martes, 7 de julio de 2009

George Cukor, director

George Cukor, que preparó Lo que el viento se llevó desde finales de 1936 y abandonó la producción en febrero de 1939, cuando se llevaban unas dos semanas de rodaje bajo su dirección, nació el 7 de julio de 1899, en Nueva York, en el seno de una familia húngara.

Enamorado del teatro, la escena sería una constante durante toda su vida, ya fuera dirigiendo obras en sus primeros años en Rochester o en su larga carrera como director cinematográfico, donde el propio teatro o el asumir una personalidad diferente estarán presentes casi siempre.

Cukor se inclinó con preferencia por la dirección de actores, aunque sin descuidar la puesta en escena; se apoyó en la sabiduría de los técnicos para colocar la cámara donde y cómo quería, sin demasiados alardes, para concentrarse en sacar lo mejor del guión y sus intérpretes, tanto actores como actrices; la etiqueta de “director de mujeres” oscurece el excelente resultado de la colaboración de Cukor con Cary Grant, James Mason, Rex Harrison, James Stewart o Ronald Colman.

Hollywood reclamó a Cukor con la llegada del sonoro, en calidad de director de diálogos, como en All Quiet On the Western Front (Sin novedad en el frente, 1930). Luego codirigió tres películas y, para su estreno como director en solitario, tuvo nada menos que intentar doblegar a Tallulah Bankhead. Pero Cukor hacía buenas migas con casi todos (sólo en privado se permitía sacar su lado más ácido, aunque no se privaba de encadenar palabrotas en público), y encontró un buen amigo en David O. Selznick cuando fue contratado por la RKO. Entre los dos “descubrieron” a Katharine Hepburn (que debutó en A Bill of Divorcement (Doble sacrificio, 1932) y fue a partir de entonces íntima de Cukor, con quien trabajó más que con ningún otro), y colaboraron en What Price Hollywood? (Hollywood al desnudo, 1932), Dinner at Eight (Cena a las ocho, 1933), Little Women (Las cuatro hermanitas, 1933)…

Ya en la MGM, Cukor dirigió el grueso de su carrera (Romeo y Julieta, Margarita Gautier, Mujeres, Historias de Filadelfia...) sin olvidar su fugaz paso por The Wizard of Oz, donde no rodó nada que aparezca en la versión final, pero sí fue fundamental su aportación para el aspecto de Dorothy y la malvada bruja del Oeste.

No todo fueron éxitos, claro está, pero Cukor supo salir a flote casi siempre, incluso después de abandonar el paraguas protector de la Metro, y continuó explayando sus horizontes: el color, con A Star is Born (Ha nacido una estrella, 1954), que fue también su primer musical, un género que le dio su único Oscar como director, por My Fair Lady (My Fair Lady, 1964); el rodaje lejos de Hollywood, con Bohwani Junction (Cruce de destinos, 1956), o la televisión, donde reunió a Hepburn y Olivier en Love Among the Ruins (Amor entre ruinas, 1975).

George Dewey Cukor falleció en 1983, dos años después de dirigir su última película, Rich and Famous (Ricas y famosas).

lunes, 6 de julio de 2009

El viento no tiene dueño

Margaret Mitchell se tomó muy a pecho el uso indebido o no autorizado de cualquier detalle relacionado con su novela, desde el título hasta sus personajes, argumento o frases originales.

Selznick no le fue a la zaga como defensor de sus propios intereses una vez que obtuvo los derechos de adaptación de Lo que el viento se llevó.

Todavía hoy los propietarios del libro y de la película se muestran muy celosos de sus respectivas propiedades; tuvieron dignos predecesores en la escritora y en el productor.

A principios de 1938 Selznick apuntó su artillería legal hacia el productor independiente Ted Toddy, que estaba filmando un documental sobre Atlanta y sus alrededores que iba a titularse Gone With the Wind Country (El país de "Lo que el viento se llevó").

David O. Selznick solicitó que se prohibiera a su colega emplear las palabras Gone With the Wind, porque podría dañar a su compañía y a la película que estaba preparando y en la que ya se habían invertido más de 300.000 dólares; añadía que Margaret Mitchell le había cedido a él los derechos cinematográficos sobre su novela, lo que impedía cualquier otra película basada en GWTW (los títulos no pueden registrarse, pero no cabe duda de que si en un corto plazo se estrenan dos películas con igual o similar denominación, la primera en llegar a las salas tiene cierta ventaja).

Toddy arguyó que también él había invertido una suma importante en su rodaje, a través del que pretendía dar una visión de la región, que se trataba de un documental y que no iba a referirse a ninguna Escarlata O’Hara, Tara o similares, que la frase Gone With the Wind era ya patrimonio popular, que ya se empleaba a menudo para referirse a aquella parte del Sur y que Mitchell, por supuesto, no la había inventado.

No le faltaba razón, sobre todo cuando clamaba que Selznick buscaba también dar publicidad a su película, pero lo cierto es que Gone With the Wind Country no aparece en su filmografía...

domingo, 5 de julio de 2009

Escarlata, asesora fiscal

Alberto Blesa, guionista, y José Julio Gómez Sanz, dibujante, firman como PareJA sus viñetas, que aparecen en diferentes periódicos. En esta ocasión lanzan su dardo humorístico a la ministra de Economía, a la que convierten en una improbable Escarlata O’Hara que no se aprieta el corsé, sino el cinturón, ante la crisis y la necesidad de reducir el gasto público en los próximos meses.



Elena Salgado como Escarlata

sábado, 4 de julio de 2009

Otro modelo para Tara... o Doce Robles

Margaret Mitchell afirmó varias veces que los personajes y muchos de lugares que aparecen en Lo que el viento se llevó no tuvieron jamás una existencia real; algunos de los acontecimientos de las vidas de Escarlata, Rhett y compañía fueron inventados o inspirados por hechos vividos por otras personas que la escritora conocía o de las que había oído hablar.

Tampoco existieron nunca Doce Robles o Tara, pero no cabe duda de que Mitchell describió tan fielmente la arquitectura y la topografía de la región que los lectores no pueden creer que tales edificios sólo fueron fruto de su imaginación y de su memoria para los detalles, y que las mansiones de los Wilkes y los O’Hara no pueden encontrarse en ningún mapa.

El condado de Clayton, en Georgia, alberga, lógicamente, el mayor número de supuestas Tara y Doce Robles, porque allí transcurre gran parte de la novela y es de suponer que Margaret tomó buena nota de las características de las viejas mansiones para su creación.

A quince millas al sur de Atlanta, en Jonesboro, se encuentra hoy Stately Oaks, que presume de haber inspirado a la escritora. Para que esta auténtica casa de los tiempos de antes de la Guerra Civil pudiera ser preservada y admirada en condiciones, se trasladó hace unos años al Margaret Mitchell Memorial Park desde su ubicación original.

Sus columnas blancas y su aire helénico nos recuerdan más a Doce Robles que a Tara, pero no vamos a ser nosotros los que discutamos con los vecinos de Clayton County… y menos cuando nos cuentan la historia de Rebecca McCord, que quedó a cargo de la plantación durante la guerra mientras su esposo estaba en el ejército y que tuvo que hospedar a algún que otro soldado de ambos bandos.

viernes, 3 de julio de 2009

Lista de bajas (XXI)

En 1982, las abundantes filas de personas que aportaron su granito de arena a que la novela y la película vieran la luz quedaron de nuevo menguadas, porque perdimos a:

Gino Corrado, 89. (Camarero en el restaurante de Nueva Orleáns)

Victor Jory, 80. (Jonas Wilkerson)

Walter Plunkett, 80. (Diseñador de vestuario)

John Hay Whitney, 78. (Presidente del consejo de administración de la Selznick International Pictures. Inversor en la compañía).

jueves, 2 de julio de 2009

En recuerdo de Gable

Entre los “extras” que acompañan a la edición en DVD de Lo que el viento se llevó encontramos el documental Gable: The King Remembered; se rescata así una producción de 1975 dedicada al intérprete de Rhett Butler.

Lo presenta Peter Lawford e intervienen el director William A. Wellman, el actor Andy Devine, la actriz Yvonne de Carlo y la escritora y periodista Adela Rogers St. Johns, que conocieron a Gable personalmente y compartieron horas de trabajo con él.

Aunque no se trata del mejor de los documentales sobre Gable, sirve perfectamente como complemento a la película y para empezar a conocerlo.

Entre fragmento y fragmento de los parlamentos de las personalidades citadas se recurre a fotografías e imágenes de la filmografía de Gable para trazar su trayectoria humana y profesional y, a pesar de que la calidad de las imágenes deja mucho que desear (hay que tener en cuenta la época y los recursos con los que se contaba a mediados de los 70), el documental se deja ver.

miércoles, 1 de julio de 2009

En los albores de la venta de bandas sonoras

La idea de vender la banda sonora de una película como apoyo promocional no caló hasta 1959, con el éxito de la grabación de la música de Ben-Hur con Miklos Rosza al frente de la Roma Symphony.

Era inevitable que se hiciera algo similar con Lo que el viento se llevó: ese mismo año se editó la banda sonora, con la autorización y los arreglos de Max Steiner, con la London Sinfonietta bajo la batuta de Muir Mathieson y bajo el sello de la Warner.

En la grabación se empleó el sistema estéreo Vitaphonic y está dividida en dos suites que suman unos 37 minutos. Además de en vinilo y en casete, hoy se puede encontrar en CD, donde, como “relleno”, se añaden 8 pistas con diferentes y muy conocidos temas de otras películas.

Una versión que recomendamos para escuchar hoy mismo, por ejemplo, cuando Olivia de Havilland celebra un nuevo cumpleaños (crucemos los dedos, que vaya semanita que llevamos...)

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