domingo, 25 de agosto de 2019
Para vender el viento
miércoles, 20 de mayo de 2015
La imagen de George Carlson
El refrán dice que no debe juzgarse un libro por sus tapas, pero no cabe duda de que una cubierta atractiva es una parte importante para que el futuro lector se deje cautivar, sobre todo si desconoce al autor.
Era el caso de Margaret Mitchell, que se estrenaba en el mundo editorial con Lo que el viento se llevó.
Para ilustrar la cubierta de la primera edición de GWTW la editorial Macmillan designó a George Carlson, que, al contrario que sus sucesores en la tarea a partir de 1939, no pudo “inspirarse” en los actores que dieron cuerpo a los personajes de Mitchell y recurrió a su imaginación y a la tradicional imaginería sureña.
Conocido sobre todo por sus ilustraciones para libros infantiles e historietas en revistas para niños, Carlson abandonó por un momento el mundo sin reglas de la fantasía, donde era un maestro, para trazar los rasgos de una típica belleza del Sur acompañada de dos caballeros en un jardín de una mansión de inspiración helénico modernista. Suficiente para conjurar el ambiente y la época en los que comienza la acción de Gone With the Wind.
viernes, 6 de marzo de 2015
Escarlata inevitable
Sólo dura unos segundos, pero el comienzo de este anuncio de Vitalinea nos recuerda inevitablemente a Scarlett O'Hara, la protagonista de Lo que el viento se llevó, en el momento en que pone a Dios por testigo de que no volverá a pasar hambre.
"A todos pongo por testigo que nunca más voy a renunciar al postre", es la variación de la frase inmortal creada por Margaret Mitchell en 1936 y bien reproducida por la película de 1939. La presencia del tono de color escarlata y la referencia a la comida en todo el anuncio confirma la relación con Gone With the Wind.
jueves, 1 de marzo de 2012
El toque de Playmobil
Lo que el viento se llevó queda incluida en la lista de películas abordadas por aficionados al Playmobil, que han convertido escenas y carteles de 70 años en una llamativa trasposición en el denominado juego.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Para enmarcar
Muy pocas de las personas implicadas en la producción de Lo que el viento se llevó pudieron emplear la frase favorita de Escarlata ,“Ya lo pensaré mañana” y dormirse en los laureles. Aguijoneados por Selznick y la cercanía del estreno, a partes iguales, artistas, técnicos y administrativos se vieron obligados a realizar jornadas maratonianas para que su trabajo estuviera terminado a tiempo y con la calidad que se les exigía. Es justo reconocer que todos cumplieron las expectativas.
Armando Seguso, por ejemplo, dispuso sólo de tres semanas para tener listas las imágenes que iban a emplearse para la promoción de GWTW.
Este retratista reclutado por la MGM estaba a las órdenes de Hall Burrows, jefe del departamento, y ambos seguían las directrices de Howard Dietz, que estaba encargado de la publicidad de la película. El gran ilustrador produjo varios modelos de carteles (que acompañaron a Gone With the Wind durante veinte años, hasta que hubo un cambio de concepto), los carteles más pequeños que solían colocarse en los vestíbulos de las salas (lobby cards), diversos artículos promocionales y, en especial, cuatro retratos de los protagonistas imitando óleos. Los originales de Seguso alcanzan, merecidamente, altos precios en las subastas; por suerte, las reproducciones son más fáciles de conseguir.
domingo, 22 de febrero de 2009
David O. Selznick y su fiebre del oro
Hoy toca reparto de estatuillas doradas y la Academia se viste de gala una vez más. Es la noche de los Oscar.
Habrá algunos premios “cantados” y algunas sorpresas, tal y como ocurrió en 1940, el año en que compitió Lo que el viento se llevó.
En esa ocasión, aun con una cosecha de películas y actuaciones memorables, se daba por descontado que Vivien Leigh conseguiría el Oscar, como así fue, y que Gable se llevaría su segundo galardón; pero ahí saltó una de las sorpresas de la noche: Robert Donat fue premiado por su magnífica interpretación en Goodbye Mr. Chips (en especial por saber envejecer dignamente a lo largo del metraje).
No es que a Gable le preocupara demasiado, ya estaba contento con el reconocimiento de sus pares años atrás, pero fue una de las gotas que colmó su vaso en cuanto a sus relaciones con la MGM y con Selznick en especial, pues no se sintió apoyado por los estudios que le habían utilizado como un peón.
Tenía algo de razón: la Metro decidió respaldar a Donat en Adiós Mr. Chips porque era una cinta de la casa y no iban a pedir el voto para Gable en una producción ajena.
Al terminar la ceremonia y camino ya de la fiesta de celebración, Selznick le echó un fenomenal rapapolvo a Russell Birdwell, que había estado a cargo de la publicidad previa a la entrega de los premios:
“No sé por qué no nos llevamos el Oscar al mejor actor para Gable. Lo has dejado escapar; te equivocaste de campaña, porque de otro modo Gable lo hubiera tenido seguro”.
Birdwell, que normalmente no conocía límites en sus campañas publicitarias y se había dejado la piel en promocionar Gone With the Wind (¡que se había llevado 8 Oscar y varios premios especiales!), se sintió muy dolido y tardó en volver por el estudio, hasta que Selznick recapacitó y se disculpó:
“Me porté como un cerdo. Trabajé tanto y esperé tanto… Me volví avaricioso y lo quería todo.”
lunes, 7 de julio de 2008
Carole y sus ideas
El 7 de julio de 1938 Carole Lombard tomaba posesión de su cargo de jefa de publicidad interina de la Selznick International. Se trataba de una estratagema publicitaria montada por su buen amigo Russell Birdwell, compañero de la actriz en muchas trastadas que hacían sonreír a buena parte de Hollywood y levantar las cejas a los más circunspectos de los ciudadanos de la colonia cinematográfica. Birdwell era el titular real del puesto y se supone que contó con el beneplácito de su jefe, siempre partidario de obtener menciones en los periódicos para su estudio, sus actores bajo contrato y sus películas.
Lombard tenía una semana por delante para comprobar en carne propia lo que suponía gestionar una oficina de publicidad de una productora y se puso a la tarea con su habitual dedicación y humor travieso.
Entre sus tareas de esos días estuvo llamar la atención sobre El lazo sagrado, que era la película que Lombard estaba a punto de rodar, Los alegres vividores, que ya estaba lista para el estreno, y sacar el mejor partido de cierto problema de adjudicación de reparto que Selznick tenía con una película de ambiente sureño.
Para esto último, Carole llegó incluso a intentar recabar la opinión de Winston Churchill, el duque de Windsor, Eleanor Roosevelt, la actriz Maude Adams, H.G. Wells, George Bernard Shaw y otras personalidades señeras de todo el mundo sobre el rumor del momento, que era que Clark Gable y Norma Shearer iban a interpretar a Rhett y a Escarlata en Lo que el viento se llevó.
Sus llamadas fueron infructuosas y la encuesta no pudo llevarse a cabo: la actriz se quejaba de que no pudo pasar del tercer secretario del Duque y de que los demás “no estaban” cuando realizó la llamada telefónica.
La semana terminó con el nombramiento de Carole Lombard como alcaldesa honoraria de Culver City. No se le ocurrió otra cosa que declarar un día festivo; el personal del estudio se lo tomó al pie de la letra, para desesperación de Selznick.


