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miércoles, 21 de enero de 2015

Para conservar un vestido

En los departamentos del Natural History Museum, en Los Angeles (California), se llevó a cabo la restauración y preservación del "modelo barbacoa" que lució Vivien Leigh en el papel de Escarlata O'Hara, la protagonista de Lo que el viento se llevó.

Este artículo nos habla del tema en breves párrafos. Entre otras cosas nos recuerda que el vestido se conserva en un lugar fresco, oscuro y nada frecuentado, cuando no está siendo expuesto a la vista del público: la temperatura se acerca a los 70 grados farheneit (21ºcelsius), con una humedad próxima a los 50%. El modelo se guarda horizontal, en dos cajas libres de ácido y envueltas en tejido también libre de ácido, la falda y el cinturón en una de ellas y el cuerpo en la otra.

La luz es un peligro para el color original, y también los insectos para la tela en general, pero el laboratorio ha puesto en marcha los mejores tratamientos para evitar mayores daños. Sin embargo, el modelo comienza a dar muestras de su deterioro, pues no en vano han pasado más de 75 años de su estreno: el estado del forro de seda, por ejemplo, produce ya estremecimientos de pánico entre los cuidadores, por su camino de convertirse en polvo, a pesar del relativamente cercano trabajo de reparación que llevó a cabo Walter Plunkett hace casi 40 años.



viernes, 8 de enero de 2010

El cofre de los tesoros

Cientos de películas se han perdido para siempre, pues sus negativos se han volatilizado (destruidos voluntariamente o no) o están en paradero desconocido en vías de convertirse en inservibles jirones de celuloide.

Que se conserven los negativos originales de Lo que el viento se llevó puede parecer un triste consuelo, si consideramos que obras tal vez más interesantes no volverán jamás a ser vistas, pero también es una garantía de que se ha avanzado mucho en el campo de la conservación del ya añejo nitrato y que muchas otras producciones pueden hacer compañía a los fotogramas que cuentan la historia de Scarlett O’Hara en dependencias especialmente dedicadas a esta tarea.

Un lote de los negativos originales de GWTW se conserva como oro en paño a las afueras de Rochester, en el estado de Nueva York, bajo los auspicios del museo de la George Eastman House, en condiciones controladas de temperatura y humedad y a salvo de la amenaza del fuego y el en tiempos inexorable deterioro.

Un equipo de especialistas revisa periódicamente los cientos de bobinas que abarcan desde los primeros tiempos del cine hasta la mitad del siglo XX, y se trabaja tanto en la restauración del material disponible como en la “busca y captura” de negativos por los cuatro puntos cardinales. Por supuesto, no se permiten visitas a este santuario, y los originales salen de sus bóvedas muy de cuando en cuando, para ser traspasados a un nuevo formato, por ejemplo.

Hay algo de paradójico en el hecho de que el frágil nitrato, una vez resguardado como en este caso, puede estar en condiciones de proyectarse dentro de un milenio, pero hoy mismo es bastante difícil poder disfrutar de una copia de Gone With the Winden el ya venerable sistema Beta de videograbación; las cintas VHS no caben de ninguna manera en un reproductor de DVD, y es muy posible que el sustituto del Blu Ray no se hable con su antecesor… y así sucesivamente.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Lavado de cara

Los cineastas tardaron un tiempo en tomar conciencia de que no estaban creando algo perecedero, con una vida comercial limitada.

Como dijimos en alguna otra ocasión, a finales de los años treinta se concedía a las películas una estancia más o menos larga en su estreno y quizás un reestreno, y las bobinas volvían al almacén para dormir allí el sueño de los justos. La televisión todavía estaba en pañales y cuando estuvo en condiciones de presentar batalla, casi todos los estudios vieron el nuevo medio como un enemigo, hasta que cayeron en la cuenta de las ganancias que podrían obtenerse al vender sus viejas películas a las diferentes cadenas. Además, todo lo relacionado con el cine, y no sólo las idas y venidas de las estrellas, como en las primeras décadas, ha ido cobrando un interés que ni siquiera los más entregados al medio hubieran soñado hace un siglo.


Pero en muchas ocasiones esas bobinas y los objetos que las hicieron posibles no se encuentran en muy buen estado, a pesar de los cuidados que se tomaron, o no están en condiciones de exhibirse lejos de los archivos donde reposan. Entran en juego, entonces, los restauradores, unos verdaderos magos que casi siempre logran preservar el original y darle una nueva vida.

En este artículo nos cuentan el proceso que se siguió para que se pudieran admirar de nuevo varios de los paneles del storyboard de Lo que el viento se llevó.

En 1985, el Smithsonian los pidió prestados a los archivos Selznick en la Universidad de Texas, en Austin, para una exposición itinerante.

Para garantizar la integridad de los dibujos a lo largo de los siete meses que estarían de nuevo expuestos a la luz del sol y evitar que se deterioraran en el viaje, los restauradores iniciaron un proceso complicado que supuso un minucioso trabajo sobre uno de los paneles en los que se esbozaba “el incendio de Atlanta”.

Hubo que desmontar la docena de acuarelas de su soporte, cuya frágil condición hacía temer su pérdida, y, sin dañar las pinceladas y los apuntes y trazos a lápiz originales, colocarlas de nuevo (en su orden) en un nuevo soporte, y darles el tratamiento adecuado para que conserven durante muchos años más las ideas del equipo de producción de GWTW.


Entradas relacionadas:
El story-board de GWTW

sábado, 20 de septiembre de 2008

Para que no se las lleve el viento

En septiembre de 1989 se daba a conocer, por parte de la Biblioteca del Congreso, la lista de las primeras 25 películas que el gobierno de los Estados Unidos acordaba proteger mediante la Film Preservation Act, una ley en cierto modo simbólica, porque no prohibía la alteración del material y sólo requería que se indicaran los cambios que se habían hecho.

Por suerte, la normativa exige que la Biblioteca disponga de una copia inalterada y de buena calidad de cada una de las películas seleccionadas a lo largo de los años. Eso no da carta blanca para las mutilaciones, claro, pero preserva la obra original.

La selección se había efectuado teniendo en cuenta “los valores culturales, históricos o estéticos que contienen ciertas películas y que hacen que hayan de ser protegidas como cualquier otra manifestación artística.”

El máximo responsable de la institución explicaba que se había consultado a 13 grupos relacionados con el mundo del cine, a expertos dentro de su personal y también al público, y matizaba que no se trataba de “las mejores películas” producidas en su país, sino de aquellas capaces de servir para promover el cine como arte y generar interés en el público sobre la restauración y conservación de las obras.

En esta primera relación de “intocables”, como las llamó Billy Wilder, se encontraba Lo que el viento se llevó, junto a otros colosos:

Intolerancia (1916)

Nanuk, el esquimal (1922)

El maquinista de La General (1927)

Amanecer (1927)

…Y el mundo marcha (1928)

Tiempos modernos (1936)

Blancanieves y los Siete Enanitos (1937)

Caballero sin espada (1939)

El mago de Oz (1939)

Las uvas de la ira (1940)

Ciudadano Kane (1941)

El halcón Maltés (1941)

Casablanca (1942)

Los mejores años de nuestra vida (1946)

El crepúsculo de los dioses (1950)

Solo ante el peligro (1952)

Cantando bajo la lluvia (1952)

La ley del silencio (1954)

Centauros del desierto (1956)

Vértigo (1958)

Con faldas y a lo loco (1959)

¿Teléfono Rojo?, Volamos hacia Moscú (1964)

The Learning Tree (1969)

La Guerra de las Galaxias (1977)

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