miércoles, 7 de mayo de 2008

A la caza del gazapo (XII)

No ha pasado a la historia el nombre del agente del bípedo con plumas que interpreta al último gallo de Atlanta, perseguido por Tío Pedro, que intenta defenderse de la lluvia navideña que cae sobre Atlanta (y con mayor insistencia sobre la puerta que da al patio, por cortesía del equipo de efectos). Pero el representante del pollo merece un reconocimiento, por haber logrado que su cliente obtuviera lo que muchos de los intérpretes de Lo que el viento se llevó no consiguieron: dos planos para él solito… o, mejor dicho, el mismo plano, pero repetido.

Tomemos como referencia el tocón que sujeta la leña en el patio trasero de la casa de tía Pitty. El gallo llega muy erguido (pero empapado) hasta él y lo sobrepasa; el siguiente plano lo comparte con el sirviente: Tío Pedro, con su casi inútil paraguas y una ominosa hacha, llega hasta el tocón y continúa tras el pollo, mientras el ave, que le lleva unos pasos de ventaja, sale ya de plano… pero, en el siguiente, el gallo vuelve a pasar por el mismo tocón.

Claro que este momento de gloria (y magia) es muy efímero, ya que la próxima vez que lo vemos está en los huesos, literalmente.

martes, 6 de mayo de 2008

Steele Gone With the Wind (II)

La tercera temporada de Remington Steele nos brinda dos episodios con referencias a Lo que el viento se llevó:

En Steele your heart away (Te robó el corazón): En Irlanda, un amnésico Steele trata de recordar, con la ayuda de Laura y un reloj de bolsillo con una inscripción: “Para S.J., de K.L. ¿Quién es S.J.?” “No lo sé. Alguien que conoce a K.L., supongo. Francamente, querida, me trae sin cuidado”, replica Steele, que se sorprende de sus propias palabras: “¿Por qué demonios habré dicho eso?”. Laura aclara enseguida: “Es lo último que le dice Rhett Butler a Scarlett O’Hara. Espero que eso tenga algo que ver con Lo que el viento se llevó; es una película que conozco bien: la he visto una docena de veces”.

Más tarde, en el transcurso de la investigación del crímen de turno, Laura and Steele ven un camión con el rótulo The Armdale Racing Association. Laura ata cabos: "T. A. R. A: Tara."

En Stronger than Steele (Más fuerte que Steele), la pareja de detectives ve una y otra vez un episodio de una serie de televisión que puede ser importante para el caso que tienen entre manos. Steele se lamenta, tras unos cuantos visionados del infame producto a lo largo de la noche: “¡Dios Santo, siempre lo mismo…! Sigo confiando en despertarme y estar viendo Lo que el viento se llevó… o incluso La puerta del cielo.*”


*Heaven's Gate (La puerta del cielo, 1980) llevó a United Artists a la ruina, porque ni la taquilla ni la crítica apreciaron el colosal y carísimo proyecto del perfeccionista Michael Cimino. El tiempo transcurrido desde entonces ha aminorado un tanto la carga negativa que acompañó durante años toda mención de la película.

lunes, 5 de mayo de 2008

Seguimos leyendo sobre "Lo que el viento se llevó"

Hattie: The Life of Hattie McDaniel, de Carlton Jackson, nos acerca a la vida de la intérprete de Mammy, y no olvida situarla en su contexto histórico. Es la primera biografía de cierta extensión sobre McDaniel, publicada en 1990 y, como siempre, es un buen punto de partida, que esperamos poder contrastar pronto con un trabajo más reciente, firmado por Jill Watts.

Malcolm Vance, en Tara Revisited, nos cuenta cómo les fueron las cosas a muchos de los participantes en la película… hasta 1976, año de la publicación del libro. Es útil como referencia.

domingo, 4 de mayo de 2008

Madres ejemplares

Escarlata y Melania, los dos personajes femeninos más importantes de GWTW, tienen ideas muy diferentes sobre la maternidad, como corresponde al modelo que representan. Ya que hoy se celebra el Día de la Madre (en España)… seremos buenos y hablaremos de las madres “ideales” que encontramos en Lo que el viento se llevó.

Melania, siguiendo el ejemplo de Ellen O’Hara, la mujer tradicional destinada a ser esposa y madre, hace de la maternidad el centro de su vida, su objetivo último y su destino. Considera que traer niños al mundo es lo más importante y que es para ello para lo que ha sido creada. Su primer parto está a punto de mandarla al otro mundo, pero ella desafía los consejos de todos y desea con ansia aumentar la familia Wilkes; un nuevo embarazo le costará la vida y lo sabe, pero la da gustosa, una vez que ha confiado su hijo a Escarlata: primero se asegura el futuro de Beau, luego el de su marido.

Pero Melania extiende su manto maternal al resto de los personajes: Ashley es como un niño desilusionado cuando la pierde, la gente de Atlanta se arremolina a su alrededor en busca de consuelo, Rhett se confiesa en su regazo, Wade encuentra en ella el cariño y la atención que su madre olvida administrarle...

Hay otras madres en GWTW: Ellen, por supuesto, ejemplo y guía de Escarlata, compendio de todas las bondades y refugio de los necesitados de cuerpo y espíritu. Su hija mayor desea parecerse a ella, pero nunca tiene tiempo; deja “para mañana” el seguir el camino de las grandes damas y madres ejemplares y ese mañana nunca llega.

Ellen reina en Tara como la perfecta ama de casa, administradora de los bienes que su marido pone en sus manos para poder dedicarse a las “distracciones propias de los hombres” mientras la esposa se las entiende con un centenar de esclavos y el cuidado de una casa donde nunca faltan invitados y fiestas, sin olvidar la educación de sus hijas y la búsqueda de un marido adecuado para ellas. Ellen trajo al mundo seis hijos, y sus vecinas no se quedaban a la zaga: la señora Tarleton era madre de ocho, los Munroe, los Fontaine, los Calvert... son unos cuantos también.

Madres que, al contrario que Escarlata, tienen siempre tiempo para sus hijos y están dispuestas a traer al mundo uno más, aún en los duros tiempos de guerra y el posterior período de incertidumbre económica.
La boda era la meta de la educación de la mujer y la que no conseguía la protección de un hombre y, por lo tanto, no cumplía con su destino de procreación, era mirada como una traidora. Suellen O’Hara, India y Honey Wilkes, son ejemplo de aquellas que veían cómo pasaban los años sin que la esperada boda se viera próxima, lo que amargaba su carácter y hacía más pronunciados sus rasgos negativos.

La soltería sólo era bien mirada en el caso de las señoras de edad, como Pitty, (que aun así alguna vez tuvo que ser joven y pasar por la “humillación” de no ser cortejada o no recibir proposiciones), que suelen desempeñar también un papel maternal, como acompañantes de jóvenes solteras o con el marido ausente.

sábado, 3 de mayo de 2008

"Lo que el viento se llevó" consigue el Pulitzer

En octubre de 1936 Margaret Mitchell le apostó al crítico literario Herschel Brickell 50 dólares (en un billete confederado con el poema Lines on the Back of a Confederate Note pegado en una de las caras*), a que no ganaba el premio Pulitzer. Estaba convencida de que no tenía ninguna posibilidad, a pesar de los buenos augurios y de los rumores que le llegaban.

El 3 de mayo de 1937 el jurado encargado de fallar los premios le comunicaba que Gone with the Wind había sido considerada la mejor novela de 1936. Mitchell les agradeció la distinción con un breve telegrama: “…my enormous thanks and gratitude”.

Sorprendida, pero feliz y orgullosa, la escritora no varió apenas el programa que tenía previsto para aquella tarde: en compañía de miembros de su familia y de Harold Latham, que había querido estar con ella en un momento tan especial (aunque disfrazara su viaje bajo la excusa de una nueva búsqueda de material literario por el Sur), fueron a visitar al señor Mitchell y luego acudieron un recital del coro en la iglesia a la que pertenecía la cocinera de los Marsh.

El jefe de la sección local del Atlanta Constitution (el periódico rival del Journal, en el que había trabajado la escritora) consideró de tal importancia la noticia que incluso se dignó salir de su despacho en hora punta para conseguir en persona una foto de Margaret y sus primeras impresiones, lo que dejó a la autora de Gone With the Wind mucho más estupefacta, por lo inusitado, que haber conseguido el prestigioso premio, que le reportaba mil dólares.

Los periódicos del día siguiente hacían notar que, aunque Mitchell no había sido parca en palabras a la hora de escribir su novela, en el momento de hacer declaraciones sobre el galardón sólo habían podido arrancarle cuatro palabras: “I’m astounded… I’m overwhelmed” (“Estoy asombrada… Estoy abrumada”).

Por supuesto, Margaret Mitchell satisfizo su apuesta con sumo placer, y añadió una caja de Borgoña para el crítico que había confiado tanto en su libro y que se había convertido en su amigo. Ahora GWTW, la película, podía alardear, para regocijo de Selznick, de tener dos premios Pulitzer en su nómina de participantes: Sidney Howard lo había ganado ya en 1925, con su obra de teatro They Knew What They Wanted.



*En el capítulo 30 de la novela hay una referencia específica a este poema del comandante Samuel Alroy Jonas y a su aparición pegado a los billetes. Es Will Benteen el que lee:

“Aunque no represente en esta tierra
nada, y nada en las aguas que hay debajo,
guarda, querido amigo, este recuerdo
de una nación que fue, para mostrarlo...
Muéstralo a aquellos que prestar oídos
quieran de este papel al fiel relato
de una nación que vio muerta en la cuna
la libertad que sus hijos soñaron...”

(Representing nothing on God's earth now,
And naught in the waters below it,
As the pledge of a nation that's dead and gone,
Keep it, dear friends, and show it

Show it to those who will lend an ear
To the tale that this trifle can tell,
Of a liberty born of a patriot's dream,
Of a storm-cradled nation that fell.)

viernes, 2 de mayo de 2008

William Bakewell, el oficial a caballo

En una calle Peachtree desierta y desolada, Escarlata sale al encuentro de un jinete al que pide noticias del avance del enemigo sobre la ciudad. El oficial le confirma que el ejército de la Unión está muy cerca de Atlanta, que las tropas confederadas están en retirada estratégica y que lo mejor que puede hacer, señora, es buscar refugio más al Sur.

Esas pocas líneas dieron justo derecho a William Bakewell, que nació el 2 de abril de 1908, a aparecer en los créditos de Lo que el viento se llevó. Él mismo reconocía que hubo un tiempo en que le molestaba que sólo le recordaran por ese galope desenfrenado y su corto diálogo con Vivien Leigh, cuando tenía en su haber papeles más largos y distinguidos, pero que llegó a considerar un honor estar en la relación de los “elegidos”, los que habían hecho historia.

Bakewell, un nativo de Los Angeles con docenas de papeles de hermanos pequeños e hijos adolescentes de los protagonistas, sabía que Gone With The Wind era un acontecimiento, que todo el mundo quería aparecer en la película y, aunque el reparto era muy amplio, estar incluido en él era un buen añadido a cualquier filmografía. Y él no iba a ser menos, por reducido que fuera su trabajo, así que se preparó para sacar el mejor partido de los dos días de rodaje asignados a esa secuencia, en junio de 1939. Le supieron a poco, pero, por lo menos, le cupo la satisfacción de aparecer en una de la versiones del poster de la película: “Estoy mejor en el cartel que en la película”, bromeaba.

Un enamorado de las películas desde su tierna infancia, Bakewell entró en el cine en 1925 y no tuvo problemas en la transición al sonoro. Como empezó muy joven, y trabajando con nombres como Griffith, Fairbanks, Dwan, Milestone… su carrera se extendió hasta los años setenta, tanto en la pantalla grande como en la pequeña.

Cuando los papeles se hicieron escasos, no tuvo problemas en compatibilizar la actuación con el negocio de los bienes raíces, y nos dejó un libro autobiográfico lleno de anécdotas: Hollywood Be Thy Name. En él nos cuenta, entre otras cosas, cómo surgió su amistad con Lew Ayres, a quien secundó en All Quiet on the Western Front (Sin novedad en el frente, 1930), cómo se formó el Screen Actors Guild (el sindicato de actores) y su dedicación al Motion Picture and Television Fund, que ayuda a aquellos miembros de la industria que atraviesan por malos tiempos económicos o de salud.

Bakewell falleció en 1993, pero podemos verle en el doble papel de The Iron Mask (La máscara de hierro, 1929), avasallado por Gable en Dance, Fools, Dance (Danzad, locos, danzad, 1931), disgustado por cierto asuntillo de su padre en Back Street (La usurpadora, 1932), luciendo uniforme de teniente en Quality Street (Olivia, 1937), en la armada en Seven Sinners (Siete pecadores, 1940), enseñando oratoria en The Farmer’s Daughter (Un destino de mujer, 1947), de lechero en Room For One More (Hogar, dulce hogar, 1952)… y en varios episodios de las series Davy Crockett y Bonanza.

jueves, 1 de mayo de 2008

Sam Wood releva a Victor Fleming

Al nuevo director le esperaba una semana movidita, ya que había que recuperar el par de días perdidos desde la marcha de Victor Fleming, que ya iba con retraso.

Para seguir la tradición de muchos de los implicados, Wood no había leído la novela, por lo que necesitó un curso intensivo sobre Gone With the Wind y su guión para ponerse al tanto, pero enseguida cogió las riendas de la producción, en la que se atribuyen 24 días de trabajo.

Selznick necesitaba a alguien experimentado, capaz de seguir indicaciones y de comunicarlas a los actores y de mantener la producción en marcha sin demasiados aspavientos, y Wood, que había bregado sin demasiados problemas con los hermanos Marx y tenía a punto de estrenar Goodbye Mr. Chips (Adiós, míster Chips, 1939), parecía la persona indicada, a pesar de su costumbre de rodar docenas de veces la misma toma.

Dado que la secuencia prevista (Escarlata y Melania se encuentran con Belle a la salida del hospital) debía rodarse por la noche, Sam Wood no perdió el tiempo en su primer día al frente de Lo que el viento se llevó y pasó a los interiores para filmar la conversación de Ashley y Escarlata en el aserradero. Por la noche, otra incorporación al equipo, Ona Munson, tenía su primera escena con una Vivien Leigh y una Olivia de Havilland veteranas ya de tres directores. No fueron precisamente las actrices las que causaron problemas a Wood aquella noche.

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