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lunes, 15 de marzo de 2021

Testigos de la barbacoa

    Tal día como hoy, pero de 1939, continuaba el rodaje de Lo que el viento se llevó; el equipo se ocupaba de la escena referente a la barbacoa de Doce Robles, con visitantes tan variados como Noël Coward, Marion Davies, el duque y la duquesa de Sutherland... y varios reporteros de periódicos y revistas.

Susan Myrick comunicó a Margaret Mitchell cómo iban las cosas hasta ese día y su carta incluía la referencia a un joven que representaba a una revista cinematográfica polaca y que hablaba inglés con un acento al que Hollywood calificaría de "terrorífico". Ambos pasaron juntos media hora, mientras los cámaras y el resto del equipo preparaban una nueva toma... pero, al parecer, el "pobre hombre no pudo comprender una sola palabra de lo que yo dije."

                      

sábado, 7 de noviembre de 2009

A los Wilkes les gustaba la ópera

No sabemos si el equipo de Lo que el viento se llevó la pidió prestada o la confeccionó para la ocasión, pero sí parece que una de las lámparas de cristal tallado que adornaban el vestíbulo de Doce Robles sobrevivió al rodaje y al posterior desmantelamiento del decorado y no está ni mucho menos jubilada aunque tenga ahora su domicilio en Florida; se encuentra en la Sarasota Opera House, donde puede admirarse después de la remodelación de casi un año que experimentó el edificio entre 2007 y 2008. No hemos podido encontrar todavía una fotografía de la lámpara en su nueva ubicación, pero sí una que la muestra en su antiguo lugar, antes de las obras que suprimieron el techo del que colgaba para recuperar el diseño original (la foto está tomada del blog que detalla las obras en el edificio):


Una lámpara de GWTW en la Ópera de Sarasota

Pero antes de irse a la ópera, la lámpara que daba lustre a la vivienda de los Wilkes antes de que la mansión quedara destruida por la guerra pasó unos años en otra casa, justo al lado del Golfo, que había sido adquirida por la propietaria del Washington Post, Cissy Patterson, que fletó un avión para acudir con sus invitados al estreno en Atlanta en 1939; tras su muerte en 1948, la mansión se vendió y, aunque su hija dispuso del mobiliario, parece que la lámpara se quedó un par de décadas más en el edificio, hasta que uno de los sucesivos propietarios la donó a la Ópera.

sábado, 4 de julio de 2009

Otro modelo para Tara... o Doce Robles

Margaret Mitchell afirmó varias veces que los personajes y muchos de lugares que aparecen en Lo que el viento se llevó no tuvieron jamás una existencia real; algunos de los acontecimientos de las vidas de Escarlata, Rhett y compañía fueron inventados o inspirados por hechos vividos por otras personas que la escritora conocía o de las que había oído hablar.

Tampoco existieron nunca Doce Robles o Tara, pero no cabe duda de que Mitchell describió tan fielmente la arquitectura y la topografía de la región que los lectores no pueden creer que tales edificios sólo fueron fruto de su imaginación y de su memoria para los detalles, y que las mansiones de los Wilkes y los O’Hara no pueden encontrarse en ningún mapa.

El condado de Clayton, en Georgia, alberga, lógicamente, el mayor número de supuestas Tara y Doce Robles, porque allí transcurre gran parte de la novela y es de suponer que Margaret tomó buena nota de las características de las viejas mansiones para su creación.

A quince millas al sur de Atlanta, en Jonesboro, se encuentra hoy Stately Oaks, que presume de haber inspirado a la escritora. Para que esta auténtica casa de los tiempos de antes de la Guerra Civil pudiera ser preservada y admirada en condiciones, se trasladó hace unos años al Margaret Mitchell Memorial Park desde su ubicación original.

Sus columnas blancas y su aire helénico nos recuerdan más a Doce Robles que a Tara, pero no vamos a ser nosotros los que discutamos con los vecinos de Clayton County… y menos cuando nos cuentan la historia de Rebecca McCord, que quedó a cargo de la plantación durante la guerra mientras su esposo estaba en el ejército y que tuvo que hospedar a algún que otro soldado de ambos bandos.

miércoles, 15 de abril de 2009

Casi Doce Robles

Entre los muchos lugares que pugnan por el título del “auténtico” (léase “inspiración para”) Doce Robles, hogar de los Wilkes en Lo que el viento se llevó, Whitehall, en Covington, Georgia, puede al menos alardear de que la autora de la novela no estaba en desacuerdo con que se la tomara como ejemplo para diseñar la mansión que iba a aparecer en la película que producía Selznick.

Margaret Mitchell envió a Hollywood, probablemente a Wilbur Kurtz, un recorte en el que aparecía una fotografía de Whitehall, con la anotación “Me gusta ésta para la casa de Ashley”.

Se trata, en efecto, de un edificio de inspiración griega clásica, con sus seis imponentes columnas al frente, que data de los años 1830-1840 y que fue construida por orden del juez John Harris, que deseaba tener una casa en la ciudad como complemento a la de la hacienda que poseía fuera del casco urbano.

Whitehall se alza en la calle Monticello y ha pasado por varias manos, incluso por las de un matrimonio admirador de GWTW que, por supuesto, decoró los interiores con motivos alusivos a la película. Al parecer se encuentra en venta en la actualidad, por casi un millón y medio de dólares.

Podemos comprobar cómo Hollywood tomo buena nota de las características del edificio y luego las multiplicó hasta el infinito para crear el Doce Robles cinematográfico…

martes, 21 de octubre de 2008

Esos extraños Wilkes

Gerald advierte a su hija mayor de que no sería feliz casándose con Ashley, pues sus caracteres son diferentes por completo y la práctica Escarlata no sería capaz de comprender nunca a su familia política:

“Te digo que han nacido raros. Tú fíjate cómo se largan a Nueva York y a Boston para oír una ópera o ver una exposición de pintura. Y cómo encargan libros franceses y alemanes a los yanquis. Y se pasan horas leyendo o soñando, sabe Dios qué, en lugar de pasarlas cazando o jugando al póquer, como hacen las personas decentes.”

La película se encarga de mostrarnos el refinado gusto de los Wilkes a través de las líneas clásicas de su vivienda, Doce Robles (aunque lo que vemos en la pantalla sobrepase ampliamente la descripción de Margaret Mitchell), sus magníficos jardines o la cuidada biblioteca.

El equipo de producción de Lo que el viento se llevó también incluyó un pequeño detalle para recalcar la cultura de la familia de Ashley, la inscripción en el reloj de sol que nos indica que es la hora de la siesta.

La cita “Do not squander time for that is the stuff life is made of" ([Si amas la vida] no malgastes el tiempo: es el material del que está hecha la vida”, es de Benjamin Franklin, el famoso político e inventor del siglo XVIII (y abolicionista, por cierto), y parece un claro contraste con ese momento perezoso del día de fiesta en la plantación, donde también los amos disponían hasta entonces de tiempo abundante en una jornada normal.

En unos años, Escarlata acatará sin saberlo lo que dicta la frase que sin duda había leído cientos de veces en sus visitas a Doce Robles: todas sus horas estarán ocupadas y no en actividades tan ociosas como las de esa tarde de abril.

Puede tratarse de una asociación de ideas, porque hay otra frase de Franklin muy apropiada: “Hide not your talents. They for use were made. What’s a sundial in the shade?" (No ocultes tus talentos. Fueron hechos para ser usados. ¿Para qué serviría poner un reloj de sol en la sombra?")

sábado, 11 de octubre de 2008

Plantaciones cercanas

En la ficción, Tara y Doce Robles no estaban muy lejos; eran dos edificios de concepción diferente, como lo eran las personalidades de Gerald O’Hara y la de los Wilkes.

La adaptación cinematográfica de Lo que el viento se llevó embelleció la casa de Escarlata (que en la novela se describe sencilla, sin columnas, sin un plan arquitectónico definido) y el estudio se superó a sí mismo con un Doce Robles absurdo, pero con el necesario esplendor para dejar huella en la mente del espectador, pues esa magnificiencia no volverá a verse en la película.

Selznick excusó las libertades artísticas tomadas en ambas viviendas razonando que los habitantes de Clayton County y Atlanta, que sabían muy bien que tales mansiones no habían existido tal y como Hollywood las mostraba, formaban un pequeño porcentaje del público de la película y sabrían perdonar las exageraciones realizadas para dar idea del Sur antes de la caída. Ya habría tiempo para mostrar la decadencia.

Durante el rodaje, la fachada de Tara estaba unos centenares de metros más allá del estudio donde se construyeron el vestíbulo y las habitaciones de Doce Robles, cuyo exterior nunca existió.

La parte delantera de la casa de Escarlata permaneció durante muchos años en el mismo lugar, sujeta a las inclemencias del tiempo; aunque no fue usada jamás para otra película, su valor simbólico era demasiado para que nadie se decidiera a desmantelarla, pero tampoco nadie se preocupó de mantenerla en un estado decente.

La señora Talmadge, ex esposa de un senador por Georgia, compró la fachada en 1979 y la trasladó a su propia plantación, Lovejoy, en Jonesboro, a la que consideraba como inspiración de Margaret Mitchell para Doce Robles, porque familiares de la autora de Gone With the Wind habían vivido en las cercanías.

Betty Talmadge no tenía reparos en decir a sus invitados que parte de la película se había filmado en Lovejoy, pero eso no es cierto, si bien es posible que el equipo de la película, en sus viajes de investigación, tomara algún que otro elemento de la casa. Podemos ver una foto de Lovejoy en la portada del libro de cocina sureña que escribió la señora Talmadge.

También es muy probable que Margaret Mitchell, al escribir su novela, se inspirara en la antigua plantación de su familia por parte materna, Rural Home, para crear Tara. Lo que quedaba de la casa de los Fitzgerald también fue a parar a Lovejoy, asimismo en un estado ruinoso.

Así, de alguna manera, volvieron a estar cercanas, por un breve espacio de tiempo, las casas de los O’Hara y los Wilkes…

domingo, 7 de septiembre de 2008

Un paseo entre robles

Ya habíamos apuntado que la avenida, la fachada y porche de Doce Robles en los planos generales no eran más que una creación del equipo de efectos especiales de Lo que el viento se llevó, que combinó matte paintings con la pared delantera del Estudio 11; así la cámara podía seguir la entrada de Escarlata en el vestíbulo de la mansión de los Wilkes, que se había construido dentro del estudio.

No cabe duda de que los miembros del departamento de documentación y del de localización de exteriores estuvieron muy ocupados durante los meses previos al rodaje y reunieron considerable información para que los diseñadores de los decorados pudieran crear los edificios y su entorno, aunque no fueran del todo fieles a las descripciones de Margaret Mitchell.

Un ejemplo de esta investigación exhaustiva nos lleva hasta unos once kilómetros al norte de Charleston, en Carolina del Sur, para visitar una de las más que probables inspiraciones de Jack Cosgrove para la avenida que conduce a la casa.

La plantación Boone Hall todavía conserva las dos hileras de robles que se plantaron en 1743 y, aunque el edificio principal no se parece al de Doce Robles fílmico y no aparece en Gone With the Wind, sí que podemos verlo en la serie de televisión North and South, ya que allí se rodaron algunas secuencias.

La avenida de robles centenarios cubiertos de spanish moss (musgo español, barba de Dios, barba de monte, estopa de los árboles… Tillandsia usneoides) tiene una longitud de más de un kilómetro.

jueves, 24 de julio de 2008

Los jardines de Doce Robles

Los magníficos jardines de Doce Robles que vemos en Lo que el viento se llevó no estaban en Georgia, sino en Pasadena, California, a unos cincuenta kilómetros de Los Angeles.

También se los ha llevado el viento: Ya no existe como tal el lugar de rodaje de exteriores de cintas como Las aventuras de Robin Hood (el concurso de tiro), Ciudadano Kane, Murieron con las botas puestas o Sucedió una noche (tampoco aquí Gable alcanza apenas a pisar el césped de la opulenta mansión del padre de Ellie, como tampoco hay metraje oficial de Rhett en los jardines de la casa de los Wilkes).

Durante los años 20, 30 y 40 Hollywood enviaba a menudo sus segundas unidades a rodar a los jardines de la casa construida por Adolphus Busch, cofundador del imperio cervecero Anheuser-Busch. Era la “casa de invierno” de la familia y sus jardines sobre el cañón Arroyo Seco se extendían por kilómetros de senderos entre fuentes, estanques, decenas de especies vegetales y animales y esculturas de personajes de cuentos clásicos. El diseño se encargó alrededor de 1903 al arquitecto Robert Fraser.

Los Busch Gardens fueron parcelados y vendidos en 1941, después de que se ofrecieran a la ciudad para parque público en dos ocasiones, pero el gobierno local de Pasadena decidió no tomar ese acuerdo.

Los terrenos donde Escarlata coqueteaba con un puñado de pretendientes, con la vista fija en Ashley y Melania, que paseaban su amor y sus temores de perder su mundo están hoy ocupados por propiedades privadas, aunque guardan vestigios de aquel conjunto que era toda una atracción turística, hasta el punto de que el ferrocarril les dedicó una parada propia.

viernes, 8 de febrero de 2008

Quien perturbe la paz de esta plantación...

Doce Robles (Twelve Oaks) es la plantación de los Wilkes, presidida por la hermosa casa de blancas columnas que como un templo griego coronaba la colina, cerca de Tara.

Conocemos la propiedad en todo su esplendor el día de la barbacoa. La próxima vez que la vemos está en ruinas. Los Wilkes no volverán a vivir allí.

Doce Robles es el pasado, el símbolo de la civilización que se fue con el viento. Margaret Mitchell describe la casa con palabras que bien podían aplicarse al modo de vivir del Sur antes de la guerra:

“Tenía una belleza majestuosa y una dulce dignidad que, con toda seguridad, la casa de Gerald no tenía.”

La casa de Gerald, Tara, sobrevivirá, a pesar de su aspecto tosco; es lo nuevo, la vida, el futuro. Doce Robles, con sus grandes columnas, sus amplias galerías, su techumbre plana y su vida tranquila, fácil, inmutable, desaparecerán para siempre. Doce Robles simboliza mucho más que Tara la típica plantación sureña y por ello perece y sus habitantes pierden la vida o su impulso vital, mientras Tara resiste, como su heredera.

Escarlata había soñado con ser un día la dueña y señora de Doce Robles, gracias a su matrimonio con Ashley. Eso implicaba seguir el camino trazado por Ellen, un designio que tampoco se cumplirá. Nada queda de su vida anterior cuando se llegue a la incendiada plantación en busca de comida; nada permanece en pie en Doce Robles cuando Escarlata lo ve de nuevo:

“Allí, a sus pies, estaba el orgullo de los Wilkes, en cenizas. El fin de aquella casa tan amable y cortés. En ella había bailado, comido y flirteado... (...) Nada quedaba allí útil para ella.”

Y será allí (en la novela), sobre las ruinas del pasado, donde Escarlata tomará su famosa decisión de no mirar ya nunca más hacia atrás y salir adelante sea como sea.

El aire griego de las columnas de la casa, que en la película podemos ver en el vestíbulo, tiene su paralelo en las palabras de Ashley para definir aquel estilo de vida que tanto añora:

“Escarlata, antes de la guerra la vida era hermosa. Poseía una brillantez, una perfección, una simetría, comparables a las del arte griego. Acaso no fuese así para todos. Ahora me hago cargo. Pero, para mí, viviendo en Doce Robles, existía verdadero encanto en la vida. Yo pertenecía a esa vida. Formaba parte de ella. Y ahora ha desaparecido, y me hallo fuera de lugar en la nueva vida, y tengo miedo.”

Más tarde, Escarlata reconoce el eco de las palabras de Ashley cuando Rhett, que ya ha decidido dejarla, afirma que va a tratar de encontrar
"La tranquila dignidad que puede tener la vida, vivida entre gentes distinguidas. Cuando viví esa vida, no aprecié su sereno encanto."

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