En la mañana del 21 de octubre de 1948, en Washington, tenía lugar la primera demostración pública de un nuevo sistema de comunicación, el Ultrafax, que combinaba aspectos de la radio, la televisión y la fotografía para la transmisión de textos e imágenes a una velocidad nunca vista hasta entonces, con la colaboración de las microondas. El aparato culminaba los esfuerzos conjuntos de las compañías Eastman Kodak, NBC y RCA (cuyo presidente no dudaba en comparar este avance tecnológico con la división del átomo o afirmar que el ultrafax desempeñaría un papel fundamental durante la guerra fría).
Es el bisabuelo del fax que se popularizó a finales del siglo XX, pero era bastante difícil de acomodar en una mesa de oficina, como podemos ver en esta imagen, que nos muestra el receptor (nótese cómo la señorita sostiene un ejemplar de la novela de Margaret Mitchell). También la revista Popular Mechanics dedicó una página a explicar el funcionamiento del Ultrafax.
Para presentar el invento, que podía enviar un millón de palabras por minuto o 408 páginas en el mismo tiempo, se escogió el texto de Lo que el viento se llevó, que tardó 2 minutos y 21 segundos en recorrer el trayecto entre la Biblioteca del Congreso y el hotel Wardman Park, separados por unas tres millas. Como paso previo, la novela se microfilmó, lo mismo que se hizo con los otros textos que formaron parte de la demostración: fragmentos de la Biblia, el discurso de Gettysburg, la Declaración de Independencia, y la rendición de Japón al término de la Segunda Guerra Mundial.
miércoles, 21 de octubre de 2009
El viento a la velocidad de la luz
martes, 20 de octubre de 2009
Lista de bajas (XXVI)
En 1987 la ya mermada familia de Lo que el viento se llevó despedía a dos actores:
Daisy Bufford, 74. (Doncella de Tara, en la oración vespertina)
James Bush, 80. (Un caballero en Doce Robles)
Este apartado de Viento Escarlata, como todos los demás, está abierto a las aportaciones de los lectores, sobre todo dada la gran cantidad de personas que se vieron involucradas en la edición de la novela y la producción de la película; de muchas de ellas desconocemos incluso el nombre, pero su contribución fue tan importante como la del resto de los que mencionamos y, por ello, también queremos que pasen a formar parte de la relación.
lunes, 19 de octubre de 2009
Guionistas con sentido del humor
Otra muestra de los “pequeños detalles” añadidos por los guionistas al texto de Lo que el viento se llevó la encontramos en los mínimos cambios introducidos en los nombres de los personajes en al menos un par de ocasiones: no sólo está el bautizo de la señora Meade como Caroline/Carolina (Margaret Mitchell no dejó constancia de su nombre de pila), sino también el rimbombante nombre que lleva el nieto de la señora Merriwether, ese Napoleón Picard que ofrece una fiesta de cumpleaños a la que Bonnie Butler no puede faltar.
En la novela, el hijo de Maybelle y René Picard se llama Raoul y su familia se abstiene de cursar invitación a Wade Hampton Hamilton a la hora de celebrar su cumpleaños, en represalia por la actitud escandalosa de Escarlata.
En la película, la referencia tiene más bien tintes humorísticos, muy acordes con el cambio de talante de la abuela ante la solicitud de Rhett hacia Bonnie y acentuando para el espectador la ascendencia francesa del pequeño, por no hablar de los aires de grandeza que tal bautizo certifica.
No cabe duda de que una alianza entre ambas familias, de no haber intervenido el destino trágico, habría dado pie a una pareja de lo más imperial: "Eugenie Victoria y Napoleón Picard tienen el placer de invitarle..."
domingo, 18 de octubre de 2009
Rescoldos de dos parejas apasionadas
Los incendios, accidentales o provocados, están unidos indisolublemente a la ciudad de Atlanta y no es extraño que las llamas afecten a un lugar relacionado con Lo que el viento se llevó, bien citado en la novela o con alguna conexión con la película.
En octubre de 2000 el fuego destruyó buena parte de la Nunnally Home, una enorme mansión en la que Vivien Leigh y Laurence Olivier pasaron sus noches en Atlanta durante el estreno en 1939 aunque oficialmente ocupaban habitaciones separadas en el hotel Georgian Terrace; también Gable y Lombard pasaron por allí, dado el parecido que muchos encontraban entre la casa real y las que se veían en GWTW, y se rodaron un par de minutos para los noticiarios con la pareja entre las blancas columnas.
sábado, 17 de octubre de 2009
Lista bibliográfica para saber más sobre GWTW
Junto con la novela y la película, la base de Viento Escarlata la configuran estos textos ya citados en anteriores entradas, cuya lectura y comentario recomendamos, así como reiteramos la invitación a aportar cualquier título que se nos haya escapado...
David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.
Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.
Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.
Selznick's Vision: "Gone With the Wind" and Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.
The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.
Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.
Road to Tara, por Anne Edwards. (Biografía de Margaret Mitchell)
George Cukor, por Patrick McGilligan.
"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt.
A Child of the Century, de Ben Hecht.
Margaret Mitchell and John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.
They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.
Long Live the King, por Lyn Tornabene. (Biografía de Clark Gable)
Vivien Leigh, de Hugo Vickers. (*Actualizado en 2008)
The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.
A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard. (Biografía de Leslie Howard)
Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.
Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.
Stuntman, por Yakima Canutt.
Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.
Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.
Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.
The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.
Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell.
Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson.
*Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.
Tara Revisited, por Malcolm Vance.
The Oliviers, por Felix Barker.
Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff.
The Complete "Gone With the Wind" Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel.
Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.
*In Search of My Father, por Ronald Howard.
Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott.
The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas.
Selznick: The Man Who Produced Gone With the Wind, por Bob Thomas.
The Selznick Players, de Ronald Bowers.
Scarlett O’Hara’s Younger Sister y *I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes.
A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.
George Cukor, por Augusto M. Torres.
Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.
Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.
Lo que el viento se llevó, Fascículo 1 de la colección Cine y Música, de Salvat.
The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.
The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", por David O’Connell.
Lo que el viento se llevó, Aymá, 11ª Edición, Barcelona, 1978; Ediciones B, Barcelona, 1992; Pan Books, 1988.
El vuelo de Ibis, por José Rey-Ximena. (Sobre los últimos días de Leslie Howard)
Crowning Glory: Reflections of Hollywood’s Favorite Confidant, por Sydney Guilaroff-
The Official "Gone With the Wind" Companion: The Authorized Collection of Quizzes, Trivia, Photos- And More, por Stephen J. Spignesi.
Million Dollar Legends Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Martin Shartar.
White Columns in Hollywood: Reports from the "Gone With the Wind" Sets, por Susan Myrick.
*Victor Fleming, de Michael Sragow.
*Butterfly McQueen Remembered, por Stephen Bourne.
“Gone With the Wind” Literary Study Guide (MaxNotes) a cargo de Gail Rae Rosensfit.
**Now Is The Time, por Olivia de Havilland.
**The Making of a Classic: The Story of Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Sally Tippet Rains.
Technical Advisor: The Hollywood Journals of Wilbur G. Kurtz, editado por Richard Harwell.
Light of a Star: Vivien Leigh, por Gwen Robyns.
Southern Daughter. The Life of Margaret Mitchell, por Darden Asbury Pyron.
Literary Reflections: Michener on Michener, Margaret Mitchell, Ernest Hemingway, Truman Capote, and Others, por James Michener.
Vivien Leigh. El alma de Scarlett, por Serge Mafioly.
Laysen, la isla perdida, por Margaret Mitchell.
Crazy Sundays. F. Scott Fitzgerald in Hollywood, por Aaron Latham.
Love Scene: Story of Laurence Olivier and Vivien Leigh, por Jesse L. Lasky.
*The Faces of Hollywood, por Clarence Sinclair Bull.
*The Man Who Shot Garbo: The Hollywood Photographs of Clarence Sinclair Bull, con texto de Terence Pepper y John Kobal.
*Bonnie Blue Butler. A "Gone With The Wind" Memoir, por Cammie King.
"Gone With The Wind" as Book and Film compilado por Richard Harwell.
Gable and Lombard, por Warren G. Harris.
Traigan los caballos vacíos (Bring On the Empty Horses), por David Niven.
*Frankly My Dear: “Gone With the Wind” Revisited, por Molly Haskell.
On the Road to Tara: The Making of "Gone With the Wind", por Aljean Harmetz.
*The Secret of the Belles, de Kathy Witt.
The Tara Treasury: A Pictorial History of “Gone with the Wind”, de Gerald Gardner y Harriet Gardner Modell.
Scarlett, Rhett and a cast of Thousands: The Filming of “Gone With the Wind”, por Roland Flamini.
*Todavía no lo hemos leído.
**Próxima publicación
viernes, 16 de octubre de 2009
Philip Trent, un invitado en Doce Robles
jueves, 15 de octubre de 2009
Reparto de papeles
Las modificaciones en el guión durante el rodaje no son una rareza, ni hace 70 años ni ahora mismo, pero no dejan de causar cierta incomodidad, y el de Lo que el viento se llevó no fue ajeno a los cambios durante su larga producción. Los guionistas implicados no tenían la última palabra y los sucesivos directores no podían desviarse del texto que había sancionado el productor. Lo peor era que Selznick comunicaba sus decisiones en el último instante y echaba por tierra cualquier preparativo.
Para los actores, en especial para los que no eran partidarios de improvisar, debió de ser toda una tortura, como comentaba con cierta ironía Evelyn Keyes, años después:
