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viernes, 30 de junio de 2023

Más de un millón de lectores

    Un año después de su publicación, según información datada el 30 de junio de 1937, se habían vendido ya 1.350.000 ejemplares de Lo que el viento se llevó

    Macmillan tenía razones para abrumar con cifras: una venta media de 3.700 libros al día, lo que suponía más de 28.000 a la semana.

    Y el interés del público por la novela de Margaret Mitchell no parecía decrecer, porque entre mayo y junio de ese año se habían vendido 50.000 ejemplares...



jueves, 28 de abril de 2022

Sin fuentes reconocibles

El día 28 de abril de 1937 Susan Lawrence Davis, de Washington D.C. y autora de Authentic History of the Ku Klux Klan 1865-1877, presentaba una denuncia por plagio contra Macmillan, como editores de Gone With The Wind. Argumentaba que Margaret Mitchell había empleado materiales y amplias partes de su trabajo, que Gone With The Wind copiaba el libro, sus fuentes y su investigación, con ligeros cambios para ocultarlo. Se solicitaba la entrega de las planchas y una indemnización millonaria. John Marsh declaró que su esposa nunca había oído nada sobre el libro de la señora Davis (que era hija de uno de los fundadores del Ku Klux Klan) y mucho menos lo había leído antes de que Gone With the Wind fuera publicado. Cuando se planteó la demanda los Marsh intentaron encontrar un ejemplar del libro de Davis, pero ni en las librerías ni en las bibliotecas de Atlanta había rastro de él. Sí dieron con la obra de Davis en New York, un libro ya usado (era de 1924) del que leyeron varios pasajes.

lunes, 14 de agosto de 2017

Crear la novela


La gestación de Gone with the Wind está tan cuajada de peripecias como la vida de Escarlata O’Hara: en 1926, para entretenerse mientras se recuperaba de un tobillo roto, "leídos todos los libros de las bibliotecas, excepto los de ciencias exactas", Margaret Mitchell había empezado a escribir la historia

“de una chica que era algo así como Atlanta, parte del Viejo Sur, parte del nuevo Sur; cómo floreció como Atlanta, cayó como ella para resurgir de nuevo; lo que Atlanta le hizo y lo que ella le dio a Atlanta y el hombre que era mucho más que una pareja para ella. Cogí todo eso y lo metí en un ambiente que conocía tanto como el mío propio”.

Durante los tres años siguientes continuó “a pequeños empujones”: su artritis le impedía a menudo avanzar tan deprisa como deseaba, no quería que nadie supiera que estaba escribiendo o qué escribía (cubría la maquina con una toalla cuando había visitas), los compromisos sociales la alejaron de su escritorio cuando su salud mejoró... y cuando los Mitchell se mudaron de casa, Lo que el viento se llevó no era más que un conjunto informe de cuartillas mecanografiadas en las que se mezclaba la historia con recetas de cocina y textos que nada tenían que ver con ella y que fueron a parar al trastero. Otro accidente la llevó de nuevo a rescatar las peripecias de aquella tal “Pansy O’Hara”, pero en 1929, a falta del capítulo inicial y otros dos intermedios, Peggy recobró su vida social y su novela parecía destinada a dormir el sueño de los justos.

Finalmente, en 1935 sacó su montón de folios inconexos del armario donde los había encerrado y en un confesado momento de debilidad los entregó a Harold Latham, un editor de la Macmillan que recorría el Sur en busca de material publicable.

La insistencia de su marido y de Latham y un comentario de otra escritora aficionada consiguieron que Peggy Mitchell, picada en su amor propio, se decidiera a recolectar los paquetes por toda la casa, reescribir en una tarde la que creía la mejor versión de las seis que existían del primer capítulo, y presentarse en el hotel del editor, que se iba esa misma noche de la ciudad y que tuvo que comprar una maleta nueva para poder transportar el voluminoso legajo[1]. La escritora se arrepintió casi inmediatamente de haberse dejado llevar por su orgullo y pidió que le devolvieran el original, pero la historia estaba ya en marcha.

En abril de 1935 Latham le pidió permiso a la señora Mitchell para que la editorial pudiera considerar la historia para publicar. Pasado ese examen con buena nota, llegó el momento del contrato, que la escritora firmaría a principios de agosto para ponerse a trabajar de inmediato en las correcciones que le parecían necesarias.

Esa labor la llevaría a finales de enero de 1936, meses que empleó entre otras cosas en cambiar el nombre de su protagonista (Pansy O’Hara se convirtió en septiembre de 1935 en Scarlett O’Hara), el de la casa de su padre (Fontenoy Hall pasó a ser Tara), el de su madre (Eleanor D’Antignac por Ellen Robillard), escribir un nuevo comienzo (que sería revisado varias veces), decidir de qué forma moría el segundo marido de Escarlata, encontrar el título definitivo, recabar la colaboración de Wilbur Kurtz y de la Biblioteca Carnegie de Atlanta para que la cronología y los detalles de la guerra fueran correctos, repasar los censos para que los nombres de los personajes no coincidieran con ninguna persona que hubiera vivido en aquel período y aquella zona ...

Después llegó el turno de repasar y devolver las galeradas, lo que M. Mitchell hizo por entregas hasta la última semana de marzo de 1936.
Apenas 15 días después ya estaban listos algunos ejemplares para ser distribuidos a críticos especializados y a las compañías cinematográficas.



[1] Para complicar más las cosas, entre los folios de lo que sería Lo que el viento se llevó iba también otra novela, Ropa Carmagin. La editorial la consideró demasiado breve y planteó sus dudas sobre la conveniencia de publicar al mismo tiempo dos trabajos de una escritora todavía desconocida. Margaret Mitchell no permitió su publicación posterior y destruyó el original.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Novela en Bretaña

Dos editoriales lucharon en Gran Bretaña por los derechos para imprimir Lo que el viento se llevó en esa parte del océano Atlántico. En 1936 salió vencedor (sobre Collins) el futuro primer ministro Harold MacMillan, que comentó: "Debo confesar que ha sido más divertido, pero también más duro, en todo lo que he tenido que trabajar desde que estoy en el negocio."

Uno de los lectores de MacMillan comentó, con desmayo, de la grandeza del libro, y describió a Escarlata O'Hara como una "egoísta e inatractiva chica para el lector", pero admitió que cuando se termina la novela uno siente que ha dejado un círculo de gente a la que ha conocido a lo largo de toda su vida.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El viento sopla en el este

La novela de Margaret Mitchell acumuló traducciones a otros idiomas y se convirtió en casi todos ellos en un campeón de ventas.

En muchas ocasiones la edición no estaba autorizada, al menos hasta bien entrados los años 40, pero los lectores se las quitaban de las manos, a veces arriesgando un encontronazo con la ley, no sólo la que protege los derechos de autor, sino la dictada por sus propios gobiernos.

El Comité Central del Partido Comunista ruso no dio luz verde a la publicación de Lo que el viento se llevó en la Unión Soviética, pues consideró que ofrecía una versión distorsionada de la realidad del Sur de preguerra y mostraba una opinión favorable hacia las organizaciones racistas creadas tras la contienda.

El veto estuvo en vigor hasta 1982 y se levantó gracias a los esfuerzos de Tatiana Kudriavtseva, que logró conmover, con lágrimas incluidas, a los altos funcionarios del negociado censor para que autorizaran la traducción; así culminó un trabajo de 18 años y los dos tomos de Unesennye vetrom pronto alcanzaron ventas millonarias.

lunes, 20 de enero de 2014

La editorial se prepara

En la lista preliminar "Spring Announcement" lanzada por la editorial MacMillan de cara a 1936 figuraba la novela de Margaret Mitchell, la cuarta entre las denominadas "cinco grandes novelas".

Su título figuraba como "Come With the Wind" y el ejemplar enviado a Mitchell por la editora Lois Dwight Cole establecía que el error sería corregido en la lista final.

La fecha de publicación se fijaba en 21 de abril de ese año, y el precio sería de 2.50 dólares.

lunes, 24 de junio de 2013

Lo que el viento se llevó de la novela

El marido de Margaret Mitchell pasó un comunicado a la editorial MacMillan en el que se refería a los capítulos que no iban a imprimirse, pero que habían formado parte de la novela antes de ser enviada a los editores.
John Marsh mencionó la parte de 30 páginas dedicada a relatar el préstamo de Rhett Butler a Hetty Tarleton para que comprara nuevos caballos para la familia que dirigía su madre; un capítulo que versaba sobre el ataque de Sherman a Atlanta; unas ocho páginas que narraban el regreso de Mammy a Tara y otras tantas centradas en la tía Pitty lamentando sus pérdidas en la guerra; se suprimió también el detalle de describir a una chica sureña al principio de Lo que el viento se llevó y se condesaron las secciones dedicadas a personajes secundarios después de la guerra.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Tiempo para leer

David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.



Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.


Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.


Selznick's Vision: "Gone With the Wind" and Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.


The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.


Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.


Road to Tara, por Anne Edwards. (Biografía de Margaret Mitchell)


George Cukor, por Patrick McGilligan.


"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt.


A Child of the Century, de Ben Hecht. (Autobiografía)


Margaret Mitchell and John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.


They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr. (Autobiografía)


Long Live the King, por Lyn Tornabene. (Biografía de Clark Gable)


Vivien Leigh, de Hugo Vickers. (Biografía actualizada en 2008)


The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.


A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard. (Biografía de Leslie Howard, por su hija)


Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.


Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.


Stuntman, por Yakima Canutt. (Autobiografía)


Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.


Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.


Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.


The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.


Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell. (Autobiografía)


Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson.


*Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.


Tara Revisited, por Malcolm Vance.


The Oliviers, por Felix Barker.


Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff.


The Complete "Gone With the Wind" Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel.


Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.


*In Search of My Father, por Ronald Howard. (Biografía de Leslie Howard, por su hijo)


Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott.


The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas.


Selznick: The Man Who Produced "Gone With the Wind", por Bob Thomas.


The Selznick Players, de Ronald Bowers.


Scarlett O’Hara’s Younger Sister y *I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes. (Autobiografías)


A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.


George Cukor, por Augusto M. Torres.


Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.


Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.


Lo que el viento se llevó, Fascículo 1 de la colección Cine & Música, de Salvat.


The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.


The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", por David O’Connell.


Lo que el viento se llevó, Aymá, 11ª Edición, Barcelona, 1978; Ediciones B, Barcelona, 1992; Pan Books, 1988.


El vuelo de Ibis, por José Rey-Ximena. (Sobre los últimos días de Leslie Howard).


Crowning Glory: Reflections of Hollywood’s Favorite Confidant, por Sydney Guilaroff. (Autobiografía)


The Official "Gone With the Wind" Companion: The Authorized Collection of Quizzes, Trivia, Photos- And More, por Stephen J. Spignesi.


Million Dollar Legends Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Martin Shartar.


White Columns in Hollywood: Reports from the "Gone With the Wind Sets", por Susan Myrick.


*Victor Fleming, de Michael Sragow.


*Butterfly McQueen Remembered, por Stephen Bourne.


“Gone With the Wind” Literary Study Guide (MaxNotes) a cargo de Gail Rae Rosensfit.


**Now Is The Time, por Olivia de Havilland.


*The Making of a Classic: The Story of Margaret Mitchell and Gone With the Wind, de Sally Tippet Rains.


Technical Advisor: The Hollywood Journals of Wilbur G. Kurtz, editado por Richard Harwell.


Light of a Star: Vivien Leigh, por Gwen Robyns.


Southern Daughter. The Life of Margaret Mitchell, por Darden Asbury Pyron.


Literary Reflections: Michener on Michener, Margaret Mitchell, Ernest Hemingway, Truman Capote, and Others, por James Michener.


Vivien Leigh: el alma de Scarlett, por Serge Mafioly.


Laysen, la isla perdida, por Margaret Mitchell.


Crazy Sundays F. Scott Fitzgerald in Hollywood, por Aaron Latham.


Love Scene: Story of Laurence Olivier & Vivien Leigh, por Jesse L. Lasky.


*The Faces of Hollywood, por Clarence Sinclair Bull.


*The Man Who Shot Garbo: The Hollywood Photographs of Clarence Sinclair Bull, con texto de Terence Pepper y John Kobal.


*Bonnie Blue Butler A Gone With The Wind Memoir, por Cammie King. (Autobiografía)


Gone With The Wind as Book & Film compilado por Richard Harwell.


Gable and Lombard, por Warren G. Harris.


Traigan los caballos vacíos, por David Niven.


*Frankly My Dear: “Gone With the Wind” Revisited, por Molly Haskell.


On the Road to Tara: The Making of "Gone With the Wind", por Aljean Harmetz.


*The Secret of the Belles, de Kathy Witt.


The Tara Treasury: A Pictorial History of “Gone with the Wind”, de Gerald Gardner y Harriet Gardner Modell.


Scarlett, Rhett and a cast of Thousands: The Filming of “Gone With the Wind”, por Roland Flamini.


Vivien Leigh: a biography, por Anne Edwards.

Victor Fleming: Via Col Vento, por Paola Cristalli.


*Scarlett’s Buried Secret: The Sad But True Story Behind Margaret Mitchell’s "Gone Wind the Wind”, por Kenneth Baumgardt.

"Se las llevó el viento", por Elisa Agulló. (La búsqueda de la intérprete de Scarlett O'Hara)



*Todavía no lo hemos leído.

**Próxima publicación.

martes, 28 de junio de 2011

Se adelanta a su tiempo

En una secuencia de Hindenburg vemos a la condesa leer una edición de Gone With the Wind en alemán y en bolsillo. Pero la publicación en ese idioma y ese tamaño no se produjo antes de 1948... al menos once años después del tiempo en que acontece la catástrofe.

viernes, 1 de enero de 2010

El viento en el bolsillo

Lo que el viento se llevó no se publicó en edición “de bolsillo” hasta 1954, y la salida al mercado en este formato también fue un acontecimiento, como casi todo lo referente a la novela y la película.

Además del tiempo transcurrido desde su publicación original, que daba idea de que todavía se vendía sin problemas la edición en tapa dura y tapa blanda, no era tampoco habitual que un libro de tal extensión se editara en ese formato (alcanzaba las 864 páginas) y, por lo tanto, se convirtió en la novela más larga que se lanzaba en edición de bolsillo (y lo fue hasta 1980).

El libro salió a la venta en la primavera de 1954; unos meses después, la película volvía a las salas por quinta vez.

Primera edición de bolsillo de Lo que el viento se llevó

jueves, 31 de diciembre de 2009

Oportunidad perdida

Llega a su fin el año del 70º aniversario del estreno de Lo que el viento se llevó, siete décadas llenas de anécdotas que no paran de aumentar; cerramos, pues, 2009 con la seguridad de que la película y la novela en que se inspiró nos van a seguir dando material para compartir, opinar y comentar.

Poco sospechaba el jefe de redacción de la revista Pictorial Review* lo mucho que iba a dar que hablar GWTW cuando, poco antes de que saliera la novela al mercado, se le ofreció la oportunidad de publicarla en forma de serial en su publicación: Herbert R. Mayes no se dejó convencer por el relato de una de sus empleadas, que, con voz trémula y ojos brillantes, le había cantado las virtudes de la obra de Margaret Mitchell:

“A period novel! About the Civil War! Who need the Civil War now… who cares?”
(“¡Una novela de época! ¡Sobre la Guerra Civil! ¿Quién necesita ahora la Guerra Civil? ¿A quién le importa?”)


*Pictorial Review, orientada al público femenino, se publicaba desde 1899 y ofrecía artículos sobre moda, patrones, cuidado del hogar, recetas… y también relatos.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Viento para los molinos holandeses

En 1936 Margaret Mitchell sabía tanto de derechos de autor como Prissy de traer niños al mundo, pero pronto tuvo que ponerse al corriente de los entresijos legales, dispuesta como estaba a no permitir ningún uso indebido de Lo que el viento se llevó o a perder ni un céntimo de lo que en buena lid le correspondía.

La escritora aprendió sobre la marcha y planteó batalla allí donde lo creyó necesario, que fue en muchos sitios y el resto de su vida (y más allá).

Además de las demandas por plagio (a ambos lados del banquillo) también tuvo que ocuparse de gestionar sus derechos de autor a medida que la novela se editaba en diferentes países e idiomas.

Durante el primer año apenas hubo problemas al respecto pero, a finales de 1937 Mitchell se enteró de que GWTW se iba a publicar en Holanda pero sin que ella recibiera compensación alguna: la editorial holandesa se escudaba en que el libro se había publicado en Estados Unidos sin que hubiera una edición simultánea en uno de los países que se adherían al Tratado de Berna, lo que permitía la publicación sin contraprestación alguna.

El editor holandés argumentaba que la primera edición de Gone With the Wind llevaba la fecha de mayo de 1936… pero en ese mes la obra no se publicó en ninguna parte: la salida al mercado se retrasó hasta junio y el libro llegó simultáneamente a las estanterías de Estados Unidos y de Canadá, que sí reconocía el tratado, y, por lo tanto, la novela quedaba amparada por la legislación sobre derechos de autor.

Mientras se tramitaba el caso, los holandeses disfrutaron de los tres volúmenes de Gejaagd Door de Wind sin saber que su creadora no percibía ningún porcentaje de las ventas.

Edición holandesa de Lo que el viento se llevó

La guerra mundial retrasó todavía más una resolución satisfactoria para ambas partes en litigio, pero la paz también supuso un poco más de sosiego en el hogar de los Marsh, pues a finales del verano de 1945 la firma holandesa obtuvo autorización para publicar GWTW y accedió a abonar las cantidades pertinentes, incluso con carácter retroactivo.

El relato de este famoso caso no quedaría completo si no mencionáramos que el editor tuvo el detalle de enviar, durante varios años, bulbos de tulipanes para adornar la tumba de Margaret Mitchell.

Los tres tomos de GWTW, edición de Holanda

jueves, 9 de julio de 2009

Una mirada especial

Pocos meses después de su publicación, Lo que el viento se llevó se editó también en el sistema Braille. Ocupaba doce volúmenes y era la novela más larga que aparecía en ese formato hasta entonces, pero tuvo tanto éxito entre los invidentes como entre el resto de los lectores.

Una de las personas que tuvo acceso a la novela de Margaret Mitchell de esta manera fue Helen Keller, que se la llevó en su equipaje en un viaje a Oriente en la primavera de 1937.

Keller, ciega y sorda desde pocos meses después de su nacimiento, echaba de menos a la que fuera su primera guía en un mundo hasta entonces extraño para ella; Ann Sullivan había muerto y la sensación de pérdida de Escarlata cuando se entera de la muerte de su madre encontró eco en su corazón, así como muchos otros detalles de GWTW.

Helen era sureña y la novela le hablaba de cosas cercanas, aunque su aguda inteligencia le hizo comprender muy pronto los puntos más negativos de un pasado que todavía dejaba su huella de ignorancia, odio y pobreza en sus contemporáneos y los peligros de una nostalgia que cubría con un velo engañoso los aspectos más brutales de una época que no debía volver.

Helen se sintió confortada por el hincapié que Mitchell hacía en la fortaleza y la esperanza para el futuro, pues ella también se encontraba en un momento difícil y, tras disfrutar del libro y analizarlo, apenas volvió a mencionarlo. Pero nos dejó algunas de sus impresiones: le parecía una obra deliciosa, pero repetitiva; Escarlata era una “criatura totalmente egoísta, como Regan en El Rey Lear o la emperatriz Catalina”; “Me alegré mucho al ver cómo Escarlata se transformaba de ser una consentida belleza sureña en una trabajadora responsable y valiente”. Rhett era “completamente egoísta, sarcástico y amargado” y “sin corazón”.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Por un puñado de rublos

Escarlata y Rhett tienen una larga y azarosa vida más allá de las páginas finales de Lo que el viento se llevó, Scarlett, Rhett Butler y de las secuelas no autorizadas publicadas (o no) en inglés; pero para conocer estas otras aventuras el ávido lector tendrá que contar en su bagaje con conocimientos de ruso.

Desde hace años, un grupo de escritores rusos y bielorrusos publican secuelas de GWTW con el seudónimo conjunto de Yuliya Hilpatrik, y esos y otros libros de similar catadura vuelan de las estanterías casi a la misma velocidad con la que se producen. Eso sí, no tienen el beneplácito de los herederos de Margaret Mitchell ni de los editores que cuentan en su poder con los derechos de edición, que por el momento esperan en vano que las autoridades rusas tomen cartas en el asunto y tratan de desbaratar la tesis de que las secuelas y continuaciones no vulneran los derechos de autor.

Mientras tanto, los lectores de Moscú y alrededores han convertido en campeones de ventas títulos como El último amor de Escarlata, La llamamos Escarlata, El secreto de Escarlata O’Hara

Entradas relacionadas:
Secuelas de la novela
Más secuelas de Lo que el viento se llevó
Aún más continuaciones de Gone With the Wind
La misma historia, contada por Rhett Butler

domingo, 23 de noviembre de 2008

Firmar o no firmar

Lo que el viento se llevó se encaminaba a finales de 1936 hacia el millón de ejemplares vendidos, una cifra tan respetable entonces como ahora.

La primera persona sorprendida por ese recuento seguía siendo Margaret Mitchell, que nunca llegó a acostumbrarse al formidable éxito de la historia de su “pobre Escarlata” y mucho menos a lo que la fama llevaba aparejada.

Muchos de esos compradores de GWTW tuvieron la feliz idea de pedirle a la autora que firmara sus ejemplares. Margaret, en un principio, accedía gustosamente, como sin duda haríamos todos en sus circunstancias. Pero cuando día tras día, reparto tras reparto (y en Atlanta había varios repartos al día, tiempos aquellos), sacas y más sacas de correo llegaban a su hogar, llenas de libros con el ruego de un autógrafo, el placer se fue convirtiendo en pesadilla.

Los Marsh no contaban con una organización comparable a la de los estudios cinematográficos, con departamentos dedicados exclusivamente a seleccionar y contestar el correo que recibían las estrellas (y a firmar en su nombre las fotos dedicadas, que se contaban por miles cada semana y eran un indicador perfecto de la popularidad de los actores).

Aún con la ayuda de su marido y de un par de secretarias, la tarea de abrir los paquetes, firmar, empaquetar de nuevo y enviar al remitente se convirtió en una carga que ocupaba gran parte de su tiempo. Como el resto de los trabajos relacionadas con Gone With the Wind no eran tampoco cosas fáciles de resolver en unos pocos minutos, Mitchell decidió dejar de firmar autógrafos, ni siquiera a sus familiares y amigos. Eso no hizo más que aumentar el valor de los ejemplares autografiados por la escritora, que hoy llegan fácilmente a los cinco mil dólares o más.

Sin embargo, los exquisitos modales de Margaret Mitchell le impedían tanto que alguien firmara por ella o utilizar un sello de goma como dejar sin contestación aquellos requerimientos, y se sentía obligada a responder a gran parte de las cartas, si no a todas; en ellas explicaba porqué había dejado de firmar autógrafos, añadía un par de párrafos, a menudo con alguna anécdota o dando respuesta a alguna otra pregunta de su corresponsal… y luego firmaba la carta.

viernes, 6 de junio de 2008

Contra todas las normas

Uno de los malentendidos más extendidos sobre la publicación de Lo que el viento se llevó es la idea de que Margaret Mitchell fue rechazada por decenas de editoriales antes de que Macmillan se decidiera a correr el riesgo con el original.

No fue así; de hecho, Macmillan fue la primera y la única casa editora a la que Mitchell dejó echar un vistazo a su desastroso montón de hojas mecanografiadas. Y eso sólo porque un comentario de una jovencita la espoleó a mostrar a alguien que no fuera su esposo el trabajo de aquellos años.

Margaret volvía de una reunión literaria y llevaba a casa en su coche a algunas de las asistentes, incipientes escritoras. Una de ellas se asombró al saber que Mitchell había estado escribiendo un libro y añadió que no la consideraba capaz de ello, porque "no se tomaba la vida tan en serio para ser una novelista”. Picada en su amor propio, la autora de GWTW decidió pasarle su original a Harold Latham, al que horas antes había dicho: “No tengo ninguna novela”, y así, por lo menos, poder jactarse de haber sido rechazada por los mejores.

Eran otros tiempos, otras gentes y una novela lo bastante buena para captar la atención del editor. Hoy, Lo que el viento se llevó habría sido rechazada en cuanto llegara a la mesa de recepción de cualquier editorial.

Y no por su contenido, que puede ser materia de gustos, modas o ideas, o por su calidad literaria, que también puede discutirse, sino por la forma en que Mitchell lo entregó para su examen: era un original deshilvanado, cuyos capítulos no estaban en orden, guardados a su vez en grandes sobres no correlativos en los que se había escrito recetas de cocina y listas de compra, que se habían guardado durante años en los rincones más inesperados de un apartamento diminuto, con pasajes inacabados o repetidos, sin un capítulo inicial, mecanografiados en una máquina portátil, mezclados con otro relato más breve (Ropa Carmagin)…

¡No había ni sinopsis, ni biografía del autor, ni carta de presentación, ni un estudio de ventas, ni…! En fin, reunía todos los "pecados" que un escritor primerizo no debe cometer, según los manuales, agencias y editoriales, si desea que su original no le sea devuelto a vuelta de correo (o incluso antes de que el remitente llegue a casa después de depositarlo el buzón).

Hay que alabar la paciencia y el buen ojo de Harold Latham, que se llevó el legajo de Atlanta en una maleta de cartón (que tuvo que comprar para poder transportalo) en su viaje de regreso y que, para pasar el rato en el tren, se entretuvo ojeando aquel maremagno y supo ver que allí había algo que podía publicarse... con unos cuantos arreglillos.

martes, 15 de abril de 2008

¡Que no paren las prensas!

A mediados de abril de 1936 la editorial Macmillan había empezado a distribuir algunos ejemplares de Lo que el viento se llevó, a periódicos, revistas y críticos de todo el país, con la vista puesta en la presentación de la novela el día 21, a un precio de 2,50 dólares.

Por esta fecha se supo que el Book of the Month Club (Club del Libro del Mes) había elegido la obra de Margaret Mitchell como su selección para julio, lo que suponía un importante impulso para las ventas, pero también representaba un cambio en la estrategia de la publicación oficial de GWTW, que ya se había pospuesto al 5 de mayo y luego al 31 de mayo.

Esos 10.000 ejemplares ya preparados en estos meses y que llevaban la inscripción “Publicado en mayo de 1936” constituyen la primera edición de Lo que el viento se llevó y son la pieza más buscada por los coleccionistas.

La elección del Club levantó mucha expectación y la necesidad de suplir a los socios que optaran por el libro obligó a aumentar la tirada, que llegó a los 40.000 ejemplares, y fijar la fecha de publicación de la novela para el 30 de junio de 1936. El precio de venta sería de 3 dólares para el público en general y 2 dólares y 75 centavos para los socios del Club y ofertas especiales.

Pero esto era sólo el principio, porque Gone With the Wind iba a vender un millón de ejemplares en su primer año y a tener treinta y una reimpresiones en el mismo período...

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