martes, 11 de septiembre de 2012
Francamente, querida...
miércoles, 8 de junio de 2011
Lo que importa es lo que importa
El 8 de junio de 1939 es el día de la filmación de la última escena entre Rhett y Scarlett, pero no es, de ninguna manera, el último día de rodaje de Lo que el viento se llevó.
Victor Fleming, tras la cámara, recuerda a Gable de utilizar el "no me importa nada" en lugar del "me importa un rábano" ("I don't give a damn") ya que había que mantener contenta a la asamblea que seguía las indicaciones de William Hays a la hora de las expresiones verbales.
Pero la secuencia tuvo que volver a ser rodada, incluyendo el famoso "rábano", para adherirse a la novela, un extremo al que Selznick gustaba de declararse fiel.
viernes, 22 de enero de 2010
La importancia y cuidado de los bledos
La recopilación de las traducciones de la última frase de Rhett Butler, por la que Selznick luchó tanto para que apareciera en la película tal y como lo hacía en el libro, con su famoso “damn”, es ya un clásico en Viento Escarlata.
Hoy aportamos a la colección la versión que encontramos en la edición española del libro Hitchcock y Selznick, de Leonard Leff, en donde el Frankly, my dear, I don’t give a damn se convierte en Francamente, querida, me trae sin cuidado.
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lunes, 30 de noviembre de 2009
Rhett hizo la mili en Móstoles
Josema y Millán nos ofrecieron muchas horas de carcajadas cuando formaban el dúo Martes y Trece. Desde el inolvidable sketch de la empanadilla (de Móstoles) al anuncio de la “bicicleta sin sillín”, del “homenaje” a Arantxa y Conchita el año prodigioso en que ganaron Wimbledon y Roland Garros a una actuación en plan Locomía, desde Gloria Fuertes a Tina Turner, desde un informativo de televisión a las campanadas de Fin de Año… lo parodiaron todo y asumieron múltiples personalidades en cientos de escenarios.
No podían dejar de dar su particular versión de dos de las escenas más famosas de Lo que el viento se llevó. Josema Yuste incorpora aquí a una Escarlata más bien larguirucha e indudablemente no muy bella, y Millán Salcedo hace doblete como Mammy y Rhett, con bledo incorporado.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Otra voz, la misma despedida
También en el doblaje italiano de Lo que el viento se llevó se emplea, como en el utilizado en España, una versión más suave del “damn” que suelta Rhett Butler para indicar con rotundidad lo que le importan los futuros movimientos de Escarlata (Rossella, en este caso):
“Francamente, me ne infischio”
“Me ne frego”, sería, tal vez, más adecuado como traducción literal, pero es mucho más duro… incluso para 1951, fecha de estreno de GWTW en Italia.
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La censura da su visto bueno
lunes, 28 de septiembre de 2009
Licencia para acaparar taquillas
La Oficina Hays concedía a Lo que el viento se llevó su sello de aprobación el 28 de septiembre de 1939.
A la película le correspondió el certificado número 5729 (la cuenta comenzó con The World Moves On (Paz en la tierra), en 1934, y continúa hasta ahora, muy cerca de las 45.000 películas “aprobadas”).
Con este marchamo de respetabilidad y aunque GWTW estaba aún sin terminar, Selznick y la MGM tenían la garantía de que la película podría exhibirse en los circuitos de salas más importantes.
Quedaban por luchar las últimas batallas por el controvertido “damn”, por supuesto.
Mientras, Rhett se despedía con un suave “I don’t care”, que había aplacado a los censores, los mismos que unos meses atrás habían ordenado que todos los “damn” que Leslie Howard lanzaba en Pygmalion se expurgaran de la banda sonora de la película para su exhibición en Estados Unidos, pero que habían permitido el uso de la palabra en cuestión en el corto The Man Without a Country (1937).
Por descontado, Gone with the Wind no es la primera película que empleó este vocablo: podemos encontrarlo tanto en la época silente como en producciones anteriores a la entrada en vigor del Código de Producción (por ejemplo, Greta Garbo pronuncia claramente la frase “I don’t give a damn” en Anna Christie), y ya vemos que en Inglaterra no se consideraba un término tan ofensivo para que mereciera la censura.
En Viento Escarlata tenemos varios frentes abiertos siempre a la colaboración de los lectores y la lista de diversas versiones de la última frase de Rhett Butler, tanto reales como imaginadas o las variaciones empleadas en otros medios, es una de nuestras favoritas. Nos encanta dar con una nueva traducción del “(Frankly) My dear, I don’t give a damn”.
lunes, 4 de mayo de 2009
Puigcorbé emula a Rhett Butler
En El amor perjudica seriamente la salud (1996) los personajes protagonistas no son Rhett y Escarlata, pero sí llevan años jugando al escondite, hasta que él zanja el asunto a la manera española:
"Francamente, querida, que te folle un pez"
Acto seguido, ella se apaña una falda con una cortina, por si no quedaba claro el guiño a Lo que el viento se llevó.
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Del "I don't care" al "I don't give a damn"
lunes, 2 de marzo de 2009
Amor sin barreras
La fama de Lo que el viento se llevó y el impacto de la última frase de Rhett Butler llegan hasta el más allá, como podemos comprobar en Corpse Bride (La novia cadáver, 2005).
La referencia es un poquito anacrónica, puesto que la acción de esta lírica película de Tim Burton se sitúa a finales del siglo XIX, unos cuantos años antes de que Mitchell y Selznick popularizaran la que se iba a convertir en la frase más famosa del cine, según la encuesta del AFI.
Hay un momento en que una pareja, que había estado separada por cuestiones de estado (físico), tiene ocasión de reencontrarse. La parte femenina pone ciertas objeciones a reanudar las relaciones, sobre todo porque él ha estado ausente quince años. Alfred no cree que eso sea un obstáculo: “Frankly, my dear, I don’t give a damn!", exclama, y se une con Gertrude en un abrazo apasionado, a los sones del tema de Tara.
El doblaje utiliza la variación “Francamente, querida, eso no me importa”, y la traducción en los subtítulos se inclina por “Francamente, querida, me importa un bledo”.
martes, 28 de octubre de 2008
Interjecciones favoritas
Un taco en el momento apropiado, si no se prodiga demasiado y tiene originalidad, es un pecadillo fácilmente perdonable. La Oficina Hays opinaba de diferente manera y, además del famoso “damn”, pidió a Selznick que no incluyera en Lo que el viento se llevó el “God’s nightgown!” (que en la traducción de la novela aparece como “¡Por Dios!, pero que literalmente sería “¡Por el camisón de Dios!”) que era el juramento preferido de Gerald O’Hara y que su hija había heredado.
En su lugar, la Escarlata cinematográfica debía usar “Great balls of fire!” (literalmente “¡Grandes bolas de fuego!” y traducido como “¡Qué disparate!” en el libro y como “¡Qué demonios!”, “¡Por todos los demonios!” o “¡Dios mío!” en el doblaje), que por lo menos sí empleaba en la novela.
Hay otras expresiones características en Gone With the Wind que los personajes usan cuando están enfadados, desesperados o asombrados. Rhett, que ha pasado, entre otros sitios, por West Point y montones de garitos y luego se unirá al ejército, lanzaría sin duda una buena colección de exabruptos, y de hecho, cuando se despide de Escarlata en el camino de Tara, emplea en la novela su frase favorita: “I don’t give a damn whether you do either…” (traducido como “Me importa un bledo que haga una cosa u otra…”).
A falta de este “damn” en la película, y, si afinamos mucho el oído, podemos escuchar la palabra prohibida en el coro de protestas de los hombres reunidos en el comedor; posiblemente tenían la orden de improvisar sus réplicas a discreción, y nada más apropiado, debió pensar alguno de los caballeros, que soltar un “Damn yankees!” (“¡Malditos yanquis”!) que queda casi oscurecido en mitad del jaleo.
Escarlata es más partidaria del “Fiddle-dee-dee!”, que podríamos trasladar como “¡Bah!”, “¡Pamplinas!”, “Tonterías”… y de vez en cuando lanza un “Mother of God!” (“¡Madre de Dios!”).
Hasta Melania se permite una pequeña salida de tono, tan impensable en ella que su cuñada no puede creerlo: cuando la señora Wilkes se pone del lado de su marido y de su cuñada ante los rumores de que Escarlata y Ashley son algo más que antiguos amigos, Melania termina diciendo “Stars Above!” (“¡Estrellas del cielo”!).
viernes, 13 de junio de 2008
Frankly, my dear, I don't...
Al hilo de la estupenda entrada de hace unos días sobre Lo que el viento se llevó en el siempre recomendable blog Switch Off and Let’s Go, que ha originado una interesante discusión, añadimos un capítulo más a la historia del "damn", la última palabra de Rhett Butler y que tanto ha dado que hablar.
Hay que recordar que en 1939 estaba vigente el Código de Producción, al que los principales estudios se adherían para evitar censuras exteriores a la industria. La Oficina Hays, como era conocida popularmente, trabajaba con las productoras partiendo del guión, lo que evitaba gastos, ya que si se detectaba algo “inapropiado” se podía corregir antes de que fuera filmado; lógicamente, si en la película terminada la Oficina detectaba cualquier cosa que atentara contra el Código y la negociación no prosperaba, había que volver a rodarlo.
Si la Oficina daba su visto bueno, la película recibía el correspondiente Sello de Aprobación, que le daba vía libre para ser exhibida en los circuitos comerciales habituales. Sin ese sello, el producto quedaba exilado a salas de segunda categoría, independientes, más escasas y dispersas y sin el respaldo de la publicidad de los grandes estudios, con las consiguientes pérdidas económicas.
En contra de lo que podría parecer, la Oficina estaba tan interesada en otorgar el Sello como podían estarlo las productoras, pues redundaba en beneficio de todos: se salvaguardaba la moral de los espectadores y todo el mundo ganaba.
Las palabras malsonantes, las maldiciones y los juramentos eran uno de los apartados que la Oficina miraba con lupa, y todos en la Selznick International eran conscientes de ello. Pero estaban preparados para la contingencia: en junio de 1939, cuanto llegó la corrección de Breen (el sucesor de Hays al frente de la defensa del Código), que conminaba a sustituir el "damn" que figuraba en el guión, se puso en marcha una elaborada estratagema, que incluía una maniobra de distracción y una de defensa. Ya se habían rodado dos versiones, una con “damn” y otra con “I don’t care”.
Se preparó una lista de posibles frases, pero todos sabían que era una causa perdida, porque Selznick estaba dispuesto a ser fiel hasta el final al texto de Margaret Mitchell: “My dear, I don’t give a damn” y la única variación que iba a permitir era añadir el “Frankly”, porque le parecía que le daba más vigor, más rotundidad. Entre esas opciones estaban cosas como “Me he retirado de la batalla”, “Mi indiferencia no tiene límites”, “Te puedes ir al infierno, por lo que a mí respecta”…
La decisión final de la Oficina dependía, por supuesto, del visionado de la película, y el metraje que se les mostró a los censores incluía la frase “Frankly, my dear, I don’t care” ("Francamente, querida, no me importa"). El sello de aprobación fue concedido a finales de septiembre.
Selznick buscó entonces apoyos para lograr la inclusión de la palabra prohibida, aunque supusiera un cambio en el Código, algo que era anatema para Hays, y jugándose la revocación del Sello. Confiaba en que a la Oficina no le convendría la mala publicidad de una marcha atrás.
El “I don’t care” se conservó incluso en el segundo pase sorpresa; Selznick preparó sus municiones para convencer a Hays de que el "damn" era permisible a aquellas alturas del siglo XX, que había sido usado en libros, revistas, largometrajes y cortometrajes en los años anteriores, que se utilizaba en GWTW no como una maldición o un juramento y que estaba unido de manera indisoluble a la novela más famosa de la década; apeló también a sus colegas de la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas (MPPDA) y convocó una reunión del máximo órgano de la censura cinematográfica para debatir el asunto.
Los argumentos expuestos por Selznick ablandaron poco a poco a la oposición, que encabezaba Hays, secundado por los responsables de Paramount, Universal y Fox; el único apoyo provenía de una parte con intereses en Gone With the Wind: Loew's, matriz de la MGM.
La agotadora sesión terminó con victoria para Rhett Butler: el Código podía modificarse, la Oficina iba a dejar pasar aquella palabra sin revocar el Sello a Gone With the Wind… pero Selznick tendría que pagar una multa por usar un término prohibido por el reglamento en vigor.
Una legendaria sanción de 5.000 dólares, muy lejos de los 25.000 que habría tenido que abonar de haberse atrevido a exhibir la película sin el famoso Sello.
sábado, 19 de enero de 2008
Harry Davenport, el doctor Meade
El 19 de enero de 1866 nacía Harry Davenport, el intérprete del doctor Meade.
Davenport era uno de los grandes actores de carácter de la época y quizás uno de los que más tiempo permaneció en activo. Provenía de una larga dinastía de actores, que todavía continúa. Su hijo Ned tiene un pequeño papel en GWTW: es el soldado manco que recoge las donaciones en el bazar, y su nieto, Dirk Wayne Summers, es el miembro más joven de la banda de música.
Debutó en el teatro a los cinco años, por lo que sabía de lo que estaba hablando cuando impulsó el sindicato de actores de teatro unos años después; dirigió e interpretó varias películas en los tiempos del mudo, y en el sonoro fue a menudo un pozo de sabiduría y bondad para los más jóvenes personajes a los que secundaba con acierto: The Sisters (Las hermanas, 1938), All this, and heaven too (El cielo y tú, 1940), Meet Me In St. Louis (Cita en San Luis, 1944), Little Women (Mujercitas, 1949)... son sólo algunos títulos de su amplia filmografía. Murió en 1949.
Antes de decidirse por Davenport, Selznick pensó en adjudicar el papel del doctor Meade a Lewis Stone o a Lionel Barrymore (que era cuñado de Harry).
Para nuestra referencia de hoy a Lo que el viento se llevó volvemos una vez más al cine: En Capricorn One (Capricornio Uno, 1978), el redactor jefe despide al reportero, que insiste que está tras la pista de lo que puede ser una importante (aunque increíble) noticia. El periodista argumenta: “¡No es lo que parece, te lo aseguro!”, pero su jefe replica: "Francamente, Escarlata, me importa un comino.” (En una secuencia anterior había quedado establecido que las referencias cinéfilas eran habituales entre ellos.)
jueves, 3 de enero de 2008
Francamente, querida, me importa un...
El viento nos llevó hoy a otro lugar de la blogosfera donde reservan un espacio a GWTW. La autora comenta, con razón, que la última frase de Rhett es una de las más famosas de la historia del cine; todo el mundo cita ese "Francamente, querida, me importa un bledo" que se corresponde al "Frankly, my dear, I don't give a damn" que pronuncia en inglés Clark Gable.
Otro día hablaremos de la historia del "damn" y del "Frankly", porque ahora nos asalta una duda: ¿de dónde ha salido ese "bledo" que todos recordamos unido a Lo que el viento se llevó desde hace décadas... y que, sin embargo, no aparece en las versiones en español (de España)? ¿O sí aparece?
Recapitulemos:
- En la película oímos: “Francamente, querida, eso no me importa”.
Con la censura que en la época sufría el cine en España era impensable que Butler utilizara una expresión más fuerte, que desde luego existe en castellano. - La traducción de la novela, a pesar de la mayor permisibilidad de la que disfrutaban los libros, optó también por la versión más suave:
“Querida mía, no se me da un ardite” (Aymá)
“Querida mía, me importa un comino” (Ediciones B) - “Francamente, querida, me importa un bledo” (Subtítulos de la Versión Original Subtitulada emitida por TVE, 2 de julio 1988) ¡Ajá!Aquí tenemos el bledo de marras.
- Como vimos en otra entrada anterior, los subtítulos de That’s Entertainment, Part II (Hollywood, Hollywood, 1976), emitida por La 2 en 1995, rezaban: "Red (sic), no te vayas, por favor, no le des tanta importancia", "Francamente, cariño, no se la doy."
- “Francamente, querida, non é cousa miña” (“Francamente, querida, no es cosa mía”. Versión doblada al gallego, emitida por Televisión Española en Galicia el 25 de julio de 1986)
- "Francamente, querida, maldita sea si me importa" (Traducción en Sex, Censorship and the Silver Screen. Episode Three: 99 and 44/100% Pure (Sexo de Cine. Episodio Tres: El ataque de los hombres tijera, 1995).
Agradeceríamos muchísimo que los lectores aportaran cualquier otra variación que conozcan y confirmen si, tal vez al otro lado del océano, la traducción de la novela y el doblaje de la película han utilizado el término "bledo"... que gana por goleada (más de 12.600 menciones en el buscador Google) al "eso no me importa" (sólo 155 menciones). Los escasos 20 años de la versión subtitulada a la que hacemos referencia unas líneas más arriba no parecen suficientes para haber dejado tanta huella y los subtítulos de la reciente edición especial en 4 DVD recuperan el "no me importa". Seguro que entre todos resolvemos el misterio con esta planta salsolácea.
Por cierto que los anglosajones tampoco se libran de recordar mal la cita, puesto que muchas veces nos encontramos con "Frankly, Scarlett..." en lugar de "Frankly, my dear"...
