Además de la Casa y Museo de Margaret Mitchell en Atlanta, donde “todo” empezó y que podría calificarse como el centro una larga serie de círculos concéntricos que se expanden por todo el mundo en relación con Lo que el viento se llevó, hay muchos lugares interesantes que exhiben una parte de la historia de la novela y la película.
El Marietta "Gone with the Wind" Museum: Scarlett on the Square abrió en 1993 y basa sus fondos en la colección que Christopher Sullivan ha reunido a lo largo de los años. Según nos cuentan en su página web, se pueden admirar en la exposición objetos como el vestido que Escarlata lleva en el hotel de la luna de miel, parte de las diferentes ediciones de la novela que fueron propiedad de Margaret Mitchell, el guión que usó Ona Munson durante el rodaje…
El museo organiza conferencias y exposiciones especiales e incluso puede alquilarse para celebraciones privadas.
Marietta es una ciudad situada a unas 20 millas de Atlanta (unos 32 kilómetros); la capital del Estado tiene una calle dedicada a ella, y se la cita varias veces en GWTW. Además, Escarlata está en Marietta cuando le llega el telegrama de Rhett que la reclama con urgencia pues Melania está al borde de la muerte. Escarlata deja a Prissy y Ella en el hotel (uno de los pocos edificios que había quedado en pie tras el paso de las tropas de Sherman) y parte rauda para acudir junto a su cuñada.
sábado, 14 de febrero de 2009
El viento sopla con fuerza en Marietta
viernes, 13 de febrero de 2009
Tonos rojizos para Escarlata O'Hara Hamilton Kennedy
El matrimonio con Frank Kennedy mejora la situación económica de Escarlata, que ya puede poner a salvo Tara (aun a costa de tener que fijar su residencia en Atlanta) y encargar un nuevo vestuario.
Durante la posguerra no se pueden hacer alardes todavía, pero, por lo menos, su nueva condición de casada la libra de las posibles críticas por no vestir el negro de viuda. El argumento de Lo que el viento se llevó le da un respiro en cuanto al luto se refiere y Walter Plunkett no pierde ocasión de apoyar con sus modelos las nuevas circunstancias del personaje.
Para el momento en que anuncia a la familia que su nuevo apellido es Kennedy y que a partir de ahora pasará más tiempo en Atlanta y le complica la vida a Ashley con una oferta que no puede rechazar, Escarlata luce un modelo en el que domina el burdeos, con mangas largas y estrechas y puños vueltos, y con una chaquetilla de terciopelo del mismo color. Su prosperidad se muestra, además, en el alfiler de oro en el cuello y el pasador del pelo, también dorado.
jueves, 12 de febrero de 2009
Lyle Wheeler, director artístico
El director artístico es el responsable del aspecto visual de una película y el encargado de dar el visto bueno al trabajo de los diseñadores y constructores de decorados, que están a sus órdenes y deben plasmar sus concepciones, acordadas con el director y el productor.
Lyle Wheeler, nacido el 12 de febrero de 1905, era un maestro en su oficio y, dadas las características de Lo que el viento se llevó, estuvo medio peldaño por debajo de William Cameron Menzies, a quien secundó eficazmente en todo aquello relativo a los decorados.
Lyle Reynolds Wheeler estudió arquitectura, y trabajaba como ilustrador de revistas y diseñador industrial cuando entró en contacto con el cine a mediados de los años 30, cuando Selznick lo reclutó para su nuevo estudio.
Obtuvo el Oscar en cinco ocasiones y participó en más de 400 películas, que abarcan un período de casi cincuenta años de la historia del Séptimo Arte. En 1944 fue nombrado director artístico principal de la 20th Century-Fox, donde llegó a jefe del departamento artístico.
Se retiró a mediados de los años 70 y sufrió serios problemas financieros que le dejaron incluso sin hogar, aunque Wheeler echó más de menos sus cinco estatuillas, que perdió al no poder pagar la factura del almacén donde las guardaba. Alguien las adquirió junto con otros enseres, sin saber lo que se guardaba en aquella caja de cartón hasta que la abrió, y Bill Kaiser, un admirador de Wheeler, consiguió recuperar, a costa de sus ahorros, un Oscar del quinteto (el logrado por The Diary of Anne Frank (El diario de Ana Frank, 1959) y se lo regaló al legendario director artístico poco antes de su muerte en 1990.
David Copperfield (David Copperfield, 1935), The Garden of Allah (El jardín de Alá, 1936), The Prisoner of Zenda (El prisionero de Zenda, 1937), Intermezzo (Intermezzo, 1939), Rebecca (Rebeca, 1940), Laura (Laura, 1944), Anna and the King of Siam (Ana y el rey de Siam, 1946), Leave Her to Heaven (Que el cielo la juzgue, 1946), The King and I (El rey y yo, 1956)… por citar sólo unas pocas, dan prueba de su talento, en blanco y negro y en color, de la Inglaterra dickensiana al Siam más opulento que el cine pueda imaginar, sin olvidar el austero cine negro, el espacio exterior o el Oeste.
miércoles, 11 de febrero de 2009
Los expertos ayudan a Selznick tomar una decisión
Aguijoneado por Kay Brown, la jefa del departamento editorial del estudio en la Costa Este, Selznick no encontraba tiempo para leer la amplia sinopsis de Gone With the Wind que le habían enviado desde Nueva York, y la pasó a tres personas de su mayor confianza para que le dieran su opinión.
¿Podría hacerse una película con aquel material? ¿Podría hacerse una buena película?...
Val Lewton, Silvia Schulman y su futuro esposo Ring Lardner Jr. fueron los elegidos y se pasaron entre sí una copia en papel carbón que contenían la historia de Escarlata O’Hara.
La secretaria personal del productor quedó encantada y recomendó a Selznick que le diera una oportunidad a la novela. Y si se la leía primero, mejor.
Lardner, que debutaba como lector, objetó que Lo que el viento se llevó presentaba un punto de vista francamente parcial al bando confederado y no retrataba con objetividad los hechos reales, además de exaltar a los esclavistas y las organizaciones racistas; no se manifestó en el aspecto puramente literario de la obra o en su potencial para pasar al cine.
Lewton calificó de mediocre la prosa de Margaret Mitchell y opinó que no merecía la pena filmar una película sobre la novela, pues la empresa perdería dinero.
Selznick hizo caso omiso de la mayoría y se guió por la corazonada del bando femenino. Su interés por GWTW aumentó varios enteros…
martes, 10 de febrero de 2009
Cita mensual con los libros en torno a GWTW
Una estantería dedicada a Lo que el viento se llevó en nuestra librería quedará de lo más aparente con estos títulos, que hemos citado hasta el momento en la breve andadura de Viento Escarlata y que son la base de muchas de nuestras entradas. Recuerde el lector que hay muchos volúmenes más que hacen cola para llegar a formar parte de esta lista, y que las recomendaciones son bienvenidas…
David O. Selznick's Hollywood, por Ronald Haver.
Lo que el viento se llevó/Robin de los Bosques, por Javier Coma.
Memo from David O. Selznick, de Rudy Behlmer.
Selznick's Vision: "Gone With the Wind" & Hollywood Filmaking, de Alan David Vertrees.
The Complete "Gone With the Wind" Trivia Book, por Pauline Bartel.
Margaret Mitchell's "Gone With the Wind" Letters, 1936-1949, compilado por Richard Harwell.
Road to Tara, por Anne Edwards. (Biografía de Margaret Mitchell)
George Cukor, por Patrick McGilligan.
"Gone With the Wind" on Film: A Complete Reference, por Cynthia Marylee Molt.
A Child of the Century, de Ben Hecht.
Margaret Mitchell & John Marsh: The Love Story Behind "Gone With the Wind", por Marianne Walker.
They Still Call Me Junior, de Frank Coghlan, Jr.
Long Live the King, por Lyn Tornabene. (Biografía de Clark Gable)
Vivien Leigh, de Hugo Vickers. (Actualizado en 2008)
The King: A Biography of Clark Gable, por Charles Samuels.
A Quite Remarkable Father, por Leslie Ruth Howard. (Biografía de Leslie Howard)
Showman: The Life of David O. Selznick, por David Thomson.
Margaret Mitchell of Atlanta, de Finis Farr.
Stuntman, por Yakima Canutt.
Feminidad y mascarada en "Lo que el viento se llevó" y "Jezabel", de Eva Parrondo-Coppel.
Narración, tiempo y cohesión del relato en “Gone With the Wind”, de Vicente J. Benet.
Vivien: la vida de Vivien Leigh, por Alexander Walker.
The Filming of “Gone with the Wind”, por Herb Bridges.
Hollywood Be Thy Name, por William Bakewell.
Hattie: The Life of Hattie McDaniel, por Carlton Jackson.
*Hattie McDaniel: Black Ambition, por Jill Watts.
Tara Revisited, por Malcolm Vance.
The Oliviers, por Felix Barker.
Hitchcock y Selznick, por Leonard J. Leff.
The Complete "Gone With the Wind" Sourcebook: The Complete Guide for Every Fan, por Pauline Bartel.
Looking for Tara: The "Gone With the Wind" Guide to Margaret Mitchell's Atlanta, de Don y Kay O’Briant.
*In Search of My Father, por Ronald Howard.
Strange Tales of "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Austin McDermott.
The Story of "Gone Wind the Wind", por Bob Thomas.
Selznick: The Man Who Produced "Gone With the Wind", por Bob Thomas.
The Selznick Players, de Ronald Bowers.
Scarlett O’Hara´s Younger Sister y *I’ll think about that Tomorrow, por Evelyn Keyes.
A Celebration of "Gone With the Wind", por Adrian Turner.
George Cukor, por Augusto M. Torres.
Backstory. Conversaciones con guionistas de la Edad de Oro, por Pat McGilligan.
Scarlett’s Women. “Gone With the Wind” and its Female Fans, por Helen Taylor.
Lo que el viento se llevó, Fascículo 1 de la colección Cine & Música, de Salvat.
The Private Diary of Scarlett O’Hara, de Cathy E. Crimmins y Thomas Maeder.
The Irish Roots of Margaret Mitchell's "Gone With the Wind", por David O’Connell.
Lo que el viento se llevó, Aymá, 11ª Edición, Barcelona, 1978; Ediciones B, Barcelona, 1992; Pan Books, 1988.
*El vuelo de Ibis, por José Rey-Ximena. (Sobre los últimos días de Leslie Howard)
Crowning Glory: Reflections of Hollywood’s Favorite Confidant, por Sydney Guilaroff.
The Official "Gone With the Wind" Companion: The Authorized Collection of Quizzes, Trivia, Photos- And More, por Stephen J. Spignesi.
Million Dollar Legends Margaret Mitchell and "Gone With the Wind", de Norman Shavin y Martin Shartar.
White Columns in Hollywood: Reports from the "Gone With the Wind Sets", por Susan Myrick.
*Victor Fleming, de Michael Sragow.
*Butterfly McQueen Remembered, por Stephen Bourne.
“Gone With the Wind” Literary Study Guide (MaxNotes) por Gail Rae Rosensfit.
**Now Is The Time, por Olivia de Havilland.
*Todavía no lo hemos leído
**Próxima publicación
lunes, 9 de febrero de 2009
Gino Corrado, camarero en Nueva Orleáns
Gino Corrado es la respuesta a una enrevesada pregunta para cazar a cualquier cinéfilo desprevenido: es el único actor que tienen en común Lo que el viento se llevó, Ciudadano Kane y Casablanca.
En Gone With the Wind, como en tantas y tantas ocasiones a lo largo de su amplia carrera, Corrado interpretó a un camarero: si podemos apartar por un instante los ojos del llamativo vestido de Escarlata y los suculentos manjares de la mesa, distinguiremos las facciones de Gino en las del camarero que atiende a los recién casados Butler.
Gino Corrado Liserani nació en Florencia (Italia) el 9 de febrero de 1893. Recaló en Estados Unidos para culminar su educación y quedó prendado del cine cuando tuvo ocasión de conocer a Roscoe Arbuckle.
Se introdujo en la industria de la mano de Griffith y estuvo en la nómina de estudios grandes, pequeños e ínfimos, en largometrajes, cortos y seriales, a menudo luciendo un característico bigotito y explotando su origen italiano para serviciales camareros, barberos, conserjes de hotel… y papeles de mayor o menor entidad bajo diferentes nombres.
Cuando no tenía trabajo en el cine, no dudaba en servir mesas en la “vida real” hasta que volvía a surgir un papel, y eso que los tuvo a cientos hasta que cerró su carrera en 1954. Después fue propietario de su propio restaurante, Gino’s, pero tuvo que cerrar por problemas financieros. Falleció en 1982.
Gino Corrado estuvo, entre otras muchas, en Sunrise (Amanecer, 1927), The Iron Mask (La máscara de hierro, 1929), A Farewell to Arms (Adiós a las armas, 1932), Flying Down to Rio (Volando hacia Río de Janeiro, 1933), A Night at the Opera (Una noche en la ópera, 1935), Magnificent Obsession (Sublime obsesión, 1935), Mr. Smith Goes to Washington (Caballero sin espada, 1939), Rebecca (Rebeca, 1940)…
En GWTW, Corrado puso él mismo la mesa donde Escarlata sacia parcialmente su apetito acumulado. Victor Fleming confió en él para que los cubiertos estuvieran colocados “a la europea”.
domingo, 8 de febrero de 2009
Biopic a medio camino
Sin llegar a los extremos de Night and Day (Noche y día, 1946), ejemplo de película supuestamente biográfica que se pone por montera la vida del biografiado (en este caso, Cole Porter), A Burning Passion: The Margaret Mitchell Story (Una ardiente pasión, 1994), es un acercamiento fallido a la vida de la autora de Lo que el viento se llevó.
Este telefilm con guión de Robert Hamilton, interpreta a su manera los hechos más o menos conocidos para encajarlos como embriones de los hechos y personajes de Gone With the Wind, pero olvida bastantes detalles de cierto interés por el camino.
Además, se cierra con la publicación de la novela, lo que nos confirma que la idea original era mostrar cómo Margaret Mitchell transplantó a GWTW no sólo las historias sobre la Guerra Civil que le contaban de niña sus amigos y familiares sino también sus propias vivencias con sus maridos, el violento tarambana Upshaw (que sería Rhett) y el plácido John Marsh (que sería el modelo para Ashley) y que ella misma era Escarlata O’Hara.
Las cosas no fueron tan sencillas, como cualquiera que haya leído las biografías de Margaret Mitchell puede percibir, pero ninguna vida puede resumirse en 90 minutos, y menos cuando el propio sujeto del guión era un manojo de contradicciones y contaba versiones ligeramente diferentes cada vez que se le preguntaba sobre algunos asuntos fundamentales de su vida.
Shannen Doherty hace lo que puede para asemejarse lo más posible a una rebelde Peggy Mitchell, cortejada como Escarlata por decenas de apuestos oficiales (y, entre ellos, nada menos que John Clark Gable, el hijo póstumo de Clark), pero no resulta del todo convincente (para hacer un chiste malo: le falta un poco de “magia”).
Siendo magnánimos, podemos colocar esta producción sólo un par de peldaños por encima de Scarlett… y dejarla dormitar tranquilamente en la estantería tras el primer visionado al que nos impulsa nuestra condición de Windies.
