convertido en campeones de ventas títulos como El último amor de Escarlata, La llamamos Escarlata, El secreto de Escarlata O’Hara

Entradas relacionadas:
Secuelas de la novela
Más secuelas de Lo que el viento se llevó
Aún más continuaciones de Gone With the Wind
La misma historia, contada por Rhett Butler

sábado, 4 de abril de 2009

"Lo que el viento se llevó" influye en la guerra de precios y de ventas

El extraordinario éxito de ventas de Lo que el viento se llevó en su primer año de publicación sacudió el mundo editorial en Estados Unidos de diversas maneras.

El libro se mantuvo en los primeros puestos de las listas hasta bien entrado 1937, cuando Drums Along the Mohawk, de Walter D. Edmonds, le arrebató temporalmente la primera plaza (también fue dura la competencia con el libro How to Win Friends and Influence People, de Dale Carnegie), pero mantuvo la marca sorprendente de ejemplares vendidos en un determinado tiempo.

GWTW también haría historia en el campo de la propiedad intelectual, pues hasta entonces, con el país fuera del Convenio de Berna, los derechos en otras naciones presentaban complicaciones y agujeros legales que se convirtieron en la pesadilla de los Marsh, que dedicaron casi todo su tiempo a enmendar la situación en ese frente, mientras bregaban por otro lado con la cuestión de los impuestos; este último aspecto no se resolvería hasta años después.

Gone With the Wind fue instrumental, asimismo, en acabar con las guerras de precios: era habitual que ciertos establecimientos rebajaran el precio fijado por la editorial para atraer clientes, que podían así interesarse por otros productos de la tienda; así, cadenas de grandes almacenes y tiendas donde se vendían libros aunque no como producto principal, anunciaban precios cada vez más alejados de los 3 dólares fijados en principio por la novela, hasta llegar a cifras ridículas, con tal de hacer una venta entre los ávidos compradores (nadie quería quedarse sin un ejemplar).

Era una clara desventaja para las librerías “puras”, que pusieron una vez más el grito en el cielo, a coro con Macmillan; los editores comprobaban con estupor cómo algunos libreros no les compraban a ellos, sino a las tiendas donde el precio de GWTW estaba ya por debajo de lo que debían pagar a la editorial.

En 1937 entró en vigor una ley que regulaba la situación: fijaba un precio de venta mínimo e impedía los acuerdos de reventa entre minoristas.

lunes, 23 de junio de 2008

El viento en los tribunales

Tras la publicación de Lo que el viento se llevó en 1936 y hasta su muerte en 1949, Margaret Mitchell dedicó gran parte de su tiempo a proteger sus derechos como autora y a intentar que nadie sacara provecho indebido de su obra.

Sus esfuerzos sirvieron incluso para que Estados Unidos cambiara su política sobre derechos de autor al adherirse a los convenios internacionales. Mitchell persiguió las ediciones piratas de GWTW, trató de desenredar el jaleo que se había montado en muchos países durante la guerra, presentó demandas contra obras teatrales montadas sin su permiso… y dejó a sus herederos no sólo una mina de oro en forma de libro, sino su propio celo exacerbado por proteger sus intereses.

Los propietarios de los derechos de Gone With the Wind no dejan pasar ni una… pero no ganan siempre. Vemos un ejemplo:

Régine Deforges, escritora francesa autora de la novela La Bicyclette Bleue (La bicicleta azul), fue condenada a pagar dos millones de francos (400.000 dólares) a los herederos de Margaret Mitchell, además de sufrir la prohibición de la edición y explotación de su obra. La sentencia se hizo pública en diciembre de 1989, después de que el Trust Company Bank, entidad que poseía los derechos de GWTW, entablara una demanda dos años antes.

Aunque Deforges había indicado que se había inspirado en la novela de la señora Marsh y su intención era recrear Lo que el viento se llevó, las primeras cien páginas del primer tomo, publicado en 1982, fueron las que provocaron la acción judicial por parte de los herederos de la escritora americana.

La sentencia consideraba que existían muchas similitudes “en la intriga novelesca general, el plan del relato, la progresión dramática, las características físicas y psicológicas de los principales personajes, las relaciones que mantienen entre ellos, los trazos característicos principales de ciertos personajes secundarios, un gran número de situaciones características y los resortes dramáticos a los que obedece la acción”.

Pero los tribunales aceptaron el recurso de la escritora francesa unos meses después, pues consideraron que La bicicleta azul era una obra literaria original que, a pesar de tener un comienzo muy similar a GWTW, se desviaba después por completo de la novela de Mitchell.

El libro ya era un campeón de ventas en su país y había sido traducido al inglés en aquellas fechas. La adaptación al cine quedó en suspenso por estas peripecias en los tribunales, pero al final La bicicleta azul se convirtió años después en una miniserie. La acción transcurre en la Francia ocupada, y la Segunda Guerra Mundial es el telón de fondo de la historia de amor.

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