Para comentar la breve visita a Tara de Wilkerson, el antiguo capataz, y su esposa, Max Steiner hace buen uso de una de las más famosas canciones populares: Yankee Doodle. Hay que recordar que Wilkerson no era sureño y que tuvo el atrevimiento de volver para hacer alarde de su nueva riqueza a sus antiguos jefes, que siempre le habían mirado por encima del hombro (por ser yanqui y por sus relaciones con Emmie Slattery).
Steiner emplea la canción en una variación irónica que pronto enlaza con las notas del tema de Tara, para reforzar el enfrentamiento con Escarlata, que aprieta en su puño un terrón de la hacienda que ha aprendido a amar y que Wilkerson codicia con aires de revancha.
Yankee Doodle nació precisamente como una burla a los rudos habitantes de las colonias que luchaban al lado de las (emperifolladas) tropas inglesas en sus contiendas contra los franceses y sus aliados indios, allá por la segunda mitad del siglo XVIII. Los coloniales les devolvieron la moneda haciendo suya la canción cuando lucharon por su independencia.
"Yankee" era un apelativo por entonces reservado a los nativos de Nueva Inglaterra; más tarde se extendió como calificativo para aquellos de los estados que lucharon con la Unión, que es como se emplea en Lo que el viento se llevó; una persona nacida en Atlanta, Nueva Orleáns, Orlando o Charleston no es un yanqui, por mucho que la palabra se haya popularizado en otras partes del mundo como sinónimo más bien negativo de “habitante de los Estados Unidos de América”.
“Doodle” equivale a “bobo”, “cándido”… por lo que vemos que los ingleses tampoco tenían en buena estima a los coloniales, y emplearon una vieja melodía para mofarse de los que se acicalaban un poco.
Como siempre, ha habido diferentes versiones a lo largo de la historia, hasta llegar a la que transforma la canción en un himno patriótico, pero probablemente Steiner estaba pensando en una letra como ésta:
"Yankee Doodle went to town
A-riding on a pony
Stuck a feather in his hat
And called it macaroni."
("El bobo yanqui fue a la ciudad,
montado en un pony.
Se puso una pluma en el sombrero
Y la llamó la última moda*.")
*"Macaroni" no se refiere a la sabrosa pasta, sino a una elaborada forma de vestir importada de Italia por los ingleses en América.)
miércoles, 31 de diciembre de 2008
"Yankee Doodle"
martes, 30 de diciembre de 2008
El huevo del amor
Tanto Susan Myrick como Will Price podían estar orgullosos de los progresos de sus alumnos en materia de acento sureño. No hubo quejas al respecto por parte de los espectadores, que preferían que no hubiera ningún deje a que se maltratara su forma de hablar tal y como Hollywood acostumbraba hacer. No existe un único acento sureño, pues el Sur es muy amplio, rico y variado en diferencias dialectales de un estado a otro y de una región a otra.
La consigna en el rodaje de Lo que el viento se llevó era mantener un equilibrio entre el inglés que se habla en el Sur (o que se hablaba en el XIX) entre todos los actores para que no hubiera altibajos.
El único americano entre los cuatro principales, Gable, fue el que menos se esforzó (de todas formas, a Gable se le perdona casi todo… y Rhett, aunque de Charleston, había viajado mucho). Leslie Howard, Olivia de Havilland (criada en Estados Unidos pero aún británica) y Vivien Leigh se aplicaron a la tarea con más entusiasmo que “el Rey” e intentaron en lo posible captar los tonos y las cadencias de sus profesores, aunque algunas palabras se les resistieron:
Leigh tuvo problemas con “love” (amor), que en el Sur se pronuncia de una manera un poco distinta a la británica; lo más parecido, dicen, sería pronunciarlo como “luff”.
Un día, cuando asistía a un partido de tenis, le intrigó la forma de anunciar el tanteo, “fifteen- love” (“quince a cero”) y preguntó por el origen de esta costumbre.
Aunque una de las variadas teorías sostiene que proviene de “neither for love nor for money” (“ni por amor ni por dinero”: jugar por nada), también se debate si los oídos anglosajones asimilaron el “l’œuf” (el huevo) que los franceses empleaban para referirse al “cero” al término inglés “love” al intentar pronunciar la palabra gala y así lo transmitieron; esta última hipótesis le fue muy útil a Vivien, que hablaba muy bien el francés, y captó al vuelo las similitudes. En su guión, cada vez que aparecía la palabra “love” en una frase de Escarlata, escribió “l’œuf” para guiarse.
lunes, 29 de diciembre de 2008
El vestido estampado (VI)
El final de la guerra no significó que las penurias en Tara terminaran, y Escarlata seguía con el mismo vestido, pieza básica de su guardarropa desde hacía más de un año. El equipo de Lo que el viento se llevó consideró conveniente utilizar ahora la cuarta copia del modelo para las secuencias de los veteranos que hacen parada en el porche, la conversación con Frank y el retorno de Ashley.
Lo más interesante en este cambio es que, como por medio de los sucesivos lavados ya no se podía quitar más color de la tela para mostrar lo ajada que estaba, se le dio la vuelta y se le aplicó el habitual tratamiento para envejecerla, con papel de lija como instrumento fundamental y los accesorios del oficio para los desgarrones y manchas. Escarlata ha perdido los botones originales y ha sustituido uno de ellos con otro diferente.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Los tortuosos caminos hacia Tara
Como hoy es un día en el que las travesuras están permitidas, nos desviamos un poco de nuestro camino habitual para confesar que, en materia de manejo de los entresijos de los blogs, somos más inocentes que Melania Wilkes con respecto a los sentimientos de su esposo y su cuñada.
A lo largo de este año hemos mejorado un poquito, pero tampoco es para hacer alardes, por lo que pedimos disculpas a nuestros lectores por nuestras carencias.
Una de las cosas más curiosas que se descubren cuando se ahonda en el programa que lleva cuenta de los visitantes de este humilde rincón de la blogosfera es el apartado que nos informa de cómo llegan a Viento Escarlata las personas que se pasan por aquí usando un buscador (a todas ellas, y a los que emplean otras vías, muchas gracias).
Como es lógico (y algo estaremos haciendo bien, cosa milagrosa), la mayor parte de los visitantes quieren saber cosas sobre Lo que el viento se llevó, y por lo tanto, las palabras y frases claves se refieren al título de la novela y la película, sus personajes principales, nombres fundamentales del equipo de producción, las frases favoritas de Escarlata y Rhett… y una particular predilección por los vestidos de la señorita O’Hara. Nos llena de orgullo (y satisfacción) saber que hemos podido resolver las dudas de estos peregrinos, y tomamos nota de aquellas que no lo han sido para intentar abordarlas en el futuro.
Pero también encontramos algunos términos que nos dejan perplejos y convencidos de que los caminos de la red de redes son inescrutables y de que todavía tenemos mucho que aprender para no hacer perder el tiempo a aquellos a los que, francamente, Gone With the Wind les importa un bledo. Sentimos decepcionar a aquellos que han venido a parar a estas páginas queriendo encontrar una “peluquería de perros en Irving, Texas”, un “vestido para mamá gorda de novia”, “qué se necesita para trabajar en una mortuary (sic)”, “azotainas con zapatilla”, “planos de barbacoa”, el “vestuario de la obra las uvas verdes”, “cofias de enfermeras en venta” o quieren aprender “cómo enseñar escote”.
sábado, 27 de diciembre de 2008
A tiempo para los premios
Con un estreno tan tardío, los responsables de Lo que el viento se llevó no esperaban que la película alcanzara algún galardón en 1939 y tenían su mirada puesta en los Premios de la Academia, para los que entraba ya en la carrera tras la presentación en Atlanta, las premieres en Nueva York y Hollywood y el comienzo de la carrera comercial del largometraje en los últimos días del año.
Por ello no fue una decepción total en la Selznick International que el ya prestigioso premio anual de los críticos de Nueva York (en su quinta edición) no recayera en GWTW como mejor película del año; fue Cumbres borrascosas la que se alzó con el triunfo, al conseguir 13 de los 17 votos, en dura pugna con Caballero sin espada, que había empatado con Gone With the Wind en las votaciones previas; como el desempate no parecía posible tras una docena de intentos, se optó por votar por Wuthering Heights, y ahí los miembros a favor fueron mayoría.
También Victor Fleming resultó derrotado en la categoría de director; los críticos de cine de los periódicos de Nueva York se inclinaron por John Ford, por La diligencia.
La Escarlata de Vivien Leigh tenía serias competidoras en la Bette Davis de Amarga Victoria y la Garbo de Ninotchka, pero salió victoriosa de la batalla y consiguió el primer premio cinematográfico para Lo que el viento se llevó, antesala de otros muchos que estaban por venir.
El resultado de las votaciones se hizo público el 27 de diciembre de 1939, y la entrega se efectuó el 7 de enero siguiente, en Nueva York.
viernes, 26 de diciembre de 2008
Casi se la lleva el viento
Los festejos que se organizaron en Atlanta para el estreno de Lo que el viento se llevó (diciembre de 1939) transcurrieron sin apenas incidentes, algo muy difícil de conseguir debido a la aglomeración de gente que se dio cita en la capital de Georgia.
Las fuerzas vivas de la ciudad pusieron todo de su parte, y tanto el ir y venir de personalidades de la estación y el aeropuerto al centro, con el hotel Georgian Terrace como punto de reunión, como las variadas recepciones y excursiones, citas con la prensa, el baile patrocinado por la Junior League y el estreno en sí mismo salieron a pedir de boca.
Pero siempre hay pequeñas historias que contar, y no siempre son gratos recuerdos. Que se lo pregunten a la señorita Georgia Holbeck, que pasó un mal rato en el baile por el descuido de alguien: su vestido se vio envuelto en llamas, bien por un cigarrillo mal apagado o una cerilla arrojada al desgaire; la joven sufrió quemaduras de gravedad, aunque la rápida intervención de su acompañante, que le echó su abrigo encima, evitó una desgracia mayor. Georgia se recuperó… y contrajo matrimonio unos años después con su salvador.
No podemos evitar encontrar un eco de GWTW en este percance, ya que nos recuerda el momento de la novela en que Escarlata advierte que un soldado visitante ha descargado su malhumor en la cocina de Tara y el fuego amenaza con extenderse por la casa. Escarlata emprende febrilmente las labores de extinción y está a punto de fenecer de no ser por la providencial y contundente ayuda de Melania.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Un nacimiento nada navideño
La necesidad de ahorrar metraje y condensar acontecimientos, y también el deseo de Selznick de “humanizar” un tanto a Escarlata O’Hara, que en la novela no se distingue por sus cuidados maternales hacia Wade y Ella, dejó a Bonnie Blue como única descendencia en la pantalla de la protagonista de Lo que el viento se llevó.
Como no “asistimos” a la llegada al mundo de Eugenia Victoria Butler, que se nos muestra únicamente desde el punto de vista del atribulado progenitor en la antesala, nos queda Beau Wilkes, digno de ocupar un puesto avanzado en cualquier lista de “nacimientos memorables en el cine”.
Y eso que la censura previa desbarató la cuidadosa secuencia preparada por Cukor: la Oficia Hays advirtió con severidad de que no permitiría cualquier insinuación y menos una muestra palpable de los sufrimientos de Melania, negando lo evidente.
Olivia de Havilland, concienzuda como ella sola, se había ido a un hospital como observadora para tomar buena nota del comportamiento de las mujeres en el momento del parto (ella no era madre todavía); había un médico en el plató para que todos los detalles fueran lo más auténticos posibles y el mismo Cukor, fuera de cámara, retorcía el pie de la actriz en los momentos adecuados…
Todos los esfuerzos del equipo se fueron al traste por aquella orden de no herir la susceptibilidad del espectador. Nadie abogaba por una secuencia tremendista, pero tampoco era cosa de pasar por aquel trance como si el parto no hubiera sido nada, caramba. Menos mal que Selznick se mantuvo firme en algunos extremos (se nombran el cordel y las tijeras y Prissy rebaja la tensión del momento con aquello de “mi madre dice…”, por ejemplo), el montaje y la composición y la actuación de Vivien, Olivia y Butterfly consiguen transmitir el agobio, la desesperación y la agonía de aquella jornada calurosa en Atlanta.
¡Feliz Navidad!
