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martes, 20 de diciembre de 2016

Coste para los estudios cinematográficos


Los editores lo habían fijado en 100.000 dólares, que era una suma enorme tratándose de la primera novela de una escritora desconocida, Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, pero Annie Laurie Williams, la encargada de las negociaciones por parte de la editorial Macmillan, pensó que no había mejor manera de llamar la atención de las productoras, aunque las pujas en firme se iniciaran sobre un precio más bajo.

Universal no quiso saber nada. MGM y Paramount tampoco entraron en la carrera, en un principio. Jack Warner, ante la negativa de Bette Davis, desistió de realizar una oferta.

Darryl F. Zanuck, de Twentieth Century Fox, ofreció 35.000 dólares. Williams rebajó el precio a 65.000 dólares, al ver que las pujas no se sucedían como había esperado. La RKO, ante los ruegos de Katharine Hepburn, pujó por 45.000 dólares.

Selznick hizo su oferta final: 50.000 dólares. Williams se puso de acuerdo con Margaret Mitchell para aceptar esa cifra y aunque la RKO ofreció cinco mil dólares más, la escritora mantuvo su palabra de vender los derechos por 50.000 dólares. Mitchell firmó el contrato con la Selznick International el 30 de julio de 1936.

Existe una versión no oficial, como en tantos aspectos de GWTW: según Zanuck, él habría ofrecido 40.000 dólares y Paramount se unió a la subasta con 45.000, lo que obligó a la Fox a llegar a los 55.000; Mayer hizo reunirse entonces a los jefes de los estudios; escribieron sus nombres en trozos de papel que metieron en un sombrero y decidieron que el que saliera elegido compraría la novela. El papel llevaba el nombre de Selznick.

lunes, 4 de agosto de 2014

Doris Warner recibe negativas

Antes de que la Selznick International se hiciera con los derechos de adaptación al cine de la novela de Margaret Mitchell, los estudios de Hollywood y sus respectivos departamentos de lectura mostraron diferentes grados de interés por Lo que el viento se llevó; aunque sólo fuera por hacerse con el material para que nadie más tuviera acceso a él, casi todas las productoras formularon una oferta en cuanto les llegó la sinopsis o simplemente un rumor de que había una historia muy interesante a punto de publicarse.

Hubo algunas negativas que poco a poco se transformaron en pujas crecientes o, al revés, un elaborado cortejo de la agente encargada de la negociación que al final quedó en nada, y maniobras que quedaron cortadas de raíz.

Entre estas últimas se cuenta el acercamiento a GWTW de Doris Warner, hija de Harry y sobrina de Jack, en su papel de lectora para la Warner Bros., que consiguió una opción de dos semanas sobre la novela e intentó convencer a los hermanos para que la compraran.

Como sus esfuerzos con los Warner no tuvieron éxito, ni tampoco con su marido, Mervyn LeRoy, ni con la RKO, Doris se decidió a probar con una de las actrices mejor pagadas de la época y con mejor sentido comercial, Constance Bennett.

No sabemos a qué hora empezó, pero eran las tres de la mañana cuando Doris acabó de contarle el argumento a Constance, una hora en la que cualquier idea, como la de invertir 25.000 dólares en comprar los derechos de una novela inédita, puede parecer magnífica. De momento, Constance parecía interesada en poner la mitad de los 50.000 que se pedían por Gone With the Wind, pero luego, tal vez tras unas horas de sueño reparador, le pareció demasiado arriesgado.

lunes, 22 de abril de 2013

De Selznick a Warner

Aconsejado por sus abogados especialistas en impuestos, David O. Selznick vendió sus intereses en Lo que el viento se llevó a Whitney (que no habría querido vendérselos a él), por 2 millones de dólares.
Más tarde, Whitney y su hermana lo vendieron todo a MGM, con ganancias. La MGM obtuvo la propiedad completa de GWTW y Selznick no obtuvo dinero de los enormes beneficios que consiguió la película.
Turner Entertainment vendió sus derechos sobre Gone With The Wind a Warner.

martes, 9 de octubre de 2012

Que pujen los otros

La novela de Margaret Mitchell ha desempeñado un papel más o menos importante en la vida de muchas personas desde su publicación; para algunos significó un éxito profesional, personal o financiero; a otros, su lectura les proporcionó horas de evasión (o de aburrimiento); a algunos les inspiró en su vida privada o laboral en un sentido u otro; en la biografía de cierta gente, Lo que el viento se llevó ocupa varios capítulos... y en la de otra, sólo una nota al pie.

Harry Bernstein se encuentra entre estos últimos, sobre todo porque su vida ha sido larga y provechosa: este director de revistas especializadas, articulista y escritor de novelas (la primera la publicó a los 96 años), trabajó durante un tiempo como lector de originales en varios estudios de cine. En esta posición se encontraba en 1936, cuando a su mesa llegó la tarea de leer y comentar GWTW; como se trataba de un libro de extensión más bien amplia y Harry tenía otros planes para el inminente fin de semana, se limitó a leer la sinopsis por encima y determinar que se trataba de "Una novela histórica más". Sus superiores, siguiendo su recomendación, se abstuvieron de entrar en la puja por los derechos para el cine, pero cuando el libro se convirtió en un campeón de ventas y en una propiedad cotizada... Bernstein fue despedido.

lunes, 4 de enero de 2010

La suerte de los audaces

Un vistazo al intercambio de mensajes entre las oficinas de la Costa Oeste y la Costa Este de la Selznick International Pictures desde mayo a bien entrado julio de 1936 nos da una ligera idea de que no fue fácil la negociación para hacerse con los derechos para llevar a la pantalla Lo que el viento se llevó.

Las demás productoras, casi sin excepción, también participaron en la pugna, con mayor o menor entusiasmo, pero se fueron descartando, desalentadas por lo que parecía un precio excesivo por la primera novela de una escritora desconocida.

Entre las muchas anécdotas que, como era de esperar, se relatan sobre la compra de los derechos, no puede faltar la que nos lleva a un supuesto cónclave de productores, alarmados por las consecuencias que podría tener la escalada de precios que estaban viviendo con GWTW: Si cada estudio continuaba superando la puja de los otros, ya fuera por orgullo o por estar convencidos de que el material valía la pena, se iba a llegar a una cifra nunca vista y, lo que era peor, se sentaría un precedente para futuras adquisiciones.

Así que… se escribirían los nombres de las productoras en sendos trozos de papel, se meterían en un sombrero, y el azar decidiría quién de los magnates se quedaba como único pretendiente a los derechos de adaptación de la novela de Margaret Mitchell. El “afortunado”, claro está, fue David O. Selznick.

Pero, si este pacto entre caballeros aconteció en realidad… ¿quién realizó una oferta de última hora por 55.000 dólares, que la escritora rechazó porque ya había dado su palabra a Selznick?

martes, 14 de julio de 2009

La negativa de Thalberg

Las historias que rodean la publicación y adaptación al cine de Lo que el viento se llevó no forman un todo homogéneo, donde todas las piezas encajan a la perfección y cada detalle de interés está completamente explicado. Hay una riqueza enorme de anécdotas, que no siempre coinciden, y precisamente por eso es interesante sumergirse en el océano de detalles, porque accedemos a diferentes puntos de vista que, al final, forman un conjunto quizá confuso, pero muy atractivo.

Ya hemos citado en alguna ocasión que a Irving Thalberg, la “fuerza creativa” de la MGM hasta su muerte en septiembre de 1936, se le atribuye la famosa frase “Olvídelo, Louis. Ninguna película sobre la Guerra Civil ha dado nunca ni un centavo”.

Era una afirmación bastante cercana a la realidad, en lo que a la época sonora se refería, pero lo cierto era que el mismo Louis B. Mayer había tenido uno de sus primeros éxitos al hacerse con los derechos de distribución de Birth of A Nation.

Thalberg no era infalible, pero resulta extraño que desechara GWTW de una manera tan expeditiva. Quizás se ajuste más a la realidad otro relato que nos cuenta que el marido de Norma Shearer sí tuvo acceso a la novela de Margaret Mitchell (o al resumen elaborado por los lectores del estudio) y conocía el argumento porque uno de sus hombres de confianza, Albert Lewin, le había aconsejado que le echara un vistazo:

“Es larga, pero muy buena. Está hecha a la medida de Gable y la historia es a prueba de fallos”.

Thalberg estuvo de acuerdo, pero acababa de preparar, producir y supervisar películas del calibre de Mutiny on the Bounty y The Good Earth, y el cansancio de la aventura marinera, la plaga de langostas sobre China, sus desacuerdos con Mayer y los directivos en el Este, su delicada salud… habían hecho mella en él:

“¿Y ahora me pides que incendie Atlanta? ¡No! ¡De ninguna manera! No más épica para mí por el momento. Dame una sencilla comedia de salón…”

Thalberg no vivió lo suficiente para ver cómo la MGM, al fin y al cabo, sí conseguía sacar tajada de Gone With the Wind.

lunes, 6 de julio de 2009

El viento no tiene dueño

Margaret Mitchell se tomó muy a pecho el uso indebido o no autorizado de cualquier detalle relacionado con su novela, desde el título hasta sus personajes, argumento o frases originales.

Selznick no le fue a la zaga como defensor de sus propios intereses una vez que obtuvo los derechos de adaptación de Lo que el viento se llevó.

Todavía hoy los propietarios del libro y de la película se muestran muy celosos de sus respectivas propiedades; tuvieron dignos predecesores en la escritora y en el productor.

A principios de 1938 Selznick apuntó su artillería legal hacia el productor independiente Ted Toddy, que estaba filmando un documental sobre Atlanta y sus alrededores que iba a titularse Gone With the Wind Country (El país de "Lo que el viento se llevó").

David O. Selznick solicitó que se prohibiera a su colega emplear las palabras Gone With the Wind, porque podría dañar a su compañía y a la película que estaba preparando y en la que ya se habían invertido más de 300.000 dólares; añadía que Margaret Mitchell le había cedido a él los derechos cinematográficos sobre su novela, lo que impedía cualquier otra película basada en GWTW (los títulos no pueden registrarse, pero no cabe duda de que si en un corto plazo se estrenan dos películas con igual o similar denominación, la primera en llegar a las salas tiene cierta ventaja).

Toddy arguyó que también él había invertido una suma importante en su rodaje, a través del que pretendía dar una visión de la región, que se trataba de un documental y que no iba a referirse a ninguna Escarlata O’Hara, Tara o similares, que la frase Gone With the Wind era ya patrimonio popular, que ya se empleaba a menudo para referirse a aquella parte del Sur y que Mitchell, por supuesto, no la había inventado.

No le faltaba razón, sobre todo cuando clamaba que Selznick buscaba también dar publicidad a su película, pero lo cierto es que Gone With the Wind Country no aparece en su filmografía...

miércoles, 11 de febrero de 2009

Los expertos ayudan a Selznick tomar una decisión

Aguijoneado por Kay Brown, la jefa del departamento editorial del estudio en la Costa Este, Selznick no encontraba tiempo para leer la amplia sinopsis de Gone With the Wind que le habían enviado desde Nueva York, y la pasó a tres personas de su mayor confianza para que le dieran su opinión.

¿Podría hacerse una película con aquel material? ¿Podría hacerse una buena película?...

Val Lewton, Silvia Schulman y su futuro esposo Ring Lardner Jr. fueron los elegidos y se pasaron entre sí una copia en papel carbón que contenían la historia de Escarlata O’Hara.

La secretaria personal del productor quedó encantada y recomendó a Selznick que le diera una oportunidad a la novela. Y si se la leía primero, mejor.

Lardner, que debutaba como lector, objetó que Lo que el viento se llevó presentaba un punto de vista francamente parcial al bando confederado y no retrataba con objetividad los hechos reales, además de exaltar a los esclavistas y las organizaciones racistas; no se manifestó en el aspecto puramente literario de la obra o en su potencial para pasar al cine.

Lewton calificó de mediocre la prosa de Margaret Mitchell y opinó que no merecía la pena filmar una película sobre la novela, pues la empresa perdería dinero.

Selznick hizo caso omiso de la mayoría y se guió por la corazonada del bando femenino. Su interés por GWTW aumentó varios enteros…

miércoles, 30 de julio de 2008

Selznick compra "Lo que el viento se llevó"

Selznick tomó la decisión de comprar los derechos de adaptación al cine de Lo que el viento se llevó en la primera semana de julio de 1936, pero el contrato no se firmó hasta el 30 de julio.

Margaret Mitchell se había tomado unos días de descanso y no estaba en Atlanta, a donde Macmillan había enviado los papeles. Su esposo, John Marsh, los revisó en cuanto llegaron con su puntillismo habitual y descubrió dos cosas que no iban a gustarle a Margaret: una vez firmado el contrato, no tendría derecho a aproba el guión ni a vetar cualquier variación que el estudio considerara oportuna con respecto a la novela.

Mitchell no tenía intención de inmiscuirse en el trabajo de otros, ni de escribir el guión o participar en la selección de los intérpretes, pero quería que Selznick le garantizara que la película iba a ser fiel al libro en cuanto a los acontecimientos históricos, el final, la personalidad de los personajes y los acentos que empleaba cada uno de ellos…

El padre y el hermano de Margaret, que eran abogados, revisaron también el contrato, pero las objeciones con las que la escritora viajó a Nueva York a finales de mes no prosperaron y Mitchell, aunque dedició vender los derechos a Selznick tal y como había acordado la agente contratada por Macmillan, también resolvió desde aquel mismo momento que no tendría nada que ver con la película y que la responsabilidad de cualquier cambio, error o fracaso del producto final sería de Selznick, extremo que no se olvidó de remarcar en numerosas ocasiones. Ella les había advertido de que la novela era imposible de adaptar y, ya que no habían aceptado sus condiciones, se desentendía de los problemas que pudieran tener.

El precio de venta fue de 50.000 dólares, la cifra más alta pagada hasta entonces por el cine por la primera novela de un escritor desconocido, pero Margaret Mitchell sólo recibió 45.000: Macmillan y la agente Annie Laurie Williams, a la que Margaret guardaba pocas simpatías, se repartieron la comisión por la gestión.

martes, 20 de mayo de 2008

"Todos los estudios han mostrado interés..."

El 20 de mayo de 1936 es una fecha importante en la historia de Lo que el viento se llevó. En ese día Selznick recibió un teletipo enviado desde su oficina en Nueva York y firmado por Kay Brown, responsable del departamento encargado de encontrar historias factibles de convertirse en películas.

El mensaje establecía la primera conexión entre el estudio y la novela y, aunque tardaría un poco en decidirse, Selznick entraba en contacto con GWTW. Iba a ser un “cortejo” difícil, pero el entusiasmo de Kay Brown por la historia fue fundamental para que el estudio participara en la puja por los derechos de adaptación.

La Universidad de Texas en Austin nos permite echar un vistazo a ese teletipo:

“Hemos enviado por correo aéreo una sinopsis detallada de Lo que el viento se llevó, por Margaret Mitchell, y también un ejemplar del libro a Val [Lewton]. Es una historia de la Guerra Civil y una magnífica posibilidad para Miriam Hopkins o Margaret Sullavan. Va a ser la selección de Julio del Club del Libro del Mes y pasa de las mil páginas y creo que es por eso que todos piensas que va a ser otro Anthony Adverse.

Todos los estudios han mostrado interés, uno de ellos hasta el extremo de hacer una oferta de 25.000 dólares cuando oyeron la historia que les contaba alguien que iba a hacer la crítica. Le hemos dicho a Macmillan, los editores, que usted ha estado buscando una historia sobre la Guerra Civil contada desde un punto de vista diferente y les hemos pedido no tomar una decisión antes del lunes de la semana próxima; por lo tanto, me gustaría que le prestara atención cuanto antes.”

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