domingo, 31 de mayo de 2009

A la caza del gazapo (XXIX)

Incluso hoy, cuando parece que los efectos especiales son cosa de los raudos ordenadores y podría pensarse que no se tardan más que unos minutos en contar con una imagen completa, las horas de trabajo de humanos y máquinas se acumulan como por ensalmo para que todos los elementos queden ensamblados a la perfección.

Hace 70 años sucedía lo mismo, sólo que los cálculos y retoques llevaban más tiempo. Y si la fecha del estreno se aproxima a pasos agigantados, el equipo tiene la impresión de que las horas no duran más que unos minutos y los minutos, segundos. Con esa presión, aparecen los errores, conscientes o inconscientes.

Eso fue lo que le ocurrió a Jack Cosgrove y su departamento: sabían lo que tenían que hacer y dónde estaba el fallo, pero no tuvieron tiempo de corregir o mejorar algunos de los efectos visuales empleados en Lo que el viento se llevó.

Así, en el plano en el que vemos los carros de los invitados llegando a Doce Robles, los árboles no proyectan sombras sobre los vehículos, aunque sí sobre el camino. Cosgrove había diseñado un matte shot de los robles y la avenida para unirlo al de los carros, rodado fuera del estudio. No hubo problemas para ensamblar ambas tomas, pero no fue posible volver a rodarlas de manera que se subsanara el error.

sábado, 30 de mayo de 2009

Lista de bajas (XIX)

Terminaba una década más y 1980 se convirtió en un año aciago en lo que a defunciones entre las personas con conexión con Lo que el viento se llevó se refiere, pues se fueron:

John Darrow, 73 (Colaboró en la confección del reparto)
Adolph Deutsch, 83. (Orquestaciones)
Lester Dorr, 87. (Durante las secuencias de la Reconstrucción).
James A. FitzPatrick, 86. (Director, planos de ambiente sureño)
Aline Goodwin, 91. (Doble de Vivien Leigh)
Bernhardt Kaun, 81. (Orquestaciones)
David Newell, 75. (“Cade Calvert”, en Doce Robles)
Barbara O’Neil, 70. (Ellen Robillard O’Hara)
Wally Oettel, 89. (Director de iluminación)
Fred Parrish, 88. (Foto fija)
Ray Rennahan, 84. (Fotografía en Technicolor)
Gordon Sawyer, 75. (Supervisor del montaje de sonido)
Donald Ogden Stewart, 86. (Guión)
Dan White, 72. (Papel sin determinar)
Albert Simpson, 87. (Efectos visuales)

viernes, 29 de mayo de 2009

El viento se lleva la televisión analógica

Dentro de unos meses la televisión digital terrestre (TDT) campará por sus respetos y tendremos que decirles adiós a nuestros ya obsoletos receptores, que quedarán tan anticuados como los miriñaques por aquello de la incompatibilidad.

Es el momento de la despedida, que el dibujante de Thom supo plasmar con una referencia a GWTW en su tira de La Voz de Galicia a finales de abril:




Tira de Thom sobre tdt

jueves, 28 de mayo de 2009

Ideas que se llevó el viento

Cuando Selznick acabó de leer Lo que el viento se llevó, cuyos derechos para el cine había adquirido animado por las buenas impresiones de miembros de su equipo y la lectura de una amplia sinopsis, pensó que había material suficiente para dos películas, que se proyectarían en días sucesivos. La primera llegaría hasta la boda de Escarlata y Rhett, y la segunda continuaría la historia hasta el final.

Aunque esta idea habría permitido, entre otras cosas, que no se acumularan a velocidad vertiginosa los acontecimientos penosos en la segunda parte, se descartó muy pronto: los exhibidores le hicieron llegar su opinión negativa al respecto, porque temían perder espectadores si no les gustaba la primera parte, o el público no podía permitirse ir al cine dos días en un corto período de tiempo…

Mucho más tarde, cuando GWTW se había estrenado y parecía que su exhibición normal tocaba a su fin, David Selznick todavía jugó con la idea de trocear la película para que se proyectara por capítulos, como un serial de los de antaño, y también con convertir Gone With the Wind en una opereta.

La más descabellada de sus ocurrencias que afortunadamente nunca llegaron a nada podría ser aquella de dar continuación a Lo que el viento se llevó con algo titulado La hija de Escarlata O’Hara… con Suzanne Holman, la hija de Vivien Leigh, en el papel protagonista…

miércoles, 27 de mayo de 2009

Lee Garmes, director de fotografía

Lee Garmes, que nació el 27 de mayo de 1898, estaba muy lejos de California cuando le llegó la llamada de Selznick, que deseaba contar con él como director de fotografía de Lo que el viento se llevó. Se hallaba en Inglaterra, donde la adaptación de Cyrano de Bergerac, con Charles Laughton de protagonista, acumulaba problema tras problema sin concretarse nunca.

Garmes se había encargado de la prueba de pantalla para el personaje de Roxanne de una actriz llamada Vivien Leigh y estaba ocupado en conseguir la iluminación más apropiada para la Francia del siglo XVII, totalmente convencido de que GWTW llevaba meses rodándose y de que otro colega bregaba ya con la Atlanta de la segunda mitad del XIX.

Como el proyecto de Korda se desvaneció porque el productor y su estrella no llegaron a entenderse, Garmes aceptó la oferta de Selznick, aunque no pudo llegar a tiempo para el rodaje de “el incendio de Atlanta” y su estancia en Gone With the Wind iba a ser también cortada en seco, por diferencias creativas con el productor.

De todas formas, el talento de Lee Garmes se conserva en la película, pues rodó todo lo dirigido por Cukor y la primera semana bajo el mando de Fleming, además de las pruebas de Vivien Leigh y la preparación de la toma de la estación.

Al cabo de una docena de semanas, el productor decidió que quería colores más vigorosos y contrastes más duros y, aunque admirador de la labor de Garmes, optó por cambiar de director de fotografía.

Las discrepancias en GWTW no fueron óbice para que Garmes no volviera a trabajar para Selznick, pues lo hizo en Since You Went Away (Desde que te fuiste, 1944), Duel in the Sun (Duelo al sol, 1946) y el The Paradine Case (El proceso Paradine, 1947) y, sin obtener crédito, en Portrait of Jennie (Jennie, 1948).

Garmes fue de los primeros de su oficio en intentar crear atmósfera por medio de la fotografía y emplear la luz dramáticamente, con claroscuros y sombras pronunciadas, una técnica que recordaba la pintura de Rembrandt y que fue llamada de “luz norteña”, frente a la práctica habitual de iluminar lo más posible todos los detalles del plano.

También introdujo la lámpara incandescente en los estudios americanos, y fue pionero, unas décadas después, en defender las posibilidades del vídeo.

Comenzó en el cine en 1916, fue ayudante de Thomas Ince y escaló puestos hasta la dirección de fotografía en los años 20; fue también productor y director, siempre investigando y experimentando nuevas técnicas (las tres dimensiones, los formatos de pantalla ancha…) y compartiendo su saber con varias generaciones, hasta su muerte en 1978.

Su filmografía es impresionante y es un compendio de cómo se puede “pintar con la luz”, ya fuera codo con codo con Von Sternberg en sus delirios para Dietrich como Morocco (Marruecos, 1930) o Shanghai Express (El expreso de Shanghai, 1933), o creando lo que sería la atmósfera característica del cine negro en City Streets (Las calles de la ciudad, 1931) o Scarface (Scarface, el terror del hampa, 1932).

Bien en blanco y negro, como en An American Tragedy (Una tragedia humana, 1931), Jungle Book (El libro de la selva, 1942), Nightmare Alley (El callejón de las almas perdidas, 1947) o Detective Story (Brigada 21, 1951), como en color, como en The Secret Life of Walter Mitty (La vida secreta de Walter Mitty, 1947), Land of the Pharaohs (Tierra de faraones, 1955), Garmes demuestra porqué está considerado como uno de los grandes.

Entradas relacionadas:
Sustitución de Garmes por Ernest Haller

martes, 26 de mayo de 2009

"The Low Back'd Car"

Cuando Gerald O’Hara alcanzaba ciertos niveles de alegría, con o sin la ayuda de las bebidas espiritosas, se lanzaba a cantar y, lógicamente, sus preferencias se inclinaban hacia los aires irlandeses. En al menos tres ocasiones diferentes el padre de Escarlata entona en la novela una famosa canción de la época, The Low Back'd Car (que Margaret Mitchell transcribe como Peg in a Low Backed Car).

No es difícil imaginar a Gerald con esta canción en los labios, tal y como acostumbraba hacer cuando volvía de un día en los tribunales de Jonesboro, camino de la fiesta de los Wilkes o de vuelta a casa de tía Pitty después de una pequeña juerga con Rhett, o, más trágicamente, en su última, alcohólica y desesperada cabalgada:

"When first I saw sweet Peggy,
'Twas on a market day,
A low-backed car
She drove, and sat
Upon a truss of hay;
But when that hay was blooming grass,
And decked with flowers of Spring,
No flow'r was there
That could compare
With the blooming girl I sing."

(“La primera vez que vi a la dulce Peggy
era un día de mercado;
estaba en un carrito [de respaldo bajo]
sentada sobre un montón de heno.
Pero cuando aquel heno
Era todavía verde hierba
Y se adornaba con flores en primavera,
No existía flor
Que pudiera compararse
Con la chica de la que canto...”)

Es una composición del escritor y retratista Samuel Lover (irlandés protestante) datada en 1846, que se basa en la tonada tradicional The Jolly Ploughboy (o The Pretty Plow Boy).


lunes, 25 de mayo de 2009

La filosofía de la abuela Fontaine

Margaret Mitchell resumió en cierta ocasión su novela diciendo que era una historia de supervivencia, de gente que tenía agallas y de que gente que no contaba con la iniciativa suficiente para no bajar los brazos frente a la adversidad y tomar la determinación de salir adelante después de un golpe.

Además de la famosa anécdota de su infancia, cuando su madre la arrastró a un pequeño peregrinaje por las plantaciones derruidas cercanas a Atlanta y le contó que hubo quienes pudieron rehacer sus vidas porque tenían educación, cultura y otras cualidades, en tanto que otros no fueron tan afortunados, hay en la novela un símil significativo, en boca de la abuela Fontaine (una señora de armas tomar que, desgraciadamente, no tuvo sitio en la película, excepto en un plano de la secuencia de la lista de bajas que fue finalmente suprimido en la versión definitiva de Lo que el viento se llevó).

Ambas mujeres tienen un aparte después del funeral de Gerald O’Hara:

“No somos espigas de trigo, sino de alforfón*. Cuando sobreviene una tormenta, derriba las espigas de trigo maduras porque están secas y no ceden al viento. Pero las espigas de alforfón están llenas de savia y saben doblar la cabeza. Cuando el viento ha cesado vuelven a levantarse y están tan derechas casi como antes. No hay que ser testarudo. Cuando el viento sopla fuerte, hay que ser flexible, es mejor ceder que mantenerse rígido.

Cuando se presenta un enemigo lo aceptamos sin quejarnos y nos ponemos al trabajo y sonreímos y esperamos nuestra hora. Nos servimos de gente de peor temple que nosotros y sacamos de ella el mayor provecho posible. Cuando hemos vuelto a ser otra vez lo bastante fuertes, apartamos de nuestro camino a los que nos han ayudado a salir del pozo. Éste es, hija mía, el secreto de las personas que no quieren sucumbir.”

*El alforfón se conoce también como trigo sarraceno o trigo negro (pero no es un cereal, ni proviene de Arabia, ni es completamente negro).

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