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lunes, 9 de febrero de 2015

Cochecito de bebé

Rhett no perdía oportunidad de mimar a su hija y de inculcarle desde la cuna el amor por los caballos, como podemos comprobar durante el paseo por Peachtree Street de la familia Butler.

La secuencia se abre con un primer plano de un caballito de juguete, que pronto descubrimos forma parte del coche de bebé que Rhett empuja, muy orgulloso, mientras el matrimonio saluda a las señoras de Atlanta.

Si alguien visita el estado natal de Clark Gable, Ohio, puede acercarse a la localidad de Jefferson, donde, en el Victorian Perambulator Museum, exhiben esta pieza del atrezzo de Lo que el viento se llevó. Se trata del único museo en Estados Unidos dedicado a recoger cochecitos de bebé (más de doscientos modelos, antiguos en su mayor parte).

lunes, 18 de enero de 2010

Mirar a lo más alto

Con sus tres pisos y 64 habitaciones, la Plantación Nottoway, cerca de Baton Rouge, en Louisiana, merece más el calificativo de “palacio” que de “mansión”.

En el llamado Gentlemen’s Study, desde donde el dueño de la casa dirigía sus negocios, se conserva un juego de cortinas muy similar a las famosísimas del salón de Tara con las que Escarlata se hizo un vestido en la película. Como nos indican, se extienden hasta el suelo, un signo más de la riqueza de la familia Randolph, que habitaba la mayor casa de plantación del país.

Dentro su larga y fascinante historia el hecho de que fuera una posible inspiración para la arquitectura que vemos en GWTW o que Selznick realizara una oferta (declinada por los propietarios) para rodar allí las peripecias de Escarlata O’Hara no deja de ser una nota a pie de página.


Nottoway Plantation
 

sábado, 7 de noviembre de 2009

A los Wilkes les gustaba la ópera

No sabemos si el equipo de Lo que el viento se llevó la pidió prestada o la confeccionó para la ocasión, pero sí parece que una de las lámparas de cristal tallado que adornaban el vestíbulo de Doce Robles sobrevivió al rodaje y al posterior desmantelamiento del decorado y no está ni mucho menos jubilada aunque tenga ahora su domicilio en Florida; se encuentra en la Sarasota Opera House, donde puede admirarse después de la remodelación de casi un año que experimentó el edificio entre 2007 y 2008. No hemos podido encontrar todavía una fotografía de la lámpara en su nueva ubicación, pero sí una que la muestra en su antiguo lugar, antes de las obras que suprimieron el techo del que colgaba para recuperar el diseño original (la foto está tomada del blog que detalla las obras en el edificio):


Una lámpara de GWTW en la Ópera de Sarasota

Pero antes de irse a la ópera, la lámpara que daba lustre a la vivienda de los Wilkes antes de que la mansión quedara destruida por la guerra pasó unos años en otra casa, justo al lado del Golfo, que había sido adquirida por la propietaria del Washington Post, Cissy Patterson, que fletó un avión para acudir con sus invitados al estreno en Atlanta en 1939; tras su muerte en 1948, la mansión se vendió y, aunque su hija dispuso del mobiliario, parece que la lámpara se quedó un par de décadas más en el edificio, hasta que uno de los sucesivos propietarios la donó a la Ópera.

sábado, 10 de octubre de 2009

Tracción animal

Quien desee visitar todos aquellos lugares donde se conserva un objeto usado durante la producción de Lo que el viento se llevó tendrá que contar con un mapa, tiempo y un buen medio de transporte, porque no todo se quedó en el estudio, ni siquiera en Los Angeles, ni en California. Como hemos visto en otras entradas, el atrezzo que todavía se conserva (con o sin certificado de autenticidad) está desperdigado por los lugares más insospechados.

Hoy nos vamos al estado de Maine, concretamente a la localidad de Paris Hills, donde, si llegamos en el momento oportuno, podremos admirar la colección de vehículos antiguos y clásicos de Bob Bahre (un propietario de circuitos y alto dirigente de las carreras NASCAR en la región), que permite de vez en cuando que el público contemple algunos de sus fondos, entre los que se encuentra un carruaje usado en GWTW.

lunes, 31 de agosto de 2009

La luz que se quedó en Atlanta

Se necesita ser un verdadero experto en antigüedades o en utilería cinematográfica para discernir la autenticidad de muchas de las piezas desperdigadas por los cuatro puntos cardinales y cuyos propietarios proclaman que proceden de los decorados de Lo que el viento se llevó.

No dudamos de la palabra de nadie, y menos de los regentes de la Georgia Tech (Instituto Tecnológico de Georgia, la universidad pública), que es la propietaria del hermoso edificio denominado actualmente Historic Academy of Medicine, en Atlanta.

En su rotonda interior cubierta cuelga otra de las lámparas de cristal de Bohemia que tanto se prodigaron en la adaptación al cine de la novela de Margaret Mitchell. Podemos hacer una visita virtual al lugar en esta página y no tenemos más que mirar hacia arriba.

lunes, 29 de junio de 2009

De paseo con Belle Watling

Hoy viajamos hasta la ciudad de Raymond, en el estado de Washington, para localizar uno de los vehículos que se usaron en Lo que el viento se llevó.

El Northwest Carriage Museum alberga en su colección de carruajes el landó de Belle Watling, que, meses antes de transitar por las calles de Atlanta, había hecho lo propio por las de la Nueva Orleáns de Jezabel.

Conocido como landó Shelburne, caracterizado por sus líneas rectas, contaba con dos capotas que se unían en el centro, con lo que se podía optar dejarlas bajadas para disfrutar del paisaje o subirlas para gozar de mayor intimidad, que se veía aumentada por las cortinas que cubrían las ventanillas.

viernes, 5 de junio de 2009

No hay ninguna tarea superflua en un rodaje

Wilbur Kurtz, como asesor histórico, y el equipo de utilería y decorados, tuvieron la suerte de encontrar muchos vehículos de época que podían ser empleados en el rodaje de Lo que el viento se llevó, pero algunos de ellos habían sido modificados para otros usos más allá de las películas y se les habían incorporado neumáticos.

Se propuso hacer de nuevo la sustitución, pero los proveedores (anticuarios y coleccionistas) no estuvieron muy conformes con ello y surgió además un problema añadido: el tamaño de los ejes era diferente en uno y otro caso, y resultaba imposible encajar en ellos las ruedas de metal y madera de los tiempos de GWTW.

Por si los ayudantes de dirección y el propio Kurtz no tuvieran suficientes detalles de los que estar pendientes durante la filmación, tuvieron que anotar una tarea más en la lista: vigilar que no salieran en las tomas las huellas delatoras y anacrónicas de los neumáticos.

sábado, 23 de mayo de 2009

Luces prestadas

La mansión Asa Packer, en la localidad de Jim Thorpe, en Pennsylvania, se enorgullece, entre otras cosas, de contar en su salón con una araña formada por 850 piezas de cristal tallado, y los guías no dejan de hacer notar a sus visitantes que se trata de la original en la que se basaron los diseñadores que trabajaron en Lo que el viento se llevó, bien a través del departamento de documentación de la Selznick International Pictures o bien por medio de sus propias investigaciones, para crear una de las lámparas que aparecen en la película.

Este edificio se terminó en 1860 y todavía conserva su mobiliario de entonces; la casa estuvo cerrada durante casi cuatro décadas, hasta que en los años 50 se emprendió su preservación. Hoy puede visitarse, pues es un museo.

domingo, 17 de mayo de 2009

Al servicio de los Butler

Los grandes estudios de la época clásica del cine se preciaban de encerrar entre sus muros los servicios y talleres de una pequeña ciudad. No sólo guardaban en sus almacenes miles y miles de piezas (originales o reproducciones) de todas las épocas para amueblar un decorado o vestir a un ejército sino que también eran capaces de fabricarlas cuando la ocasión lo requería.

Por supuesto, también se recurría, como ahora, al alquiler o compra de un vehículo, vestido o utensilio, y se disponía de un amplio directorio de firmas, especializadas en objetos para el cine o que vendían sus productos al público en general.

Nuestro ejemplo de hoy nos lleva hasta New Jersey, donde estaba situada la Tatler Decorating Company, empresa que surtió la vajilla que aparece en Lo que el viento se llevó en la secuencia de la comida en Nueva Orleáns del matrimonio Butler.

La Selznick International les encargó unos platos de servicio, que fueron decorados por el artista Bill Tunney con un motivo floral que rodea el borde. Sería interesante saber el paradero actual de esta vajilla…

sábado, 25 de abril de 2009

Reliquias viajeras

Una vez terminado el rodaje, es habitual que los vestidos, decorados y mobiliario que se ha empleado en una película no se destruyan del todo.

En los tiempos de los estudios, cada productora tenía su correspondiente almacén, del que podían rescatar el objeto que se necesitara para un nuevo largometraje, ya fuera en su estado original o con los pertinentes retoques; buena parte de las piezas se alquilaban a establecimientos especializados, que las ponían a disposición de los estudios.

En la actualidad, con aquellos fabulosos “fondos de armario” ya en el recuerdo, siguen existiendo esas firmas que fabrican y almacenan desde armas a carruajes, desde corpiños a guanteletes, y que a veces han heredado algunos objetos de la época clásica. El resto se ha perdido para siempre o está desperdigado por el mundo adelante, en colecciones públicas o privadas.

El atrezzo de Lo que el viento se llevó experimentó todas esas eventualidades que hemos citado, y es interesante saber adónde han ido a parar algunas piezas que adornaron en la pantalla los hogares de los O’Hara, los Hamilton, los Wilkes y los Butler.

Si el lector visita San Francisco, en California, podrá recordar a Blackie Norton, interpretado por Gable, haciéndole la vida imposible a Jeanette MacDonald en las horas previas al famoso terremoto, y pasarse por la Archbishop's Mansion (“la mansión del arzobispo”), un edificio que data de la Belle Epoque y que, además de haber sido cuidadosamente restaurado y funcionar como hotel, exhibe el piano de Noel Coward (gran amigo de Olivier y Leigh), un espejo que perteneció a la esposa de Abraham Lincoln… y una de las lámparas de cristal empleadas en GWTW.

domingo, 15 de marzo de 2009

Luces como las de Tara

El cine, como la literatura y el resto de las artes, ha impuesto modas y ha modificado el nombre de objetos y costumbres que ya existían antes de que una película los hiciera populares o los rescatara del olvido para darles una nueva vida comercial.

De la misma forma que las chaquetas que llevaba la segunda señora de Winter en Rebeca, que ya eran conocidas y llevadas por miles de mujeres antes de la película de Hitchcock, pasaran a ser universalmente “rebecas”, o el tipo de escote que lucía Audrey Hepburn en Sabrina se llama desde entonces “escote Sabrina”, Lo que el viento se llevó también hizo su aportación, pues desde el estreno de la película se dio en llamar a un determinado tipo de lámparas “Gone With the Wind Lamp”.

Las lámparas en cuestión (dos globos superpuestos, decorados con motivos florales, unidos por un portalámparas de bronce y con un pedestal también de bronce o hierro) eran de uso bastante común en el siglo XIX; aunque algunas fuentes indican que datan de un poquito después de la guerra, son plenamente victorianas.

Las vemos, por ejemplo, cuando Gerald espera la llegada de Ellen en el despachito de Tara y en diversas ocasiones y modelos según avanza la película.

No habían tenido un nombre en particular hasta que se estrenó GWTW: se conocían como lámparas decoradas, de mesa, de comedor o, muy apropiadamente, “hurricane lamps”; hoy pueden encontrarse todavía piezas genuinas de la época, reproducciones y adaptaciones que funcionan con electricidad en lugar del aceite que se empleaba en un principio.

lunes, 16 de febrero de 2009

Delicada como la porcelana

Pocas cosas sientan mejor para liberar la tensión y la rabia acumulada que tirar lejos el objeto que se tenga más a mano y, vicariamente, hacer trizas la causa del enfado. Es una práctica a la que recurre Escarlata cuando, en la biblioteca de Doce Robles, acaba de ponerse en evidencia ante Ashley al confesarle su amor, ver que no es del todo correspondida y que Wilkes persiste en su intención de casarse con Melania, a quien ya ha dado su palabra.

La señorita O’Hara, invitada en Doce Robles, no tiene reparo en demostrar su frustración lanzando contra la chimenea un pequeño jarrón, más bien horroroso y digno de su trágico final; se trata de un florero de porcelana decorado con capullos de rosa, un querubín de color marrón claro a cada lado y un lazo azul en el centro.

El proyectil pasa por encima del sofá en el que cierto individuo pretendía disfrutar de la siesta.

En el momento del rodaje de esta escena de Lo que el viento se llevó el equipo de atrezzo había dispuesto que el jarroncillo, elaborado en un material bastante frágil, se rompiera en pedazos al entrar en contacto con la chimenea. Pero fue tanta la fuerza con la que Vivien Leigh arrojó el florero que éste casi se desintegró por el camino. Si nos fijamos mucho, podemos apreciar cómo algunos fragmentos salen volando… ¡Estas delicadas señoritas sureñas son una caja de sorpresas!

martes, 6 de enero de 2009

Las teclas que tocó Escarlata O'Hara

Tan difícil como rastrear el paradero de los vestidos empleados en la película es averiguar adónde fue a parar el mobiliario que se utilizó en los diferentes decorados de Lo que el viento se llevó.

Una parte de aquellas piezas eran réplicas de muebles de la época, construidas especialmente para GWTW o heredadas de otras películas o estudios; otras eran genuinas, bien compradas, o bien cedidas o alquiladas al equipo de producción y que volvieron a sus propietarios una vez terminado el rodaje.

La mayor parte de esos muebles y accesorios que podemos ver en Tara, Doce Robles, la casa de tía Pitty, la del matrimonio Wilkes, la de los Butler, o en las calles de Atlanta, no existe ya; pero de vez en cuando resurgen del anonimato aquellos que no se llevó el viento y que se encuentran diseminados por todo el planeta.

Casi todas estas “reliquias” de GWTW tienen una historia interesante, como el piano (espineta) del salón de tía Pitty; tiene más protagonismo en la novela que en el largometraje, pero podemos verlo en la secuencia del “sombrero de París”.

Con el tiempo, fue a parar a San Diego, California, a uno de los salones de la mansión Whaley. Es una de las más famosas “casas encantadas”, con al menos cuatro apariciones espectrales que incluyen un fantasma amante de la música. El piano de la señorita Hamilton comparte (o compartía, nos falta confirmar si todavía está allí) techo con una de las seis máscaras funerarias que se hicieron a Abraham Lincoln.

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