Anécdotas sobre "Gone With the Wind" ("Lo que el viento se llevó")
Lectura "recomendada"
La selección de la Escarlata ideal
¿Has leído "Se las llevó el viento"?
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De nuevo citamos una lista más de las elaboradas por el American Film Institute (AFI). En este caso, se nos muestran 10 de los títulos estadounidenses con banda sonora más recordada por el público y los críticos especializados.
De la relación no podía faltar Lo que el viento se llevó, que se ve acompañada de músicas tan inolvidables como las de Lawrence de Arabia, Laura, Los siete magníficos, Chinatown, El padrino...
Los resultados de una encuesta popular ponen a Lo que el viento se llevó, faltaría más, en la selección de películas de todos los tiempos con una banda sonora memorable.
En esta ocasión Max Steiner se ve acompañado de partituras fruto de los geniales Bernard Hermann, Elmer Bernstein, John Barry, John Williams o Ennio Morricone, por citar solamente a los más clásicos.
Un magnífico relato nos lleva de la mano por el camino de 80 años de banda sonora en el cine de mayor repercusión en el público en general, y no podemos evitar el recordar y tararear cada música cada vez que se le hace referencia...
La lista comienza con Lo que el viento se llevó, que firmó Max Steiner en 1939, y se cierra con una parada en 2017 para pasar por Dunkerque, que lleva la autoría de Hans Zimmer. El recorrido musical nos ha llevado por La misión, de Ennio Morricone, Memorias de África, de John Barry, Superman, de John Williams, El padrino, de Nino Rota... hasta detenernos otra vez con Steiner, que nos deja en Casablanca.
El 13 de noviembre de 1939 Selznick le escribía a Jock Whitney sobre varios temas relacionados con el rodaje de Lo que el viento se llevó, y la composición musical fue uno de ellos.
El productor se centró en el trabajo de Herbert Stothart (jefe del departamento musical de la MGM) para la película, en la que debería estar Max Steiner en plena labor. Unos cuantos tragos de más para Herbert le llevaron a hacer público que era él el encargado de arreglar el trabajo de Steiner, un cotilleo que hizo enfadar severamente al compositor, que regresó a Hollywood y aseguró que el día 14 la productora contaría con más de la mitad de la película musicalizada.
Por otra parte, los ejecutivos de la MGM no pudieron ponerse de acuerdo en las labores en las que Stothart estaba trabajando, lo que les llevó a un tumultuoso desencuentro que, probablemente, no se calmó hasta que la Academia lo proclamó vencedor por la composición de El mago de Oz, la triunfadora de los Oscar.
La Selznick International Pictures contó con
un compositor de lujo para acompañar a la imagen de la productora al comienzo
de las películas: Alfred Newman aportó las ocho campanadas y la fanfarria de
siete notas que oímos también en Lo que el viento se llevó, sobre los
fotogramas de la fachada del estudio y el letrero donde se lee el nombre del
joven estudio y, aunque no colaboró en GWTW, si firmó la partitura de The
Prisoner of Zenda para Selznick.
Newman, que nació el 17 de marzo de
1901, fue un niño prodigio y un pródigo compositor de bandas sonoras, además
de compositor de canciones, arreglista y director musical en el cine y en el
teatro (dirigió obras de Gershwin, Kern, Rogers y Hart…).
Entró en el cine
acompañando a Irving Berlin a principios de los años 30 y trabajó para varios
estudios durante la década hasta convertirse en director musical de la
Twentieth Century Fox en 1940 (suya es la conocidísima fanfarria que ha llegado
a identificarse tanto o más con el cine en general que con la propia
productora).
Ya en los años 60, libre de su contrato con el estudio, siguió
ofreciendo sus servicios a las productoras y cerró su carrera el mismo año de
su muerte (17 de febrero de 1970) con la banda sonora de Airport (Aeropuerto),
donde aún están presentes sus características sinfónicas, pero en la que Newman
había incluido referencias jazzísticas que recordaban que el veterano
compositor no había perdido nunca el contacto con la música popular.
Alfred Newman cosechó 83 candidaturas a los
Premios de la Academia, fue candidato 20 años consecutivos al Oscar y lo
consiguió en nueve ocasiones; con su hermanos Emil y Lionel, también
compositores, ha legado no sólo su música sino también su talento a la
siguiente generación de la familia, pues al menos 3 de sus hijos, su sobrino,
Randy, y su sobrino nieto Joey han seguido sus pasos. Newman puede ser llamado sin rubor “Alfredo el Grande”; basta con recordar
algunas de sus obras más conocidas para constatar su brillantez y valía: Gunga
Din (1939), Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1939), How Green Was My Valley (¡Qué verde era mi valle!, 1941), The Black
Swan (El cisne negro, 1942), Leave Her to Heaven (Que el cielo la juzgue, 1945), Captain from Castile (El capitán de Castilla, 1947), All About
Eve (Eva al desnudo, 1950), Love is a Many Splendorous Thing (La colina del adiós, 1955), How the West Was Won
(La conquista del oeste, 1962), The Greatest Story Ever Told (La historia más grande jamás contada, 1965)…
Betty Comden y Adolph Green formaron un brillantísimo tándem de escritores, con éxitos inolvidables en Broadway y Hollywood, como Auntie Mame, On the town, Singin’ in the Rain o The Band Wagon .
Su habilidad con las palabras queda demostrada en esta versión condensada (y en verso) de Lo que el viento se llevó, que formaba parte del espectáculo que ellos mismos interpretaron a finales de 1958 y principios de 1959, una revista a modo de antología titulada A Party with Betty Comden & Adolph Green:
“Scarlett O'Hara's a spoiled pet, She wants everything that she can get. The one thing she can't get is Rhett. The End.”
(Escarlata O’Hara es una chiquilla mimada. Quiere todo lo que se le antoja. Lo único que no puede conseguir es a Rhett. Fin.)
Lo que el viento se llevó aparece incluida en el muy interesante recuento que hace el libro Cien bandas sonoras en la historia del cine, que, como su nombre indica, recoge cien películas maestras en la mayoría de sus detalles artísticos y particularmente en su banda musical.
Roberto Cueto no sólo dedica unas páginas a Gone with the Wind, sino que une la película de Victor Fleming y la composición de Max Steiner a Memorias de África(Out of Africa, 1985).
Max Steiner contó con inestimable ayuda para poder terminar a tiempo la banda sonora de Lo que el viento se llevó. Entre los compositores que contribuyeron a la partitura se cuenta Heinz Roemheld, que partió de las ideas y del estilo del maestro vienés para crear la música que acompaña a las imágenes en un par de momentos. Tan indistinguibles son las aportaciones que los propios implicados no tienen muy claro quién hizo qué, pero a Roemheld se le atribuye “la huida de Atlanta”.
Nacido el 1 de mayo de 1901 en Wisconsin, Heinz Eric Roemheld dio muy pronto pruebas de su talento para la música y con apenas 19 años, mientras estudiaba en Europa, ya tocaba en la Filarmónica de Berlín. Inició su contacto con el cine al acompañar la proyección de películas, con grabaciones en las que dirigía y tocaba él mismo el piano. Tras una breve estancia en Alemania en calidad de director de las salas que la Universal regentaba en el país, volvió a América e inició ya su carrera como compositor de bandas sonoras, una tarea que le tuvo muy ocupado hasta que en 1964 decidió dedicarse a la composición en el sentido más clásico. Falleció el 11 de febrero de 1985.
Roemheld trabajó para casi todos los grandes estudios, al frente de sus respectivas orquestas y sus partituras para el cine superan las 400. Citaremos sólo un puñado:All Quiet On the Western Front (Sin novedad en el frente, 1930), The Invisible Man (El hombre invisible, 1933), I’m no Angel (No soy ningún ángel, 1933), Imitation of Life (Imitación de la vida, 1934), Yankee Doodle Dandy(Yanqui dandy, 1942), The Lady from Shanghai (La dama de Shanghai, 1947), o Ruby Gentry (Pasión bajo la niebla, 1952),con su famosa canción "Ruby" convertida en todo un estándar.
Entre 1938 y 1939 cuatro notas rondaban por la cabeza de Max Steiner, que las dejó salir y llegar a la partitura en diferentes formas, hasta alcanzar la apoteosis del Tema de Tara en Lo que el viento se llevó.
Con el frenético ritmo de producción que llevaba el compositor, no es extraño que se citara a sí mismo, sacando provecho a la inspiración con el aconsejable método de no descartar nunca nada, guardar las ideas en la recámara y darles un nuevo aire cuando la ocasión lo requiera.
Así, si escuchamos la banda sonora de They Made Me a Criminal (Me convirtieron en un criminal), que se estrenó en enero de 1939, la encontraremos un tanto familiar ya desde los créditos iniciales:
Tal y como ocurre hoy día, las canciones se hacían muy pronto populares en la época en que está ambientada la novela y no es extraño que los personajes de Lo que el viento se llevó entonen o escuchen algunas de las más famosas composiciones de sus tiempos, repetida una y mil veces por soldados y civiles hasta llegar a lo más recónditos parajes de la nación dividida; la nostalgia, la tristeza y el dolor tiñen muchas de esas canciones, pues ya parecía muy lejano el tiempo los bailes y la felicidad.
Hay un extraño placer en escuchar música triste cuando los ánimos están bajos y en el verano de 1864 en la Atlanta sitiada se oían a menudo las notas de My Friend, más conocida por su primer verso, Your letter came, but came too late (Su carta llegó, pero lo hizo demasiado tarde).
La letra la compuso un prisionero confederado, el coronel Hawkins, que respondió con sus versos a la carta dirigida a un compañero prometido a una joven y que murió antes de recibir la misiva; el desafortunado joven no pudo enterarse de que la señorita en cuestión no había podido esperarle más:
“Your letter came, but came too late
For Heaven has claimed its own;
Ah! sudden change from prison bars
Unto the Great White Throne.
And yet I think he would have stayed
For one more day of pain,
Could he have read the tardy words
Which you have sent in vain.
Why did you wait, fair lady,
Through so many a weary hour?
Had you other lover with you
In that silken dainty bower?...”
(“Su carta llegó, pero lo hizo demasiado tarde,
porque el Cielo ha reclamado lo suyo:
¡Ah! Repentino cambio de los barrotes de la prisión
al Gran Trono Blanco.
Y sin embargo creo que se habría quedado
Por un día más de dolor
Si hubiera podido leer las tardías palabras
Que usted ha enviado en vano.
¿Por qué esperó, bella señorita,
tantas horas fatigosas?
¿Acaso estaba con su otro amor
en esa bonita enramada?...”)
Para su encuesta de 2005, el American Film Institute consultó a más de 500 estudiosos de la historia del cine, críticos, músicos, compositores y artistas para que eligieran la banda sonora (score) más memorable de la historia del cine americano.
El resultado encumbró a John Williams como el compositor más popular: tres de sus partituras se encuentran entre las 25 más queridas, y encabeza la lista con su legendaria música para La guerra de las galaxias.
En esta ocasión Lo que el viento se llevó cedió ante el poder de La Fuerza, pero la composición de Max Steiner consiguió un honroso segundo lugar, por delante de la música de Maurice Jarre para Lawrence de Arabia, la de Bernard Herrmann para Psicosis, la de Nino Rota para El Padrino, la de Williams para Tiburón, la de Raksin para Laura, la de Elmer Bernstein para Los siete magníficos, la de Jerry Goldsmith para Chinatown y la de Dimitri Tiomkin para Sólo ante el peligro, por citar el pelotón de cabeza.
Los votantes habían de tener en cuenta que la música debía ser original y pertenecer a una película de la época sonora y, además, aportar elementos emocionales que enriquecieran la historia que se cuenta en imágenes; también se debía prestar atención a aquellas composiciones que representaban un avance artístico y la capacidad para evocar las imágenes a las que acompañan cuando se escuchan por separado.
Ajena al revuelo que causaría su actitud en las décadas siguientes, Escarlata se despereza “a la mañana siguiente” y canta unas palabras de la canción Ben Bolt.
En el doblaje para España no se recurrió a una traducción literal de esta composición datada en 1848 de Nelson Kneass sobre un poema de 1842 de Thomas Dunn English, y lo que oímos es “El mancebo cantaba en su triste prisión, cantaba una dulce canción…” que todavía no hemos logrado identificar y que no se corresponde en absoluto con lo que entona Vivien Leigh:
“Who wept with delight when you gave her a smile and trembled with fear at your frown…"
("Que lloraba con agrado cuando le sonreías y temblaba con miedo si fruncías el ceño"), unos versos de la primera estrofa:
“Oh! don’t you remember sweet Alice, Ben Bolt
Sweet Alice, with hair was so brown;
She wept with delight when you gave her a smile,
And trembled with fear at your frown.
In the old church yard, in the valley, Ben Bolt,
In a corner obscure and alone,
They have fitted a slab of granite so gray,
And sweet Alice lies under the stone.
They have fitted a slab of granite so gray,
And sweet Alice lies under the stone.”
(“¡Oh! ¿No te acuerdas de la dulce Alice, Ben Bolt?
La dulce Alice, con el pelo tan castaño,
Que lloraba con agrado cuando le sonreías
Y temblaba con miedo si fruncías el ceño.
En el patio de la vieja iglesia, en el valle, Ben Bolt,
En un rincón oscuro y solitario,
Han colocado una losa de granito muy gris
Y la dulce Alice yace bajo la piedra.”)
Escarlata huye del hospital bastante harta de sus obligaciones como enfermera. En medio del caos de la población que escapa de la ciudad se distingue un coro de voces potentes que entonan Go Down, Moses (Desciende, Moisés).
Son los esclavos, cedidos por sus amos al ejército, que van a reforzar las defensas de Atlanta. Entre ellos Escarlata encuentra varias caras conocidas y detiene la formación para una breve conversación con los esclavos de Tara; luego reanudan la marcha y el cántico.
Se trata de un espiritual negro, tomado de una canción popularizada primero por los esclavos que conseguían escapar y luego entre todos ellos como una tonada de trabajo y de anhelo por la libertad; está basada en el texto bíblico del Éxodo, que se refiere al mandato de Dios a Moisés para que fuera a Egipto a liberar a los israelitas esclavizados, y el paralelismo es obvio:
“When Israel was in Egypt's Land, Let my people go, Opressed so hard they could not stand, Let my people go.
Go down, Moses, Way down in Egypt's Land. Tell ol' Pharoah, Let my people go.”
(“Cuando Israel estaba en Egipto, deja marchar a mi pueblo Tan oprimido que no podían soportarlo, Deja marchar a mi pueblo.
Desciende, Moisés, A la tierra de Egipto. Dile al viejo faraón: Deja marchar a mi pueblo.”)
En 1954 Mack David puso letra al Tema de Tara compuesto por Max Steiner para la banda sonora de Lo que el viento se llevó.
Con el título de My own true love (Mi verdadero amor), se convirtió en una canción de éxito con multitud de versiones, como la de Jimmy Clanton, la de The Duprees (que alcanzó el puesto número 13 de la lista en 1962), Margaret Whiting, Connie Stevens, José Carreras, Nana Mouskuri…
Aunque la música esté dedicada al hogar de los O’Hara, la letra nos habla de una historia de amor humano, de encontrar por fin al ser amado (lo cual encajaría muy bien con GWTW si el relato terminara cuando Escarlata se da cuenta de a quién ama realmente…)
“My own true love
My own true love
At last I've found you
My own true love
No lips but yours
No arms but yours
Will ever lead me
Through Heaven's doors
I roamed the Earth
In search of this
I knew I'd know you
Know you by your kiss
And by your kiss
You've shown true love
I'm yours forever
My own true love"
(“Mi verdadero amor,
mi verdadero amor,
Por fin te he encontrado,
Mi verdadero amor.
Sólo tus labios,
Sólo tus brazos,
Me llevarán
A través de las puertas del cielo.
Recorrí el mundo
Buscando esto,
Sabía que que te reconocería
Por tu beso.
Y con tu beso
Has mostrado amor verdadero
Soy tuyo para siempre
Mi amor verdadero”)
Atlanta, aunque agobiada por la guerra, estaba al tanto de las novedades musicales y Escarlata podía así conocer una popularísima (aunque triste) canción para acompañar la velada que la tía Pitty ofrecía a algunos de sus vecinos y amistades (y también Rhett Butler, al que sólo ella recibía ya) en mayo de 1864.
La canción que Escarlata escogió para iniciar su recital no pudo ser más desafortunada y, a la primera estrofa, Fanny Elsing, que había perdido su novio en batalla, la interrumpe. No era para menos, porque Somebody’s Darling relata la llegada a un hospital de un soldado moribundo.
La letra es un poema de Marie Revenel de la Coste, de Savannah, al que puso música John Hill Hewitt, “el bardo de la Confederación”.
"Into a ward of whitewashed walls
Where the dead and dying lay...
Wounded with bayonets, shells and balls...
Somebody's darling was borne one day.
Somebody's darling! so young and so brave!
Wearing still on his pale, sweet face...
Soon to be hid by the dust of the grave...
The lingering light of his boyhood's grace..."
(“A una sala de encaladas paredes,
Donde reposaban los muertos y moribundos,
Heridos por bayoneta, mortero o bala,
Llevaron un día a alguien querido.
¡El amor de alguna! ¡Tan joven y tan valiente!
Llevando todavía en su rostro pálido y dulce,
Que pronto cubriría el polvo de la tumba,
Trazos de la luz de su gracia adolescente…”)
La idea de vender la banda sonora de una película como apoyo promocional no caló hasta 1959, con el éxito de la grabación de la música de Ben-Hur con Miklos Rosza al frente de la Roma Symphony.
Era inevitable que se hiciera algo similar con Lo que el viento se llevó: ese mismo año se editó la banda sonora, con la autorización y los arreglos de Max Steiner, con la London Sinfonietta bajo la batuta de Muir Mathieson y bajo el sello de la Warner.
En la grabación se empleó el sistema estéreo Vitaphonic y está dividida en dos suites que suman unos 37 minutos. Además de en vinilo y en casete, hoy se puede encontrar en CD, donde, como “relleno”, se añaden 8 pistas con diferentes y muy conocidos temas de otras películas.
Una versión que recomendamos para escuchar hoy mismo, por ejemplo, cuando Olivia de Havilland celebra un nuevo cumpleaños (crucemos los dedos, que vaya semanita que llevamos...)
Cualquier esfuerzo era poco para contribuir a sufragar los gastos de la guerra, y las señoras de Atlanta competían, en los primeros tiempos de la contienda, por organizar los mejores y más fructíferos eventos para recaudar fondos. Margaret Mitchell nos da un ejemplo al describir una “velada artística” patrocinada por la señora Elsing en la que participan Escarlata y Melania.
La adaptación cinematográfica nos deja sin el espectáculo de ver y oír a las dos cuñadas interpretando un par de canciones y a Escarlata encarnando el Espíritu de la Confederación, pero podemos imaginarlas fácilmente.
The Dew is on the Blossom es una de las dos piezas del repertorio de este inusual dúo. Era una de las canciones favoritas de J.E.B. Stuart, que cantaba aires populares incluso en el fragor de la batalla.
El rocío sobre los capullos es una serenata compuesta en 1850; la letra se atribuye a una incógnita Amelia y la música a E. Thomas.
“The dew is on the blossom And the young moon on the sea. It is the twilight hour The hour for you and me. The time when memory lingers Across life’s dreary track When the past floats up before us And the lost comes stealing back…”
(“El rocío cae sobre los capullos y la creciente luna está sobre el mar. Es la hora del crepúsculo, El momento en que el pensamiento vaga Por el desolado sendero de la vida. Cuando el pasado flota ante nosotros Y lo perdido vuelve a hurtadillas…”)
Con la colaboración de la compañía Turner, Rhino lanzó en 1996 una lujosa edición de la banda sonora de Lo que el viento se llevó que parte de la música original de la película; a través del máster de 1939, del que se pudieron encontrar 36 de las 37 bobinas, se procedió a la restauración que se presenta en dos CD, acompañados de un folleto de 52 páginas con la historia de GWTW y su música.
En esta ocasión se superan las 2 horas y 20 minutos de audición; los oyentes más jóvenes echarán de menos el estéreo y la aséptica limpieza de las grabaciones digitales de hoy, pero esta edición no debe faltar en las estanterías de un Windie; se descubren detalles que quizás han pasado inadvertidos bajo la potencia de las imágenes y el diálogo y tomas alternativas que no llegaron a la versión final; por el momento, es la edición más fiel y completa de la que disponemos, sin menoscabar la calidad y el cariño del resto de los esfuerzos realizados a lo largo de los años. La referencia es Rhino Movie Music R2-72269
Cuando Gerald O’Hara alcanzaba ciertos niveles de alegría, con o sin la ayuda de las bebidas espiritosas, se lanzaba a cantar y, lógicamente, sus preferencias se inclinaban hacia los aires irlandeses. En al menos tres ocasiones diferentes el padre de Escarlata entona en la novela una famosa canción de la época, The Low Back'd Car(que Margaret Mitchell transcribe como Peg in a Low Backed Car).
No es difícil imaginar a Gerald con esta canción en los labios, tal y como acostumbraba hacer cuando volvía de un día en los tribunales de Jonesboro, camino de la fiesta de los Wilkes o de vuelta a casa de tía Pitty después de una pequeña juerga con Rhett, o, más trágicamente, en su última, alcohólica y desesperada cabalgada:
"When first I saw sweet Peggy, 'Twas on a market day, A low-backed car She drove, and sat Upon a truss of hay; But when that hay was blooming grass, And decked with flowers of Spring, No flow'r was there That could compare With the blooming girl I sing."
(“La primera vez que vi a la dulce Peggy era un día de mercado; estaba en un carrito [de respaldo bajo] sentada sobre un montón de heno. Pero cuando aquel heno Era todavía verde hierba Y se adornaba con flores en primavera, No existía flor Que pudiera compararse Con la chica de la que canto...”)
Es una composición del escritor y retratista Samuel Lover (irlandés protestante) datada en 1846, que se basa en la tonada tradicional The Jolly Ploughboy (o The Pretty Plow Boy).
Como en la mayoría de las facetas de la producción de Lo que el viento se llevó, la creación de la banda sonora de la película debió de ser algo digno de ser visto (pero a través del ojo de una cerradura, para que no nos reclutaran para colaborar, por el bien de nuestro sistema nervioso) y es también una muestra del talento de todos los implicados, que también en este departamento fueron muchos.
Recordemos que Max Steiner trabajaba contra el reloj: la fecha del estreno ya estaba fijada y disponía de apenas tres meses para dotar de música a GWTW, aparte de sus compromisos con otras películas.
Una vez que tenía sus ideas plasmadas como era su costumbre, la línea orquestal en cuatro pentagramas, con indicaciones de las principales líneas melódicas y con sus correspondientes anotaciones, entraban en acción los orquestadores.
En un principio Steiner contaba sólo con su orquestador habitual, Hugo Friedhofer, pero a éste se le empezó a acumular el trabajo y hubo que reclutar a cuatro colegas más que, bajo su coordinación, trasladaron las ideas del compositor a cada instrumento: Reginald Bassett, Bernhard Kaun, Maurice de Packh y Adolph Deutsch.
Joseph Nussbaum se encargó de los arreglos, y un ejército de copistas puso todas las notas necesarias a disposición de la orquesta. Todo ello bajo la supervisión de Lou Forbes, jefe del departamento de música del estudio.