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lunes, 17 de noviembre de 2025

Con pelo y sin pelo

     La dotación de nuevos programas sirve, a veces, de diversión al encargado de pulsar esos botones de aquí y allá para entretener al espectador que se pregunta qué aspecto tendría fulanito si...

    Y aquí tenemos un muestrario de la pinta que tendrían cierto actores más reconocidos con parte de su cabello desaparecido. De Clark Gable a Paul Newman, sin olvidarnos de Cary Grant, Marlon Brando o James Stewart. comprobamos que un corte bien dado no perjudica en absoluto.




lunes, 23 de agosto de 2021

14 pelos bien colocados

Un artículo de El País recoge la opinión sobre catorce caballeros que lucieron espléndidos bigotes en determinados momentos de su carrera cinematográfica. deportista, política o música. Una relación de estos chicos bigotudos no podía presentarse sin Clark Gable, y ahí está, al lado de Tom Selleck, Burt Reynolds, Dalí o Robert Redford, por citar simplemente a un puñado de hombres que dedicaron muchas horas de su vida a cuidar de su bigote y hacernos disfrutar de su tesoro piloso...

lunes, 25 de enero de 2021

Gable, por los pelos

La historia de Gable... contada por su bigote. Eso es de lo que trata este artículo,que nos cuenta cómo Clark Gable comenzó su carrera cinematográfica sin demasiados pelos en la cara, para ir acostumbrandose, año tras año, al gusto por el bigote. No podía faltar el añadido peludo cuando se trataba de interpretar a Rhett Butler en Lo que el viento se llevó, una imagen inolvidable.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Una prueba de peinado y maquillaje

Son sólo unos segundos, pero nos llevan de la mano hasta 1939, justo antes de que comenzara el rodaje del día de Lo que el viento se llevó. El metraje nos muestra una prueba de maquillaje y peinado sobre Vivien Leigh, la intérprete de Escarlata O'Hara.

Nos basta con su seria mirada para convencernos de que no ha existido nadie comparable ¿no es así?

lunes, 11 de marzo de 2019

Los cabellos de Escarlata O'Hara

Una colección de los peinados más famosos de la historia del cine y de la televisión. Entre ellos no podía faltar Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó,  a la que encontramos en el puesto 16 de la lista.
**Scarlett O'Hara, *Gone With The Wind***. Vivien Leigh's famous portrayal of Scarlett O'Hara in *Gone with the Wind* will forever be a classic. We adore the Southern belle look with rolled-back hair.

Entre las inspiraciones peluqueriles encontramos el estilo de Farrah Fawcett, el corte y peinado complicado de la Madre de los dragones, la inolvidable princesa Leia de La guerra de las galaxias y las guedejas de Marilyn Monroe.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Reina de las ondas

Vivien Leigh encabeza esta reciente lista sobre el valor del peinado con ondas en las protagonistas femeninas, de los años 20 al día de hoy.

Sólo poder disfrutar de su aspecto en esta fotografía merece la pena echar un vistazo a la colección de guapas actrices... y recordar no sólo a la protagonista de Lo que el viento se llevó, si no a todo un referente de "objetos a los que mirar" y apreciar también su talento profesional.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Sydney Guilaroff, peinados de Escarlata

De Louise Brooks a Liza Minnelli, de Judy Garland a Ann Margret, casi todas las estrellas femeninas de Hollywood en un período de 50 años pasaron por las manos de Sydney Guilaroff.

Este legendario peluquero fue el responsable de las trenzas de Dorothy, los tocados de María Antonieta, del corte de pelo de Rosemary para Mia Farrow y del de María para Ingrid Bergman, de que Lucille Ball sea recordada como pelirroja… También los caballeros se sentaron en su sillón, pero es por las actrices a las que peinó, escuchó y aconsejó por lo que Guilaroff es un nombre imprescindible a la hora de citar a los creadores de estilo.

Si bien la mayoría de las fuentes consultadas reducen su aportación al peinado de Vivien Leigh en la primera toma de la primera secuencia, Guilaroff mismo contaba que la actriz no se sentía totalmente a gusto con algunos de los peinados que el equipo de Lo que el viento se llevó había pensado para ella y se puso en contacto con el famoso peluquero, puntal del departamento en la MGM. Sydney, en su tiempo libre, se dedicó a crear diseños acordes con los numerosos cambios de vestuario de Escarlata, que luego fotografió y pasó a los profesionales de la Selznick International para que trabajaran sobre ellos.

En esta ocasión, como en otras muchas, Guilaroff no recibió crédito. Los peluqueros tardaron bastante en ver sus nombres en los títulos y Sydney fue el primero en obtener ese reconocimiento, aunque no sería de forma continua, por conflictos con el sindicato y con Mayer.

Sydney Guilaroff nació el 2 de noviembre de 1907 en Londres, de familia rusa, y creció en Canadá. Empezó en el oficio de la peluquería en Nueva York, desde abajo, ya que era un chiquillo sin dinero que había tenido que abandonar sus sueños de convertirse en arquitecto; de trabajar para otros aprendiendo todo lo que hay que saber, pasó a tener su propio salón. Una de sus clientes fue Louise Brooks, aunque él no lo supo hasta que vio su peinado en la pantalla y el buen recibimiento que tuvo. Le había cobrado 1 dólar y medio por la sesión.

Los elogios de Claudette Colbert, entonces en el teatro, y a la que Guilaroff dio su tocado característico, hicieron conocido su nombre en la Gran Manzana, pero fue Joan Crawford la responsable de su llegada a Hollywood: Mayer se hartó de los numerosos viajes de Joan a través del país para que Sydney se ocupara de sus cabellos y decidió que era más productivo que el peluquero se asentara en California.

Además de por sus creaciones, Guilaroff hizo historia al convertirse, en 1938, en el primer soltero al que se le permitía adoptar un niño y, según cuenta en su autobiografía Crowning Glory: Reflections of Hollywood’s Favorite Confidant, fue algo más que el confidente de Ava Gardner y Greta Garbo y estuvo con Marilyn en su última noche.

El libro, que se publicó pocos meses antes de su muerte en 1997, no traiciona del todo la confianza que las estrellas habían puesto en Sydney, porque sus “revelaciones” son pocas y anecdóticas, pero no deja de ser una lectura entretenida si la tomamos con las acostumbradas precauciones (el proverbial “grano de sal” de los angloparlantes) que deben estar siempre presentes cuando se trata de una autobiografía.

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